sábado, 27 de julio de 2013

Vacaciones




Hay en mi primer día de vacaciones un sosiego inane, una falta de tensión que desdibuja los contornos. 


Mañana salgo pronto, la obligada excursión anual no admite tregua. Pero, si de mí dependiera, me quedaría unos días en casa solo por sentir cómo se van enlazando los cabos sueltos del cerebro y uno se asienta de nuevo. Por dejarme llevar como si fuera una barcaza y la corriente tirase suavemente de mis ideas hasta alargarlas hacia lugares que me hacen falta. 

En fin, a la vuelta hablaremos de cosas más interesantes. 

jueves, 18 de julio de 2013

La (i)rresponsable de Educación en la Comunidad de Madrid, Lucía Figar...



...Es, quizás, la consejera más inútil de todo el gabinete, que ya es decir (¿alguien la escucha alguna vez hablar de asuntos de su negociado, salvo para anunciar algún recorte, alguna traba más, alguna dejación de funciones de la Administración?). 

Pues bien: ahora insiste en lo único que sabe hacer y anuncia una nueva subida del 20% de media en las tasas universitarias para el próximo curso (el año pasado fue del 36%). Para que estudien solo los que puedan. Derecha sin complejos, como decía Aznar. 

Hace tiempo vengo insistiendo en que el PP nacional, pero especialmente el de Madrid, está inmerso en un proceso continuado de destrucción de la enseñanza pública (entre otras). 

Veamos los últimos detalles: mantienen las deducciones en la declaración de renta para los que llevan a sus hijos a la escuela privada, aumentan las tasas de la pública, reducen las becas, recortan los mediso de escuelas e institutos mientras siguen ofreciendo prebendas a la privada, etc. ¿El propósito? El mismo que parece ser común a todos los ministerios del peor gobierno de la democracia, el de Mariano Rajoy: devolver a España a la época de los años cincuenta-sesenta. Crear una clase semianalfabeta de trabajadores sin especializar, baratos y prescindibles. Que los únicos formados sean los hijos de la burguesía. 

Para más INRI, no hay visos de que con la política actual de sometimiento a los dictados de la Merkel vaya a remontar la economía, por mucho que de Guindos diga gilipolleces (echad un vistazo a la bolsa: mientras no suba, no anticipará la recuperación económica, y ahorita mismo está catatónica). 

El porcentaje de parados siguen en sus trece, ya lo veremos a la vuelta del verano; las previsiones son de aumentar hasta el 27 o 28% el próximo año. 

La deuda pública está ya por el 90% del PIB, cuando llevamos dos años de recortes brutales, y va a seguir aumentando porque cada vez se gasta menos, se recauda menos, y suma y sigue. 

Lo repito otra vez: hay que echar a esta gente del poder. Son dañinos para el país. Son escoria. Gentuza de baja estofa. 

domingo, 14 de julio de 2013

Bellísimas personas




Lo del encierro del sábado pasado en Pamplona fue de pasmo. Me refiero al montón informe de mozos aplastados que se formó a la entrada de la plaza de toros y a la suerte infinita, según dicen por ahí, de que no hubiera más heridos que los provocados por el mismo aplastamiento. 





Yo tengo la opinión de que todo fue cosa de los toros, magníficos ejemplares de la ganadería de Fuente Ymbro. Uno era un jabonero precioso de verdad que se cayó estrepitosamente a unos metros del follón, y ese detalle favoreció que el taponamiento de la salida no tuviera perores consecuencias, pues cortó el flujo de personas que llegaban en manada. 


Hasta entonces, el encierro había sido rápido, sin mayores contratiempos, Los toros, a pesar del tropel de gente que los acompañaba, habían ido a sus cosas, sin prestar demasiada atención, discurriendo noblemente, sin derrotes ni gestos feos. Hasta que se encontraron con la montonera de carne apilada. 






Ni al topar contra los mozos les hicieron el menor daño.Tampoco cuando, unos sobre otros, miraban hacia atrás, desconcertados por no poder seguir su carrera. Hubo uno, negro y muy majete él, que volvió unos pasos dentro del mismo callejón y casi se ensarta en sus pitones el típico corredor despistado. No porque tuviera ganas de cornear, sino por cosas de la física de objetos en movimiento. 





En fin, me robaron la voluntad esos cuatreños tan bien plantados, tan centrados en su trabajo de correr y dejarse llevar, tan rectos de juicio y tan comedidos, bastante más que algunos de los insensatos que los acompañaban o que el patán que dejó cerrado el portón de la plaza. 

Si hubiera estado en mi mano, habría indultado a toda la corrida. Por bonita, por noble y por buena gente. 

viernes, 5 de julio de 2013

Repeticiones del Quijote.



Lo curioso de la repetición a lo largo de los años es que raramente reproduce la experiencia anterior. No somos meros conjuntos de actitudes, componentes, hechos acumulados. La experiencia y el azar nos modelan de diferentes modos. 

Así, la lectura del Quijote, que cada pocos años repito y ya va por la décima, al menos, depara sorpresas que me hacen hallar en el texto aspectos que no conocía de mí mismo. 

