Blog de José Mª Milagro-Artieda dedicado a dar cuenta de sus obsesiones (no solo literarias) y cualquier otro tipo de sandeces más o menos interesantes.
martes, 31 de mayo de 2011
Novelar, novelar. Viva la novelación.
Esto de novelar es oficio bien confuso. Pongo como ejemplo lo que sucede con los personajes.
Hay algunos que me son totalmente conocidos incluso antes de saber qué historia van a protagonizar. Muy a menudo, son germen de la trama central o de alguna ramificación secundaria. En este segundo caso su nacimiento promueve necesidades imprevistas y problemas que yo califico "de corrimiento de bloques" (argumentales). Por lo general, no muy arduos de resolver.
Están los que surgen por derivación de algún otro personaje anterior. Peccata minuta. Son como cosa de añadidura, acompañan o justifican algún aspecto que hasta entonces había quedado cojo en aquellas situaciones de las que parten. Suelo cogerles cariño, para qué negarlo. Veamos el ejemplo del tío Vale, que lo es de Julio, personaje central en la trama de "Parece septiembre". Apenas me nació, supe que iba a ser hijo de mis predilectos. Varios años después de haberlo ideado me sigue gustando la conversación que se gasta con su sobrino en el taller de pintura.
Otros acuden después de estructurada la novela, pero sin tener la menor idea de su función real en la misma. Los llamo "personajes de relleno" y son los que, a la postre, más juego suelen dar dentro de la ralea de los llamados "secundarios".
En "Parece septiembre" hay varios, pero quiero acordarme de los dos jóvenes rubios que aparecen en la primera página y luego ocasionalmente, sin que a estas alturas de partido sepa qué pintan ni por qué me empeñé en mantenerlos durante tantas páginas y junto a historias más justificables para la paciencia del lector medio. Sólo sabía que debían permanecer, incluso hacer alguna aportación muda en momentos especialmente señalados. Tampoco me pregunten por el sentido de esos gestos, porque hasta ahí hemos llegado. Que cada cual extraiga conclusiones.
Y quizás, para terminar, están aquellos que son como la tapa de un hueco que no se sospechaba. Un hueco argumental, de estructura, de sostén o equilibrio lógico, de lo que sea. Muy a menudo, pasan desapercibidos al inútil del creador hasta que un día, conduciendo sin ver, surge la evidencia. Si logro sobrevivir a la hazaña de anotar los datos reveladores en mi libretilla a la vez que miro de reojo la carretera, seguro que hacen del proyecto naciente algo grande. O eso quiero pensar, porque era tan sencillo, estaba tan a la vista...
martes, 24 de mayo de 2011
¿Y ahora?
¿Vamos a seguir empeñados en que (desde 1991) no ha pasado nada?
¿No hay nada que decir cuando por la calle cada vez deambulan más rinocerontes aplastando lo que encuentran a su paso?
Porque yo estoy pensando en emigrar a Australia, por lo menos...
sábado, 21 de mayo de 2011
Julien Gracq, uno de los grandes, en estado menor.
"El rey Cophetua", de Julien Gracq, es una de esas obras breves, bellas, exquisitamente escritas que, al acabar su lectura, me han dejado la sensación de que no las había entendido en absoluto. Eso, o que no querían decir nada.
Siendo Gracq uno de mis autores favoritos y sabiendo cómo las gasta, me temo que el inepto he de ser yo de todas, todas. Pero mientras disfrutaba de su prosa hipnótica, morosa, envolvente, no dejaba de preguntarme:"¿y este tío a dónde quiere ir a parar?".
Pero seguía disfrutando de esa especie de seda pútrida con que rodea hechos triviales, andanzas erráticas del personaje principal, acciones inverosímiles de la criada de la casa. Una casa casi vacía, fantasmal, en que el protagonista espera a su amigo en el otoño de 1917, no lejos de la línea del frente franco-alemán.
La novela tiene tanto de sueño imposible como de alucinación veraz. El amigo, aviador del ejército francés, no acaba de llegar. Tampoco se explica la relación entre ambos, salvo que la amistad viene de antiguo, ni el motivo de que el protagonista haya sido citado esa precisa tarde en el caserón de su propiedad.
En el pueblo no hay nadie por las calles; en la villa, la única persona que la habita, una suerte de criada enigmática, tampoco parece saber gran cosa. O quizá es que prefiere no decir nada. Por ocultar, ni su mismo rostro es visto por el narrador, a pesar de que se encuentra con ella varias veces en las estancias de la mansión envuelta en sombras.
Por parte del escritor, la gestión delicadísima de la "desinformación", el aluvión de datos inútiles que no aportan mayor conocimiento de los personajes ni de las circunstancias en que se desenvuelven, es magistral. En las cien páginas escasas del volumen apenas sucede nada.
Bueno; algo sí sucede, pero ese hecho lo dejo a la curiosidad de mis lectores. Además, apenas tiene relevancia para la acción de la novela ni para el protagonista.
La historia que da título al libro, la leyenda del rey que, desdeñoso con las mujeres, acaba por enamorarse de una bellísima mendiga, tampoco viene a aclarar demasiado a un lector embelesado y perplejo a partes iguales.
Sin embargo, lo he pasado tan bien enfrascado en las páginas de esta preciosa novelita que sólo puedo recomendarla o, mejor aún, que quien sienta curiosidad por Gracq comience leyéndole "El mar de las Sirtes" o, quizás en primer lugar, "Los ojos del bosque".
No se arrepentirá. Es uno de los grandes.
miércoles, 18 de mayo de 2011
Gustav Leonhardt
Ayer sucedió. A las siete y media de la tarde, en el Auditorio Nacional de Madrid. Sala de Cámara.
En el centro del escenario no había más que un clavecín de color azul cielo. Delante, un anciano de más de ochenta años delgado, sobrio, elegante, con su mano izquierda enfundada en una suerte de mitón negro. Se colocó unas gafas de pasta igualitas que las que podría haber usado mi abuelo y comenzó a interpretar.
El repertorio era de lo más variado, desde los highlights del barroco español (Correa de Arauxo, Bruna, Cabanilles, Scarlatti, Blasco de Nebra) a los del alemán (Pachelbel, Böhm, Bach). Apenas hora y media, pero quién necesita más cuando has tenido delante de tus ojos (y de tus oídos) a una de esas leyendas de la música que nunca pensaste que podrías disfrutar.
El hombre, que parecía encontrar excesiva la ovación con que se le recibió de entrada, simplemente se sentó al teclado y, casi de golpe, atacó las piezas. Cada una con su matiz, con aparente ligereza las más evolucionadas, con torpeza conmovedora las más toscas (falsamente toscas, desde luego). Una lección de sabiduría musical y destreza interpretativa. Pero aportando su visión en cada momento, descifrando la sensibilidad del autor, de la época, de la ocasión.
Por supuesto, todos tenemos nuestras pasiones. Al final del concierto, antes de acometer cierta "Aria variata alla manera italiana", de Bach, se puso de pie y, con voz modulada y en un inglés delicioso, nos explicó qué opinaba de la época en que pudo ser compuesta esta obra juvenil del genio, cómo le emocionaba su sencillez y, al mismo tiempo, le resultaba maravillosa por la riqueza de sentimientos que era capaz de expresar con dos tonalidades básicas repetidas ad infinitum. Nos habló de la maravilla extraña que era esa música, de una vida aparentemente anodina donde se encerraba brillantez y pasión como no se habían conocido. En realidad, pienso que nos estaba hablando de su vida.
Y al final, de propina, tras salir a saludar unas cuantas veces, nos entusiasmó con una de las Variaciones Goldberg. Hubo gente que lloraba, aplaudiendo en pie, vitoreando al vejete. Yo no, por supuesto. Yo soy un hombre y no me dejo arrastrar por la emoción. Por eso esperé un ratito sentado en mi butaca hasta que todos hubieron abandonado la sala. No era cosa de.
sábado, 14 de mayo de 2011
Dos versiones, dos. Y no tienen novia.
A ver quién tiene narices de preferir una versión del "Caldo sangue" de A. Scarlatti sobre la otra.
Yo, lo confieso, no siempre soy imparcial. Depende del momento.
