miércoles, 27 de abril de 2011

Alexander Lernet-Holenia.



No hace mucho (31/11/10) critiqué la última novela de David Monteagudo, "Marcos Montes", y mostré mis reparos. Uno de ellos era el no haber sido capaz de llevar a buen puerto la ensoñación, o fantasmagoría, en la que entra el protagonista y que, me pareció, estaba resuelta de modo bien torpe e insatisfactorio, casi infantil.

Me ratifico en ello, desde luego, pero no recuerdo haber comentado la sospecha de que Monteagudo parecía tener lejanas influencias del tronco vigoroso de la literatura europea de entreguerras que más me interesa. Y eso cuenta en su haber, sin duda alguna.

Me refiero a autores como Stefan Zweig, Joseph Roth, Arthur Schnitzler, obras como la estupenda y algo desconcertante "La Señorita Cristina", de Mircea Eliade. O las novelas de Alexander Lernet-Holenia.

Reconozco que de este último sólo he leído tres: "El joven Moncada", "El Barón Bagge" y "Marte en Aries". Ésta acabo de terminarla hace unos minutos, por lo que creo que sigo bajo su influjo, pero me ha parecido excelente, de lo mejor, casi tan buena como la de Bagge y muy por encima de "El joven Moncada".



(Éstas son las más accesibles actualmente, si bien Ed. Caralt y Plaza y Janés, o la inefable Colección Reno, publicaron bastantes cosas suyas en los años 60 y 70. Intentaré conseguirlas en chiringos de viejo).

Pues bien: esto viene a cuento de que no he podido evitar el recuerdo de lo endeble en contraste con la excelencia. Sé que puede parecer injusto poner en relación obras clásicas con menudencias presentes, pero no veo de qué otro modo se puede valorar o establecer una mínima jerarquía en la realidad.

Dicho de otro modo: a estas alturas no podemos volver a la infancia, somos adultos, más sofisticados, menos inocentes. Literariamente hablando, aunque no sólo, estamos sobre (o debajo de) una enorme colina de precedentes que nos abruman pero, a la vez, alimentan nuestras capacidades. ¿Por qué no aprender de lo que nos es dado? La ignorancia de los antecesores no justifica nuestra torpeza. Más aún, la hace imperdonable.

Monteagudo me recordaba lejanamente la tendencia a mezclar sólidos componentes oníricos en la trama de sus historias, hasta el punto de que acaba uno de leerlas y todavía no tiene muy claro qué parte es real y cuál la ha soñado el protagonista. O si todo ha sido un sueño de muerte.




Lo que sucede es que Lernet-Holenia lo hace con clase, elegancia suma y una maestría en la utilización de recursos que pasma. Quizás este apasionamiento venga de mi envidia (sanísima, pero envidia, al fin y al cabo) por lo bueno que es el condenado y la satisfacción por lo bien que lo paso leyendo sus narraciones.

A pesar de ciertos altibajos, me tiene enganchado. Utiliza una prosa sobria, sin demasiada carga retórica pero clásica y elegante hasta la médula. Sus personajes parecen estar fuera de escenario. No se enteran, o deciden no enterarse, de los hechos que ellos mismos ponen en marcha.

Las descripciones son ricas, morosas a veces, pero tan bien escritas que no agotan la paciencia del lector. Más aún, crean la atmósfera necesaria para que las revelaciones se presenten como aldabonazos irreales. De ahí la confusión entre vida y muerte, entre sueño y vigilia.



No sé si ha quedado claro por qué me gusta este señor...

lunes, 25 de abril de 2011

The Disciplines


The Disciplines - Yours For The Taking por rocksmyassrecords

Esta cosita blandurria y sin energía es el proyecto alternativo (con tres músicos noruegos) de Ken Stringfellow, de los Posies. Pertenece a su anterior CD, "Smoking kills", pero el último, "Virgins of menace" es incluso mejor. Más rotundo, más salvaje, más garage. Mejor.

Han estado en Madrid y tocarán en Barcelona el próximo 13 de mayo. Lo digo por si alguien es más afortunado que yo y puede disfrutarlos. No le vendrá mal una ración de estricta disciplina energética, lo intuyo. Aquí muy poca gente les hizo caso. Sería porque estaban por las procesiones y más iba a parecer abuso.

domingo, 24 de abril de 2011

Desahogos



Afortunadamente (para mí) o desgraciadamente (para mis asiduos en formato de papel o digital) soy bastante mejor lector que escritor. Por algo llevo cosa de cuarenta años haciendo lo primero y aún no comienzo a despuntar en lo segundo. Y no es falsa humildad, no. Sólo constato hechos.

Tal experiencia de txakur zaharra, que dirían por el norte, me ha llevado a suprimir una entrada que había previsto para antes de Semana Santa. Indignado por las barbaridades de Aznar, había adelantado lo que Iñaki Gabilondo, entre otros, dijo a la mañana siguiente. Por no parecer obvio ni que sigo el dictado de los mejores, que para decir cuatro frescas me basto y me sobro sin necesidad de copia, la eliminé.

Pero además de afanoso lector confieso que soy poco fértil y no puedo ir desaprovechando material que no parece tan defectuoso. Era así, poco más o menos, y aún no lo había terminado:


"Menos mal que siempre tenemos fantoches como éste que (no, no fue un mal sueño) nos gobernó durante ocho años. Así es imposible que se me vayan las ganas de apabullar a los lectores desde mi rincón.


Porque me ha contado un pajarito que Aznar ha dicho en Columbia University que hay que dejar de controlar la economía mundial, que España no va a poder pagar sus deudas y que Gadafi es un tío majo, majo. Amigo nuestro y tal. Ni terrorista ni nada. Un colega.

Dejo aparte lo de Gadafi, aunque recomiendo al ex-presi que adopte como modelo al difunto Pol Pot, el camboyano. Creo haber comentado ya que es mi monstruo favorito. El maestro del genocidio con absoluto rigor intelectual. La repera. Gadafi a su lado es un gañán enloquecido. Claro, que siendo este enano mental como es, en quién se va a fijar.


Sin embargo, las clarividentes palabras de Aznar, justo en el mismo momento en que el G20 habla de ajustar más los controles sobre la economía mundial para que no vuelva a suceder el desparrame de la crisis (no sé si este concepto le suena de algo al mamarracho) y cuando el Fondo Monetario Internacional alaba las reformas llevadas a cabo en España y la propone como modelo de lo que hay que hacer si se quiere remontar el problema, asegurando de paso su fiabilidad...

Esas palabras, decía, son las que en su mentalidad cavernaria o en otros tiempos más oscuros que él ha elogiado públicamente le hubieran valido el cargo de traidor a la patria. Así de claro. Lo que hace este tipejo es intentar hundir el país que tanto dice querer por aquello de que los que gobiernan ahora le jodieron el plan en 2004. Aunque el único inepto en aquel momento terrible fue él y su gobierno, que ya llevaban bastantes años tocando los cojones al personal. ¿No lo recuerdan?

Y en ésas siguen".





