jueves, 13 de agosto de 2009

Batiendo el tópico


Descubro en la playa lo más que obvio, pero es que siempre he sido lento de entendederas: cuando se camina al borde de las olas la huella apenas dura un instante. La siguiente viene rápida a borrar cuanto se dijo el día anterior y todo se reduce a la misma materia amorfa, desvanecida en su propia vulgaridad. Lo trivial pierde sentido.

Para que la huella perdure hay que adentrarse donde la arena es más blanda, caminar cuesta esfuerzos y a veces quema la planta de los pies. El tránsito suele ser corto y hay demasiados que ensayan el mismo intento, con lo que la línea de argumentación tiende a confundirse en un barullo de evidencias. Muchos hablan en exceso y al unísono. Además, con la pleamar todas las voces son de nuevo igualadas. El momento, la nueva generación, la muerte de su autor apenas respetan la idea que pensábamos original. No es suficiente.

Quien pretende perdurar ha de ir al monte y labrar en piedra viva un sendero que resista las lluvias venideras. Así quizás se asiente en la memoria de infinitos que vendrán a turbar su aislamiento, a rehacer los meandros de subida, los puentes ingeniosos.

Pero ahora, decidme: ¿quién tiene las herramientas apropiadas? En un tiempo creí que eran apenas asunto de voluntad. De hecho, yo también lo he ensayado. A la vista de esos logros tan raquíticos debo pensar que no sólo quien lo intenta desbroza en el sentido correcto. En el que otros imitarán. Hace falta decisión y algo más: lo innombrable, el talento.

Lo cierto es que nadie va a aplaudir cuando se vuele una roca venerada o se talen los árboles de nuestros abuelos. "Nihil expectate", desde luego. No nos respetarán, pero tras hacer las cosas apropiadas.

viernes, 17 de julio de 2009

Sobre el deseo



¿Qué hace que alguien nos guste? ¿Qué decisiones inconscientes, qué percepciones se encadenan en el interior del instinto para que su presencia nos cause placer, necesidad o algo que se le parece? ¿Hay afinidades, se trata en cambio de contraste y equilibrio?

Nunca he tenido claro el proceso por el que en los primeros segundos de una relación el cerebro ya ha decidido que sí, esta presencia va a conseguir activarlo de un modo que otras no lo lograrán por más que intenten imponerse de modo racional, a expensas de la intuición.

De otro modo, ¿por qué dones de nuestro espíritu, por qué morbosa emisión de marcadores químicos conseguimos atraer a otra persona? ¿Hay posibilidades de encauzar nuestras maneras y que el otro acepte el tono en que exponemos las primeras obviedades, el gesto con que nos apartamos el pelo de la frente, la sonrisa insegura del comienzo?

Y, en fin, ¿qué tremenda falta de adecuación, qué desajuste de mundos se produce cuando alguien nos gusta, y nos gusta tanto que puede llegar a ser un sentimiento insolente y destructivo, mientras nosotros no logramos atravesar siquiera la primera capa de su interés?

Algo de eso se preguntaba ayer un tal Carlos Mored, personaje que estos días tengo entre manos. Al menos, eso me ha dicho sin que nadie se entere, y a mí me viene al pelo.

martes, 7 de julio de 2009

Visión humana de los montes




Los lugares del mito aparecen del modo más insospechado. Estás pensando en la bárbara, la hostil entraña de los montes y topas con una foto que te vuelca encima. Quizás sólo querías llorar un rato a solas, tan a gusto, pero el espectáculo corta el resuello. Tan grandioso que impide recordar.

O quizás la grandeza existe ante todo en el interior de quien observa. Hay que tener amplitud para apreciar lo enorme, sin duda. No entiende sólo quien desea.

Ayer encontré una marejada de imágenes que, sin ir buscando a Oli, me trajeron su presencia -y la mía, por supuesto- en lo más alto y feliz del invierno, en los montes de Zuera. No he vuelto por ahí desde el incendio del año pasado. Y querría no estar solo cuando me golpease el viento de la sierra, cuando decida en mi interior qué daño me ha causado.

¿Pero cómo podría trotar ella otra vez junto a mí, la lengua afuera, su mirada fija en mis gestos? La recuerdo expectante para saber por qué camino repetiremos hoy los pasos de otros días. Deseando seguir no sé si el ritmo de las piedras conocidas o la marcha encrespada de ese viento que a veces nos llevaba hasta la cima. Su perfume de hierbas libres. Su presencia.

Duele tanto que no hay horizonte que me alcance.
Oli, mi perrita buena.



viernes, 3 de julio de 2009

domingo, 21 de junio de 2009

Non serviam


Dicen los que saben que el cardenal Antonio Mª Rouco Varela ha consagrado España al Sagrado Corazón de Jesús, cosa que nadie hacía desde el año 1919, nada menos, pero que la situación actual lo exige. Y lo hace y ya está. Con dos bendiciones.

Como no entiendo de casquería, no cuento entre mis conocidos con ningún Jesús ni tampoco creo que su -presunto- corazón tenga que ver con los chismes del Tomate, pongamos por caso, la cosa me coge más bien desprevenido. Debo de ser bastante superficial.

Yo me pregunto, no obstante, cómo se puede consagrar a nadie algo que no es tuyo. Es como si dedico el Mercedes de mi vecino a la memoria de mi padre, o a la jovencita guapísima que pasa todas las mañanas por mi calle -7:25, para ser exactos- le dedico la parte que más me convenga. Y ustedes me entenderán sin llegar a pormenores, que a veces me pongo burro.

Aunque, si bien se piensa, todos los españoles pagamos con nuestros impuestos una buena pastizara a su iglesia, llámese en concepto de mordida, llámesela subvenciones. Da igual que seamos de su culto o no. Pagamos todos a tocateja. Y de ahí le vendrá el entender que el solar completo es de su propiedad, luego hace con él lo que le viene en gana. La cosa tiene un punto de lógica.

Hubo un tiempo en que lo era. Suyo, digo, este país. O casi, pero las cosas deberían haber cambiado un poquito. En fin, que si no se da dinero público a la Cienciología ni a los Musulmanes Episcopalianos del Niño Verde, por qué hostias -nunca mejor dicho- se sigue sufragando la muy católica carcundia episcopal. A ver, que alguien consiga explicarlo, que espero bien sentadito.

lunes, 8 de junio de 2009

A veces, lo más idiota tiene otros usos...






... lo que no quiere decir que se justifique por esa unión de utilidad y deficiencia. En fin, que he leído el Pierrot Lunaire original. No el de Otto Erich Hartleben en alemán que años más tarde musicó Schönberg y que, a decir del L. A. de Cuenca, prologuista de la edición, está bastante edulcorado, sino el del francés Albert Giraud (Ediciones La Palma, 2008). Digo lo de idiota sin el menor afán de insultar -más bien defino, en todo caso-, pero decidme si la nota liminar no merece algún calificativo que mortifique:


"Mi amigo Alberto Ruiz-Gallardón es un entusiasta de la famosa obra atonal Pierrot lunaire (1912) del compositor austríaco Arnold Schönberg (1874-1951). Recuerdo haber asistido en la Puerta del Sol, cuando él era Presidente de la Comunidad de Madrid, a una performance de esa obra que se quedó a vivir en mi memoria, como si fuese la magdalena de Marcel Proust. En aquella ocasión, Alberto me animó a traducir el libreto de Pierrot lunaire al castellano, para que pudiese cantarse en la lengua de Cervantes la maravillosa pieza de Schönberg..."

El peloteo que le dedica es vergonzoso: "Cuando este libro vea la luz (...) enviaré, cómo no, un ejemplar a Alberto Ruiz-Gallardón..."

No prosigo por no amargar el rato a nadie con un mínimo sentido del decoro. Y, sin embargo, la traducción no está nada mal, como en "Supplique":

"Pierrot! Le ressort du rire,
Entre mes dents je l'ai cassé:
Le clair décor s'est effacé
Dans un mirage à la Shakespeare.

Au mât de mon triste navire
Un pavillon noir est hissé:
O Pierrot! Le ressort du rire,
Entre mes dents je l'ai cassé.