Sin embargo, estos videos en que la partitura va corriendo al unísono con la música permiten ver discrepancias en la interpretación.
Por ejemplo: que Jaroussky la canta de modo menos lineal, con más gorgoritos, trémolos y otros recursos propios de lo que debía de ser en el barroco. Mientras que la Bartoli se basa en su prodigiosa voz y en esa técnica exquisita. ¿O no llega casi al "filato" en ese "diminuendo" progresivo, dramático, de la parte final? Impresionante.
Impresionante.
viernes, 13 de mayo de 2011
Silva de varia lección -creativa-
Releo "Veinte semanas" (Espasa, 2005), una irregular novela de mi paisano Javier Sebastián, mientras espero echarme a los ojos su "El ciclista de Chernóbil", que ha aparecido en DVD hace unos meses y promete.
Aunque no es lo mejor de Sebastián, ni mucho menos, está sirviendo para reafirmarme en algunas impresiones que había dejado anotadas a lápiz en los márgenes del libro, e incluso añadir algunas nuevas.
No suelo releer demasiado. Cuando lo hago, siempre me sorprende reencontrar la gavilla de comentarios abandonados y lo bien que pasa el tiempo sobre los más ajustados. En este caso, me había llamado la atención el problema, que ya lo era entonces, de la "descarga informativa": cómo y cuándo dar al lector las dosis correctas de información. Primero, para que sean eficaces. Segundo, para no tratarlo como idiota ni engañarlo burdamente.
En "Veinte semanas" no necontré la solución. Todo lo contrario. Tengo anotadas varias páginas, allá por la mitad de la novela, en que Javier Sebastián mete la pata de modo extraño, absurdo, cuando hasta entonces había salvado los muebles mal que bien y la novela se arrastraba sin grandes tropiezos.
Otro asunto que también está tratado de modo poco apropiado (a mi entender) en una novela como ésta, que debería ser más puntillosa, es el asunto de la verosimilitud de los narradores. No vale que cualquier personaje cuente cualquier cosa de cualquier modo a cualquier otro. En este caso, si no recuerdo mal, era una madre narrando a su hija de catorce años historias detalladísimas y más bien escabrosas durante un viaje en autobús. Ni cuadra el tono ni la textura de la prosa, que debería ser algo menos "literaria".
Asimismo, detesto que en una novela establecida desde su comienzo como narración "sencilla" aparezcan virutas de grandilocuencia, excesos retóricos que no sirven más que para demostrarse a sí mismo que uno es capaz de escribir muy bien si lo desea.
Gajes de ser escritor. No puedes disfrutar de una lectura inocente, sólo por el placer de leer, sin enarbolar el aparato crítico. Salvo cuando el autor es tan bueno, tan sutil, que consigue engañarte.
Por cierto: releída la entrada, da la impresión de que Javier Sebastián no es escritor competente o comete errores de bisoño. En otras ocasiones no ha sido así. De hecho, lo considero, junto con Carlos Castán, el mejor prosista aragonés actual y, por lo general, me han gustado casi todas sus novelas. Ésta, a pesar de lo dicho, mantiene el interés y la tensión hasta el final. La arquitectura narrativa está sabiamente organizada para conseguir tal efecto. Lo único es que creo que los modos concretos no están a la altura del diseño inicial y por ahí hace aguas. Sencillamente.
viernes, 6 de mayo de 2011
"Los anticuarios", de Pablo De Santis
Casi no me lo creo, pero me ha gustado. Y mucho. Ya saben vuesas mercedes que soy poco dado al entusiasmo repentino salvo que la ocasión lo justifique, y menos en asuntos literarios. Para colmo, se trata de un libro recién aparecido y de escritor contemporáneo. Nada menos. Quien me lea no lo cree.
Pablo De Santis, argentino, casi de mi quinta, es un excelente narrador con sólida producción anterior. Hasta aquí, nada que no se conozca de sobra. Lo que sucede es que yo no le había prestado demasiada atención antes de hojear su última novela. Al instante quedé enganchado.
Para empezar, está muy, muy bien escrita. (Omito algunos fallos menores porque yo no soy Ricardo Senabre ni éste es un ejercicio de crítica periodística en el que deba justificar mi sueldo rebuscando minucias). El estilo de "Los anticuarios", fíjense en lo que digo, me ha recordado poderosamente a Bioy Casares, a Borges, a la más alta corriente de la literatura argentina del siglo pasado.
Es una novela bien pensada, bien trabada argumentalmente y con bastantes detalles de alta literatura. Lamentablemente, sólo quedan en detalles. El tono general, si bien irreprochable, está falto de mayores pretensiones, con lo que se parece a lo que podría haber sido una obra menor de Bioy: una narración muy amena, de carácter fantástico-detectivesco, en que sus temas más importantes (la inmortalidad, el amor, el destino humano) a pesar de estar siempre presentes, en cierto modo se diluyen en la anécdota.
Asimismo, los personajes que rodean al protagonista no pasan de meras estampas como de atrezzo. Condicionan sus actos pero jamás parecen tener vida propia. Con un par de excepciones en que se adivinan sentimientos, vida interior, son demasiado inamovibles. Aunque quizás la primera persona en que está narrada la historia limita la percepción del lector.

Por lo demás, repito que "Los anticuarios" es una narración excelente. La mejor que he leído de autor hispanohablante desde hace bastantes meses.
Las peripecias de un joven periodista de medio pelo en el Buenos Aires de los años 50 y sus encuentros con diversos personajes de pintas más bien siniestras (si exceptuamos a Laura, hija de uno de ellos, de quien se enamora irremediablemente) son excitantes, si bien poco verosímiles.
Pablo De Santis ambienta un mundo sórdido y fantástico a la vez que, a pesar de lo inusual, atrapa al lector. Las costumbres de la secta-raza de los anticuarios, el amor desmesurado a que antes me refería, sus crímenes, la sed primordial que sufren los afectados, las obsesiones en que se recrean unos y otros están tratados de modo ligero, un poco epidérmico pero ágil y muy atractivo. Y el final no decepciona.
En definitiva, lo recomiendo a quien quiera pasar un buen rato sin levantar la vista de sus (nada excesivas) páginas. Guste o no, al menos leerá buena prosa, que en los tiempos que corren no es de despreciar.
lunes, 2 de mayo de 2011
Ha muerto Osama.
Hay algo que me resulta repugnante en la celebración de la barbarie. Da igual que sea una turba integrista celebrando el último atentado o los gañanes norteamericanos saludando con tonos idénticos la ejecución de Osama Ben Laden. No consigo alegrarme en ninguno de los casos. De hecho, me dan escalofríos.
Dejando aparte la salvajada de las Torres Gemelas (1) o la tragedia brutal de Atocha, o la del metro de Londres, me da la impresión de que cargarse al enemigo a tiro limpio, previo bombardeo de su búnker-residencia, no es la mejor manera de "hacer justicia" (Obama dixit).
Me ha venido al recuerdo la imagen de las tocineras de la Guardia Civil de cunda todas las tardes tras el juicio del 11-M, cuando pasaban, escoltadas por un helicóptero, por la carretera que bordea la universidad de Alcalá. Se dirigían a la cárcel de Meco, por supuesto, y dentro iban los acusados del atentado.
Entonces sí creía que "se estaba haciendo justicia". Que los culpables de la barbarie estaban siendo ahormados (por cojones, pero ahormados) a nuestros criterios de sociedad civilizada, de derecho racional. Entonces me sentía orgulloso de nuestro sistema de convivencia y del estado legal en que vivimos.
Por otra parte, lo que todo terrorista busca es la reacción para excusar su próxima brutalidad. Acción, reacción. Hasta el infinito. Que nos lo cuenten a nosotros tras cuarenta años de ETA.
En fin: alivio, sí, en parte. Pero esto no ha terminado, ni mucho menos. Al tiempo.
(1) De la que lo único que no lamento es su desaparición física: eran feas de cojones. Con su hueco, el skyline ha ganado bastante.