Casi como para no publicarlo, ¿verdad? Pues por eso lo eliminé. No fuera que... En definitiva, una válvula de escape a la mala leche de ver que un fantasmón se complace en joder la moral a pesar de cualquier tipo de evidencia. Él tiene su verdad y cualesquiera otras consideraciones se la sudan.

Por cierto, a este tipo nadie le hace el menor caso fuera de España. Deberíamos tomar ejemplo. Aunque también nos sirve de recordatorio sobre la caverna infausta y extrema que esconde la derecha de este país. Ahora vuelven Mayor Oreja, Acebes y otros tantos a asomar la patita. Ya no nos acordábamos, ¿eh?

Otro día estaré más contento, espero.

sábado, 16 de abril de 2011

Me aburro



Últimamente me estoy planteando la posibilidad de cerrar este blog. No porque haya tenido una mala experiencia con él (que sí las he tenido, pero eso no es óbice) ni porque haya agotado los temas de tabarra, o reflexión, o lo que sean, y no sepa de qué charlar.

Simplemente, por lo que digo en el título de esta entrada. No veo el sentido a este perorar en el vacío sin la menor referencia. Feedback, que lo llaman los cultos. Eso es lo que falta, a pesar de que el número de visitas diarias cada vez es mayor y de más lejos. Lo sé. Pero no es suficiente.

Iba a decir que preferiría intervenciones chuscas como las que me insultaban hasta hace poco tiempo. Ahora, incluso ésas han desistido. Aunque lo hacían con tan poca chispa y eran tan zafias que ni me apeteció colgarlas en Comentarios. Eso que se ahorran mis lectores.

En realidad, el problema estriba sobre todo en lo previsible que va resultando mi discurso. Por lo menos, así me lo parece desde este rincón. No veo sentido a despotricar sobre temas que ya están bien tratados y tampoco parece apropiado introducir otros de carácter político, social o personal que desbordan el objetivo inicial del blog.

En definitiva: o algo cambia o me temo que no va a llegar a los tres años.

jueves, 7 de abril de 2011

Frenesí camerístico

Tuve hace poco unos días intensos, a medias entre el Reina Sofía y el Auditorio Nacional. En poco más de una semana se me juntaron tres conciertos del Cuarteto Leipzig, con la integral de obras para cuarteto de cuerda de Cristóbal Halffter y tres de los últimos (y mejores, a mi entender) de Beethoven. Concretamente, el op. 132, el 135 y el 130 (la Grosse Fugue) que es sin duda mi favorito.

Resultó que poco después el Cuarteto Arditti se presentó en el ciclo dedicado a Lachenmann con una excelente versión de Grido y, ¡sorpresa!, otra vez la Grosse Fugue.

Pues bien: no me gustó ninguna de las interpretaciones. En ambos casos los (excelentes) músicos tardaron en entrar en la obra casi cinco minutos, y no es precisamente extensa. Parecía que había desorden, falta de convencimiento, insuficiencia en el ataque de la partitura en el caso del Leipzig y cierta monotonía confusa en el Arditti que, la verdad, me sorprendieron porque en el resto de las piezas estuvieron soberbios.
Me temo que Beethoven es excesivo, casi doscientos años después de componer, incluso para músicos tan reputados si los pilla en un momento de despiste. Hace falta gran virtuosismo, desde luego, pero también convencimiento, pasión y ganas. Ahí falló algo. Lo que me extraña es que sucediera en un período de cuatro o cinco días y a dos formaciones de pirmer orden. Yo que las esperaba con tatnas ganas... Mi gozo en un pozo.

De todos modos, el marathón fue de sobredosis. Ayer mismo escuché al muy competente Grupo Enigma, del Auditorio de Zaragoza, y las obras de J.L. Turina, Falla y compañía se me antojaron aperitivos comparados con las cumbres que había escalado días antes. Recordaba lo durísima que me pareció la obra de L. Nono y lo estupenda que fue Grido, de Lachenmann.

Por cierto: como soy muy esnob, no dejo de advertir que la sala de cámara no se suele llenar, mientras la sinfónica está día sí y día también hasta los topes. Pero, claro, ¿cómo va a competir el humilde cuarteto, por mucho que se llame Leipzig o Arditti, con una orquestaza que repite por enésima vez el consabido Mozart ?

La lógica de lo anormal (II)

...Lo que me lleva a considerar lo inútiles que son sus esfuerzos.

Porque todas esas campañas de degradación pública (con escasos frutos visibles, por más que se empeñen)
tanto analfabetismo aireado por sus líderes a la que nos descuidamos,
tanta insensibilidad con los principios más elementales de la convivencia y los derechos ciudadanos,
tanta burricie elegida como bandera política de un sector del electorado,
esa falsía y hostilidad ante todo lo que no sea suyo, independientemente del momento y la razón que puedan asistirles,
tan gran desprecio por las bases que asientan la democracia, el estado de derecho, la res publica...

Esas y otras minucias nos están apartando de nuestro deseo secreto, que no es otro que hacernos un huequecito en esa idea tan fea, ese careto desagradable, ese asco tan rico que nos repele y desearíamos lo bastante amable para, demonios, aunque sólo sea por probar una vez, sólo una vez poder votar a lo innombrable.

Total, hay tantos que lo están deseando, ¿no se dan cuenta de que falta una excusa que les, nos permita volver a lo que siempre debió ser? Anden, no sean tan ariscos, déjense querer. Casi todos están a punto.

sábado, 2 de abril de 2011

La lógica de lo anormal



Casi habíamos acabado las compras y entramos en una cafetería de las que hay en esa calle inacabable entre montañas. Al rato, mi acompañante me señaló discretamente a alguien que estaba sentado en una de las mesas, solo, de espaldas a la pared. "¿No lo conoces?" "Qué va. ¿A ese pijo? Ni zorra". "Sí, hombre", insistió. "Míralo bien".

Yo, que soy torpe fisonomista, no lograba ubicar una cara achulada y no demasiado amable que parecía la del habitual señorito engreído. Al parecer, se trataba de Ignacio González, vicepresidente de la Comunidad Autónoma de Madrid. Pues qué bien, oyes.

"¿Y qué demonios hace ese tío aquí, sin escolta, tan lejos de su cortijo?", pregunté por seguir una conversación que no me interesaba demasiado. "Irá de incógnito, digo yo. Disimula: nos ha visto".


En efecto, parece que nuestros cuchicheos idiotas le habían llamado la atención. Nos miraba con intensidad, escudriñando sin el menor atisbo de disimulo las bolsas de compras, nuestras ropas poco estimulantes. Hubo un corto duelo de miradas. Al instante se levantó, pidió la cuenta y salió del bar a toda prisa.

Dio la casualidad de que nosotros también habíamos terminado y salimos segundos después, olvidados ya de la anécdota. Cogimos el camino de la izquerda, cuesta arriba, por donde casualmente había escapado nuestro preclaro, que ya nos debía de llevar unos metros de distancia.

De pronto, se gira, enfila hacia nosotros y, sin dejar de taladrarnos con la mirada, pasa a nuestro lado con tanta rapidez como le era posible. Recuerdo que iba muy perfumado. Desapareció.