Quand me rendras-tu, porte-lyre,
Guérisseur de l'esprit blessé,
Neige adorable du passé,
Face de Lune, blanc messire,
O Pierrot, le ressort du rire?".


"¡Oh, Pierrot, la risa de oro
se me ha perdido entre los dientes!
Se ha borrado la claridad
en un espejismo a lo Shakespeare.

Un pabellón negro se yergue
en el mástil de mi navío.
¡Oh, Pierrot, la risa de oro
se me ha perdido entre los dientes.

¡Devuélmela tú, poeta,
médico del alma angustiada,
nieve adorable del pasado,
faz de Luna, blanco señor,
oh, Pierrot, mi risa de oro".

Con lo que quiero decir que a veces el mal poeta traduce bien o que el lacayo impresentable resulta deleitoso, tanto como útil, a los que no nos gustaría tenerlo ni de compañero de banco público.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Déjame entrar



Estos últimos años he tenido que explicar a personas poco interesadas por casi nada qué es el romanticismo. Tarea inútil, lo sé. Sin embargo, a veces tenía un oyente despierto. Creo que, en realidad, fui yo quien se lo pasó en grande leyendo esas joyas del pasado y, por supuesto, aprendí bastante más que mis alumnos. Uno de los aspectos que siempre reseñaba es la fijación romántica por las figuras al margen de la sociedad, regidas por su propia moral. El pirata, el bandolero, el amante frustrado, el investigador enloquecido, el rebelde, el suicida, el vampiro...

De todos modos, creía que el género de vampiros en el cine estaba poco menos que agotado tras el decepcionante "Drácula" de Ford Coppola. Los excesos de "Abierto hasta el amanecer", por ejemplo, no me interesaron demasiado. Para qué hablar de la última moñada americana de "Crepúsculo".

Hasta que me vino el rumor de que se había estrenado "Déjame entrar", del sueco T. Alfredson, una historia de vampiros protagonizada por dos niños de 12 años. Fui a verla el fin de semana pasado. Todavía estoy bajo su influjo.

"Déjame entrar" es la historia de amor más bella y tremenda que he visto en muchos años. Sí que hay vampiros, pero no es para nada una película de vampiros. Es más bien una meditación casi lírica sobre la diferencia y la aceptación, la inocencia y el horror, el primer amor y la necesidad de ser acogido por quien sea. Aunque se trate de un niño profundamente infeliz o una alimaña que a veces parece casi humana.

La película destila momentos tan bellos que duelen. Y, sin embargo, es cruel, casi brutal. Y dura unas dos horas, y tiene una banda sonora sensible y poderosa, y es torpe, y tiene golpes de humor, y esconde tanto como muestra...

Por favor, no os la perdáis, hipotéticos lectores. No la dejéis escapar.


P.D.: La adaptación del -mediocre- libro al guión de la película es soberbia. Al prescindir de unos cuantos hilos argumentales la historia se condensa y a la vez gana en complejidad. Se llena de sugerencias que en el libro son explicitadas de modo más bien torpe o redundante. En fin, una de esas ocasiones poco frecuentes en que lo visual supera con creces lo literario.

lunes, 4 de mayo de 2009

Cosas de la mafia




"El 31 de marzo Espido Freire conquistó el premio Llanes de viajes, dotado con 30.000 euros, gracias a un jurado del que formaba parte el novelista Fernando Marías. El 25 de marzo de 2008, Fernando Marías obtuvo el premio Gran Angular, dotado con 100.000 euros, con Freire en el jurado; el 26 de junio de 2007, Espido ganó el premio Ateneo de Sevilla, dotado con 42.000 euros, concedido por un jurado en el que figuraba… Fernando Marías. También han sido miembros de un mismo jurado (Ciudad de Barbastro de Novela Corta) y se han sucedido en otros (el premio de Periodismo sobre el Zapato Femenino Luis G. Berlanga, dotado con 3.000 euros, que ganó ella en 2009 y en 2008 él).Pero no todo es premio: Marías es editor de obras colectivas sobre el maltrato femenino (Península), cuentos de Poe (451 Ediciones) o el acoso escolar (SM), en los que ha participado Freire, mientras ella le ha correspondido invitándole al ciclo “Escritores cara a cara” organizado por la Junta de Castilla y la Mancha. Y es lo que digo siempre: ¡Qué bonita es la amistad!"

(Una entrada del foro http://www.premiosliterarios.com/, sitio bastante serio que recomiendo a todo aquel que quiera estar al tanto de la movida concursera en este país).

Yo quiero añadir que poco después Espido Freire y Fernando Marías, junto con el impresentable ex-director de la Biblioteca Nacional, Luis Alberto de Cuenca, participaron en una tertulia en Alcalá de Henares. Prefiero no describir el atuendo de la Freire ni el de Cuenca, por no parecer prolijo, pero ambos tenían usía.

Por lo demás, el acto resultó entretenido. Sobre todo por Lorenzo Silva, que también estaba ahí y resultó ser el único con el ego medio normal; es decir, que tenía cosas casi interesantes que contar. Los demás ponían la imagen y un desmesurado amor por la misma y sus circunstancias. Había un ambiente de compadreo, que en ningún momento se esforzaron en ocultar, habitual en este tipo de cuadrillas.

Lo malo es que estos mangantes deciden sobre el destino de muchos premios (y mucho dinero y publicaciones que llevan aparejados). No vamos a pretender ya que en un concurso de cierta cuantía se premie la calidad literaria, salvo que por defecto vaya asociada a algún nombre de postín. Lo que sí me gustaría es que disimulasen un poquito más. La cosa pasa de ser un hatajo de sinvergüenzas a que encima se cachondeen de todo el mundo, instituciones y ministerios incluídos.

Por cierto: si en asuntos de sanidad a nadie se le ocurre que el ministerio deje hacer lo que le parezca al primer gañán que decide elaborar salchichones, por decir algo, ¿por qué no interviene Cultura para conducir al término de lo razonable tanto premio subvencionado con el erario público?

jueves, 30 de abril de 2009

Patricio Pron. "El comienzo de la primavera", XXIV Premio Jaén de novela.



Igual la mejor forma de comentar un material ambiguo puede ser transcribir las notas que voy dejando garabateadas en sus páginas. No todas, claro (son legión), aunque quizás las más reveladoras. De este modo, me ahorro expresar mis opiniones sobre (parte de) la narrativa hispanoamericana del momento y la mente capta de bastantes aborígenes literantes que se quedan papando moscas en cuanto las firma la indiada. Ahí van:

"Cierto descuido general en la redacción, con incorrecciones llamativas; resulta pesado y, a ratos, irritante ".

"Hábil de recursos expresivos a los que a veces se ve la tramoya. Tiene el coraje de narrar con convicción contenidos abstractos o meramente especulativos que muy poco pueden interesar al lector medio. A mí, por lo menos, me dejan frío".

"Cada tanto se deja llevar por la verborrea".

"Le sobran tantos alardes de retórica y cierta tendencia a no aclarar de quién se habla en cada momento sin más ni más: no se justifica por motivos estructurales, puesto que otros aspectos los deja el narrador meridianamente claros. Supongo que pretende dar suspenso".

"Me da el pálpito de que esta novela es de las que aparentan ser mejores de lo que son y estar más correctamente escritas. Apabullan al lector (o jurado) con poca altura o experiencia intelectual. Y no afirmo que no valga. Sólo que tiene bastante fachada y poquita sustancia".

"Este exceso de documentación puntillosa hace que los personajes pierdan verosimilitud, sean históricos o no. Parecen marionetas zarandeadas de un sitio a otro por el capricho del narrador. ¿Por qué no se quedan quietos un momento? Si al menos hicieran algo interesante..."

"¿Y ese narrador que sabe todo de todos pero cuando le apetece no toma partido para perpetuar el mínimo misterio de la obra? Falso, falso, falso".

Siguen más, pero las omito para no caer en el ensañamiento. Por otro lado, podrían dar la impresión de que todo es negativo en la novela de marras. Y tiene algunas cosas buenas.