Frank Zappa. "The yellow shark"
Este señor que aquí aparece es Frank Zappa. Y el disco del título es el último que realizó, con el Ensemble Modern, en 1992 y en concierto. Pues bien: probablemente estamos hablando del músico y compositor más dotado de toda la historia del pop. No en vano siempre reconoció la influencia decisiva que había tenido Edgar Varèse en su modo de componer.
Lo que sucede es que Zappa es, ante todo, un ecléctico. Y esta palabreja, que tanto se ha alabado sin saber muy bien qué alcance tenía ni a dónde nos mandaba, en su caso es modus vivendi. Cualquiera de sus muchísimos discos puede sustentar esta afirmación.
Pues bien: aparte de mi absoluta admiración por el personaje, he de decir que "The yellow shark" es un disco de música contemporánea, de música seria, si tal aberración se puede decir de algo en lo que Mr. Zappa metía la batuta. Sin embargo, al estar grabado en directo de una actuación real las cosas cambian. Estamos ante un concierto clásico con público más bien adicto al rock que a la música clásica, que aplaude y vitorea con todo entusiasmo en medio de una composición, si le parece oportuno. El resultado es fresco y estimulante.
Sobre todo, por la falta de concesiones que muestra en el disco. En buena parte de las piezas es música contemporánea, sin más. A veces, dura para el oído no habituado a transitar estos andurriales. O para los que sólo sepan escuchar con etiquetas y clichés.
Otras, más en su línea irónica, con humor ácido y largas parrafadas que introducen cambios de ritmo sorprendentes y un mestizaje sonoro que debería dar envidia a más de un compositor comme il faut. Con ver títulos de piezas como "G-spot tornado" nos podemos hacer una idea del genio chorrón de Zappa. Sin embargo, la composición que yace bajo la humorada es deliciosa, impecablemente concebida y felizmente ejecutada por el Ensemble Modern, excelentes instrumentistas.
De todos modos, el motivo de incluir esta entrada es, aparte del homenaje debido a uno de los grandes, la creencia de que discos como The yellow shark" son la mejor puerta de acceso, no sólo a la obra siempre estimulante de Zappa, sino a la música contemporánea más sesuda.
Estoy harto de esa pereza intelectual que admite la pintura o literatura de las diversas vanguardias y a la vez no resiste nada compuesto después de Mahler. Si cualquiera puede ir a una performance o instalación del último mangante conceptual, debería también ser capaz de escuchar los conciertos de los que he dado cuenta en la última temporada, por ejemplo.
Lo dicho: si hay que escuchar cosas que nos quiten las telarañas del cerebro. ¿Por qué no empezar por Zappa?
Que no se me olvide: quiero dar las gracias a Juan José Blasco (muy recomendable su entusiasta página de música pop en facebook) por la referencia de este disco. Me ha hecho pasar grandes ratos.
miércoles, 27 de abril de 2011
Alexander Lernet-Holenia.
No hace mucho (31/11/10) critiqué la última novela de David Monteagudo, "Marcos Montes", y mostré mis reparos. Uno de ellos era el no haber sido capaz de llevar a buen puerto la ensoñación, o fantasmagoría, en la que entra el protagonista y que, me pareció, estaba resuelta de modo bien torpe e insatisfactorio, casi infantil.
Me ratifico en ello, desde luego, pero no recuerdo haber comentado la sospecha de que Monteagudo parecía tener lejanas influencias del tronco vigoroso de la literatura europea de entreguerras que más me interesa. Y eso cuenta en su haber, sin duda alguna.
Me refiero a autores como Stefan Zweig, Joseph Roth, Arthur Schnitzler, obras como la estupenda y algo desconcertante "La Señorita Cristina", de Mircea Eliade. O las novelas de Alexander Lernet-Holenia.
Reconozco que de este último sólo he leído tres: "El joven Moncada", "El Barón Bagge" y "Marte en Aries". Ésta acabo de terminarla hace unos minutos, por lo que creo que sigo bajo su influjo, pero me ha parecido excelente, de lo mejor, casi tan buena como la de Bagge y muy por encima de "El joven Moncada".
(Éstas son las más accesibles actualmente, si bien Ed. Caralt y Plaza y Janés, o la inefable Colección Reno, publicaron bastantes cosas suyas en los años 60 y 70. Intentaré conseguirlas en chiringos de viejo).
Pues bien: esto viene a cuento de que no he podido evitar el recuerdo de lo endeble en contraste con la excelencia. Sé que puede parecer injusto poner en relación obras clásicas con menudencias presentes, pero no veo de qué otro modo se puede valorar o establecer una mínima jerarquía en la realidad.
Dicho de otro modo: a estas alturas no podemos volver a la infancia, somos adultos, más sofisticados, menos inocentes. Literariamente hablando, aunque no sólo, estamos sobre (o debajo de) una enorme colina de precedentes que nos abruman pero, a la vez, alimentan nuestras capacidades. ¿Por qué no aprender de lo que nos es dado? La ignorancia de los antecesores no justifica nuestra torpeza. Más aún, la hace imperdonable.
Monteagudo me recordaba lejanamente la tendencia a mezclar sólidos componentes oníricos en la trama de sus historias, hasta el punto de que acaba uno de leerlas y todavía no tiene muy claro qué parte es real y cuál la ha soñado el protagonista. O si todo ha sido un sueño de muerte.
Lo que sucede es que Lernet-Holenia lo hace con clase, elegancia suma y una maestría en la utilización de recursos que pasma. Quizás este apasionamiento venga de mi envidia (sanísima, pero envidia, al fin y al cabo) por lo bueno que es el condenado y la satisfacción por lo bien que lo paso leyendo sus narraciones.
A pesar de ciertos altibajos, me tiene enganchado. Utiliza una prosa sobria, sin demasiada carga retórica pero clásica y elegante hasta la médula. Sus personajes parecen estar fuera de escenario. No se enteran, o deciden no enterarse, de los hechos que ellos mismos ponen en marcha.
Las descripciones son ricas, morosas a veces, pero tan bien escritas que no agotan la paciencia del lector. Más aún, crean la atmósfera necesaria para que las revelaciones se presenten como aldabonazos irreales. De ahí la confusión entre vida y muerte, entre sueño y vigilia.
No sé si ha quedado claro por qué me gusta este señor...
lunes, 25 de abril de 2011
The Disciplines
The Disciplines - Yours For The Taking por rocksmyassrecords
Esta cosita blandurria y sin energía es el proyecto alternativo (con tres músicos noruegos) de Ken Stringfellow, de los Posies. Pertenece a su anterior CD, "Smoking kills", pero el último, "Virgins of menace" es incluso mejor. Más rotundo, más salvaje, más garage. Mejor.
Han estado en Madrid y tocarán en Barcelona el próximo 13 de mayo. Lo digo por si alguien es más afortunado que yo y puede disfrutarlos. No le vendrá mal una ración de estricta disciplina energética, lo intuyo. Aquí muy poca gente les hizo caso. Sería porque estaban por las procesiones y más iba a parecer abuso.
domingo, 24 de abril de 2011
Desahogos
Afortunadamente (para mí) o desgraciadamente (para mis asiduos en formato de papel o digital) soy bastante mejor lector que escritor. Por algo llevo cosa de cuarenta años haciendo lo primero y aún no comienzo a despuntar en lo segundo. Y no es falsa humildad, no. Sólo constato hechos.
Tal experiencia de txakur zaharra, que dirían por el norte, me ha llevado a suprimir una entrada que había previsto para antes de Semana Santa. Indignado por las barbaridades de Aznar, había adelantado lo que Iñaki Gabilondo, entre otros, dijo a la mañana siguiente. Por no parecer obvio ni que sigo el dictado de los mejores, que para decir cuatro frescas me basto y me sobro sin necesidad de copia, la eliminé.
Pero además de afanoso lector confieso que soy poco fértil y no puedo ir desaprovechando material que no parece tan defectuoso. Era así, poco más o menos, y aún no lo había terminado:
"Menos mal que siempre tenemos fantoches como éste que (no, no fue un mal sueño) nos gobernó durante ocho años. Así es imposible que se me vayan las ganas de apabullar a los lectores desde mi rincón.