Esto fue hace unos años. Meses más tarde se destapó el escándalo de los espías entre unos y otros pendejos del PP en la Comunidad de Madrid. Lo que nos había divertido tanto como ejemplo de la estupidez y la paranoia absurda de los cargos públicos empezó a tomar otro cariz. La situación no era menos chusca, porque confundirnos con agentes de la otra cuadrilla tenía su punto, pero hay que reconocerle que al menos se comportó con cierta lógica.

Claro que debo de estar en un error porque su jefa, la Aguirre, ha negado en todo momento que en su terruño se diesen tales prácticas. Será que en realidad no estábamos ahí o que no vimos lo que vimos. Será lo que sea porque ella siempre tiene razón. Y al diablo lo que digan los jueces. Y los testigos. Y la lógica más evidente.

Lo malo es que en todo funcionan del mismo modo.

domingo, 20 de marzo de 2011

Para ser antipático y muy desagradable (en literatura)

Voy a ser impopular una vez más. Voy a defender ideas incorrectas.

Primero, en literatura, que conlleva menos riesgos de perder integridades anatómicas, si bien a la larga de una carrera modesta como la mía puede ser más perjudicial.

Alguna vez he hablado de mis fobias y creencias literarias. Una de las más acendradas es la certidumbre de que no cualquier tema es objeto de tratamiento artístico, al menos, en cualquier género. Y hablo no como lector, ya que podría tragarme cosas impropias por desconocimiento o perversión del buen juicio, sino como novelista y poeta. Ahí es más difícil el engaño.

En efecto, no vale todo. Los criterios de adecuación y decorum, por muy trillados que estén, son más necesarios que nunca en esta época de debilidad intelectual. Si da lo mismo culto que indocumentado y experto que advenedizo también se truecan los valores de bueno y putamerdoso, exquisito y del montón.

Cada día vemos a personajillos que opinan (verbo infausto) con total desfachatez a pesar de no saber nada sobre el asunto víctima de sus opiniones. Cualquiera con buen criterio valoraría sus excrecencias con el mismo rasero que el lodo de pocilga y los mandaría a producir más por esos oteros pero no, queridos niños. Hete aquí que se merecen todo el respeto (según se ve hay que respetar opiniones, no a las personas y su derecho a emitirlas). Por lo mismo, sus exabruptos valen lo que las personas que los eructaron.

Así que, volviendo al asunto, afirmo que no da lo mismo escribir sobre zapatos en un folleto publicitario que en cierta novela de alguien que fue bueno y por decisión propia se ha quedado en artesano resultón. Ni se puede atinar en alejandrinos(1) con lo que se expresa mejor en prosa. Todo lo lírica que se desee, pero prosa.


Por lo mismo, las ideas que a veces dan lugar a cuentos memorables no pueden aplicarse sin más a la complicación
y longitud de una novela. Así, vemos narraciones que se arrastran por interminables cientos de páginas y, si bien las consideramos, en cincuenta ya habrían terminado con lo (poco) que iban a decir.  


 Los límites de los géneros, siempre puestos a prueba, estoy convencido de que pueden dar más de sí, pero llegarán a un punto en que la cuerda se tensa demasiado, rompe y todo se cae. En literatura también hay ciertas imposibilidades. Básicamente, las que limitan con la falta de talento.



 

(1) Qué más quisiera que los poetas del momento abandonaran el tabulador, tecla que blanden como cizalla para cortar mala prosa y compusieran algún verso contrastable con el más lejano atisbo de lírica. Ahí sería yo todo mieles, pero no.

miércoles, 16 de marzo de 2011

De cómo desbordar el vaso



Hablando el otro día (con Sandur, entre otros) sobre la epidemia de esterilidad que parece arrasar el solar patrio, sobre los procesos creativos y las circunstancias que pueden suscitarlos, comentaba alguien, quizás yo mismo, que la capacidad de crear es algo como sucede en la película japonesa "Agua tibia bajo un puente rojo": un caso de desbordamiento agudo.

Cuando el cerebro (el cuerpo de la protagonista, en la peli) se siente repleto de sustancia necesita soltarla en forma de riada torrencial. Cuesta que empiece pero luego no deja de fluir hasta que se acaba el episodio o la novela. Si no se realiza esta operación el cuerpo está hinchado, el cerebro se estraga y puede haber malheridos.

Hasta ahí, nada novedoso. Lo tengo comprobado desde hace bastantes años. Peor es cuando el cerebro no llega a colmatarse y esta situación se prolonga durante meses, años incluso. Tampoco puede decirse que esté tam quam tabula rasa, como el de un aficionado al fútbol por televisión, pongamos, pero no llega al umbral crítico. Ahí sobreviene otra tragedia, que es la afición de tantos cuasi-estériles por cometer novelas en estado mi cuit. Una por año, si lo exige el editor. Y que no decaiga.

Ante ese vicio, garantizado por el mecenazgo liberal de tantos premios amañados, poco puede hacer una república pusilánime y mezquina como la que disfrutamos. Por mi parte, pretendo seguir el consejo de los que saben y llenar mi sesera de las gilipolleces que comparto con ustedes hasta que haga aguas por todas partes. Veremos qué sale de todo ello. Los tendré por testigos.

martes, 15 de marzo de 2011

Raquel Andueza y La Galanía

Hace poco escuché a esta soprano navarra en el Auditorio y qué puedo añadir al vídeo, salvo que en directo es aún más intensa. No obstante, salí del concierto con la sensación de que me había perdido algo.




Es que el barroco, por muy popular que parezca, no es plato ligero sin una cierta adecuación del oído. Hay que educarlo igual que se educa la vista en una exposición de fotografía industrial o el intelecto en un ensayo filosófico. De primeras pensamos que son bastante espesos, casi áridos. Gran error. En la dificultad hay una altura (y longitud) del placer que raramente se encuentra por medios más epidérmicos.

En fin; allanan el camino interpretaciones tan contemporáneas como la presente. No por facilonas, sino porque tienen frescura, se escuchan con sorpresa y, sin embargo, uno parece que va recordando cosas conocidas. En realidad, nada igual había llegado a mis oídos.

El disco "Yo soy la locura" ciertamente lo es. Un paseo por la música barroca en español (que no española: aparecen obras de H. du Bailly, B. Sanseverino y J. B. Lully) referida a la pasión amorosa y sus desviaciones. Y algunas letras son bien poco canónicas, que digamos.

Para que luego nos vengan con que los clásicos se pasaban el día entre seriedades y devociones santas. ¡Ja!

lunes, 7 de marzo de 2011

Dmitri Shostakovich, cómo no.

No descubro nada al decir que el 1er. concierto para violín de Shostakovich es formidable. Sin embargo, hay un movimiento que me tiene apabullado desde que lo escuché por primera vez, y no hace demasiado tiempo de esto. Es el tercero. Concretamente, su Andante. ¿Por qué?

Simplemente porque la música de Shostakovich está por encima de cualquier interpretación y transmite un aire de desolación, una tristeza que busca desbordarse pero se contiene en ese esquema musical clásico, casi romántico. Y contrasta poderosamente con los movimientos que la preceden y continúan. Por ello es más efectiva. 