Anoche leía el prólogo de la primera parte y, sabiendo de sus gozosas ironías, me pareció tristísimo. Una declaración de quien se sabe vencido de los años, la suerte y sus circunstancias. Pero tan deliciosamente escrita que en ella misma niega lo que asegura. Las primeras palabras son emocionantes: 

"Desocupado lector: sin juramento me podrás creer que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir al orden de naturaleza, que en ella cada cosa engendra su semejante. Y así, ¿qué podía engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y todo triste ruido hace su habitación? El sosiego, el lugar apacible, la amenidad de los campos, la serenidad de los cielos, el murmurar de las fuentes, la quietud del espíritu son grande parte para que las musas más estériles se muestren fecundas y ofrezcan partos al mundo que le colmen de maravilla y de contento. Acontece tener un padre un hijo feo y sin gracia alguna, y el amor que le tiene le pone una venda en los ojos para que no vea sus faltas, antes las juzga por discreciones y lindezas y las cuenta a sus amigos por agudezas y donaires. Pero yo, que, aunque parezco padre, soy padrastro de don Quijote, no quiero irme con la corriente del uso, ni suplicarte casi con las lágrimas en los ojos, como otros hacen lector carísimo, que perdones o disimulas las faltas que en este mi hijo vieres, que ni eres su pariente ni su amigo, y tienes tu alma en tu cuerpo y tu libre albedrío como el más pintado (...)"

Pero qué orgullo legítimo se distingue entre los tópicos puestos en solfa y las demostraciones de humildad retórica. Qué valentía moral la del que, diez años más tarde, al prologar la segunda parte, se defiende de los insultos de un mastuerzo pelota de Lope y mediocre escritor: 

"Lo que no he podido dejar de sentir es que me note de viejo y de manco, como si hubiera sido en mi mano haber detenido el tiempo, que no pasase por mí, o si mi manquedad hubiera nacido en alguna taberna, sino en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros". 

Ahí está el soldado heroico, ya olvidado, haciendo valer los dones que él mismo se ganó, y tiene heridas para confirmarlos. Allí defiende su patrimonio moral. Ahí es tan infinitamente superior a cuantos le roen los zancajos que no necesita sino dejar suelta la pluma para que de su elegancia  surja el prodigio. 

En fin, me pierde la pasión. Voy a seguir leyendo para entender qué me ha pasado. 

miércoles, 3 de julio de 2013

"Ricercar" de Marco Dall'Aquila.


Uno de mis más delicados "descubrimientos" (1), también debido a una sugerencia de Pepito, de Antígona, el mejor librero de Zaragoza, es Marco Dall'Aquila, compositor del renacimiento italiano que tiene algunas cosas tan salerosas como esta "La traditora".






O el emocionante ricercar nº 33, también interpretado por Shirley Rumsey. Dicen que es posiblemente el más bello del renacimiento italiano. Yo diría que, por lo menos, es de lo mejorcito que compuso Dall'Aquila.






(1) Tal que si fuera el Mediterráneo: Dall'Aquila es sobradamente conocido. El analfabeto soy yo. 

martes, 25 de junio de 2013

Tremendo el Cuarteto Jerusalem.



Cuarteto del que estamos escuchando a lo largo del mes de junio la integral de cuartetos para cuerda de Shostakovich en unas versiones bellísimas, interpretadas con inteligencia y precisión, con un conocimiento profundo de la partitura. 

Tremenda, también, su versión de "La dama y la doncella", de Franz Schubert, uno de los pocos autores románticos que soporto. De hecho, me parece que mantiene una tensión beethoveniana, aun siendo de carácter muy diferente, que le favorece enormemente. La energía de Schubert es comparable, si no en grandiosidad, sí en intensidad. 




Y, como Ludwig, tiene ideas. Quiero decir que no se agota en la repetición de un simple tema, por bueno que sea, y tropecientas variaciones. Las ideas se le agolpan a veces, pero su técnica exquisita, porque era un maestro componiendo, las hace encajar a la perfección. 

Decía que la grabación del Cuarteto Jerusalem en 2008 para el sello Harmonia Mundi ganó el premio Echo Classic. No me extraña. Es la mejor que he oído. Fina, excelsamente tocada, intensa, conmovedora. Una revelación. 

sábado, 22 de junio de 2013

El mejor, en la pública, como siempre.




Este es el chavalote que ha conseguido un 9,95 de media en la P.A.U. (Selectividad) de este año. Se llama Anatolio Alonso Crespo y ha estudiado en el I.E.S. Juan de la Cierva, en Madrid. En un instituto público, sin programas de excelencia, sin bilingüismos, también sin las tonterías exclusivistas de tantísimos colegios privados y concertados. 

Encima, se enfunda orgullosamente la camiseta verde de defensa de la escuela pública y dice que no descarta ser político. 

Ya querría yo que los mejores de cada generación se dedicaran a la política. Igual cambiaban algunas cosas. 


Aspectos y líneas




Desde hace meses lo hago. Poco después de comer, sacudo la pereza del sofá en que me apoltrono, me encasqueto ropa con la que jamás se me ha visto (y me temo que con motivos de sobra) y me planto en el gimnasio local para dar estopa a este cuerpo saleroso. 

Uno piensa que es por la línea, lo justifica diciendo cosas muy ciertas, como que la espalda se resiente (esas malditas lumbares, hartas de mis muchas horas de escritorio), que a cierta edad no hay manera de controlar el aumento de peso, que el cuerpo se anquilosa si no se mueve, que está bien tener músculos donde antes no se sospechaban... 