Porque me ha contado un pajarito que Aznar ha dicho en Columbia University que hay que dejar de controlar la economía mundial, que España no va a poder pagar sus deudas y que Gadafi es un tío majo, majo. Amigo nuestro y tal. Ni terrorista ni nada. Un colega.
Dejo aparte lo de Gadafi, aunque recomiendo al ex-presi que adopte como modelo al difunto Pol Pot, el camboyano. Creo haber comentado ya que es mi monstruo favorito. El maestro del genocidio con absoluto rigor intelectual. La repera. Gadafi a su lado es un gañán enloquecido. Claro, que siendo este enano mental como es, en quién se va a fijar.
Sin embargo, las clarividentes palabras de Aznar, justo en el mismo momento en que el G20 habla de ajustar más los controles sobre la economía mundial para que no vuelva a suceder el desparrame de la crisis (no sé si este concepto le suena de algo al mamarracho) y cuando el Fondo Monetario Internacional alaba las reformas llevadas a cabo en España y la propone como modelo de lo que hay que hacer si se quiere remontar el problema, asegurando de paso su fiabilidad...
Esas palabras, decía, son las que en su mentalidad cavernaria o en otros tiempos más oscuros que él ha elogiado públicamente le hubieran valido el cargo de traidor a la patria. Así de claro. Lo que hace este tipejo es intentar hundir el país que tanto dice querer por aquello de que los que gobiernan ahora le jodieron el plan en 2004. Aunque el único inepto en aquel momento terrible fue él y su gobierno, que ya llevaban bastantes años tocando los cojones al personal. ¿No lo recuerdan?
Y en ésas siguen".
Casi como para no publicarlo, ¿verdad? Pues por eso lo eliminé. No fuera que... En definitiva, una válvula de escape a la mala leche de ver que un fantasmón se complace en joder la moral a pesar de cualquier tipo de evidencia. Él tiene su verdad y cualesquiera otras consideraciones se la sudan.
Por cierto, a este tipo nadie le hace el menor caso fuera de España. Deberíamos tomar ejemplo. Aunque también nos sirve de recordatorio sobre la caverna infausta y extrema que esconde la derecha de este país. Ahora vuelven Mayor Oreja, Acebes y otros tantos a asomar la patita. Ya no nos acordábamos, ¿eh?
Otro día estaré más contento, espero.
sábado, 16 de abril de 2011
Me aburro
Últimamente me estoy planteando la posibilidad de cerrar este blog. No porque haya tenido una mala experiencia con él (que sí las he tenido, pero eso no es óbice) ni porque haya agotado los temas de tabarra, o reflexión, o lo que sean, y no sepa de qué charlar.
Simplemente, por lo que digo en el título de esta entrada. No veo el sentido a este perorar en el vacío sin la menor referencia. Feedback, que lo llaman los cultos. Eso es lo que falta, a pesar de que el número de visitas diarias cada vez es mayor y de más lejos. Lo sé. Pero no es suficiente.
Iba a decir que preferiría intervenciones chuscas como las que me insultaban hasta hace poco tiempo. Ahora, incluso ésas han desistido. Aunque lo hacían con tan poca chispa y eran tan zafias que ni me apeteció colgarlas en Comentarios. Eso que se ahorran mis lectores.
En realidad, el problema estriba sobre todo en lo previsible que va resultando mi discurso. Por lo menos, así me lo parece desde este rincón. No veo sentido a despotricar sobre temas que ya están bien tratados y tampoco parece apropiado introducir otros de carácter político, social o personal que desbordan el objetivo inicial del blog.
En definitiva: o algo cambia o me temo que no va a llegar a los tres años.
jueves, 7 de abril de 2011
Frenesí camerístico
Tuve hace poco unos días intensos, a medias entre el Reina Sofía y el Auditorio Nacional. En poco más de una semana se me juntaron tres conciertos del Cuarteto Leipzig, con la integral de obras para cuarteto de cuerda de Cristóbal Halffter y tres de los últimos (y mejores, a mi entender) de Beethoven. Concretamente, el op. 132, el 135 y el 130 (la Grosse Fugue) que es sin duda mi favorito.
Resultó que poco después el Cuarteto Arditti se presentó en el ciclo dedicado a Lachenmann con una excelente versión de Grido y, ¡sorpresa!, otra vez la Grosse Fugue.
Pues bien: no me gustó ninguna de las interpretaciones. En ambos casos los (excelentes) músicos tardaron en entrar en la obra casi cinco minutos, y no es precisamente extensa. Parecía que había desorden, falta de convencimiento, insuficiencia en el ataque de la partitura en el caso del Leipzig y cierta monotonía confusa en el Arditti que, la verdad, me sorprendieron porque en el resto de las piezas estuvieron soberbios.
Me temo que Beethoven es excesivo, casi doscientos años después de componer, incluso para músicos tan reputados si los pilla en un momento de despiste. Hace falta gran virtuosismo, desde luego, pero también convencimiento, pasión y ganas. Ahí falló algo. Lo que me extraña es que sucediera en un período de cuatro o cinco días y a dos formaciones de pirmer orden. Yo que las esperaba con tatnas ganas... Mi gozo en un pozo.
De todos modos, el marathón fue de sobredosis. Ayer mismo escuché al muy competente Grupo Enigma, del Auditorio de Zaragoza, y las obras de J.L. Turina, Falla y compañía se me antojaron aperitivos comparados con las cumbres que había escalado días antes. Recordaba lo durísima que me pareció la obra de L. Nono y lo estupenda que fue Grido, de Lachenmann.
Por cierto: como soy muy esnob, no dejo de advertir que la sala de cámara no se suele llenar, mientras la sinfónica está día sí y día también hasta los topes. Pero, claro, ¿cómo va a competir el humilde cuarteto, por mucho que se llame Leipzig o Arditti, con una orquestaza que repite por enésima vez el consabido Mozart ?
Resultó que poco después el Cuarteto Arditti se presentó en el ciclo dedicado a Lachenmann con una excelente versión de Grido y, ¡sorpresa!, otra vez la Grosse Fugue.
Pues bien: no me gustó ninguna de las interpretaciones. En ambos casos los (excelentes) músicos tardaron en entrar en la obra casi cinco minutos, y no es precisamente extensa. Parecía que había desorden, falta de convencimiento, insuficiencia en el ataque de la partitura en el caso del Leipzig y cierta monotonía confusa en el Arditti que, la verdad, me sorprendieron porque en el resto de las piezas estuvieron soberbios.
Me temo que Beethoven es excesivo, casi doscientos años después de componer, incluso para músicos tan reputados si los pilla en un momento de despiste. Hace falta gran virtuosismo, desde luego, pero también convencimiento, pasión y ganas. Ahí falló algo. Lo que me extraña es que sucediera en un período de cuatro o cinco días y a dos formaciones de pirmer orden. Yo que las esperaba con tatnas ganas... Mi gozo en un pozo.
De todos modos, el marathón fue de sobredosis. Ayer mismo escuché al muy competente Grupo Enigma, del Auditorio de Zaragoza, y las obras de J.L. Turina, Falla y compañía se me antojaron aperitivos comparados con las cumbres que había escalado días antes. Recordaba lo durísima que me pareció la obra de L. Nono y lo estupenda que fue Grido, de Lachenmann.
Por cierto: como soy muy esnob, no dejo de advertir que la sala de cámara no se suele llenar, mientras la sinfónica está día sí y día también hasta los topes. Pero, claro, ¿cómo va a competir el humilde cuarteto, por mucho que se llame Leipzig o Arditti, con una orquestaza que repite por enésima vez el consabido Mozart ?
La lógica de lo anormal (II)
...Lo que me lleva a considerar lo inútiles que son sus esfuerzos.
Porque todas esas campañas de degradación pública (con escasos frutos visibles, por más que se empeñen)
tanto analfabetismo aireado por sus líderes a la que nos descuidamos,
tanta insensibilidad con los principios más elementales de la convivencia y los derechos ciudadanos,
tanta burricie elegida como bandera política de un sector del electorado,
esa falsía y hostilidad ante todo lo que no sea suyo, independientemente del momento y la razón que puedan asistirles,
tan gran desprecio por las bases que asientan la democracia, el estado de derecho, la res publica...
