Blog de José Mª Milagro-Artieda dedicado a dar cuenta de sus obsesiones (no solo literarias) y cualquier otro tipo de sandeces más o menos interesantes.
lunes, 28 de marzo de 2011
domingo, 20 de marzo de 2011
Para ser antipático y muy desagradable (en literatura)
Voy a ser impopular una vez más. Voy a defender ideas incorrectas.
Primero, en literatura, que conlleva menos riesgos de perder integridades anatómicas, si bien a la larga de una carrera modesta como la mía puede ser más perjudicial.
Alguna vez he hablado de mis fobias y creencias literarias. Una de las más acendradas es la certidumbre de que no cualquier tema es objeto de tratamiento artístico, al menos, en cualquier género. Y hablo no como lector, ya que podría tragarme cosas impropias por desconocimiento o perversión del buen juicio, sino como novelista y poeta. Ahí es más difícil el engaño.
En efecto, no vale todo. Los criterios de adecuación y decorum, por muy trillados que estén, son más necesarios que nunca en esta época de debilidad intelectual. Si da lo mismo culto que indocumentado y experto que advenedizo también se truecan los valores de bueno y putamerdoso, exquisito y del montón.
Cada día vemos a personajillos que opinan (verbo infausto) con total desfachatez a pesar de no saber nada sobre el asunto víctima de sus opiniones. Cualquiera con buen criterio valoraría sus excrecencias con el mismo rasero que el lodo de pocilga y los mandaría a producir más por esos oteros pero no, queridos niños. Hete aquí que se merecen todo el respeto (según se ve hay que respetar opiniones, no a las personas y su derecho a emitirlas). Por lo mismo, sus exabruptos valen lo que las personas que los eructaron.
Así que, volviendo al asunto, afirmo que no da lo mismo escribir sobre zapatos en un folleto publicitario que en cierta novela de alguien que fue bueno y por decisión propia se ha quedado en artesano resultón. Ni se puede atinar en alejandrinos(1) con lo que se expresa mejor en prosa. Todo lo lírica que se desee, pero prosa.
Por lo mismo, las ideas que a veces dan lugar a cuentos memorables no pueden aplicarse sin más a la complicación
y longitud de una novela. Así, vemos narraciones que se arrastran por interminables cientos de páginas y, si bien las consideramos, en cincuenta ya habrían terminado con lo (poco) que iban a decir.
Los límites de los géneros, siempre puestos a prueba, estoy convencido de que pueden dar más de sí, pero llegarán a un punto en que la cuerda se tensa demasiado, rompe y todo se cae. En literatura también hay ciertas imposibilidades. Básicamente, las que limitan con la falta de talento.
(1) Qué más quisiera que los poetas del momento abandonaran el tabulador, tecla que blanden como cizalla para cortar mala prosa y compusieran algún verso contrastable con el más lejano atisbo de lírica. Ahí sería yo todo mieles, pero no.
Primero, en literatura, que conlleva menos riesgos de perder integridades anatómicas, si bien a la larga de una carrera modesta como la mía puede ser más perjudicial.
Alguna vez he hablado de mis fobias y creencias literarias. Una de las más acendradas es la certidumbre de que no cualquier tema es objeto de tratamiento artístico, al menos, en cualquier género. Y hablo no como lector, ya que podría tragarme cosas impropias por desconocimiento o perversión del buen juicio, sino como novelista y poeta. Ahí es más difícil el engaño.
En efecto, no vale todo. Los criterios de adecuación y decorum, por muy trillados que estén, son más necesarios que nunca en esta época de debilidad intelectual. Si da lo mismo culto que indocumentado y experto que advenedizo también se truecan los valores de bueno y putamerdoso, exquisito y del montón.
Cada día vemos a personajillos que opinan (verbo infausto) con total desfachatez a pesar de no saber nada sobre el asunto víctima de sus opiniones. Cualquiera con buen criterio valoraría sus excrecencias con el mismo rasero que el lodo de pocilga y los mandaría a producir más por esos oteros pero no, queridos niños. Hete aquí que se merecen todo el respeto (según se ve hay que respetar opiniones, no a las personas y su derecho a emitirlas). Por lo mismo, sus exabruptos valen lo que las personas que los eructaron.
Así que, volviendo al asunto, afirmo que no da lo mismo escribir sobre zapatos en un folleto publicitario que en cierta novela de alguien que fue bueno y por decisión propia se ha quedado en artesano resultón. Ni se puede atinar en alejandrinos(1) con lo que se expresa mejor en prosa. Todo lo lírica que se desee, pero prosa.
Por lo mismo, las ideas que a veces dan lugar a cuentos memorables no pueden aplicarse sin más a la complicación
y longitud de una novela. Así, vemos narraciones que se arrastran por interminables cientos de páginas y, si bien las consideramos, en cincuenta ya habrían terminado con lo (poco) que iban a decir.