Pero hay otra realidad: llevaba tiempo observando en el espejo una clara propensión a desarrollar belfos de perro pachón, herencia indudable de mi abuelo Emilio. Y, qué queréis que os diga, no soy yo de los que niegan su dotación genética-, por mala que pueda parecerme. 

Entiendo, por ejemplo, que esta nariz mía procede de mi abuelo Segundo, el paterno, aspecto narigal que además comparto con mi hermana Juli. O que mi carácter debe más de lo que quisiera a ciertas intemperancias de mi padre. 

Pero, de verdad, espero parecerme, más o menos a su misma edad, a quien era ya anciano cuando lo recuerdo. Sé que lo que tengo inscrito en el ADN. No me importa. Veamos si, como en otras ocasiones, puedo mejorarlo. O, al menos, posponerlo unos años. 

viernes, 7 de junio de 2013

¡Hay que ayudar a los ricos!



No basta con cederles parcelas gratis para que construyan sus colegios, ni subvencionar su enseñanza para que impartan doctrina religiosa y facherío de la más rancia tradición, ni forzar leyes y normativas para que beneficien sus negocios. NO. Necesitan más. Siempre exigen más. 

Eso lo conocen bien los dirigentes de Educación de esta bendita Comunidad Autónoma. Por eso, dicen los que están al tanto, a los chavalitos de un colegio privadísimo que, por casualidad, pertenece al opus dei se les ha filtrado el contenido de varios exámenes de selectividad. 



Estas cosas, por muy en secreto que quieran mantenerlas, despiertan tanto interés que al final acaban por divulgarse. Ya saben: amigos de amigos de amigos, lo cuento a fulanito, gente de confianza, para que se beneficien los buenos... El caso es que ha trascendido de tal modo que, pocos días antes de realizarse las pruebas, los responsables de las mismas han debido cambiar dichos exámenes. El escándalo era demasiado importante y amenazaba con saltar a la prensa. 


Pues bien: afirmo que no hay filtración posible sino voluntad declarada de hundir la enseñanza pública, cosa que han demostrado con creces los responsables del área de Educación en Madrid. Ahora, no contentos con los sucesivos recortes (y cuidado: están lejos de acabar), deciden que los de la privada más carca, machista, discriminatoria y lela saquen notas excelentes, a pesar de lo notoria que es desde siempre su ineptitud y falta de relevancia académica. 

Lucía Figar, Consejera de Educación de la Comunidad de Madrid

Claro que hay que ayudarles un poquito. Aunque tenga que ser desde las altas instancias, que para eso están en el poder: para echar una mano a los suyos. 

Repito: hay que echar del gobierno a esta gentuza. 

jueves, 6 de junio de 2013

A veces, uno es muy tonto.



Tanto, que obvia lo más evidente y desprecia aspectos interesantísimos que a otro sin tantas ínfulas le satisfacen. Vistos con el tiempo, resulta que tenía razón. 

Me refiero, en concreto, a mi reciente relectura de novela tan archiconocida como "Orgullo y prejuicio", de Jane Austen. Me obligaron a tragármela durante la carrera y, por el mero hecho de que le encantara a la casi totalidad de las pedorras que estudiaban conmigo, la leí de mala gana y no me interesó más de lo necesario para pasar el examen. 

También vi en su momento la película con la boba de Keira Knightley interpretando a  Elizabeth Bennet, cómo no, y me resultó entretenida. Poco más.

Ahora he cogido el ladrillo por banda y lo he finiquitado en menos de tres días, a ratos perdidos. Me ha gustado bastante. Y, aparte de las consideraciones sobre mi obcecación pasada (recuerdo que por aquel entonces estaba irritado porque a nadie parecía interesarle mi adorado Lawrence Sterne y toda la retahíla de los Wordsworth, Coleridge, Keats, Shelley, Byron, Dickens, etc.) considero que la novela es excelente y a ratos muy divertida.

Más aún, el guión de la película es inteligente y muy lúcido. La puesta en escena, eficacísima, resulta de gran belleza visual, aunque a veces se recree en exceso.



Aparte de que los actores secundarios (Brenda Blethyn como la señora Bennet y Donald Sutherland como su marido, por ejemplo) son fantásticos, como suele suceder en muchas películas anglosajonas. 


En fin, mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa. La edad permite reconocer errores pasados, aunque no sea siempre tan fácil deshacerlos. Como cuando te introduces en el mundo delicioso y menos complaciente de lo que parece de Jane Austen.



martes, 4 de junio de 2013

"Folle è ben che si crede", de Tarquinio Merula, por Raquel Andueza.



Actualmente, esta es una de las más emocionantes versiones de la bellísima canción de Merula:





Y lo digo porque acabo de oír la misma pieza interpretada por Magdalena Kozená, mezzosoprano que me entusiasma, y no es tan arrebatadora. Me refiero al disco de hace unos años, "Lettere amorose". La prefiero con Bach (lo borda) o incluso con Vivaldi. 

Para que se pueda comprobar la diferencia, he aquí lo único que he encontrado en youtube. No tiene la calidad de una grabación de estudio, pero dará una idea de lo que es Magdalena. 





Y es que en directo tiene una potencia y emotividad que apabullan. Pero creo que en este caso prima la finura; la interpretación humilde obtiene mejores logros. No siempre es cosa de ir arrasando. 