Dicho de otro modo: no niego que de fuera nos pueden dar una y mil y todas las lecciones narrativas. Estoy dispuesto a aprenderlas, como ya he procurado hacer en tiempos con autores de talla inmensa. Ahora bien: no voy a aceptar ni palabra de quien sólo resulta un chavalín aplicado redactando cositas insulsas. Y las muestra con ese embolique algo redicho y esos localismos que a nosotros raramente se nos permiten (verbigracia: "embolique" por "embuste").

En fin, que sería la mejor novela presentada al premio Jaén, no vamos a dudar de la honradez del jurado ni anotar su escoramiento suramericanista. Tampoco me parece mala, por supuesto, pero hay que ver cómo está el cotarro para que lo mejor sea lo único que se salva de la quema. Por los pelos.

martes, 21 de abril de 2009

Coloquios de figuras







Ayer en Alcalá de Henares hubo coloquio, charla, merienda de negros o lo que sea entre estos tres individuos con motivo del Día del Libro. Se trataba de una supuesta "fiesta de la palabra" y asistió bastante público con ganas de divertirse y ver de cerca a las figuras mediáticas.

A David Trueba le acababan de conceder el Premio de la Crítica por su última cosa publicada y de las otras dos starlettes de la literatura, aunque el nivel de seriedad de uno y otra no tienen comparación, qué vamos a contar que no se sepa ya.

Pues bien: no se habló prácticamente nada de literatura, poco -y mal- de cine y mucho de recuerdos masturbatorios y otras pijadas de adolescencia.

Los dos chicos -Villena dixit- estuvieron a ratos entretenidos, casi nunca ingeniosos, si exceptuamos la ironía low profile de Trueba o las parrafadas culturosísimas del vate, que aburrían hasta a su foulard rojo. Y nada interesantes, ocurrentes o sabrosos de anecdotario, que es lo mínimo que se puede pedir a contertulios tan afamados, a falta de cosas de más enjundia.

Especialmente sosa me pareció Carmen Posadas, que llevó su pijerío hasta la más absoluta indigencia intelectual. No logro recordarle una frase digna de ser transcrita. Ni una triste anécdota que animara el decaído cotarro intelestual. Y supongo que cobró como los otros, sólo por sentar su augusta presencia delante del resto de mortales para que la observaran a placer.

En fin, que hacía mucho tiempo que no me aburría tan a conciencia.

¡Jo, qué ganas tengo de ser famosete
para decir mis paridas y que todo el mundo aplauda como si hubiera revelado el secreto de la existencia! No obstante, espero contarlas con un poquito más de gracia. Noblesse oblige.


jueves, 16 de abril de 2009

Proclamas (I)





No, no, no, pacientes lectores. No hay excusas para tanta mediocridad. Me temo que desde los años setenta el campo en que más ha brillado la creación artística de este país ha sido la cocina. Algo por detrás quedan la arquitectura y otros diseños. Desde luego, nada que tenga que ver con las letras, que dormitan un sueño de contemplaciones vacías o se revuelcan en sobras del exterior muy poco y muy mal digeridas.

En las décadas de reducción de cabezas que llevamos sufriendo no recuerdo nada que me haya hecho vibrar de placer, o de dolor, que me haya saltado las lágrimas o me deshiciera a carcajadas. Nada que tuviera la cualidad de arrastrarme por el lodo de los sentimientos o me elevara a las cimas de la sutileza. Nada, en realidad, que consiguiera interesarme un poco. Sólo un poquito, por favor, que estoy hambriento. Nada.

En fin, no tengo ganas de enfangarme en discusiones necias sobre si fulano tiene dos gramos más de talento que mengano, sobre si zutano alberga más dotes para la mercadotecnia agazapada en sus paginitas, sobre si perengano encandila mejor a los jurados de premios literarios, sobre si... Me aburro mortalmente.

Pero quiero lanzar una pregunta, a ver si a alguien se le ocurre responder: ¿por qué nadie se pone manos a la obra para hacer algo que de verdad pueda interesarnos?

Quiero decir: algo serio, honrado, decidido a no esconder el bulto y largar faenas aparentes de brillos falsos sólo para el tendido. Posiblemente salgan muchas cosas mediocres o malas de solemnidad. Me es indiferente. Hasta parecerían mejor que lo que se está vendiendo por ahí, y me refiero a esas cositas envasadas en pulcro celofán que no son, no sienten, no estimulan, no creen en más que su ansiosa vocación por desaparecer cuanto antes y ser reemplazadas por otras igual de vacías.

No veo de qué otro modo va a crearse nada válido. O es que ya no nos atrevemos a equivocarnos en la estrategia y dejar de cobrar las cuatro perras de costumbre, o a perder prebendas y cuotas de poder en el cotarro miserable que nos acoge. ¿Tanto rinde, de verdad, ser líder del corral, si todos nos comemos los codos de hambre?


P.S.: Vaya; parece que hoy sí he lanzado la soflama. Y quedan más, no os creáis.

martes, 14 de abril de 2009

¿Estás tonto?





El caso de Juan Manuel de Prada me parece bastante representativo de cómo van las cosas por la caverna. Creo que mi tirria al personaje va acrecentándose con cada nueva aparición en pantalla.

Aunque es cierto, también he de decirlo, que de vez en cuando me ha divertido, en las últimas ocasiones ya me fatiga lo reaccionario, cutre, meapilas, redicho, fatuo y absurdo que puede llegar a mostrarse. Sin embargo, hay un defecto que hasta ahora no le había achacado: la estupidez.


En su caso, está asociada a esa soberbia intelectual con anteojeras que es como su marca de fábrica. La que le lleva a hacer asociaciones descabaladas, absurdas, sin tener en cuenta nociones elementales de política ni de historia, ni el sentido común -la moral, que diría él- más evidente. Para este individuo todo vale con tal de desacreditar al que no opina de su arcaica manera o simplemente le parece non sancto.

No de su estilo de santidad, ése que apesta a sacristía y a mojigatería ramplona, el que comulga todos los días con ruedas de molino y se santigua al sacársela. Si por él fuera, volveríamos al Index Librorum Prohibitorum, a los autos de fe y al potro para forzar conversiones. Cualquier cosa vale, pues está poseído por la verdad.


¿Pues no dice el otro día que no sé qué chorradas del gobierno socialista son exactamente lo mismo que la "solución final" nazi? Anda, no me jodas, que hace falta tener mucho morro, grandísima ignorancia y ser un poco más que subnormal para sostener esas patochadas. Se miren por donde se miren, porque no es una cuestión de opinar, sino de simple y llanamente decir mentiras como carros.

No puedo evitarlo: los alardes de imbecilidad me fascinan. Aunque también me emboba ver fluir las aguas y observar a las mariposas que se acercan a la llama. Y siguen siendo cosas bastante tontorronas, por mucho que relajen el espíritu.

A pesar de todo, duele ver cómo una persona inteligente y culta puede volverse tan profundamente imbécil por efecto de la ideología. O la doctrina, que es lo que le va a este tipo. Así nos luce el pelo intelectual en este país, queridos.

lunes, 13 de abril de 2009

Cementerio




Ahora que el mundo despierta -estamos sin duda alguna en el més más cruel- tengo la intención de volver a un cementerio que hace tiempo no visito. Y no me refiero al recinto físico donde reposan los despojos de quienes fueron algo y ya apenas se recuerdan.

El cementerio de la mente es más abrupto, crepita de hierbas nacidas en los caminos y junto a las tumbas antiguas, se estremece con el viento de la altura. Allí tiene mi cerebro un queridísimo pajar, una especie de nicho familiar bien espacioso donde sólo es menester abrir un agujero para seguir alojando cadáveres. Después se cierra toscamente, se graba otro nombre en las lápidas que le dan apariencia honorable y hasta dentro de unos años. Puede que el próximo ocupante sea yo mismo. O alguno de mis yoes, qué más da.


Estos días querría visitar el panteón donde se encuentra aquella imagen portentosa, la de los campos de vides que suben las lomas, dispuestas en orden guerrero, como el bronce de los ejércitos refulgiendo al sol en oleadas mientras Marte, indeciso, tremendo, vaga dudoso entre ambos frentes. ¿Dónde reposan esos versos?

También me exigen respeto un par de párrafos muy bien labrados en que el señor se despide de su criado, pidiéndole que no aliente vanidades pasadas ni esperanzas imposibles. Y muere en ese momento porque lo ha elegido así. Transformado en sí mismo.