Los límites de los géneros, siempre puestos a prueba, estoy convencido de que pueden dar más de sí, pero llegarán a un punto en que la cuerda se tensa demasiado, rompe y todo se cae. En literatura también hay ciertas imposibilidades. Básicamente, las que limitan con la falta de talento.
(1) Qué más quisiera que los poetas del momento abandonaran el tabulador, tecla que blanden como cizalla para cortar mala prosa y compusieran algún verso contrastable con el más lejano atisbo de lírica. Ahí sería yo todo mieles, pero no.
miércoles, 16 de marzo de 2011
De cómo desbordar el vaso
Hablando el otro día (con Sandur, entre otros) sobre la epidemia de esterilidad que parece arrasar el solar patrio, sobre los procesos creativos y las circunstancias que pueden suscitarlos, comentaba alguien, quizás yo mismo, que la capacidad de crear es algo como sucede en la película japonesa "Agua tibia bajo un puente rojo": un caso de desbordamiento agudo.
Cuando el cerebro (el cuerpo de la protagonista, en la peli) se siente repleto de sustancia necesita soltarla en forma de riada torrencial. Cuesta que empiece pero luego no deja de fluir hasta que se acaba el episodio o la novela. Si no se realiza esta operación el cuerpo está hinchado, el cerebro se estraga y puede haber malheridos.
Hasta ahí, nada novedoso. Lo tengo comprobado desde hace bastantes años. Peor es cuando el cerebro no llega a colmatarse y esta situación se prolonga durante meses, años incluso. Tampoco puede decirse que esté tam quam tabula rasa, como el de un aficionado al fútbol por televisión, pongamos, pero no llega al umbral crítico. Ahí sobreviene otra tragedia, que es la afición de tantos cuasi-estériles por cometer novelas en estado mi cuit. Una por año, si lo exige el editor. Y que no decaiga.
Ante ese vicio, garantizado por el mecenazgo liberal de tantos premios amañados, poco puede hacer una república pusilánime y mezquina como la que disfrutamos. Por mi parte, pretendo seguir el consejo de los que saben y llenar mi sesera de las gilipolleces que comparto con ustedes hasta que haga aguas por todas partes. Veremos qué sale de todo ello. Los tendré por testigos.
martes, 15 de marzo de 2011
Raquel Andueza y La Galanía
Hace poco escuché a esta soprano navarra en el Auditorio y qué puedo añadir al vídeo, salvo que en directo es aún más intensa. No obstante, salí del concierto con la sensación de que me había perdido algo.
Es que el barroco, por muy popular que parezca, no es plato ligero sin una cierta adecuación del oído. Hay que educarlo igual que se educa la vista en una exposición de fotografía industrial o el intelecto en un ensayo filosófico. De primeras pensamos que son bastante espesos, casi áridos. Gran error. En la dificultad hay una altura (y longitud) del placer que raramente se encuentra por medios más epidérmicos.
En fin; allanan el camino interpretaciones tan contemporáneas como la presente. No por facilonas, sino porque tienen frescura, se escuchan con sorpresa y, sin embargo, uno parece que va recordando cosas conocidas. En realidad, nada igual había llegado a mis oídos.
El disco "Yo soy la locura" ciertamente lo es. Un paseo por la música barroca en español (que no española: aparecen obras de H. du Bailly, B. Sanseverino y J. B. Lully) referida a la pasión amorosa y sus desviaciones. Y algunas letras son bien poco canónicas, que digamos.
Para que luego nos vengan con que los clásicos se pasaban el día entre seriedades y devociones santas. ¡Ja!
Es que el barroco, por muy popular que parezca, no es plato ligero sin una cierta adecuación del oído. Hay que educarlo igual que se educa la vista en una exposición de fotografía industrial o el intelecto en un ensayo filosófico. De primeras pensamos que son bastante espesos, casi áridos. Gran error. En la dificultad hay una altura (y longitud) del placer que raramente se encuentra por medios más epidérmicos.
En fin; allanan el camino interpretaciones tan contemporáneas como la presente. No por facilonas, sino porque tienen frescura, se escuchan con sorpresa y, sin embargo, uno parece que va recordando cosas conocidas. En realidad, nada igual había llegado a mis oídos.
El disco "Yo soy la locura" ciertamente lo es. Un paseo por la música barroca en español (que no española: aparecen obras de H. du Bailly, B. Sanseverino y J. B. Lully) referida a la pasión amorosa y sus desviaciones. Y algunas letras son bien poco canónicas, que digamos.
Para que luego nos vengan con que los clásicos se pasaban el día entre seriedades y devociones santas. ¡Ja!
lunes, 7 de marzo de 2011
Dmitri Shostakovich, cómo no.