Como ejemplo, otra versión, esta vez a cargo de Marta Infante, finamente instrumentada: 

domingo, 2 de junio de 2013



Y, para quienes duden de las virtudes del toreo a que aludo en la entrada anterior, ahí va este enlace con El País de hoy mismo. Crónicas así devuelven la fe.
http://cultura.elpais.com/cultura/2013/06/01/actualidad/1370117604_379995.html

jueves, 23 de mayo de 2013

"Capitulares", o sobre inteligencias.



Estoy de acuerdo con Enrique Nieto, un compañero de afanes que habla en facebook, muy ecónomo él, de la inteligencia como flow, no como stock. O sea, un elemento activo, mercurial, evanescente. Propicio al ocultamiento igual que a las riadas desoladoras. Siempre me ha parecido algo como músculo o tarea de esfuerzo ingrato. 

Otro compañero de antaño, Jaime Lapeña, músico, profesor y persona más valiosa de lo que él mismo cree, comentó un día que estaba harto de oír: "me gustaría saber tocar el piano". En su lugar, decía, deberían comentar: "me gustaría aprender a tocar el piano durante años y seguir tocándolo todos los días de mi vida para no perder la destreza y dejar de saber". 

Soy gran admirador de escritores llamativos, de inteligencia fulgurante, pero al mismo tiempo desconfío de ciertos alardes. El artificio solo me agrada si está engastado en la necesidad. Es decir, si se justifica por sus propios medios y no pide adoración: resalta por sus dones sin ocultar los ajenos. Ahí está la verdadera superioridad. 

Y, aun así, estamos hartos de conocer lo tontísimos que pueden llegar a ser los muy inteligentes. Julien Gracq, por ejemplo, de quien he concluido sus "Capitulares". Ahí, un señor de sensibilidad hiperestésica (casi un pelín histérica) escribe párrafos de auténtica antología, a la altura de su mejor obra narrativa, al lado de gilipolleces que dan ganas de pelarlo con cazoleta. 

Me han molestado un par sobre una visita turística que hizo a la España de los cincuenta o primeros sesenta. Le debió de parecer un país feo, reseco, polvoriento. Describe, por ejemplo, el Escorial como una especie de cuartel de bomberos a lo grande (no sé si estoy tan en desacuerdo, porque tampoco es santo de mi devoción). Y de una corrida de toros solo recuerda la brutalidad, el animal acuchillado, etc. Lo de siempre. 

Mi abuela Libia decía: "Fulano es como los santos de Francia, que tienen ojos y no ven". Se refería a los de las iglesias del císter. O a los turistas galos, quién sabe. Pues eso sucede con los que no ven sino lo que no quieren ver, y no les gusta. Algo así como si un inglés llega a un restaurante de Lérida y no sirven más que cargols a la llauna. Seguro que sale horrorizado sin llegar a probarlos, y juro que son manjar exquisito. Cosas de no saber por dónde se anda. 

Vengo a decir que tanto el interior de España como una corrida de toros no son espectáculos de apreciación inmediata. Hay que saber ver para entender lo que se ve. Y eso solo se logra con adiestramiento. Porque un prado verde y una playa desierta son cosa de fácil aprehensión, qué duda cabe. Pero un paisaje de Belchite, La Mancha, las Bardenas o el desierto de Almería exigen otro aprendizaje. Hace falta enseñar a los ojos; se ve con la mente y el reconocimiento es más eficaz cuando se ha conocido: se goza lo ya experimentado.



No voy a adentrarme en qué consiste de verdad el toreo. Para qué. Quien no quiera escuchar dejará de leer al instante. El que conozca considerará mis palabras torpes, desajustadas o pretenciosas. De todos modos, recuerdo que la primera vez que fui a una corrida de toros no supe dónde poner la vista. Más adelante, instruido por mi padre y enseñado de los libros (no solo el Cossío) he disfrutado de momentos de auténtica emoción, de belleza inaudita, de furor y también de ternura. Y no creo que mi práctica diaria en el trabajo, pongamos por caso, no tenga nada que ver con las enseñanzas de esa modélica disciplina. Que se enfrente quien lo dude con una clase de treinta y pico adolescentes y sabrá lo que significa "parar, templar y mandar". O "dar una larga cambiada".


domingo, 19 de mayo de 2013

"Lamento della ninfa", de Monteverdi, por Anna Prohaska


Hace ya tres años, o así, enlacé otra versión del Lamento monteverdiano (entrada de 21/7/2010) a cargo de La Venexiana. Esta, más actual, no la mejora en nada, pero el clip me parece una puesta en escena estimulante y contemporánea, a pesar del (muy acertado) blanco y negro. 






Como entonces, solo se puede exclamar "¡Miserella!" ante una declaración de amor traicionado que surca la distancia de los siglos con la misma frescura que en su concepción.


jueves, 16 de mayo de 2013

miércoles, 15 de mayo de 2013

Yasunari Kawabata



Yasunari Kawabata, de quien he leído casi todo lo que se encuentra traducido al español, es una de las aficiones literarias que más me han influido en los últimos años.

Cierto que accedí a él por uno de sus libros más inquietantes, "La casa de las bellas durmientes", pero cualquier otro ejerce esa misma fascinación de lo recogido que solo logra cierto tipo de poesía esencial. 