Por último, en algún nicho debe de estar cierta frase repetida y una sensación triste de vacío en el personaje que se ocupaba de leer cartas muertas y tenía una tapia por horizonte desde su ventana.

El paisaje de la foto soporta una estética nevada. Debería servir de metáfora. Quizá de la situación de la novela en estos tiempos, quizá del barbecho en que se encuentran las potencias creativas. Tengo el pico y el capazo ya prevenidos. ¿Alguien me acompaña?

domingo, 5 de abril de 2009

Se acabó la fiesta, queridos



Tengo grandes esperanzas puestas en esta crisis, eso es bien cierto. También sospecho que pronto me sentiré defraudado y mis altísimas expectativas se irán todas a tomar viento.

Siempre a la caza de símiles apropiados, no he tardado en incorporar a mi imaginario la situación presente como correlato un poco tardío de la caída del bloque comunista. Desde hace tiempo esperaba que un cataclismo de parecidas características sacudiera al capitalismo, aunque sólo fuese por motivos higiénicos.

Dado que cada ocho o diez años tenemos un tembleque de intensidad variable que nos vuelve a los miedos más elementales, éste debería servir al menos para sacar la porquería que todo sistema engendra inevitablemente. ¿No dicen que es tan inusual? Pues vamos todos a picar del banquete.

-No es cierto: yo tengo el recurso a la memoria. Mi adolescencia se adobó en otra crisis, la del petróleo de 1973, y ésa sí que fue cosa seria. Y larga. Y acongojante-.

De todos modos, estoy convencido de que la abulia en que vivimos desde hace décadas en nuestro mundo occidental, y especialmente en este país, necesita de una dosis razonable de hostias para desperezarla.

Crisis quiere decir revulsivo, quiere decir acción, ver las cosas desde otro punto de vista y no aceptar los valores que han quedado desacreditados por su ineficacia como referencias de futuro. Si no se aprovechan las situaciones de bancarrota para adaptar nuestro queridísimo sistema y meter mano a los que nos han abocado a esta sopa boba suicida en que nos venimos rebozando, ¿por qué motivo no se van a repetir dentro de una década?

Pensemos ahora en el mundo literario: ¿vamos a seguir leyendo las cositas descafeinadas y las mierdas preconcebidas para vender por millones? ¿Aceptamos pulpo como animal de compañía y a las figurillas del momento como lo mejor que se puede conseguir? Ahora que, paradójicamente, hay más variedad de publicaciones que nunca, ¿seguimos con Planeta, Alfaguara y sus adláteres o pasamos a otras editoriales que nos ofrezcan algo que tenga que ver con la realidad y los verdaderos intereses de la gente?

Por último: ¿No van a cambiar nunca ni van a poder regularse los cambalaches denigrantes de tantísimos premios literarios? Porque ríanse ustedes del caso Gürtel si echamos un vistazo a los premios organizados por Planeta, Algaida y otros tantos.

Sencillamente, no veo motivos para dejar las cosas como estaban hace unos meses. Ni uno solo.

viernes, 3 de abril de 2009

Algo que se me antoja solvente después del tiempo

... Y no es poca cosa, dado que cada pocos meses procuro no soportarme más de lo estrictamente necesario. Por lo que he deducido que debo de ser malísimo escritor, a la vista de lo rebién que se admiten otros y se admiran, embobados, y se sorben los mocos literarios. En fin, ahí va este jarro frío:


AGUAS

Venid, aguas del día; no hay remedio
al quebrado suspiro de la muerte.
Sabréis lavar el ceño de las horas.

Llegad con paso tenue desde lentas cornisas,
cansadla con dedos de melaza.

La
blanda distracción, el punto horrible
en que embiste la fuerte y todo cesa.

Si algo nace después, que escape
largo al jadeo trastornado,
que no vuele en el círculo de restos,
que no se estanque más.

Vienen las aguas rotas a caer
desde el mismo registro de la espera.

Ya las sopesa el hombre. Se demora,
fracción de su congoja envuelta en ramos,
ahuyenta los temblores y su losa.

Dejad de respirar, aguas dolidas.
Nada os detiene aquí; tantas preguntas
para el légamo pasado y yo sin sombra.



martes, 17 de marzo de 2009

FAC NECESSARIA, NIHIL EXPECTA



Con el apoyo de este lema, no sé si en el mejor latín posible, soporté cuatro años de estupidez entronizada en el poder. Pero poder de verdad, el de escalafón y tentetieso, el de esto se hace así porque soy obtuso y lo celebro, porque puedo y mando.


No resulta fácil reducir el caletre al nivel de los tontos, pero peor es tener que bajar al de los hijoputas resabiados. Doy fe.


Yo, como suele sucederme, estaba en medio. Y había que aguantar. Y aguanté carros y carretas, pero los otros también se llevaron lo suyo, que no soy persona bonancible, de las de poner la otra mejilla. Eso lo dejo a los evangélicos y a su verborrea. Fíese usted de tanto corderito.


Suelo comentar que en ciertas situaciones uno averigua hasta qué punto es canalla y hasta qué punto excelente persona. Me sucedió redactando algún cuento de PARECE SEPTIEMBRE y también en mis dos trabajos anteriores en poblachos de mala muerte. Auténticos descensus ad inferos que preferiría evitar en lo sucesivo.


Por el momento, la tormenta ha pasado y el latinajo me parece irrebatible como programa de vida y de creación. Tiempos llegarán en que vuelva a utilizarlo, como si lo viera. Y seguro que en el ámbito literario funciona igual de bien que en el personal.

HAZ LO QUE DEBAS; NO ESPERES NADA.

Pesadez



Por cierto: ¿todavía hay alguien que no ha reparado en la evidente ironía del título "El mejor autor desconocido"? ¿Se puede ser más bobo? ¿Y más pesadito?


sábado, 14 de marzo de 2009

Poetas serios







No os preocupéis: hoy no voy a pontificar. Pero me parece que ya está bien de aficionados. Si queremos emoción, nivel de escalofrío, autentico zarpazo de sensibilidad, tendremos que leer a los grandes.

Por mi parte, no soporto con demasiada paciencia las melancólicas tontunas que nos quieren hacer creer cosa imprescindible. Son demasiados, reciben demasiados galardones podres y ya ni se esfuerzan por parecer originales.

Por debajo de los 45 sólo conozco una persona que -a veces- me deja boquiabierto: Lorenzo Oliván. Reproduzco una joyita -y no la mejor- de su último libro, "Hilo de nadie":

LEJANÍA DE UN RITMO

No sé nunca quién llama
desde detrás del pulso

Pero levanto
mi ardiente piel expuesta
a todo
sólo sobre su son

Vivo abierto en el aire
sobre la lejanía
de un ritmo que se basta
a sí mismo
a sí mismo

que desemboca en mí
o en el que desemboco

Lato
leve
en su voz


Pero ayer leía a Wallace Stevens -"La roca"- y me encontré con:

UN ANCIANO DORMIDO

Están los dos mundos dormidos, están durmiendo ahora.
Un enmudecimiento los domina en una especie de solemnidad.

El yo y la tierra: tus pensamientos, tus sentimientos,
tus creencias y tus descreencias, toda tu peculiar trama;

la rojez de tus rojizos castaños,
el discurrir del río, el discurrir del amodorrado río R.


Y luego un detalle idiota me recordó al clásico:

¡Ay Floralba! Soñé que te... ¿Dirélo?
Sí, pues que sueño fue: que te gozaba.
¿Y quién, sino un amante que soñaba,
juntara tanto infierno a tanto cielo?

Mis llamas con tu nieve y con tu yelo,

cual suele opuestas flechas de su aljaba,
mezclaba Amor, y honesto las mezclaba,
como mi adoración en su desvelo.

Y dije: «Quiera Amor, quiera mi suerte,

que nunca duerma yo, si estoy despierto,
y que si duermo, que jamás despierte».

Mas desperté del dulce desconcierto;

y vi que estuve vivo con la muerte,
y vi que con la vida estaba muerto.