Recomiendo, de todos modos, las versiones de dos intérpretes jóvenes: Ruth Palmer, algo más cerebral aunque muy intensa, o de la glamurosa Lisa Batiashvili ("Echoes of time"), que está causando sensación. No sabría cuál elegir.

miércoles, 2 de marzo de 2011

Meeting Sandur (I)



Sandur es el personaje principal de mi próxima novela, "Los días y la noche". Ya hace unos años que la ideé. Sin embargo, ángeles (maléficos, pero eso no hace falta aclararlo: todos lo son) que no me explico a qué obedecen me han impedido acabar lo que anda desde entonces in medias res.

Sandur es un individuo peculiar, como todos mis protagonistas, y no me resisto a incluir en este blog alguna de sus perlas. Quizás de este modo consiga que comparezca de continuo. 

De todos modos, lo que aquí presento no será fragmentos de la novela, sino algunas notas que preceden a la creación. Pocas veces coinciden con lo escrito, aunque casi siempre lo prefiguran.

A Sandur le falta poco para morir, y lo sabe. Por ello, sus confesiones no deben nada a quienes puedan escucharlas una vez muerto. Esa es la condición.

Veamos un ejemplo:

—Hay una creencia bastante extendida en que lo natural es bueno. Un concepto humano que no llega a entender ni la menor brizna de naturaleza. Lo que es, es. Sin adjetivos. No hay categorías. Esos conceptos de bondad o malicia los colocamos nosotros con calzador, para que se adapten a nuestra conveniencia. Y créame que al mundo nunca le han hecho falta. ¿Podría usted decirme por qué una inundación, la erupción del Etna o una sequía prolongada son perversos? —continuó tras meditar unos instantes—. ¿Quién nos ha dado el derecho de calificar lo que no es obra nuestra con criterios, digamos, sociales?

O este otro, que no tiene desperdicio:

—... No se puede confundir el autor y sus obras, dice usted. ¿Y hay algo más que quede oculto a ojos del espectador? Si es así, ¿importa? ¿Alguien juzga al creador por lo que podría haber hecho o por lo que ha dejado de crear? Nunca —se respondió, rotundo—. Igual sucede con ese absurdo concepto de Dios. Los creyentes desean atribuirle artefactos espirituales más propios de la ciencia-ficción que de una teología seriamente considerada, como debería ser. Fantaciencia la llaman mis hijos, ahora recuerdo la palabreja. Aldo, por ejemplo, es muy aficionado a esas imaginaciones estériles. Sin embargo, los abstemios en creencia sólo podemos juzgar al autor — e hizo un gesto que abarcaba todo con el brazo libre de tubos — y, por qué no decirlo ya, denostarlo por sus acciones, su creación, sus efectos en el mundo visible. Éste es el único que podemos conocer, si me permite la reducción como hipótesis de trabajo. La conclusión es evidente. Yo, al menos, tengo formada una opinión al respecto. Y algún día usted la tendrá sobre mí, es decir, sobre mi obra, mi vida. ¿Va a juzgarme por lo que siento o por lo que hice, por los motivos que me llevaron a construir este territorio y que parecen importarle tanto o por qué ha sido de cuánto heredé? Recuerde la parábola de los talentos...



—Entiendo, por todo lo que dice, que se considera a sí mismo como un dios en su propiedad...


—¿Y quién no? De entre los que crean, puedo asegurar que no hay quien no domine la materia. Así que le debe un cierto vasallaje. Otra cosa es que el autor, como presuponen las mentes sencillas, haya de estar presente en cada instante de sus criaturas. Si es competente y cabal consigo mismo dejará que actúen a su modo. Nunca puede intervenir en el rumbo elegido una vez ha dejado que salgan de puerto. La expresión “si Dios quiere” se convierte en una estupidez, una rotunda estupidez propia de quien tiene miedo y aún no ha dejado de ser niño. Hay que crecer, querida, hay que romper con el padre. ¿Se imagina un monstruo capaz de generar esa abominación llamada Big Bang, de concentrar todos los elementos de la materia en un punto diminuto, absurdo, una densidad inconcebible, dedicándose luego a redimir por delegación no sé qué excrecencias de última hora o a persuadir a sus leyes universales de que beneficien a fulanito en el sorteo de la lotería o reproduzcan ex nihilo la pata perdida de un feligrés? ¡Hay que joderse con los creyentes! Ni la lógica más evidente es capaz de frenar sus imaginaciones.


Un tipo encantador, según se va viendo. Cuando sea mayor quiero parecerme a Sandur. Lo juro.

martes, 1 de marzo de 2011

Adolescentes al mando del guión



Más de una vez lo he comentado de algún antiguo conocido de hace años: parece que sigue en la adolescencia, se deja llevar por la impresión elemental, tiene los mismos referentes que a los dieciocho, ni siente ni respira en otro mundo que el suyo (y prefiero no describirlo de penita que me da). Apliquemos la frase socorrida: "Te has quedado en el setenta y tres/con Bowie y T. Rex".

Vaya, que podría ser guionista de algunas películas del momento. Por qué no de "Saw VI" ( ¿o era VII? ¿VIII? ¿XXV?) o la misma "Cisne negro" que tuve la mala idea de ver hace unos días.

Creo que han dado un Oscar a Natalie Portman por su interpretación en esa cinta. Más les valdría haberla reconocido cuando deslumbró en "León (El profesional)" o, sobre todo, en "Beautiful Girls". Ahí me atrapó para siempre, lo reconozco, y por eso consentí en ir este fin de semana a verla bailar en ese lago de los cisnes larguísimo, tramposo y deslavazado.



Lo peor del asunto es la disolución progresiva del cerebro de esos guionistas que piensan (es un decir) suficiente poner en pantalla imágenes impactantes para que el sentido funcione por sí mismo. Ni establecen ritmo ni progresión ni lógica interna en los personajes. La cosa es que parezcan seres reales, aunque con los métodos del videoclip. Y la verdad es que no hacen más que un vistoso ejercicio de caricatura de sentimientos, o pasiones, que es de lo que debe de ir la película, alejados por completo tanto de la lógica como del vértigo. 




Me aburrí en sus dos tercios primeros, faltos de tensión, erráticos. Luego, desalentado ante la falta de chicha argumental, cuando la acción se abalanza en un final apoteósico, más bien sentí que todo el tinglado rondaba el ridículo y lo hortera antes que el espectáculo grandioso. (Por cierto: ¿es que no hay otro ballet clásico que el puto "Lago de los cisnes"?)

Eso sí, el montaje es de lujo. Y se han debido de gastar la intemerata. Y la Portman está guapísima. Y a mi acompañante le encantó Vincent Cassel. Y Mila Kunis, morbosa y atractiva, parece que promete.

Pues qué bien.

jueves, 24 de febrero de 2011

Estaba pensando esta mañana que la fijación exclusiva por la música crea una limitación del intelecto, una simpleza en las reflexiones que es similar a las de quienes sólo se preocupan por el arte.