Incluso una crónica tan ajena a nuestro mundo como "El maestro de Go", que me llegó a las manos cuando ni siquiera sabía en qué consistía el juego de marras, fue capaz de atraparme por completo. Imagínense ahora, cuando conozco sus rudimentos y ya capto algo de la estrategia endemoniada de una cosa tan simple en apariencia como poner piedrecitas alrededor de las de tu adversario para capturarlas. 

Pero qué más da, si de lo que habla es del ocaso de un modo de entender el mundo, de las tradiciones, de la derrota final de una vida. Kawabata es un espíritu refinado, oculto, sutil. Sospecho que, bien sea por la traducción, bien por mi ignorancia supina, no capto ni la mitad de lo que debe de expresar su obra. Aun así, me encandila. 

Algunos de los relatos de "Historias de la palma de la mano" son perlas escondidas que, por mucho que despisten al principio, seducen con cada nueva lectura. O qué de decir de la estupenda historia de "País de nieve", o "La bailarina de Izu", ambas editadas por Editorial Emecé.

El comienzo de "País de nieve" es estupendo: 

"El tren salió del túnel y se internó en la nieve. Todo era blanco bajo el cielo nocturno. Se detuvieron en un cruce. Una muchacha sentada del lado opuesto del vagón se acercó a la ventanilla del asiento delantero al de Shimamura y la abrió sin decir palabra. 
El frío invadió el vagón. La muchacha asomó medio cuerpo por la ventanilla y llamó al guarda como si éste se hallara a gran distancia. El hombre se acercó con lentitud sobre la nieve, sosteniendo un farol en la mano. Llevaba bien cerradas las orejeras de su gorra y una bufanda que apenas dejaba una rendija para los ojos. 
Ese frío, claro, pensó Shimamura. Barracas dispersas que quizás habían sido vagones-dormitorio ocupaban la ladera congelada de la montaña. El blanco de la nieve se fundía en la oscuridad antes de posarse sobre los techos. 
-Soy Yoko. ¿Cómo está usted? -dijo la muchacha. 
-Yoko, claro. ¿De regreso? Ha comenzado el frío. 
-Sé que mi hermano ha venido a trabajar aquí. Gracias por todo lo que ha hecho por él. 
-La soledad se le hará dura. No es el mejor lugar para un muchacho como él. 
-Es una criatura aún. Pero usted le enseñará lo que haga falta. 
-Va bien por el momento. Estaremos más ocupados, con la nieve. El año pasado tuvimos tanta que las avalanchas detenían todos los trenes y el pueblo entero debió cocinar para los pasajeros demorados. 
-Veo que está bien abrigado. Mi hermano me decía en su carta que ni siquiera usaba manga larga aún.
-Solo me mantengo en calor si llevo cuatro capas de abrigo. Pero los jóvenes son así. Con los primeros fríos, prefieren beber que arroparse. Y, cuando se quieren dar cuenta, ya están en cama con fiebre -dijo el guarda y señaló con su linterna en dirección a las barracas. 
-¿Mi hermano bebe?
-No, que yo sepa.
-¿Está usted volviendo a casa?
-No. Tuve un pequeño accidente que me obliga a ver al doctor. 
-Cuídese, por favor. 
El guarda se cerró aun más el gabán que llevaba sobre el kimono y echó a andar. Por encima de su hombro dijo:
-Usted también. 
-Si ve a mi hermano, dígale que se porte bien -agregó la muchacha cuando el guarda se alejaba. Su voz era tan dulce que daba tristeza que reverberara en la noche helada".

Y siempre da la impresión de que los diálogos están desajustados, que en esa descripción minuciosa, sutil, casi anodina de la vida trivial de personajes tan poco relevantes algo se ha perdido en el trayecto de la página a los ojos. Por eso leo a Kawabata con suma atención: en cualquier detalle puede aparecer el hecho esencial, el dato imprescindible para entender el texto. 

O no. A veces me recuerda a "Dublineses", de J. Joyce. Es la atmósfera creada de modo imperceptible, lo que no se expresa pero permanece como una suerte de aroma delicado lo que nos da la clave. 

En cualquier caso, las páginas levemente perturbadoras de Kawabata tienen un efecto acumulativo demoledor. Y contagioso: estos días estoy pensando en aprovechar algo de sus enseñanzas para mi próximo proyecto narrativo. 


lunes, 6 de mayo de 2013

Leo en Babelia...




... Una interesante entrevista con Jeffrey Eugenides, el norteamericano autor de "Las vírgenes suicidas" y "Middlesex". No he leído ninguna de las dos, pero parece que acaba de publicarse en España "La trama nupcial", que versa sobre relaciones amorosas, y podría ser interesante.

En todo caso, saco a relucir la entrevista porque, aparte de listo, parece un tipo sensato y con las ideas claras. Entre otras, cuando dice que "en ficción lo más importante es dar con la voz que ha de conducir la narración. Cuando se da con ella, se trata de seguir sus indicaciones". 

Cierto. Es esencial contar con el "tono" preciso, como lo llamo yo, antes de embarcarse en la primera frase de una novela, aunque sea la clásica probatina para ver qué tal suena. No se puede desmerecer la importancia táctica del comienzo, y en el comienzo aparece sobre todo la tonalidad, la voz ajustada. Después hay trabajo desmesurado, artificio técnico, idas y venidas, rectificaciones, añadidos, lo que el texto admita. Pero el comienzo labra un surco del que difícilmente se podrá salir. De ahí que acertar con él resulte imprescindible para el escritor. 