Esas y otras minucias nos están apartando de nuestro deseo secreto, que no es otro que hacernos un huequecito en esa idea tan fea, ese careto desagradable, ese asco tan rico que nos repele y desearíamos lo bastante amable para, demonios, aunque sólo sea por probar una vez, sólo una vez poder votar a lo innombrable.
Total, hay tantos que lo están deseando, ¿no se dan cuenta de que falta una excusa que les, nos permita volver a lo que siempre debió ser? Anden, no sean tan ariscos, déjense querer. Casi todos están a punto.
Porque todas esas campañas de degradación pública (con escasos frutos visibles, por más que se empeñen)
tanto analfabetismo aireado por sus líderes a la que nos descuidamos,
tanta insensibilidad con los principios más elementales de la convivencia y los derechos ciudadanos,
tanta burricie elegida como bandera política de un sector del electorado,
esa falsía y hostilidad ante todo lo que no sea suyo, independientemente del momento y la razón que puedan asistirles,
tan gran desprecio por las bases que asientan la democracia, el estado de derecho, la res publica...
Esas y otras minucias nos están apartando de nuestro deseo secreto, que no es otro que hacernos un huequecito en esa idea tan fea, ese careto desagradable, ese asco tan rico que nos repele y desearíamos lo bastante amable para, demonios, aunque sólo sea por probar una vez, sólo una vez poder votar a lo innombrable.
Total, hay tantos que lo están deseando, ¿no se dan cuenta de que falta una excusa que les, nos permita volver a lo que siempre debió ser? Anden, no sean tan ariscos, déjense querer. Casi todos están a punto.
sábado, 2 de abril de 2011
La lógica de lo anormal
Casi habíamos acabado las compras y entramos en una cafetería de las que hay en esa calle inacabable entre montañas. Al rato, mi acompañante me señaló discretamente a alguien que estaba sentado en una de las mesas, solo, de espaldas a la pared. "¿No lo conoces?" "Qué va. ¿A ese pijo? Ni zorra". "Sí, hombre", insistió. "Míralo bien".
Yo, que soy torpe fisonomista, no lograba ubicar una cara achulada y no demasiado amable que parecía la del habitual señorito engreído. Al parecer, se trataba de Ignacio González, vicepresidente de la Comunidad Autónoma de Madrid. Pues qué bien, oyes.
"¿Y qué demonios hace ese tío aquí, sin escolta, tan lejos de su cortijo?", pregunté por seguir una conversación que no me interesaba demasiado. "Irá de incógnito, digo yo. Disimula: nos ha visto".
En efecto, parece que nuestros cuchicheos idiotas le habían llamado la atención. Nos miraba con intensidad, escudriñando sin el menor atisbo de disimulo las bolsas de compras, nuestras ropas poco estimulantes. Hubo un corto duelo de miradas. Al instante se levantó, pidió la cuenta y salió del bar a toda prisa.
Dio la casualidad de que nosotros también habíamos terminado y salimos segundos después, olvidados ya de la anécdota. Cogimos el camino de la izquerda, cuesta arriba, por donde casualmente había escapado nuestro preclaro, que ya nos debía de llevar unos metros de distancia.
De pronto, se gira, enfila hacia nosotros y, sin dejar de taladrarnos con la mirada, pasa a nuestro lado con tanta rapidez como le era posible. Recuerdo que iba muy perfumado. Desapareció.
Esto fue hace unos años. Meses más tarde se destapó el escándalo de los espías entre unos y otros pendejos del PP en la Comunidad de Madrid. Lo que nos había divertido tanto como ejemplo de la estupidez y la paranoia absurda de los cargos públicos empezó a tomar otro cariz. La situación no era menos chusca, porque confundirnos con agentes de la otra cuadrilla tenía su punto, pero hay que reconocerle que al menos se comportó con cierta lógica.
Claro que debo de estar en un error porque su jefa, la Aguirre, ha negado en todo momento que en su terruño se diesen tales prácticas. Será que en realidad no estábamos ahí o que no vimos lo que vimos. Será lo que sea porque ella siempre tiene razón. Y al diablo lo que digan los jueces. Y los testigos. Y la lógica más evidente.
Lo malo es que en todo funcionan del mismo modo.
lunes, 28 de marzo de 2011
domingo, 20 de marzo de 2011
Para ser antipático y muy desagradable (en literatura)
Voy a ser impopular una vez más. Voy a defender ideas incorrectas.
Primero, en literatura, que conlleva menos riesgos de perder integridades anatómicas, si bien a la larga de una carrera modesta como la mía puede ser más perjudicial.
Alguna vez he hablado de mis fobias y creencias literarias. Una de las más acendradas es la certidumbre de que no cualquier tema es objeto de tratamiento artístico, al menos, en cualquier género. Y hablo no como lector, ya que podría tragarme cosas impropias por desconocimiento o perversión del buen juicio, sino como novelista y poeta. Ahí es más difícil el engaño.
En efecto, no vale todo. Los criterios de adecuación y decorum, por muy trillados que estén, son más necesarios que nunca en esta época de debilidad intelectual. Si da lo mismo culto que indocumentado y experto que advenedizo también se truecan los valores de bueno y putamerdoso, exquisito y del montón.
Cada día vemos a personajillos que opinan (verbo infausto) con total desfachatez a pesar de no saber nada sobre el asunto víctima de sus opiniones. Cualquiera con buen criterio valoraría sus excrecencias con el mismo rasero que el lodo de pocilga y los mandaría a producir más por esos oteros pero no, queridos niños. Hete aquí que se merecen todo el respeto (según se ve hay que respetar opiniones, no a las personas y su derecho a emitirlas). Por lo mismo, sus exabruptos valen lo que las personas que los eructaron.
Así que, volviendo al asunto, afirmo que no da lo mismo escribir sobre zapatos en un folleto publicitario que en cierta novela de alguien que fue bueno y por decisión propia se ha quedado en artesano resultón. Ni se puede atinar en alejandrinos(1) con lo que se expresa mejor en prosa. Todo lo lírica que se desee, pero prosa.
Por lo mismo, las ideas que a veces dan lugar a cuentos memorables no pueden aplicarse sin más a la complicación
y longitud de una novela. Así, vemos narraciones que se arrastran por interminables cientos de páginas y, si bien las consideramos, en cincuenta ya habrían terminado con lo (poco) que iban a decir.
Los límites de los géneros, siempre puestos a prueba, estoy convencido de que pueden dar más de sí, pero llegarán a un punto en que la cuerda se tensa demasiado, rompe y todo se cae. En literatura también hay ciertas imposibilidades. Básicamente, las que limitan con la falta de talento.
(1) Qué más quisiera que los poetas del momento abandonaran el tabulador, tecla que blanden como cizalla para cortar mala prosa y compusieran algún verso contrastable con el más lejano atisbo de lírica. Ahí sería yo todo mieles, pero no.
Primero, en literatura, que conlleva menos riesgos de perder integridades anatómicas, si bien a la larga de una carrera modesta como la mía puede ser más perjudicial.
Alguna vez he hablado de mis fobias y creencias literarias. Una de las más acendradas es la certidumbre de que no cualquier tema es objeto de tratamiento artístico, al menos, en cualquier género. Y hablo no como lector, ya que podría tragarme cosas impropias por desconocimiento o perversión del buen juicio, sino como novelista y poeta. Ahí es más difícil el engaño.
En efecto, no vale todo. Los criterios de adecuación y decorum, por muy trillados que estén, son más necesarios que nunca en esta época de debilidad intelectual. Si da lo mismo culto que indocumentado y experto que advenedizo también se truecan los valores de bueno y putamerdoso, exquisito y del montón.
Cada día vemos a personajillos que opinan (verbo infausto) con total desfachatez a pesar de no saber nada sobre el asunto víctima de sus opiniones. Cualquiera con buen criterio valoraría sus excrecencias con el mismo rasero que el lodo de pocilga y los mandaría a producir más por esos oteros pero no, queridos niños. Hete aquí que se merecen todo el respeto (según se ve hay que respetar opiniones, no a las personas y su derecho a emitirlas). Por lo mismo, sus exabruptos valen lo que las personas que los eructaron.