Yo mismo lo he comprobado en los comentarios que adjunto a los videos musicales, cada vez más pobres y menos inspirados. Salvo cuando la música sirve para ejemplificar o aderezar un pensamiento previo. Ahí sí que brilla la lucidez, envanecida con el lustre de las notas.

Por ejemplo, este fragmento del Orfeo de Monteverdi, que aúna música y danza con rara felicidad. No sé si tiene mucho que ver, pero es que me puede la pasión.

miércoles, 23 de febrero de 2011



Recordaba la canción que de vez en cuando cantaba Julio Milagro y que quise incluir en "Parece septiembre". Nunca la había oído en su versión original, y me ha parecido incluso mejor de lo recordado. Sobre todo, el estribillo: "¿Qué pasa, qué pasa, qué pasa en el Congo? Que a blanco que pillan lo hacen mondongo".

Oh, yeah!

martes, 22 de febrero de 2011

Bowie, mi Bowie

No sé si hay que explicar más que lo que dice su música.




Aún recuerdo la impresión de ver este video por primera vez.




"Sordid details following" podría ser lema de toda una vida. Y lo digo con letra pequeña, para que no se sepa.



"He's a starman waiting in the sky. He'd like to come and meet us but he thinks he'd blow our mind..."


Y otro himno personal, quizás más maduro y desengañado. Más de este tiempo, a pesar de los años transcurridos.




Todos podríamos haber vivido sin David Bowie, desde luego. Pero la vida sería tan diferente...

domingo, 20 de febrero de 2011

Forma Antiqua






Ayer mismo estuvieron en Madrid con una formación algo diferente a la del video. De verdad que son un gozo: competentes, elegantísimos, entusiastas... O de cómo hacer que los no adictos a cierto tipo de música nos convirtamos en forofos incondicionales. Y es que hay que educar el gusto, y Forma Antiqua lo hace a la perfección. De paso, nos descubren autores desconocidos. Qué más se puede pedir.

viernes, 11 de febrero de 2011

martes, 8 de febrero de 2011

Notarán mis lectores más esclarecidos...

...Que he añadido algunos enlaces a las portadas de los libros publicados hasta la fecha. Basta con pulsarlas para entrar en otra dimensión, no necesariamente más halagüeña que la presente.

En los de poesía podrá consultarse el texto completo. Tanto en el Premio Provincia de Guadalajara 2005 (aún me estoy preguntando cómo es posible que prefirieran un libro tan arduo y poco complaciente entre casi cien originales) como en los Poemas de Zaragoza 1998 las cosas del hipertexto y la blogosfera dan de sí.

Otro cantar son las dos novelas. Por el momento, conténtense con fragmentos relevantes, que puede que más adelante se amplíen, para desolación de curiosos y comedidos.

Por otra parte, he añadido un cuento de hace varios años (y quizás necesitado de revisión, pero me da pereza) en el apartado "Añadidos al universo. Cosas para leer". Se trata de "Las muchas figuras" y, ahora que se acerca el aniversario de la muerte de Oli, qué menos que recordarla en su mejor momento.

En fin, que los disfruten (o sufran) como mejor puedan.  

domingo, 30 de enero de 2011

Dos consideraciones sobre el acto creador



Hay dos aspectos que me gusta recordar cuando me duermo en los laureles del proceso creador:

1º.- Cualquier página escrita, fotografía, estribillo de canción o escena cinematográfica, por malos que nos parezcan, exigen enormes dosis de pasión, inteligencia, cultura previa y capacidad de riesgo. Por ello, todos deben ser respetados. Sin exclusiones.

Pero no nos engañemos: respeto no quiere decir aceptación. Pueden ser una auténtica piltrafa y participar de esas dignidades. No por ello vamos a elogiarlos como si fuera el fin del mundo y todo diese lo mismo. Esa actitud, demasiado extendida entre cierto tipo de reseñistas à la violette que campan por babelias, culturales y otras hierbas volanderas, sólo confunde y lleva a justificar la inanidad creativa o la agrupación de interesados para medrar en el corralito. Cosa que ya vengo denunciando desde el principio de este blog.

2º.- La necesaria humildad que lleva el haber leído, visto y escuchado de modo crítico, de haber aprendido de los mejores, no empece para que uno esté legítimamente orgulloso de lo que produce. La autocrítica es imprescindible, pero tambíén la soberanía del autor. En uno u otro momento hemos de pensar "esto está muy bien, qué demonios". Aunque la sensación de plenitud sólo dure unos días. Aunque luego te arrepientas y mandes todo a la basura. Es parte del proceso, tanto como ver tus palabras en letra de imprenta. O en este blog.

viernes, 28 de enero de 2011

Última hora



El tontolaba del portavoz de la conferencia episcopal dice que el matrimonio civil "es un contrato mucho más leve que uno telefónico" y que es más fácil disolverlo que darse de baja en tales compañías. No así el canónico, por supuesto, que no puede disolverse. "En España, la ley no reconoce el matrimonio", termina el muy botarate.

Dejemos aparte los miles de casos en que el tribunal de la rota ha dictado nulidad con argumentos abracadabrantes, abstraigámonos de la pastizara gansa que hace falta para que dichos procesos sigan adelante. Sólo con conocer la realidad de este y otros países en que los matrimonios religiosos no se disolverán, pero las parejas sí, y vuelven a casarse por lo civil con la mayor frescura, no sé cómo tiene los huevazos de soltar tantas imbecilidades por esa boca.

A ver cuándo se dan cuenta estos señores de la infausta clerigalla: un estado aconfesional, la sociedad civil no están para satisfacer las necesidades de su facción religiosa, por muy mayoritaria que quieran hacernos creer que es.

Parece claro que se están poniendo nerviosos. Ven que se les va el negocio de siglos y no tienen la menor idea de cómo recuperarlo. Si no fueran tan rastreros casi darían pena.

jueves, 27 de enero de 2011

Dos lujazos




Algo de I Turchini, a quienes escuché (y vi, que no es lo de menos) hace una semana en el Auditorio.


Luego tocaba contemporánea, y esto es algo de lo menos salvaje que se escuchó en la misma sala cuatro días después: el Concierto para piano y orquesta de Gyorgy Ligeti, 2º movimiento.





Espléndidos los dos, n'est-ce pas? Ventajas de tener aficiones diversas.Y poca tendencia a los cortes de digestión.

lunes, 17 de enero de 2011

Ricardo Menéndez Salmón. "La luz es más antigua que el amor".



"Lux antiquior amore" es el motto que da título y organiza temáticamente la última obra de Menéndez Salmón. Una obra pensada, más que como novela en sentido estricto, como disquisición sobre el proceso creador, el artista y la obra de arte.

Me sucede algo curioso con este escritor: sus primeras páginas suelen encantarme. O, al menos, se me antojan de lo mejor que he leído en español en la temporada correspondiente. Sin embargo, no es extraño que a la mitad o antes ese mismo libro se me caiga de las manos. Bien porque ha descendido su nivel de modo estrepitoso, bien porque se adentra en unos senderos que provocan un tedio tan intenso como el entusiasmo anterior.