No resulta tan atractivo Eugenides cuando cita sus influencias literarias, mayoritariamente anglófonas, y en particular a Nabokov, una de mis (poquísimas) bestias negras. De "Pálido fuego", su novela favorita, solo recuerdo que no logré acabarla y me pareció una tomadura de pelo, algo insultante. Supongo que no lo trago, y ya está. Qué le vamos a hacer. Pero nunca perdonaré al mamarracho sus opiniones absurdas y más que despectivas sobre el Quijote. Se nota que no entendió nada del libro. Debería haberse callado y nunca, nunca, haber dado clases sobre esa joya. 

Lo dicho: quedémonos con la sagacidad de Jeffrey Eugenides y pude que eche un vistazo a esta nueva novela de la que dicen tantas cosas apetecibles. 

viernes, 3 de mayo de 2013

Tareas de fin de semana. ("Capitulares", de Julien Gracq)



Adquirí el otro día en Antígona "Capitulares", de Julien Gracq, en Ed. Días contados. Cosa poco extraña, ya que soy admirador confeso de su obra desde hace bastante. Pero díganme si no tengo motivos al leer su comienzo: 

"Museo del oro de Bogotá: joyas, placas, pectorales, collares, copas de oro del Perú precolombino. Qué extraña sustancia es ese metal bárbaro que de entrada no reconocemos. No es oro esa materia lívida que reluce con acidez de latón, con erupciones rojas a trechos, y donde buscamos sin querer el primer mordisco del cardenillo, como tampoco es trigo esa mala hierba que encontramos, asilvestrada, en las mesetas de Etiopía: estamos, y se nota mucho, en presencia de una materia no sacralizada aún, no nombrada aún; y diríamos que eso la empobrece en su textura íntima, que la mengua en densidad y brillo: un primer balbuceo hacia la joya, un oro en estado naciente. El trato desconcertante que le dio al metal el artesano quechua tiene mucho que ver con todo ello: notamos que en este caso el orfebre se surte de esa materia como el alfarero se surte de arcilla, dando forma, juntas a una fíbula de exquisita filigrana y a una copa de medio kilo cuyo aspecto extraordinariamente tosco es el de un coco partido en dos. Porque el trato que le dan no va sino en estricta función de sus propiedades, de su aptitud para que lo martilleen en hojas o lo estiren en hilos, ese metal fabuloso les comunica a la vista y a la mano ese mismo extrañamiento sutil que los trozos de mármol que Duchamp talla como terrones de azúcar. 
Me recordó a las fotografías de grandes artistas de jóvenes, de estrellas antes de ser famosas, por lo blando, lo informe, lo indeciso, lo larvario que se desvela en ellas. Aquí sorprendemos el oro antes del toque de la varita mágica, cuando no era aún sino un pecado venal de la metalurgia".

Hay dos comentarios necesarios ante esta barbaridad:
a) Algún día quiero ser capaz de escribir así.
b) Que no deje de escribir, que me cuente más, lo que sea. 




"Theodora", de Haendel.




Es posible que alguno de mis pacientes lectores tenga cosa de tres horas y media libres y guste de estas musicachas que me van tanto. 

Así que propongo este oratorio de Haendel en una versión teatral demoledora (casi como si fuera una ópera), excelentemente interpretado, cantado tan bellamente que uno desearía haberlo visto en directo. El coro, por ejemplo, es espectacular. Pero es que todos los intérpretes están soberbios. 

De wikipedia he sacado el reparto del día de su estreno en pleno siglo XVIII:


PersonajeTesituraReparto el 16 de Marzo de 1750
Director:
Theodora (una cristiana de noble cuna)sopranoGiulia Frasi
Didymus (oficial romano, convertido al cristianismo)contratenor / castratoGaetano Guadagni
Septimius (oficial romano, amigo de Didymus)tenorThomas Lowe
Valens (gobernador de Antioquía)bajoHenry Theodore Reinhold
Irene (amiga cristiana de Theodora)mezzosopranoCaterina Galli


Así como la sinopsis argumental, aunque aviso de que a ratos da un pelín de vergüenza ajena. Suele suceder con casi todas las óperas (y similares): los libretos son espantosos. Sin embargo, la puesta en escena es fresca, tiene rasgos de humor bienvenidos en tema tan arduo y convence a los menos afectos, como yo mismo.