¡Qué le vamos a hacer! La verdad es que me dieron muy poquitas ganas de seguir sufriendo mindundis.

lunes, 9 de marzo de 2009

Personajes




Durante los períodos de latencia siento a los personajes de la novela un poco aturdidos, varados en medio de una acción. Lo mismo les sucedió a Don Quijote y el vizcaíno durante varios capítulos sin que mediara la mínima queja, podría argüirse, pero en mi caso se oponen más. Se sienten más abandonados.

Hay un murmullo inconsciente que los activa "en la parte trasera del cerebro", como suelo indicar de modo bien impreciso. En realidad, no es ahí donde se exaltan, donde esperan con voces mal contenidas. Creo que se trata más bien de una de las periferias de la inteligencia. La que escinde el mundo de lo real y se adentra en la materia pura, la que sólo me importa y en la que soy capaz de existir, aunque de un modo extraño que a veces ni yo reconozco.


De vez en cuando surge una idea inusual, la contradicción apenas intuída que me asedia durante unas horas. Después, el silencio se ha teñido de reproches. Tengo que hacerles caso de nuevo, tengo que dejarles actuar. El viaje no ha acabado, replican. ¿Acaso no te interesa saber lo que hemos hecho mientras dormías?
Sí y no. Estoy interesado, como siempre, pero ahora me da más miedo.

domingo, 8 de marzo de 2009

Amistades

La amistad deja un resto agridulce en la memoria que nos lleva a repetir. Siempre hay una frase truncada a la que desearía ver el rabo. O ese pequeño placer, ese contacto que ratifica el momento y las cuerdas que nos amarran, aunque nunca tan fuertemente como debieran.

Es cosa de temperaturas, cierto, pero no ofende si la sopa llega tibia a los labios. Tampoco si alguna vez nos ha esquilmado el paladar y hace falta tiempo y distancia para volver a saborearla.

Creo que voy a hacer una llamada.

viernes, 6 de marzo de 2009

En la Ribera de Navarra, por supuesto


Letrero en la puerta de una barbería:
"SE AFAITA Y SE REGUVENECE QUE PAECE MENTIRA"

miércoles, 4 de marzo de 2009

De vivir



Algunos días establezco referencias. Otros, salto por los aires las tablas de la norma.

Reducido al ghetto perplejo de la observación, la voz que habita al fondo fermenta y gruñe airada, como si el culpable de ser tan José Mª fuera sólo yo.

Sé que existieron andamios en los que me columpiaba, considerándolos eternos. Cuando ciertos obreros míos los retiraron, parte de la fachada fue cayendo.

Hoy mismo he visto derrumbarse un atlante labrado en yeso que andaba cariado desde las últimas lluvias, las que dijiste que no me harían ningún mal.

Qué podría decir en mi descargo: Me tengo que concentrar.

Pero es que me tengo que concentrar.

lunes, 23 de febrero de 2009


(Cy Twombly)


La sensación de que algo íntimo falta, de que quien ha sido tantos años responsabilidad de uno y ya no está, en realidad sí me espera ansiosa al otro lado del respingo.

Así siento a diario la ausencia. Así me duelen las yemas de los dedos cuando intento escribir y no lo logro. Así respira jadeando la brecha que ha dejado.

jueves, 19 de febrero de 2009

"¡Estoy entusiasmado!" (Snorrek)


Siempre se agradece la compañía de personas inteligentes. La dama de la foto es Caryl Churchill, a quien acabo de descubrir por una obra de teatro llamada "Top Girls" que me ha parecido deslumbrante. En español sólo está editada por la revista Primer Acto, nº 308 de abril de 2005 -hay una versión de 1988 en catalán, pero dudo que sea accesible.

Aunque data nada menos que de 1982 -otra vez yo descubriendo mediterráneos a la altura de Benidorm- y se trata de una dramaturga muy influida por gente que no me interesa especialmente, como Bertoldt Brecht y la corriente feminista de los años sesenta y setenta, he de decir dos cosas:

1.- Que me encanta tener que corregir criterios anquilosados y revisar opiniones; al menos, en parte.

2.- Que el primer acto de esta obra es simplemente espléndido. Para que quien no lo conozca se haga una idea, diré que Marlene, una ejecutiva sin ningún escrúpulo que acaba de ascender en la empresa de búsqueda de colocaciones Top Girls, celebra una cena para celebrarlo. Sus invitadas son: una aventurera escocesa del siglo XIX, una cortesana japonesa que allá por el siglo XIII se hizo monja y recorrió todo el país en solitario, un personaje de un cuadro de Bueghel, la Papisa Juana, que vivió en el siglo IX y Griselda, la paciente esposa de uno de los Cuentos de Canterbury.

Todas ellas cuentan sus historias, hablan entrecortadamente, interrumpiendo el parlamento de las otras, exponen sus miserias de mujeres en un mundo sólo pensado por y para los hombres. El resultado es glorioso. Una de las escenas más brillantes que he leído en mucho tiempo. El resto de la obra quizá no sea tan espectacular pero es duro, muy duro. E interesante. Y muy divertido.
A ver cuándo pillo otras obras suyas. Hay dos editadas en Libros del Astilllero: "Far Away" y "A number".

¡Estoy en-tu-sias-ma-do!



Invitadas a la cena de "Top Girls", acto I.

lunes, 16 de febrero de 2009

Algo sobre realidades torcidas



Recordando a Nietzsche, hay que ver cómo las cosas se cargan de razón. Es cuestión de tiempo y persistencia, aunque ésta sea del tipo Doktor Goebbels. Y de que una plétora de creyentes aplaudan cuanto existe porque sí. Porque el mundo está bien/ hecho, que decía el poeta grande.

Yo no lo tengo tan claro. Si un buen día critico lo que no me gusta de cuanto afecta a mi vida literaria soy un envidioso -y fracasado y mal escritor, por ende, que todo va unido en según qué caletres-. Si no, parece que asumiera los presupuestos fraudulentos y mezquinos que rigen los premios literarios contaminados, pongamos por poner. A poco que se me conozca, es fácil ver que nada queda más lejos de mi intención.

En definitiva, la consigna es no poner en tela de juicio la dignidad y el honor de tantos premios de mayor o menor categoría que están dados ya de antemano o que son entregados con el mayor descaro al escritorcillo del pueblo vecino. Ahora bien; si alguien tan iluso y tontaina como yo los critica, ahí sí hay motivo de escándalo. Señores, esto es el mundo al revés. El fariseísmo de los paniaguados y los crédulos de baba ha llegado a tal grado de osadía que difícil es decir ahí me duele sin que dejen ver las fauces.

En fin, yo sigo con lo mío. Prefiero preguntarme con Heidegger por qué lo que existe es. Aunque tampoco me hace falta recurrir al argumento de autoridad, que para discrepar me las pinto solo. He dicho.

miércoles, 11 de febrero de 2009

domingo, 25 de enero de 2009

Lindezas II



...De donde se deducen varias consideraciones.

Como que el escritor -el creador, en general- no tiene por qué ser un experto en su materia, ni siquiera necesita pasar de lo que se podría considerar un buen aficionado. Sin embargo, creo que sí debe ser un excelente lector.

Un lector sin demasiados complejos, capaz de apreciar las fuentes más variadas y que, ante todo, disfrute y conozca la tradición -lejana y próxima, tanto da- para no decir barbaridades como las que he escuchado sobre figuras indispensables de nuestra literatura a Andrés Trapiello, pongamos como ejemplo cercano y conocido allende la provincia. O quizás fue sólo finura lo que le faltó. De todos modos, podría habernos ahorrado el placer de su "continuación" del Quijote. En fin, vamos a dejarlo, que luego me busco enemigos. Aunque, dado su natural deleitoso y madura disposición ante los que considera sus "rivales", casi parece oportuno reseñarlo.

Ahí es donde radica la diferencia entre tiempos no tan alejados y la actual patulea de escribientes: en la ignorancia de la tradición por parte de muchos de ellos. No digo " de los clásicos", pues parece cosa apolillada y poco actual, pero es que una obra se considera tal cuando ha trascendido su época, las circunstancias concretas que la forjaron, la apreciación o frialdad de sus contemporáneos. Entonces pasa a tener una entidad intemporal, ajena a localismos y querellas anodinas. Entonces se hace clásica y tiene algo que nos atrae décadas, siglos, milenios después. Que se lo pregunten a Gilgamesh.