Así que, volviendo al asunto, afirmo que no da lo mismo escribir sobre zapatos en un folleto publicitario que en cierta novela de alguien que fue bueno y por decisión propia se ha quedado en artesano resultón. Ni se puede atinar en alejandrinos(1) con lo que se expresa mejor en prosa. Todo lo lírica que se desee, pero prosa.
Por lo mismo, las ideas que a veces dan lugar a cuentos memorables no pueden aplicarse sin más a la complicación
y longitud de una novela. Así, vemos narraciones que se arrastran por interminables cientos de páginas y, si bien las consideramos, en cincuenta ya habrían terminado con lo (poco) que iban a decir.
Los límites de los géneros, siempre puestos a prueba, estoy convencido de que pueden dar más de sí, pero llegarán a un punto en que la cuerda se tensa demasiado, rompe y todo se cae. En literatura también hay ciertas imposibilidades. Básicamente, las que limitan con la falta de talento.
(1) Qué más quisiera que los poetas del momento abandonaran el tabulador, tecla que blanden como cizalla para cortar mala prosa y compusieran algún verso contrastable con el más lejano atisbo de lírica. Ahí sería yo todo mieles, pero no.
miércoles, 16 de marzo de 2011
De cómo desbordar el vaso
Hablando el otro día (con Sandur, entre otros) sobre la epidemia de esterilidad que parece arrasar el solar patrio, sobre los procesos creativos y las circunstancias que pueden suscitarlos, comentaba alguien, quizás yo mismo, que la capacidad de crear es algo como sucede en la película japonesa "Agua tibia bajo un puente rojo": un caso de desbordamiento agudo.
Cuando el cerebro (el cuerpo de la protagonista, en la peli) se siente repleto de sustancia necesita soltarla en forma de riada torrencial. Cuesta que empiece pero luego no deja de fluir hasta que se acaba el episodio o la novela. Si no se realiza esta operación el cuerpo está hinchado, el cerebro se estraga y puede haber malheridos.
Hasta ahí, nada novedoso. Lo tengo comprobado desde hace bastantes años. Peor es cuando el cerebro no llega a colmatarse y esta situación se prolonga durante meses, años incluso. Tampoco puede decirse que esté tam quam tabula rasa, como el de un aficionado al fútbol por televisión, pongamos, pero no llega al umbral crítico. Ahí sobreviene otra tragedia, que es la afición de tantos cuasi-estériles por cometer novelas en estado mi cuit. Una por año, si lo exige el editor. Y que no decaiga.
Ante ese vicio, garantizado por el mecenazgo liberal de tantos premios amañados, poco puede hacer una república pusilánime y mezquina como la que disfrutamos. Por mi parte, pretendo seguir el consejo de los que saben y llenar mi sesera de las gilipolleces que comparto con ustedes hasta que haga aguas por todas partes. Veremos qué sale de todo ello. Los tendré por testigos.
martes, 15 de marzo de 2011
Raquel Andueza y La Galanía
Hace poco escuché a esta soprano navarra en el Auditorio y qué puedo añadir al vídeo, salvo que en directo es aún más intensa. No obstante, salí del concierto con la sensación de que me había perdido algo.
Es que el barroco, por muy popular que parezca, no es plato ligero sin una cierta adecuación del oído. Hay que educarlo igual que se educa la vista en una exposición de fotografía industrial o el intelecto en un ensayo filosófico. De primeras pensamos que son bastante espesos, casi áridos. Gran error. En la dificultad hay una altura (y longitud) del placer que raramente se encuentra por medios más epidérmicos.
En fin; allanan el camino interpretaciones tan contemporáneas como la presente. No por facilonas, sino porque tienen frescura, se escuchan con sorpresa y, sin embargo, uno parece que va recordando cosas conocidas. En realidad, nada igual había llegado a mis oídos.
El disco "Yo soy la locura" ciertamente lo es. Un paseo por la música barroca en español (que no española: aparecen obras de H. du Bailly, B. Sanseverino y J. B. Lully) referida a la pasión amorosa y sus desviaciones. Y algunas letras son bien poco canónicas, que digamos.
Para que luego nos vengan con que los clásicos se pasaban el día entre seriedades y devociones santas. ¡Ja!
Es que el barroco, por muy popular que parezca, no es plato ligero sin una cierta adecuación del oído. Hay que educarlo igual que se educa la vista en una exposición de fotografía industrial o el intelecto en un ensayo filosófico. De primeras pensamos que son bastante espesos, casi áridos. Gran error. En la dificultad hay una altura (y longitud) del placer que raramente se encuentra por medios más epidérmicos.
En fin; allanan el camino interpretaciones tan contemporáneas como la presente. No por facilonas, sino porque tienen frescura, se escuchan con sorpresa y, sin embargo, uno parece que va recordando cosas conocidas. En realidad, nada igual había llegado a mis oídos.
El disco "Yo soy la locura" ciertamente lo es. Un paseo por la música barroca en español (que no española: aparecen obras de H. du Bailly, B. Sanseverino y J. B. Lully) referida a la pasión amorosa y sus desviaciones. Y algunas letras son bien poco canónicas, que digamos.
Para que luego nos vengan con que los clásicos se pasaban el día entre seriedades y devociones santas. ¡Ja!
lunes, 7 de marzo de 2011
Dmitri Shostakovich, cómo no.
No descubro nada al decir que el 1er. concierto para violín de Shostakovich es formidable. Sin embargo, hay un movimiento que me tiene apabullado desde que lo escuché por primera vez, y no hace demasiado tiempo de esto. Es el tercero. Concretamente, su Andante. ¿Por qué?
Simplemente porque la música de Shostakovich está por encima de cualquier interpretación y transmite un aire de desolación, una tristeza que busca desbordarse pero se contiene en ese esquema musical clásico, casi romántico. Y contrasta poderosamente con los movimientos que la preceden y continúan. Por ello es más efectiva.
Recomiendo, de todos modos, las versiones de dos intérpretes jóvenes: Ruth Palmer, algo más cerebral aunque muy intensa, o de la glamurosa Lisa Batiashvili ("Echoes of time"), que está causando sensación. No sabría cuál elegir.
Simplemente porque la música de Shostakovich está por encima de cualquier interpretación y transmite un aire de desolación, una tristeza que busca desbordarse pero se contiene en ese esquema musical clásico, casi romántico. Y contrasta poderosamente con los movimientos que la preceden y continúan. Por ello es más efectiva.
Recomiendo, de todos modos, las versiones de dos intérpretes jóvenes: Ruth Palmer, algo más cerebral aunque muy intensa, o de la glamurosa Lisa Batiashvili ("Echoes of time"), que está causando sensación. No sabría cuál elegir.
miércoles, 2 de marzo de 2011
Meeting Sandur (I)
Sandur es el personaje principal de mi próxima novela, "Los días y la noche". Ya hace unos años que la ideé. Sin embargo, ángeles (maléficos, pero eso no hace falta aclararlo: todos lo son) que no me explico a qué obedecen me han impedido acabar lo que anda desde entonces in medias res.
Sandur es un individuo peculiar, como todos mis protagonistas, y no me resisto a incluir en este blog alguna de sus perlas. Quizás de este modo consiga que comparezca de continuo.
De todos modos, lo que aquí presento no será fragmentos de la novela, sino algunas notas que preceden a la creación. Pocas veces coinciden con lo escrito, aunque casi siempre lo prefiguran.
A Sandur le falta poco para morir, y lo sabe. Por ello, sus confesiones no deben nada a quienes puedan escucharlas una vez muerto. Esa es la condición.
Veamos un ejemplo:
—Hay una creencia bastante extendida en que lo natural es bueno. Un concepto humano que no llega a entender ni la menor brizna de naturaleza. Lo que es, es. Sin adjetivos. No hay categorías. Esos conceptos de bondad o malicia los colocamos nosotros con calzador, para que se adapten a nuestra conveniencia. Y créame que al mundo nunca le han hecho falta. ¿Podría usted decirme por qué una inundación, la erupción del Etna o una sequía prolongada son perversos? —continuó tras meditar unos instantes—. ¿Quién nos ha dado el derecho de calificar lo que no es obra nuestra con criterios, digamos, sociales?