Sinopsis

En el siglo IV d. C., el gobernador de Antioquía, Valens, decreta que, con motivo del cumpleaños del emperador Diocleciano, todos los ciudadanos hagan sacrificios a las diosas Venus y Flora, bajo pena de diversos castigos. Para asegurarse de que su decreto se cumpla, pone al cargo a Septimius.
Didymus, amigo de Septimius, pide que los ciudadanos cristianos queden libres de castigo, lo cual deniega el gobernador Valens. Septimius sospecha que Didymus sea cristiano y afirma su propia lealtad a las leyes, pero también querría ser tolerante con los demás.
En la comunidad cristiana, Theodora y su amiga Irene se encuentran orando, cuando un mensajero irrumpe trayéndoles noticias del decreto de Valens. Irene disuade a los cristianos de que huyan, reafirmando así su fe. Cuando Septimius llega para arrestarlos, Theodora, por salir en defensa de los cristianos, no es condenada a muerte, sino a ejercer la prostitución. Irene informa de esto a Didymus, que tiene la intención de rescatarla o morir con ella. El primer acto acaba con el coro de cristianos rezando por el éxito de la misión.
Al comienzo del segundo acto, se está celebrando una gran fiesta en honor a las diosas. Valens envía a Septimius a decirle a Theodora que si no se une a la fiesta para el final del día, sería violada por los soldados. Theodora se encuentra atemorizada en elburdel, hasta que piensa en la vida después de la muerte. Informando a Septimius de su cristiandad y su amor por Theodora, Didymus llega hasta la celda, con el rostro tapado por el yelmo ocultando así su identidad, y le ofrece huir a Theodora. Temiendo por su integridad y deseosa de permanecer fiel a su fe, Theodora pide a Didymus que la mate, pero éste la convence de que Dios los salvará. Didymus le da su uniforme a Theodora y, disfrazada, escapa, dejando a Didymus en su lugar.
En el tercer acto, los cristianos celebran el regreso de Theodora sana y salva. Sin embargo, es culpable por poner en peligro la vida de Didymus. Un mensajero los informa de que Didymus ha sido capturado y de que Valens ha cambiado el castigo de Theodora por la muerte, castigo que ella prefería a ser prostituta. Irene protesta, pero Theodora vuelve para ofrecerse en lugar de Didymus. Mientras Valens está dando la sentencia de Didymus, Theodora llega y pide que sea ella la castigada y Didymus se salve. Los dos amantes, Didymus y Theodora, discuten para que el otro sea el que se salve. Septimius se ve conmovido por esto y ruega clemencia a Valens, que, sin embargo, condena a los dos a muerte. Tras esto, ambos cantan un dueto por su inmortalidad.

Les había avisado, ¿o no? Ahora, a disfrutar de la música, lo

único importante. 

domingo, 28 de abril de 2013

No saben, no contestan.




La de tiempo que llevamos comentando (y no solo en este blog) que de este modo no salimos del hoyo. Ni ahora, ni nunca. 

Si no hay apoyo a la creación de empresas y, por tanto, de empleo, si no mejora el flujo de crédito, si no se procura un reparto menos indigno de la riqueza de este país, si no se fomenta la investigación de todo tipo y su aplicación a las empresas, si no se mantienen los escasos derechos sociales que teníamos y que ahora se han llevado los sinvergüenzas que nos gobiernan, esto va a estallar. Y pronto. 

Estoy muy harto de que nuestro hundimiento, los recortes, el paro, etc, sirvan para pagar a coste ínfimo la deuda alemana. Yo, que he sido siempre el más europeísta, me he acabado convenciendo de que, si seguimos así, podemos plantear muy claramente la opción de no pagar y salir del euro, incluso de la Unión Europea. Al menos, dependeríamos solo de nosotros mismos. 

Y ahora va el mamarracho de Rajoy y reconoce que las medidas de recortes generalizados no solo no hacen mejorar la economía sino que no se espera que lo hagan hasta, al menos, final de la legislatura. Con cerca de siete millones de parados, supongo. 

Y tiene razón el barbas de los cojones: solo mejoraremos en cuanto se vaya. Es decir, en cuanto podamos echarlo.

Esta gente del PP concibe al res publica como un corralito particular para uso y disfrute suyo, de sus amigos, familiares y de la panda de mangantes que los apoyan. Y en estos dos años y medio que quedan para las elecciones van a intentar defenestrar hasta la última migaja de estado que nos queda: sanidad, educación, territorio (empiezan con las costas y el fracking, a ver cuánto tardan en poner en marcha otra intentona de trasvasar el Ebro o privatizar los parques nacionales). Aunque me callo, no vaya a darles ideas. 

Hay que pararlos como sea. Digo de ellos lo mismo que decía de la Aguirre: son dañinos para la nación. Si no han cumplido su programa electoral y no son capaces de ofrecer una sola idea para remontar el panorama, que dimitan ya. 

martes, 16 de abril de 2013

"El anarquista que se llamaba como yo", de Pablo Martín Sánchez.




He tardado algún tiempo en leer esta novela. En primer lugar, porque dispongo de poco para la lectura diaria. En segundo, porque se trata de un ladrillo de 600 páginas que, aunque de lectura facilona, no deja de tener una longitud a la que me resisto hasta que no hay otro remedio. 

Como suele suceder, después del esfuerzo tengo sentimientos opuestos. Supongo que mis lectores recordarán que en una entrada allá por 30/6/12 critiqué su primer libro de cuentos, "FrICCIONES". Y que, en general, glosé sus valores y me declaré a la espera de la novela que ya prometía. Pues bien: leída está. Y su lector, un poco perplejo. 

No porque sea mala; al contrario. He reconocido que es de lectura ágil. Además, parece estar extraordinariamente bien documentada. Y, lo que es mejor, me ha llevado a leer una novela de Pío Baroja que también trata de los mismos hechos, "La familia de Errotacho", y ni conocía de nombre. 

Pero, como suele suceder con las expectativas, acaban decepcionando. No esperaba este libro de un cuentista fino, culto, con (cierta) capacidad de riesgo y de innovación técnica como demostró ser Martín Sánchez en el relato corto. 

"El anarquista..." es todo lo contrario, una narración tradicional, casi casposa, que entronca con lo más caduco de la prosa de entre dos siglos, pero pasada por el tamiz del contemporáneo afán por "divertir a toda costa", caiga quien caiga. 