No conocerlos es empobrecer de tal modo los recursos que aboca una producción literaria a no ser tenida en cuenta nada más desaparece de las mesas de novedades, suponiendo que haya accedido a tal honor. O a descubrir el Mediterráneo sin tregua. Esta vez no pongo ejemplos, y no porque me falten. Es que a veces soy comedido.

Claro que también están quienes reivindican la literatura de usar y tirar. Me gustaría saber qué convencimiento íntimo les lleva a lanzarse por ese acantilado. ¿Lo aventuro? No; mejor, otro día.

sábado, 24 de enero de 2009

Más lindezas de YouTube



Otra de las maravillas de YouTube es que, debajo justamente del video que has elegido escuchar, puedes leer las perlas de sabiduría que otros como tú han dejado al respecto.
Me apeteció el otro día oír el Concierto para cello de Lutoslawski, en este caso interpretado por Yo-Yo Ma. Sólo había algunos extractos del final... Bueno, me quitó el mono.

Los mensajes eran variados, aunque abundaba el tono crítico. No sobre la interpretación, que sería lógico e incluso deseable, pues siempre se puede aprender. Tampoco sobre la obra en cuestión, sino sobre la "corriente dodecafónica", "el serialismo" y la música clásica contemporánea, por extensión.

Al principio creía que estaba leyendo mal. Sin embargo, es así. Hay bastantes personas que se acercan a escuchar el fragmento -gratis, claro, como todos- y se permiten el lujo de comentar que los críticos son los únicos que apoyan ficticiamente este tipo de "experimentaciones", que si no se puede componer desde la famosa torre de marfil, aislado de los gustos mayoritarios, que si todo eso es "basura musical"...

A estas alturas, la burricie más consolidada se permite poner de vuelta y media toda una centuria de creación musical del más alto nivel despachándola como "serialismo vacío que debe ser constantemente promovido por los críticos para permanecer actual". Y la acusan nada menos que de "no ser popular". Increíble.

Si son incapaces de esforzarse por apreciar la tendencia musical, por llamarla de algún modo simple, que se instauró hace ya la friolera de cien años, que no se empeñen tampoco en penetrar los arcanos de la pintura posimpresionista. Todavía les faltan varias generaciones para llegar a Van Gogh. Claro está que pintaba de un modo tan raro...

P.D.: Esto viene a cuento de varios comentarios sobre literatura actual que me han llegado en las últimas semanas. También son de traca. Habrá que aceptarlo: estamos en el reino de los reductores de cabezas.

martes, 13 de enero de 2009

Piece of my heart, baby



"Take it, take another little piece of my heart now, baby". Y ese riff de guitarra poderoso, y esas melodías estremecedoras, y el poder de toda la carne y sangre y el sudor puestos al límite del ritmo.

Quién consiguiera verter tanta inmediatez, el momento de la victoria y también la destrucción absoluta, el éxtasis que remeda el orgasmo pero no lo es. Porque no necesita sino repetirse y repetirse, no se agota sino en su propia esencia.

El prodigio de una voz acunada en olas que son suyas desde el mismo inicio del cantar. De unas cuerdas lanzadas a la contención que rebosan cuando resisten y se expelen en la renuncia.

-Deseaba tanto ser músico, volcar las emociones en un recipiente menos frío que estas líneas-.

Summertime, ¿por qué no? 1969. Nunca existí en aquel concierto, no entendí la divisoria, las aguas del tiempo no me urgieron. Y ahora, sin embargo, beso a Janis por haber conmovido tanto como excedía en Hendrix, por su augusta selección de lo mejor.

Con palabras puntear la tensión. Con el párrafo exacto rendirse a la excelencia.

En el ámbito de lo escrito, no otra cosa quise hacer en 2003. Quién sabe si el eco de las matrices se reflejó medio muerto en aquellas páginas. Yo, sinceramente, me inclino ante los maestros, las voces de los pasados que aún están. Vivo sin ser.

sábado, 3 de enero de 2009

Engaños y apariencias

Tengo una compañera de trabajo, muy rubia y vistosa ella, que acostumbra a obrar como le viene en gana y a decir lo que le sale del mismísmo corvejón. Hay que añadir que la chica, que en realidad es un encanto, tiene su punto de pijilla y al principio me cayó fatal. Luego hicimos buenas migas y por eso la saco a colación en este foro, teóricamente de intención literaria.

Porque ya estoy harto de recibir comentarios despectivos sobre la engreída, la provocativa y exagerada, porque a dónde va vestida así, se ha pasado dos pueblos, piensa que puede estar tratando libremente con todos y dejarles ver lo que luego no va a ser de ningún modo... Las opiniones de costumbre.

-Afortunadamente, trabajo en un ambiente muy educado y expresiones como calientapollas o putón verbenero todavía no son bien recibidas. Todo se andará-.

De algún modo, me veo retratado. Mis dotes físicas no se acercan en lo más mínimo a las de esta chica, por ahí no albergo preocupaciones, pero no es la primera vez que detecto esa misma repulsión por parte de la jauría, la masa que espera un desliz. Igual da que sea alguien establecido que el que espera llegar a costa de los otros. Conozco la manera sutil de poner el cuerpo en medio para expulsar al indeseado, de escapar con el botín cuando los otros no están alerta, de ser invitado a lo que se desea -o eso piensan ellos- y procurar que no se entere nadie más.

Cuando tenía quince años puede que me hicieran daño. Ahora, desde luego, prefiero quedarme aparte diciendo tonterías con quien no exige nada ni pretende aparentar lo que no es. Y a quien tengo un cariño enorme, como no podía ser de otra manera.

viernes, 2 de enero de 2009

El lado luminoso



También hay ráfagas de felicidad que siempre, siempre, llegan del modo más imprevisto y cuando nada haría pensar que. A veces es sencillamente un brillo específico en la mirada de quien te dice lo que no quieres creer. Lo que nunca crees ni borracho. Lo que desean que creas a pies juntillas, y vamos a dejar de lado las motivaciones de tan buena gente, porque no suelo entrar en esos huertos.

Pues el otro día, y yendo a lo estrictamente literario, alguien me aseguró que había terminado de leer PARECE SEPTIEMBRE -no sabía ni que la había comprado- y que bien, muy bien. Se había divertido de lo lindo y apreciaba la descarga imaginativa y el giro imprevisto de historias que parecía conocer de antes, aunque no era así. Y bla, bla, bla.

Como el síndrome de Casandra sólo afecta a mi lado tenebroso, los elogios me cogen desprovisto de artillería y más bien torpe y desmadejado. Desconfío como esos perros callejeros que, en cuanto te agachas, salen chillando hasta la siguente esquina. Sin embargo, los ojos de la elogiosa brillaban de modo perceptible. Tuve que reconocer la veracidad de su sonrisa y apostar a qué sí.

Vaya, pues me hizo feliz. Ya veis qué simpleza.

Enormidad de lo diminuto


Los viejos malos rollos continúan a pesar de los dígitos. También las sorpresas felices.
Vuelto del oscuro corazón de la provincia, recuerdo antiguos gestos olvidados, datos que acuden por sorpresa y me hacen sonreír, encuentros fortuitos.

Todo queda en el archivo, que a veces siento víctima de fantasmas desfiguradores y cargado de humedad. Orearlo a tiempo ahorra conflictos con uno mismo. Es como la ingente cantidad de porquería que abandonas en cada mudanza. Difícilmente te habrías deshecho de esos apuntes de la facultad o de las tarjetas cursis de cumpleaños. La falta de espacio proporciona una buena excusa.

Así es volver a mi pueblín. O pueblines, porque los tengo por parejas. Y cómo detesto que me vean y tasen y comprueben sin dirigirme el mínimo saludo.