(Para ser justos, "La noche feroz", publicada por él mismo en KRK Ediciones, me pareció de lo más redondo. Una obra tremenda y muy bien acabada, aunque no tan atrevida y novedosa como otras de su última época).

Atrevimiento que le lleva a organizar la trama de "La luz es más antigua que el amor" como tres historias separadas en el tiempo, dos de las cuales tienen como protagonistas a artistas ficticios. Junto con ellos, aparece el mismo narrador de la novela, Bocanegra.

Ante eso, nada que objetar. Como tampoco ante la enorme maestría de sus primeras treinta o cuarenta páginas. Para quitarse el sombrero. También el comienzo del último capítulo es potente y sólido, prosa de alta calidad y gran nivel lingüístico. Pero el resto no está a la altura, ni mucho menos. A decir verdad, algunos fragmentos son lo más plúmbeo que he tenido que soportar en meses.

Tal divergencia en el plazo de pocas páginas es debida a que la novela pretende indagar en cuestiones morales o filosóficas integrando largas disquisiciones cuasi-ensayísticas en medio de la acción. De este modo, la estanca hasta el punto de que a menudo no se sabe qué pretende el autor, a dónde van a ir todas esas cogitaciones.

El intento de aunar disquisición y aventura, pensamiento y acción novelesca, que tan buenos resultados da en grandes de la talla de Borges, por poner la referencia evidente, fracasa en cierta medida en este libro. Menéndez Salmón no acaba de encajar ambos elementos y, peor aún, no logra interesar al lector.

Con todo, leyendo esta novela lo he pasado bastante mejor que en el noventa por ciento de las tontadas actuales. Estamos ante un escritor excelentemente dotado. Quizá no sabe medir sus fuerzas o poner de acuerdo sus enormes conocimientos sobre materias diversas. Da la impresión de que desea hacernos pensar sin saber bien cómo.

Yo recomiendo que para otra vez lo intente basándose exclusivamente en la acción, de modo que de ella se deduzca lo que haya de deducirse. Sin aleccionar a nadie, please. Lo ha logrado con éxito evidente en otras ocasiones, ha sido capaz de emocionar e intrigar, de atrapar al lector hasta la última página.

Así que estaremos esperando con impaciencia. De verdad.

martes, 11 de enero de 2011

Constatando la fina realidad



Aunque no sea posible, aunque pueda parecer un atropello a la razón, la vida es exactamente igual que el año pasado. Y que el anterior. Las rutinas se suceden y ni un ápice del mal que nos corroía tiene visos de disminuir.

Más aún: los inútiles, los soberbios de costumbre se ven reafirmados y no dudan en exigir indemnizaciones a quienes fueron afectados por su proceder. Porque son una panda de indeseables y, lo que es peor, tan torpes que no tienen ni idea de lo que han hecho. Prefiero pensar que es producto de pura desfachatez.

Por ello, deduzco una vez más que el cambio no está a nuestro alcance. Habra que esperar a que comience de una vez el siglo XXI.

martes, 4 de enero de 2011

The Posies, nada menos.





Visto desde la distancia, parece revelador de ciertos pudores y limitaciones. Mi pretensión es domeñarlos a voluntad, pero...

No sé cómo en estos dos años largos de tabarra bloguera todavía no he presentado una de mis aficiones más persistentes. Sin llegar a extremos de fascinación, como en alguna que conozco, son uno de mis grupos favoritos. Y en directo resultan demoledores, como suele pasar con los buenos músicos.

Sólo necesito recordar que una escena completa de "No es suficiente", mi primera novela, está situada en un concierto que casi calqué de otro suyo, real, celebrado en la sala "En Bruto" de Zaragoza, allá por mitad o finales de los noventa.

Bueno: presentados quedan. Tienen unas voces portentosas, sabia instrumentación, energía y guitarreo a troche y moche, no sé qué más se puede pedir. Su último disco, "Blood/Candy", ha hecho que me reconcilie incluso con la mejor veta melódica de los Beatles. Que ya es reconciliar.

lunes, 3 de enero de 2011

Orfandad del navegante (II)



A ver si recuerdo las últimas lecturas:

Adalbert Stifter, Patricio Pron, Junichiro Tanizaki, Mircea Eliade, ensayos sobre física cuántica, historia moderna, estética medieval y música experimental contemporánea, Kurt Vonnegut, Haruki Murakami, Homero, Menéndez Salmón, David Monteagudo, Jorge Ibargüengoitia, Petrarca, poesía de prostitutas chinas, Marina Tsvietáieva, Ian McEwan, Fiodor Dostoyewski, Arthur Machen, Virgilio, Pola Oloixarac, León Tolstoi, Ernst Jünger, Yasunari Kawabata, Klaus Mann, Mijail Bulgákov, Mark Twain, Gonzalo Torrente Ballester, Jonathan Littell, Luis de Góngora, Marcel Schwob, Georg Heym, Osip Mandelstam...

Y varias docenas más que no me vienen a la cabeza o ya están ordenados en la biblioteca: agujas en el gran pajar de la memoria.

Siendo yo quien soy, habiendo nacido en mi época y lugar, ¿alguno de estos autores me corresponde? ¿Debería haber insistido más en lo local o en lo que se lleva a cada momento? ¿No será este desarreglo el culpable de que me sienta como si nada fuera propio?

Igual me pongo ahora a leer autores aragoneses de ayer y hoy como un descosido. O a Vila-Matas y a Roberto Bolaño, que no sé qué me habrán hecho, los pobres, pero no hay manera. Con lo bien que queda citarlos. Luego pasa lo que pasa...

Orfandad del navegante



Mi sentimiento de orfandad, más que biológico,cosa que nunca me ha exasperado, podría decir que es intelectual.


Siempre me he sentido trasterrado. En pocas ocasiones coincidía con alguen que, bien por edad, bien por gustos o circunstancias culturales, había leído lo mismo, tenía idéntica sensibilidad, hablaba de modo inteligible sin esfuerzo, sin necesidad de traducción.


También por circunstancias familiares me he visto arrancado del suelo ribereño en que me había criado para pasar a la estólida aridez del desierto. Y la mayor parte de mi vida se ha disipado en resistir más que los necios, en buscar cada vez con menores expectativas, en procurar no ser abatido por los francotiradores de la inquina.

Reconozcámoslo: estamos rodeados de abúlicos profesionales que escrutan con ojos turbios al que parece mostrar el menor entusiasmo. Tienen, además, un excelente olfato para ventear caracteres excesivos. Por ello, he aprendido a callar.

Ser discreto, eufemismo que me estomaga, se ha convertido en camisa obligatoria para quien desea navegar estos remolinos que acechan bajo la superficie de bovina placidez. Y es que nada parece que se mueva. Tomemos la desgracia con resignación; la alegría, con indiferencia. No vaya a ser que se enteren.

"Nobody knows when they might wake up", como casi dice la canción. Nobody knows.

viernes, 17 de diciembre de 2010

¡La hoja, la hoja, ha salido la hoja!