A ratos resulta algo tediosa; sobre todo, por la prolijidad de bastantes diálogos y descripciones que, de verdad, eran innecesarios. Y por cierto didactismo fuera de medida y sentido de la oportunidad, que no creo que pueda justificarse por el final. Este, sí, me parece de lo más logrado de la novela, a pesar del giro argumental, algo forzado, pero atractivo. 

Incluso le cuesta alcanzar el estilo definitivo y al principio hay cierto amaneramiento y torpeza narrativa que me han llamado la atención. No me parecía estar leyendo al mismo autor de "FrICCIONES".

Muy, pero que muy irritante, me ha resultado el narrador que, más que omnisciente, es omnipresente y se harta de avisarnos de lo que va a suceder (prolepsis, creo recordar que se llama el recurso). 

A veces me he sorprendido pensando que estaba leyendo una novela juvenil: tan ramplones eran los trucos, tan evidentes las trampitas, tan consabidas algunas situaciones. 
Veamos en la pág. 266 un ejemplo menor, pero representativo: 

"Y es así como en lugar de ir a comer con Robinsón, Leandro y Julianín (perdón, Julián)..."

(Evidentemente, un poco antes el personaje en cuestión había exigido que le apearan el diminutivo).




Sin embargo, no todo es malo. La prosa está cuidada, salvando deslices ocasionales que se concentran en su primera parte. Los personajes son vivaces, si bien poco perfilados, con la excepción de Pablo, el aventurero protagonista. El juego de fragmentos alternos, contando unos el pasado de Pablo, otro el presente de la intentona anarquista de Vera de Bidasoa en 1924 y el final del revolucionario en la cárcel de Pamplona, está casi siempre bien llevado. 

El tono de dignidad general y de "entretenimiento sano", que dirían los pisaverdes de antaño, es lo que hace llevadera una lectura tan prolongada. Hay momentos en que la tensión se transmite con eficacia y uno se sorprende queriendo saber cómo sucedió lo que ya conoce o adivina, mérito indiscutible del escritor. 

En resumen, una novela que creo fallida en lo literario pero eficaz como diversión para cualquier tipo de lector, a ser posible, sin demasiadas exigencias. 

jueves, 21 de marzo de 2013

"Los pájaros de Auschwitz", de Arno Surminski




He leído en un suspiro la novelita de Surminski, que parece estar teniendo cierto éxito de ventas, y me pregunto cómo es posible decir tanto con tan poco, y decirlo tan bien. Mysterium tremendum. Es lo que tiene la Literatura: aparece en los formatos más humildes lo mismo que en ladrillos apabullantes. 

La historia está basada en un estudio sobre las aves locales que tuvo los cojonazos de escribir algún SS destinado en Auschwitz. Al parecer, contó con la ayuda de un prisionero polaco para que le hiciera los dibujos ilustrativos. 

De esta anécdota surge una historia minimalista, apenas esbozada, en que el autor, con gran delicadeza pero sin ceder un ápice en sus convicciones, parece no tomar partido por ninguno de los bandos. Simplemente, describe lo que ve y piensa Marek Rogalski, el prisionero, en sus paseos con Hans Grote, el guardia de las SS, por las cercanías del infame campo de exterminio (vecino del de Birkenau, que debió de ser peor todavía). 


Y lo más tremendo es que no da una versión suavizada del horror. Aparece como un paisaje de fondo, igual que las charcas donde anidan los ánades que se dedican a observar los dos protagonistas. 

Cuanto más lo releo, más ganas me dan de haber escrito algo así. Lo que no sé es si con un tema de ese calibre podría mantener el temple y no desparramar. Es difícil. Sin embargo, Surminski lo ha bordado. 

A riesgo de echar a perder el libro, no me resisto a transcribir el último párrafo: 

"Cerca de Albany, en el estado de Nueva York, nacieron en los años cincuenta dos niños apellidados Rogalski. Al llegar a la edad adulta, quisieron ir a Europa para visitar los lugares donde habían vivido sus progenitores, pero su padre se lo prohibió."

No se puede decir más con menos. 

viernes, 15 de marzo de 2013

Porque sí.



Parece ser que la próxima semana toca escuchar a Les Talens Lyriques en el Auditorio.



Y, como aún me he quedado con ganas de algo más animado, que no más intenso, aquí está el concierto completo de L'Arpeggiata, de Cristina Pluhar, con Philippe Jaroussky. ¿Por qué? Porque sí. 

Atentos (entre otras bellezas del calibre de "Si dolce il tormento") al final, pues ofrecen como bis una excelente interpretación del "Pur ti miro" de "L'incoronazione di Poppea", de Monteverdi.




Y me sigue maravillando lo bien que se lo pasa esta gente tocando como tocan. Eso es disfrutar del escenario. No me extraña que transmitan esa inmediatez gozosa y muy a menudo algo imperfecta. Pero es que no hace falta más. Al contrario. Un buen directo, y en esto me dará la razón cualquier aficionado al rock (o al pop, o a lo que sea), depende más del entusiasmo, de la capacidad de contagiar y hacer vivir la música que de la precisión en el fraseo o la digitación apabullante. 

Esto dicho, que conste que Jaroussky es un monstruo y la Rial le da la réplica con brillantez. Además, se compenetran de maravilla.