Y qué bien hice exiliándome de ahí cuando llovían.

sábado, 27 de diciembre de 2008

Más madera



Pero qué demonios, si estaba hojeando el libraco de la Rico -Casa del Libro de Gran Vía, método de la apertura súbita, como es tradición- y en un punto cualquiera he tenido que leer un beso en que "se entrelazan los labios y también los dientes", si mi memoria espantada no me falla.
Claro está que debo de ser analfabeto, porque la campaña de promoción que le están haciendo es de campanillas. Hasta por radio la he sufrido.
Esto obedece, entre otras mafias, al estado de inanición cultural en que lleva tiempo sumergido este país. De aquellos polvos civiles nos vienen estos lodos incapaces, intolerables. Se trastoca lo evidente y surgen genios del más vivo del corral. Aunque duren centésimas.
Pero esto lo trataremos otro día con mejor temple. Ahora necesito un par de vinos. Ya.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Ahí va la mía



Eugenia Rico, una excelente escritora; su último engendro, algo muy recomendable; la espantosa portada que la adorna, el colmo del lirismo.
Hostia, qué despistado estoy. Nada me cuadra. Pero será cosa del malestar de fin de año: las mierdas me siguen pareciendo lo que son. Aunque florezcan en el terruño.

De todos modos, cuesta reconocer a las personas de antaño en las mezquindades de hogaño. Hubo un borges -creo recordar- que afeó la afición de los españoles por los malos poetas. Pienso que se refería más bien a nuestra afición al sobeteo de camisa, al do ut des. De ahí la imposibilidad de decir a quien conocemos un "sí, pero no, de ningún modo".
Probablemente pase lo mismo con el que suscribe. No lo sé. Prefiero considerarme más tonto, más alejado del cotarro, menos feliz, más lo de siempre.

Y es que debo de ser masoca, pero me gusto así.

martes, 9 de diciembre de 2008

Crudités (III)


Los que no tienen altura, cositas insustanciales.

Los que valen, y a veces valen mucho, entretenimientos, fuegos de artificio, vana fanfarria, que diría el clérigo de antaño.

¿Seguro que este es el camino para hacer algo que dentro de meses -no décadas o simples años: meses- sea posible recordar?

domingo, 7 de diciembre de 2008

Micuit (II)


De mis incursiones como lector más que atento por el grado cero de la literatura, que en los últimos tiempos compagino con tontadas del estilo de la Odisea o las Bucólicas, para rebajar tanta maravilla, he extraído enseñanzas muy provechosas.

Una de ellas es la sensación de que bastantes escritores -eso dicen que son- producen sus cosas más como terapia personal que porque se hayan planteado algo en la vida.

No sé si me explico: hablo de esos artistazos que narran porque sí las gilipolleces que les suceden cualquier día, las adoban con cierto tono existencialmente vacuo -suponiendo que lleguen a tanto- y ya está. Relato conseguido.

Todo en primera persona, por supuesto. Así no se embarullan con puntos de vista, adecuación del vocabulario, mentalidad del narrador y otras sutilezas que amargan a los demás. Que somos los tontos, desde luego. Los que nos planteamos problemas estériles y, total, para qué.

Sin ir más lejos, las cosas publicadas por cierta asociación local de escritores que me han sugerido estas reflexiones son de no parpadear. Dejando aparte a otros innombrables, varias de las chicas me han provocado experiencias psicodélicas. Hay que ver con qué gracia se expresan las jodidas. Parece que hubieran nacido para el asunto. En fin, no quiero seguir porque se me escapa el verbo y parecerá cosa de misoginia cuando se trata sólo de gusto literario. Gusto, capacidad, lecturas, cultura, inteligencia artística -y de la otra-, etcétera. Es que son insufribles, malísimas y, lo peor: no cuentan nada. Tampoco lo pretenden.

La plaga parece algo habitual, porque incluso escritores mucho más asentados -vamos a poner a Millás entre ellos- llevan bastantes libros haciendo alarde de técnica y sin contar cosa de interés.
También Menéndez Salmón, a quien he sondeado este verano, últimamente comienza con gran altura y a las veinte o treinta páginas ya suele naufragar en verborrea suficiente, en exhibiciones facilonas o en un desorden estructural que parece mentira. Con lo aplicado que se ve.

¿Queda claro ahora por qué me dedico a releer la Odisea?

miércoles, 29 de octubre de 2008

Documentación (I)



He de decirlo ya: en los últimos tiempos no soporto a los estúpidos.

No me refiero a los ignorantes sencillos y tradicionales, los que no se interesan por la cultura aunque lluevan bibliotecas y reconocen que no son en absoluto competentes en la materia. A esas personas las respeto, cuando menos -ya que no siempre logro apreciar su encanto montaraz- porque se dedican a lo suyo y no entran en jardines ajenos. De hecho, cualquiera de nosotros somos auténticas acémilas en tropecientas materias de las que no sabemos ni el abecé.

Los que me irritan son esos entrometidos que se consideran capaces de opinar sobre lo que no entienden. No han leído más que bazofia muy bien empaquetada para regalo de navidades, nunca se aventuran a hojear lo que no es de consumo general o no aparece en los catálogos del Círculo de Lectores y, sin embargo, opinan: "Yo pienso que esta novela es muy aburrida". "Opino que no atrapa la atención del lector". "Para mí los personajes son poco interesantes". "Creo que el argumento no se sigue con claridad".

Comentarios de este calibre y otros mucho peores llevo constatados en las últimas semanas respecto a novelas que, bien me han parecido interesantes, bien considero que, no siendo una maravilla, ni de lejos se merecen estas críticas absurdas. La pregunta que deberían responder antes de permitirles abrir la boca es: "Bueno, pero ¿cuál es su pedigrí? ¿Cómo se atreve a opinar?"

Porque el derecho constitucional a expresar la opinión no quiere decir que ésta tenga un ápice de sensatez o inteligencia -hace poco nuestra adorada reina acaba de dar un par de argumentos al respecto-. La democracia, deseable en política, no rige en el mundo del conocimiento ni de las emociones estéticas. No hay un rasero que iguale las creencias de todo el mundo. Existe el canon, la jerarquía de conocimientos y la experiencia. Existen el buen gusto y la razón, aunque suene a coñazo de anticuario. Hay un orden -discutible, pero orden- y un modo de criticar que no es el simple "yo pienso que" desprovisto de argumentos. Porque lo cierto es que tales cernícalos nunca piensan: reproducen eslóganes ajenos. En definitiva, para ser capaz de decir algo relevante hay que entender. Y para entender hay que haber estudiado, leído, aprendido, se exige un esfuerzo previo que no están dispuestos a acometer.

Paradójicamente, en el mundo de la literatura un escritor cualquiera se ve expuesto a comentarios de diversa índole formulados por gentes que no saben por dónde les pega el aire. Ni han leído a los clásicos, ni saben de literatura, de estilística, filosofía o cualquier otra disciplina que sea de aplicación en el caso que nos ocupa. Sin embargo, sueltan por esa boquita lo que les place y ponen a caldo una obra que queda kilómetros más allá de sus cortas entendederas.

Hace pocos días un ex-político se permitió el lujo de opinar sobre el cambio climático. ¿Qué entiende de la materia? Nada, confesó él mismo. ¿Es experto en otras disciplinas relacionadas con aquella sobre la que expele sus rebuznos? En absoluto. Pero opina. Por supuesto que sus ideas son de echarse a correr y no parar, pero cuando nos damos cuenta ya ha lanzado la mierda que lleva dentro con esa falsa aureola de poder que todavía retiene. "Es que fue presidente". ¿Y?
Un indocumentado que opine sin más argumentos que los dictados por su juicio analfabeto sobre la última obra de Millás, pongamos por caso, cree merecer consideración e incluso aplauso. ¡Hay que joderse con la mierda del mercado! Lo lamento, pero ese individuo no puede opinar. No, porque no está capacitado para rebasar los límites de su persona y todo lo que diga será tenido por nulo. De hecho, en una república perfecta habría que enterrar en estiércol hasta la barbilla a esos delincuentes del sentido. Para que aprendieran a tener la boquita cerrada.

lunes, 27 de octubre de 2008

Cuestión de distancia (0)



Conociendo de cerca los males de la patria, que diría el clásico, más de una vez me he preguntado por qué las mismas actitudes despreciables se reproducen en cada generación.

Apenas crees que los viejos -y tremendamente longevos, porque son tan flojos intelectualmente como duros en lo vital- ya han desaparecido, cuando te enteras de que están llegando los nuevos alevines de mamarracho. Algo tiene que alimentar tanta fertilidad. No puede ser gratuita.