En http://literaturas.info/revista.php , número de diciembre, ya ha aparecido mi crítica de "Las teorías salvajes", de Pola Oloixarac.

Leída con desapego unos meses después de escribirla, pensaba que quizás fui excesivo. Que mi respuesta al libro tuvo una radicalidad no exenta de cierta inquina personal. Una reacción ante todos esos que van de "guays" por la pasarela y se atreven a mirarnos con displicencia mientras escupen lecciones que nadie les ha solicitado. A nosotros, pobres humanos, simples lectores sin pedigrí.

Así que la he vuelto a hojear mientras descansaba de la relectura de chuminadas como "Isabel y las aguas del diablo", de Mircea Eliade.

Lo que no entiendo es cómo pude terminarla.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Lasarte-Oria (bis)



Hay que decirlo: no todos tenemos alma de paparazzo. Como la encargada de hacer las fotos en el acto (casi multitudinario) de Lasarte-Oria. Pone buena voluntad, pero de vez en cuando le dan esos ataques de timidez que deshacen cualquier empeño. Y así salieron las fotos. Tanto que ésta es la única en que se me (medio) ve. Ya he recogido el diploma conmemorativo y vuelvo a mi asiento.



Antes, una chica de bonita voz, acompañada de dos compañeros a las guitarras, había interpretado uno de mis poemas. Bonita cosa. Apañada. Suena curioso el verbo de uno mismo con timbre ajeno. Nunca podré acostumbrarme.

Aparte de cuestiones de dicción, uno interpreta el sentido en un orden, con una línea fija que, más o menos, era la elegida en el momento de la creación. Un lector desapegado puede (y debe) elegir otro rumbo.

Ahí está la savia del lenguaje, en su múltiple significación, en los matices que interpretan y amplían un reducto de sentido.



Y, por supuesto, la jornada fue muy agradable, a pesar del clima. La casa de cultura de Lasarte tiene pintas de funcionar muy bien como promotora de actividades variadas entre la población más joven. El acto fue solemne y cercano a la vez, aunque no parezca posible. Nada que ver con el pestiño formalista, grandilocuente y algo cutre de Guadalajara.

Y Donosti nunca defrauda. 

martes, 30 de noviembre de 2010

Nueva cosa publicada de David Monteagudo


Y digo "cosa" porque no llega a novela pero, por su estructura, tampoco "Marcos Montes" (Ed. Acantilado, Barcelona, 2010) es un cuento, ni siquiera uno largo. Llamémosla novelette.

Ya recordarán que en mi entrada de 25/3/2010 di un rapapolvo moderado a su primera novela, "Fin". Entre otras cosas, por la falta de compensación y de verosimilitud entre dos elementos argumentales. Uno, realista y más bien plano. Otro, fantasioso, propio de ciencia-ficción o película de desastre planetario.

Pues en "Marcos Montes" también hay dos elementos en cierta medida contrapuestos. Sólo que esta vez ha aprendido la lección y ha sabido encajarlos de modo más armonioso. No exento de defectos, debo decir, pero con resultado mucho más satisfactorio.

Para más señas, durante las primeras 60 páginas (de las escasas 118 en total de este volumen) pensé que me encontraba ante un escritor que había madurado de golpe y, si bien no era para entusiasmarse, sí al menos se postulaba como alternativa de peso a los mejores del panorama español. Tampoco es mucho decir, pero vaya, que merecía la pena.



Dos o tres detalles criticables me han hecho cambiar parcialmente de opinión. El primero, la reiterada falta de verosimilitud de los diálogos. Pase que el muy lamentable artificio final lo justifica todo (al menos, eso querría Monteagudo) pero, aún así, hay párrafos que no son de recibo en un autor al que se apresuraron a proclamar como revelación del año pasado.

Tampoco me parecen soportables ciertos excesos retóricos, con fórmulas manidas y sensación de estar leyendo "literatura prestada". Por más que se pretenda imponer esa rutina perezosa en la moderna narración patria, se trata de escoria verbal con la que mal se puede armar literatura de nivel. 

Tampoco encuentro razonable que el protagonista, un minero con escasas perspectivas vitales ni intelectuales tenga un discurso tan bien hilado, tan culto, en definitiva.

Por otra parte, la anécdota referida al pasado, con ese amor trágico, resulta inverosímil... Hasta el chundarata final, que encuentro inane y pueril.

Pero los reparos que opongo son básicamente de tipo argumental, amén de que debería cuidar mucho más la frescura de los diálogos (algo ha avanzado en esta entrega, pero todavía suenan a falsos).

Está claro que David Monteagudo se defiende bastante bien en registros cotidianos. La primera parte, dedicada sobre todo a describir el ambiente de la mina, me ha parecido buena. Con los defectos señalados, resulta competente y eficaz. Se lee con fluidez y da la impresión de que nos va a conducir a algo mucho más sólido que ese giro lamentable hacia lo fantasioso, lo onírico de medio pelo en que acaba todo.

No sé: al comienzo me había hecho ilusiones que luego se han visto defraudadas. Es evidente que estamos ante un escritor al que, para su fortuna, han dado cancha suficiente y puede ofrecernos cosa mucho mejores.

En fin, seguiremos a la espera.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Un poco de caña al cerebro con Beat Furrer...



...Que de "still" tiene poco, me parece. Más bien, juguetona e inquietante.

miércoles, 24 de noviembre de 2010



Buena parte de la enfermedad que mina las letras españolas, a mi entender, tiene sus orígenes en la diáspora de talentos tras la Guerra Civil y la política de represión que la sucedió. Porque no hablo sólo de las tres generaciones creativas del primer tercio del siglo XX y sus lumbreras, que se fueron mayormente a hacer viento ultramarino, sino de una pléyade de maestros, médicos, investigadores, catedráticos y abogados, militares y editores, gentes de rango medio y muy buena formación que tuvieron que emigrar o fueron silenciadas de un modo u otro al permanecer en España. 

Esos cuarenta años largos de indigencia intelectual nos siguen pasando factura. ¿Cómo se puede entender, si no, la mediocridad de lo que se produce y consume? ¿Hay alguien que no se percate de la corrupción generalizada en el mundo literario? ¿Por qué los tejemanejes que la convierten en ciénaga de indocumentados con relaciones no parecen a nadie un escándalo nacional? ¿Por qué, en definitiva, somos tan cutres que no interesamos a nadie más allá de nuestras fronteras y vienen medianías de lejos a hacernos sombra?

Lo más ridículo es que, ante esto, hay quienes se regocijan. Otros imitan modas exteriores y esperan que suene la flauta. Los más, simplemente, no dicen nada. Ni piensan cosa de provecho, no sea que les haga pupa.

Lo único bueno de este panorama espantoso es que cualquier cosa hecha con una mínima dignidad y capacidades suficientes va a llamar la atención. O esa idea me consuela. 

lunes, 22 de noviembre de 2010

Críticas



El halago y el insulto, formas de opinión, al cabo, comparten con la crítica una necesidad imperiosa: ser precisos.