O este otro, que no tiene desperdicio:
—... No se puede confundir el autor y sus obras, dice usted. ¿Y hay algo más que quede oculto a ojos del espectador? Si es así, ¿importa? ¿Alguien juzga al creador por lo que podría haber hecho o por lo que ha dejado de crear? Nunca —se respondió, rotundo—. Igual sucede con ese absurdo concepto de Dios. Los creyentes desean atribuirle artefactos espirituales más propios de la ciencia-ficción que de una teología seriamente considerada, como debería ser. Fantaciencia la llaman mis hijos, ahora recuerdo la palabreja. Aldo, por ejemplo, es muy aficionado a esas imaginaciones estériles. Sin embargo, los abstemios en creencia sólo podemos juzgar al autor — e hizo un gesto que abarcaba todo con el brazo libre de tubos — y, por qué no decirlo ya, denostarlo por sus acciones, su creación, sus efectos en el mundo visible. Éste es el único que podemos conocer, si me permite la reducción como hipótesis de trabajo. La conclusión es evidente. Yo, al menos, tengo formada una opinión al respecto. Y algún día usted la tendrá sobre mí, es decir, sobre mi obra, mi vida. ¿Va a juzgarme por lo que siento o por lo que hice, por los motivos que me llevaron a construir este territorio y que parecen importarle tanto o por qué ha sido de cuánto heredé? Recuerde la parábola de los talentos...
—Entiendo, por todo lo que dice, que se considera a sí mismo como un dios en su propiedad...
—¿Y quién no? De entre los que crean, puedo asegurar que no hay quien no domine la materia. Así que le debe un cierto vasallaje. Otra cosa es que el autor, como presuponen las mentes sencillas, haya de estar presente en cada instante de sus criaturas. Si es competente y cabal consigo mismo dejará que actúen a su modo. Nunca puede intervenir en el rumbo elegido una vez ha dejado que salgan de puerto. La expresión “si Dios quiere” se convierte en una estupidez, una rotunda estupidez propia de quien tiene miedo y aún no ha dejado de ser niño. Hay que crecer, querida, hay que romper con el padre. ¿Se imagina un monstruo capaz de generar esa abominación llamada Big Bang, de concentrar todos los elementos de la materia en un punto diminuto, absurdo, una densidad inconcebible, dedicándose luego a redimir por delegación no sé qué excrecencias de última hora o a persuadir a sus leyes universales de que beneficien a fulanito en el sorteo de la lotería o reproduzcan ex nihilo la pata perdida de un feligrés? ¡Hay que joderse con los creyentes! Ni la lógica más evidente es capaz de frenar sus imaginaciones.
Un tipo encantador, según se va viendo. Cuando sea mayor quiero parecerme a Sandur. Lo juro.
martes, 1 de marzo de 2011
Adolescentes al mando del guión
Más de una vez lo he comentado de algún antiguo conocido de hace años: parece que sigue en la adolescencia, se deja llevar por la impresión elemental, tiene los mismos referentes que a los dieciocho, ni siente ni respira en otro mundo que el suyo (y prefiero no describirlo de penita que me da). Apliquemos la frase socorrida: "Te has quedado en el setenta y tres/con Bowie y T. Rex".
Vaya, que podría ser guionista de algunas películas del momento. Por qué no de "Saw VI" ( ¿o era VII? ¿VIII? ¿XXV?) o la misma "Cisne negro" que tuve la mala idea de ver hace unos días.
Creo que han dado un Oscar a Natalie Portman por su interpretación en esa cinta. Más les valdría haberla reconocido cuando deslumbró en "León (El profesional)" o, sobre todo, en "Beautiful Girls". Ahí me atrapó para siempre, lo reconozco, y por eso consentí en ir este fin de semana a verla bailar en ese lago de los cisnes larguísimo, tramposo y deslavazado.
Lo peor del asunto es la disolución progresiva del cerebro de esos guionistas que piensan (es un decir) suficiente poner en pantalla imágenes impactantes para que el sentido funcione por sí mismo. Ni establecen ritmo ni progresión ni lógica interna en los personajes. La cosa es que parezcan seres reales, aunque con los métodos del videoclip. Y la verdad es que no hacen más que un vistoso ejercicio de caricatura de sentimientos, o pasiones, que es de lo que debe de ir la película, alejados por completo tanto de la lógica como del vértigo.

Me aburrí en sus dos tercios primeros, faltos de tensión, erráticos. Luego, desalentado ante la falta de chicha argumental, cuando la acción se abalanza en un final apoteósico, más bien sentí que todo el tinglado rondaba el ridículo y lo hortera antes que el espectáculo grandioso. (Por cierto: ¿es que no hay otro ballet clásico que el puto "Lago de los cisnes"?)
Eso sí, el montaje es de lujo. Y se han debido de gastar la intemerata. Y la Portman está guapísima. Y a mi acompañante le encantó Vincent Cassel. Y Mila Kunis, morbosa y atractiva, parece que promete.
Pues qué bien.
jueves, 24 de febrero de 2011
Estaba pensando esta mañana que la fijación exclusiva por la música crea una limitación del intelecto, una simpleza en las reflexiones que es similar a las de quienes sólo se preocupan por el arte.
Yo mismo lo he comprobado en los comentarios que adjunto a los videos musicales, cada vez más pobres y menos inspirados. Salvo cuando la música sirve para ejemplificar o aderezar un pensamiento previo. Ahí sí que brilla la lucidez, envanecida con el lustre de las notas.
Por ejemplo, este fragmento del Orfeo de Monteverdi, que aúna música y danza con rara felicidad. No sé si tiene mucho que ver, pero es que me puede la pasión.
Yo mismo lo he comprobado en los comentarios que adjunto a los videos musicales, cada vez más pobres y menos inspirados. Salvo cuando la música sirve para ejemplificar o aderezar un pensamiento previo. Ahí sí que brilla la lucidez, envanecida con el lustre de las notas.
Por ejemplo, este fragmento del Orfeo de Monteverdi, que aúna música y danza con rara felicidad. No sé si tiene mucho que ver, pero es que me puede la pasión.
miércoles, 23 de febrero de 2011
Recordaba la canción que de vez en cuando cantaba Julio Milagro y que quise incluir en "Parece septiembre". Nunca la había oído en su versión original, y me ha parecido incluso mejor de lo recordado. Sobre todo, el estribillo: "¿Qué pasa, qué pasa, qué pasa en el Congo? Que a blanco que pillan lo hacen mondongo".
Oh, yeah!
martes, 22 de febrero de 2011
Bowie, mi Bowie
No sé si hay que explicar más que lo que dice su música.
Aún recuerdo la impresión de ver este video por primera vez.
"Sordid details following" podría ser lema de toda una vida. Y lo digo con letra pequeña, para que no se sepa.
"He's a starman waiting in the sky. He'd like to come and meet us but he thinks he'd blow our mind..."
Y otro himno personal, quizás más maduro y desengañado. Más de este tiempo, a pesar de los años transcurridos.
Todos podríamos haber vivido sin David Bowie, desde luego. Pero la vida sería tan diferente...
Aún recuerdo la impresión de ver este video por primera vez.
"Sordid details following" podría ser lema de toda una vida. Y lo digo con letra pequeña, para que no se sepa.
"He's a starman waiting in the sky. He'd like to come and meet us but he thinks he'd blow our mind..."
Y otro himno personal, quizás más maduro y desengañado. Más de este tiempo, a pesar de los años transcurridos.
Todos podríamos haber vivido sin David Bowie, desde luego. Pero la vida sería tan diferente...
domingo, 20 de febrero de 2011
Forma Antiqua
Ayer mismo estuvieron en Madrid con una formación algo diferente a la del video. De verdad que son un gozo: competentes, elegantísimos, entusiastas... O de cómo hacer que los no adictos a cierto tipo de música nos convirtamos en forofos incondicionales. Y es que hay que educar el gusto, y Forma Antiqua lo hace a la perfección. De paso, nos descubren autores desconocidos. Qué más se puede pedir.
viernes, 11 de febrero de 2011
martes, 8 de febrero de 2011
Notarán mis lectores más esclarecidos...