Buena parte de la culpa la tiene la escasa categoría cerebral de estos atletas de la maledicencia y el sobe de camisa, estos peones de la cuadrilla y las adhesiones inquebrantables, pero no se puede dejar de lado el asunto de la distancia.

Hojeaba hace un rato el blog de alguien conocido que pretendería escribir si en sueños aprendiera cómo se hace. Es una cosa insulsa, aunque no puedo negar que bastante variada y dolorosamente parecida a su autor, a quien pensé apreciar en su momento. De pronto, leyendo una más de sus consideraciones sobre la nada en que vive inmerso desde hace tantos años, he caído en otra causa más de tanta insidia, de tanto yermo intelectual: la falta de distancia.

En mi caso, la entendía como sensación de ahogo físico, palpable. De certezas aberrantes y carencia absoluta, de estar gritando en el vacío. Todavía me saluda al volver tras meses de ausencia favorable, pero la conozco bien y sé cómo darle la espalda. A veces se me insinúa por la red. Latet anguis in herba, como dice el latinajo. Paso el mal trago y que le den.

Cuando pude salir del lugar decidí que nunca más volvería. También, que ahí no tenía nada que hacer ni me dejarían tenerlo por más años que pasara a su lado. Dándonos de bruces, fingirían no conocerme. Y, por el momento, no me he equivocado. O será que yo no estoy donde me engendraron y detecto las lacras a distancia. Con lo que me valen dos ventajas: que no duelen tanto y que las comprendo mejor.

Por lo menos, produzco bien o mal, pero en un ambiente más fértil. No ya por lo bien abonado, pues mierda se encuentra en todas partes, sino por lo despejado de yedras y carbunco. Ni me acojo a la sombra de mindundis que acaban por agostar lo bueno que se tenga ni sufro el acoso de los envidiosos que se ceban hasta donde no parece que hay materia orgánica que depredar. Ellos la encuentran, sin duda.

¿Verdad, don Esquivo, cuando el otro día espiabas esa reunión que nadie pensaba ocultar? No sé cómo puede acecharse lo que está abierto al público, pero me gustó verte salir a hurtadillas. En tu línea.

sábado, 18 de octubre de 2008

El 6 de junio de 2005, creo que sería...



...Cuando me llamaron de la editorial Punto de Lectura. Qué risas, oye: habían encontrado un original de PARECE SEPTIEMBRE amontonado entre otros por causa del traslado de su sede general y el título les había llamado la atención. Vaya, que les gustaba mucho la novela y estaban interesados en publicarla. Interesadas, mejor dicho, porque todas las personas implicadas en el asunto fueron mujeres. Lo curioso es que no recordaba haberla enviado a esa editorial, pero vaya, sería otro de mis despistes.

Pues eso: aquello fue un lunes y no me venía bien acercarme en horario de mañana hasta el lunes siguiente, sobre las doce. Por lo que durante toda una semana tuve tiempo de hacer las ochocientas cuarenta y nueve cábalas locas que es lícito en estos casos y en avisar a deudos y amigos -afortunadamente, fui cauto y sólo llamé a unos pocos- y en mesarme los cabellos de alegría y dar paseos con Oli, mi pastor de brie, escrutando el destino y todas las posibilidades de la situación. Todas, menos una.

El lunes siguiente me planté en la sede, Juan Bravo, 38, en pleno barrio de Salamanca. En la planta de calle estaba la librería con todas las publicaciones del Grupo Santillana y de Punto de Lectura, por supuesto. Pensé que no me cuadraba mucho su interés por mi novela, dada la bazofia de best-sellers y ediciones en bolsillo de éxitos anteriores que atestaban los expositores, pero el tiempo se echaba encima. Tuve que subir a un primer piso más bien lujoso donde estaban las oficinas, con su vigilante uniformado que me preguntó el nombre y el motivo de mi visita, para más imponer.

Una vez me dejaron paso libre avancé de acuerdo con sus intrucciones. Mesas y mesas de gente atareada en atender las múltiples pantallas . Dos mujeres vinieron a mi encuentro. Las dos, algo más jóvenes que yo. Mª José se llamaba una. Del otro nombre casi prefiero no acordarme, y eso que sus tarjetas deben de andar todavía por ahí, en el cajón de las ficciones que casi fueron. Esperad un momento, ya lo he encontrado: Mª Jesús Asensio y Mª José Guitián se llamaban. Bonita pareja, las dos.

Un par de besos. Muac, muac. Desde el primer momento me saltaron las alarmas. No había motivo aparente, pero tengo un olfato privilegiado para las cosas que no me van a gustar. Lo bueno se me escapa, pero lo malo... Vamos, que había algo sospechoso.

Comenzaron diciendo que habían esperado a verme porque me querían conocer en persona. "Sí, claro, habíamos quedado en vernos hoy, ¿no?", repuse, algo inquieto. "Pues verás", me dijeron. "Hemos hablado con la jefa de ediciones y nos ha dicho que no es posible la publicación. No porque sea una mala novela, no se trata de calidad. Es un problema comercial. La directora no confía en que tu novela se pueda vender. Es impublicable. Sólo es eso. El mercado es el que manda".

Como es lógico, no supe qué decir. Dijeron más cosas, se explicaron con todo lujo de detalles -de mentiras, sería más aproximado- pero no recuerdo ninguna. Me había imaginado cualquier circunstancia, pero esto rebasaba toda medida. ¿Para qué me habían hecho aguardar toda una semana? ¿Sólo por conocerme? ¿La jefa en cuestión las había obligado a deshacer su torpeza en persona, a modo de escarmiento? ¿Era simplemente una burla?
Entre las brumas del desconcierto y la furia de color rojizo que me estaba arrasando recuerdo que aún tuvieron el cuajo de interesarse -en falso, claro- por si estaba escribiendo algo nuevo. Y yo fui tan cretino de hablarles con la boca seca y voz no muy firme de LOS DÍAS Y LA NOCHE, entonces en proyecto. Asunto que les apasionó hasta el punto de pedirme que se la enviara cuando estuviera lista. Y que si me interesaría escribir sobre no sé qué hostias de temas de actualidad, ya que iban a sacar una serie de libros de divulgación variada, y yo que por qué no, y tal y cual.

Cuando salí pensé que, afortunadamente, trabajaba esa tarde. Era la temporada de más agobio, así que no tendría tiempo de pensar en nada. Ni ese día ni todos los que siguieron. Recuerdo que tardé bastantes semanas en recuperarme anímicamente.

Por eso ahora dedico a esas dos tipas la edición de PARECE SEPTIEMBRE. Espero que ellas y su jefa invisible se hayan convertido en mejores profesionales. Cosa poco difícil, por otra parte. Y ya nos veremos en otra ocasión: el camino es largo. Con todo mi afecto.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Dicho de otro modo: ¿cuál es el motivo?

El que nos induce a perder incalculables horas esforzándonos en la escritura de cualquier novelucha que, en el mejor de los casos, va a encontrar enormes dificultades para salir a la luz, si al final lo logra. PARECE SEPTIEMBRE fue concluida a principios de 2003 y el otro día la presentábamos. La cosa tiene bemoles. Y eso que no he contado una de las anécdotas más sabrosas, la que me sucedió cuando, allá por 2005, la editorial (o algo así) Punto de Lectura se interesó por mi novela. Lo dejo para otro día en que me encuentre más risueño.

Pero decía que hace falta tal fuerza de voluntad para llevar a cabo -con algo de solvencia y honradez, por lo menos- un proyecto literario de aquellos en los que me suelo embarcar que cuando estoy sumergido no puedo ni imaginar cuándo acabaré, cuál será el resultado final, qué impresión causará entre sus primeros lectores.

En ésas estoy ahora mismo, medio decepcionado de cómo están yendo las cosas con algo que debería tener ya casi olvidado pero insiste en volver a amargarme y a mitad de LOS DÍAS Y LA NOCHE, título definitivo de una novela que se resiste a dejarse domeñar. O yo me resisto a sumergirme de lleno en otro universo, a la vista de lo que se obtiene con estos desvelos.

A veces me encuentro donde no me gusta verme. Y nunca, nunca estoy charlando con nadie de asuntos que me importen.