Elogios como "estás guapa" o "me ha gustado mucho lo que escribiste" no significan nada. Más cuando son respuestas obligadas. Tampoco esas reseñas de suplementos culturales en que se dedican a dar jabón sin vergüenza ni criterio a todo lo que se presenta avalado por tal marca.

Tanto en el dicterio como al sobar la camisa hemos de ser más incisivos. Nadie se reconocerá en un "hijoputa" o un "gilipollas" pero sí cuando el que le malquiere ataca su punto débil. Y para eso hay que saber dónde herir.

La opinión crítica exige conocimiento. Éste sólo se logra tras la observación y el estudio del adversario, o del ser amado, tanto da. Y por ello, amén de pasión, puesto que al opinar no es preciso ser fríos analistas, debemos tener una pizca de inteligencia.

En mi práctica diaria descarto de inmediato los comentarios injustificados o las opiniones unilaterales, sean favorables o no. Si he de decir verdad, prefiero el silencio. Tanto tiempo en él me ha acostumbrado.

Sólo cuando alguien me espeta el "bueno, me ha gustado pero..." o bien "no es de mi estilo, ya lo sabes, aunque creo que...", entonces despliego las antenas.

Por eso echo tanto de menos una buena charla sobre lo que me importa sin bobalicones del "todo vale" ni pasmarotes egocéntricos sacando a relucir sus inquinas.  

martes, 9 de noviembre de 2010

Blogs y blogueros



Como recibo pocos comentarios de los desdichados que visitan este blog, no sé exactamente por qué lo hacen, salvo los conocidos, claro. No entiendo qué mueve al curioso de Chile o Georgia (últimas visitas que me han llamado la atención) a entrar en uno con título tan poco prometedor. Llamativo sí que es, pero nada más. 

De todos modos, ¿habrá alguien en el Cáucaso que hable español? ¿Vienen los exóticos atraídos por algún nombre famoso de los que cito? ¿Es un fallo del sistema de chivatazo on-line? Mysterium tremendum que apenas me deja dormir más de ocho horas a la pata llana.

Muy de vez en cuando me pierdo visitando otros blogs enlazados con los tres o cuatro habituales. Si tratan de poesía casi nunca paso de la última entrada. Eso sí, suelen ser bastante más vistosos y estar mejor diseñados que el mío, por mucho que no expongan más que chorradas sentimentaloides.

Si, en cambio, se dedican a otros asuntos, llamémosles "personales" hay que gritar "¡Fuego! " y salir de estampida.
Siempre me da la impresión de que lo mucho y muy tonto que tenemos todos en común es lo que con más ahínco busca exhibir la gente que da en estas escrituras. ¿Para qué? ¿No es suficiente con ir de vacaciones al mismo lugar y por las mismas fechas, ver las mismas películas o escuchar el consabido hilo musical que proponen los de siempre? Más valdría quedar en persona con los colegas y tomarse unas copas viendo las fotos del finde.

No creo que "El mejor escritor desconocido" tenga nada que ver con esas cosas. Quien vaya buscando desahogos sentimentales y lea aquí se va a sentir irremisiblemente defraudado. Yo los tengo, pero muy otros. Y mi intención al abrir este blog era sobre todo "mantener los dedos activos" en períodos de sequía creativa y soltar algunas barbaridades respecto al mundo literario para que casi nadie las escuchara y poder organizar mejor las ideas.

Como todo se sabe, que decía un amigo, y al final los de siempre también están en el ajo, con el tiempo me he tenido que cortar una pizca y cuando digo la burrada de rigor al menos he de ser capaz de argumentarla con solidez. Tampoco es mal ejercicio intelectual.

En cuanto a mis aficiones estéticas o musicales... Ya van ustedes conociéndolas, y eso que apenas he empezado a mostrarles la patita...

sábado, 6 de noviembre de 2010

Lecturas


Últimamente he leído "La danza piadosa", primera novela de Klaus Mann. A pesar de algunos prejuicios contra las óperas primas, superó brillantemente la prueba de la "apertura súbita" y no dudé en comprarla. 

La visión del talento literario precoz no siempre es agradable. A menudo tiende a resultar demasiado apasionada, íntima, desbordada por el esteticismo; cargante, en suma. Todos esos defectos podrían achacarse al joven Mann pero, no obstante, mi memoria retiene dos o tres escenas brutalmente descritas, muy a lo expresionista. Una de ellas, la pensión berlinesa infestada de chinches adonde llega el protagonista tras escapar de la casa paterna. Otra, en un hostal de medio pelo donde los personajes parecen animalillos que se desperezan y arrastran por el suelo en diversas actitudes. Y, sobre todo, la "fiesta Clo-clo-clo" con el todo París desmadrándose en adoración de un efebo infiel. Delirante. Inolvidable.



El resto, escrito tras la Gran Guerra, está lastrado por un lógico sinsentido generacional, un misticismo exaltado y diversas búsquedas intelectuales más bien descarriadas que prefiguran los horrores venideros. Demasiado para poder vernos identificados en estos momentos. O sí, quién sabe.

Vaya, no sé si me habrá entusiasmado la novela en su conjunto pero ya querría yo haber tenido la cuarta parte de su madurez cuando, allá por el 2000, publiqué "No es suficiente". Es que debo de ser un poco tardío. O tardo, quien sabe.

En parte me redime el saber que, si acaso envidio algo, es este tipo de obras y a estos autores. No a los tontolabas del momento.

viernes, 29 de octubre de 2010

Lasarte-Oria



Ya ni me acordaba de haberlo enviado, pero el pasado lunes recibí una llamada comunicándome que había ganado el premio de poesía en castellano (eso sí, ex-aequo, no me lo vaya a creer) que otorga esta villa hípica junto a San Sebastián.

Se trata de "Alcanzar el sentido", poemario que debí de componer allá por 2007, aunque con otro nombre más cosmológico que igual rescato. Y el premio en metálico es poco más que una propinilla.

Ya me han confirmado que no publicarán el libro, conque tampoco pierdo mas que un día de excursión por Donosti, y eso me parece estupendo. Llevo un par de años sin visitarla. En fin, el día 27 de noviembre me plantaré allí para que me vean en persona. Ya os contaré mis impresiones. Si se parece a la entrega en 2006 del Premio Ciudad de Guadalajara por "Los cínifes versados", va a ser tela de entretenido.


Por cierto: "Alcanzar el sentido" es un libro bastante más serio, mejor construido y maduro que el otro. Lo paradójico es que éste no lo publiquen, como tampoco hicieron con "Nacedero", el poemario inmediatamente anterior, que también fue premiado (ex-aequo; esto va siendo una costumbre) por el Ayuntamiento de Ciudad Real en 2007. Parece que lo mío con la poesía es como el caso de Cervantes, que no era mal poeta, pero no. Reconoció que lo suyo estaba en otra parte.

Y, sin embargo, creo que son como el cine y la literatura: lenguajes muy diferentes que mal se pueden "traducir" uno a otro sin que se pierda la esencia o deban convertirse en algo ajeno. No escribo de lo mismo en una novela que en un poema. Y, si lo hago, es de modo diferente. Eso, al menos, se me ha de reconocer.