...Que he añadido algunos enlaces a las portadas de los libros publicados hasta la fecha. Basta con pulsarlas para entrar en otra dimensión, no necesariamente más halagüeña que la presente.
En los de poesía podrá consultarse el texto completo. Tanto en el Premio Provincia de Guadalajara 2005 (aún me estoy preguntando cómo es posible que prefirieran un libro tan arduo y poco complaciente entre casi cien originales) como en los Poemas de Zaragoza 1998 las cosas del hipertexto y la blogosfera dan de sí.
Otro cantar son las dos novelas. Por el momento, conténtense con fragmentos relevantes, que puede que más adelante se amplíen, para desolación de curiosos y comedidos.
Por otra parte, he añadido un cuento de hace varios años (y quizás necesitado de revisión, pero me da pereza) en el apartado "Añadidos al universo. Cosas para leer". Se trata de "Las muchas figuras" y, ahora que se acerca el aniversario de la muerte de Oli, qué menos que recordarla en su mejor momento.
En fin, que los disfruten (o sufran) como mejor puedan.
En los de poesía podrá consultarse el texto completo. Tanto en el Premio Provincia de Guadalajara 2005 (aún me estoy preguntando cómo es posible que prefirieran un libro tan arduo y poco complaciente entre casi cien originales) como en los Poemas de Zaragoza 1998 las cosas del hipertexto y la blogosfera dan de sí.
Otro cantar son las dos novelas. Por el momento, conténtense con fragmentos relevantes, que puede que más adelante se amplíen, para desolación de curiosos y comedidos.
Por otra parte, he añadido un cuento de hace varios años (y quizás necesitado de revisión, pero me da pereza) en el apartado "Añadidos al universo. Cosas para leer". Se trata de "Las muchas figuras" y, ahora que se acerca el aniversario de la muerte de Oli, qué menos que recordarla en su mejor momento.
En fin, que los disfruten (o sufran) como mejor puedan.
domingo, 30 de enero de 2011
Dos consideraciones sobre el acto creador
Hay dos aspectos que me gusta recordar cuando me duermo en los laureles del proceso creador:
1º.- Cualquier página escrita, fotografía, estribillo de canción o escena cinematográfica, por malos que nos parezcan, exigen enormes dosis de pasión, inteligencia, cultura previa y capacidad de riesgo. Por ello, todos deben ser respetados. Sin exclusiones.
Pero no nos engañemos: respeto no quiere decir aceptación. Pueden ser una auténtica piltrafa y participar de esas dignidades. No por ello vamos a elogiarlos como si fuera el fin del mundo y todo diese lo mismo. Esa actitud, demasiado extendida entre cierto tipo de reseñistas à la violette que campan por babelias, culturales y otras hierbas volanderas, sólo confunde y lleva a justificar la inanidad creativa o la agrupación de interesados para medrar en el corralito. Cosa que ya vengo denunciando desde el principio de este blog.
2º.- La necesaria humildad que lleva el haber leído, visto y escuchado de modo crítico, de haber aprendido de los mejores, no empece para que uno esté legítimamente orgulloso de lo que produce. La autocrítica es imprescindible, pero tambíén la soberanía del autor. En uno u otro momento hemos de pensar "esto está muy bien, qué demonios". Aunque la sensación de plenitud sólo dure unos días. Aunque luego te arrepientas y mandes todo a la basura. Es parte del proceso, tanto como ver tus palabras en letra de imprenta. O en este blog.
viernes, 28 de enero de 2011
Última hora
El tontolaba del portavoz de la conferencia episcopal dice que el matrimonio civil "es un contrato mucho más leve que uno telefónico" y que es más fácil disolverlo que darse de baja en tales compañías. No así el canónico, por supuesto, que no puede disolverse. "En España, la ley no reconoce el matrimonio", termina el muy botarate.
Dejemos aparte los miles de casos en que el tribunal de la rota ha dictado nulidad con argumentos abracadabrantes, abstraigámonos de la pastizara gansa que hace falta para que dichos procesos sigan adelante. Sólo con conocer la realidad de este y otros países en que los matrimonios religiosos no se disolverán, pero las parejas sí, y vuelven a casarse por lo civil con la mayor frescura, no sé cómo tiene los huevazos de soltar tantas imbecilidades por esa boca.
A ver cuándo se dan cuenta estos señores de la infausta clerigalla: un estado aconfesional, la sociedad civil no están para satisfacer las necesidades de su facción religiosa, por muy mayoritaria que quieran hacernos creer que es.
Parece claro que se están poniendo nerviosos. Ven que se les va el negocio de siglos y no tienen la menor idea de cómo recuperarlo. Si no fueran tan rastreros casi darían pena.
jueves, 27 de enero de 2011
Dos lujazos
Algo de I Turchini, a quienes escuché (y vi, que no es lo de menos) hace una semana en el Auditorio.
Luego tocaba contemporánea, y esto es algo de lo menos salvaje que se escuchó en la misma sala cuatro días después: el Concierto para piano y orquesta de Gyorgy Ligeti, 2º movimiento.
Espléndidos los dos, n'est-ce pas? Ventajas de tener aficiones diversas.Y poca tendencia a los cortes de digestión.
lunes, 17 de enero de 2011
Ricardo Menéndez Salmón. "La luz es más antigua que el amor".
"Lux antiquior amore" es el motto que da título y organiza temáticamente la última obra de Menéndez Salmón. Una obra pensada, más que como novela en sentido estricto, como disquisición sobre el proceso creador, el artista y la obra de arte.
Me sucede algo curioso con este escritor: sus primeras páginas suelen encantarme. O, al menos, se me antojan de lo mejor que he leído en español en la temporada correspondiente. Sin embargo, no es extraño que a la mitad o antes ese mismo libro se me caiga de las manos. Bien porque ha descendido su nivel de modo estrepitoso, bien porque se adentra en unos senderos que provocan un tedio tan intenso como el entusiasmo anterior.
(Para ser justos, "La noche feroz", publicada por él mismo en KRK Ediciones, me pareció de lo más redondo. Una obra tremenda y muy bien acabada, aunque no tan atrevida y novedosa como otras de su última época).
Atrevimiento que le lleva a organizar la trama de "La luz es más antigua que el amor" como tres historias separadas en el tiempo, dos de las cuales tienen como protagonistas a artistas ficticios. Junto con ellos, aparece el mismo narrador de la novela, Bocanegra.
Ante eso, nada que objetar. Como tampoco ante la enorme maestría de sus primeras treinta o cuarenta páginas. Para quitarse el sombrero. También el comienzo del último capítulo es potente y sólido, prosa de alta calidad y gran nivel lingüístico. Pero el resto no está a la altura, ni mucho menos. A decir verdad, algunos fragmentos son lo más plúmbeo que he tenido que soportar en meses.
Tal divergencia en el plazo de pocas páginas es debida a que la novela pretende indagar en cuestiones morales o filosóficas integrando largas disquisiciones cuasi-ensayísticas en medio de la acción. De este modo, la estanca hasta el punto de que a menudo no se sabe qué pretende el autor, a dónde van a ir todas esas cogitaciones.
El intento de aunar disquisición y aventura, pensamiento y acción novelesca, que tan buenos resultados da en grandes de la talla de Borges, por poner la referencia evidente, fracasa en cierta medida en este libro. Menéndez Salmón no acaba de encajar ambos elementos y, peor aún, no logra interesar al lector.
Con todo, leyendo esta novela lo he pasado bastante mejor que en el noventa por ciento de las tontadas actuales. Estamos ante un escritor excelentemente dotado. Quizá no sabe medir sus fuerzas o poner de acuerdo sus enormes conocimientos sobre materias diversas. Da la impresión de que desea hacernos pensar sin saber bien cómo.
Yo recomiendo que para otra vez lo intente basándose exclusivamente en la acción, de modo que de ella se deduzca lo que haya de deducirse. Sin aleccionar a nadie, please. Lo ha logrado con éxito evidente en otras ocasiones, ha sido capaz de emocionar e intrigar, de atrapar al lector hasta la última página.
Así que estaremos esperando con impaciencia. De verdad.
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