No descubro nada al decir que el 1er. concierto para violín de Shostakovich es formidable. Sin embargo, hay un movimiento que me tiene apabullado desde que lo escuché por primera vez, y no hace demasiado tiempo de esto. Es el tercero. Concretamente, su Andante. ¿Por qué?
Simplemente porque la música de Shostakovich está por encima de cualquier interpretación y transmite un aire de desolación, una tristeza que busca desbordarse pero se contiene en ese esquema musical clásico, casi romántico. Y contrasta poderosamente con los movimientos que la preceden y continúan. Por ello es más efectiva.
Recomiendo, de todos modos, las versiones de dos intérpretes jóvenes: Ruth Palmer, algo más cerebral aunque muy intensa, o de la glamurosa Lisa Batiashvili ("Echoes of time"), que está causando sensación. No sabría cuál elegir.
Simplemente porque la música de Shostakovich está por encima de cualquier interpretación y transmite un aire de desolación, una tristeza que busca desbordarse pero se contiene en ese esquema musical clásico, casi romántico. Y contrasta poderosamente con los movimientos que la preceden y continúan. Por ello es más efectiva.
Recomiendo, de todos modos, las versiones de dos intérpretes jóvenes: Ruth Palmer, algo más cerebral aunque muy intensa, o de la glamurosa Lisa Batiashvili ("Echoes of time"), que está causando sensación. No sabría cuál elegir.
miércoles, 2 de marzo de 2011
Meeting Sandur (I)
Sandur es el personaje principal de mi próxima novela, "Los días y la noche". Ya hace unos años que la ideé. Sin embargo, ángeles (maléficos, pero eso no hace falta aclararlo: todos lo son) que no me explico a qué obedecen me han impedido acabar lo que anda desde entonces in medias res.
Sandur es un individuo peculiar, como todos mis protagonistas, y no me resisto a incluir en este blog alguna de sus perlas. Quizás de este modo consiga que comparezca de continuo.
De todos modos, lo que aquí presento no será fragmentos de la novela, sino algunas notas que preceden a la creación. Pocas veces coinciden con lo escrito, aunque casi siempre lo prefiguran.
A Sandur le falta poco para morir, y lo sabe. Por ello, sus confesiones no deben nada a quienes puedan escucharlas una vez muerto. Esa es la condición.
Veamos un ejemplo:
—Hay una creencia bastante extendida en que lo natural es bueno. Un concepto humano que no llega a entender ni la menor brizna de naturaleza. Lo que es, es. Sin adjetivos. No hay categorías. Esos conceptos de bondad o malicia los colocamos nosotros con calzador, para que se adapten a nuestra conveniencia. Y créame que al mundo nunca le han hecho falta. ¿Podría usted decirme por qué una inundación, la erupción del Etna o una sequía prolongada son perversos? —continuó tras meditar unos instantes—. ¿Quién nos ha dado el derecho de calificar lo que no es obra nuestra con criterios, digamos, sociales?
O este otro, que no tiene desperdicio:
—... No se puede confundir el autor y sus obras, dice usted. ¿Y hay algo más que quede oculto a ojos del espectador? Si es así, ¿importa? ¿Alguien juzga al creador por lo que podría haber hecho o por lo que ha dejado de crear? Nunca —se respondió, rotundo—. Igual sucede con ese absurdo concepto de Dios. Los creyentes desean atribuirle artefactos espirituales más propios de la ciencia-ficción que de una teología seriamente considerada, como debería ser. Fantaciencia la llaman mis hijos, ahora recuerdo la palabreja. Aldo, por ejemplo, es muy aficionado a esas imaginaciones estériles. Sin embargo, los abstemios en creencia sólo podemos juzgar al autor — e hizo un gesto que abarcaba todo con el brazo libre de tubos — y, por qué no decirlo ya, denostarlo por sus acciones, su creación, sus efectos en el mundo visible. Éste es el único que podemos conocer, si me permite la reducción como hipótesis de trabajo. La conclusión es evidente. Yo, al menos, tengo formada una opinión al respecto. Y algún día usted la tendrá sobre mí, es decir, sobre mi obra, mi vida. ¿Va a juzgarme por lo que siento o por lo que hice, por los motivos que me llevaron a construir este territorio y que parecen importarle tanto o por qué ha sido de cuánto heredé? Recuerde la parábola de los talentos...
—Entiendo, por todo lo que dice, que se considera a sí mismo como un dios en su propiedad...
—¿Y quién no? De entre los que crean, puedo asegurar que no hay quien no domine la materia. Así que le debe un cierto vasallaje. Otra cosa es que el autor, como presuponen las mentes sencillas, haya de estar presente en cada instante de sus criaturas. Si es competente y cabal consigo mismo dejará que actúen a su modo. Nunca puede intervenir en el rumbo elegido una vez ha dejado que salgan de puerto. La expresión “si Dios quiere” se convierte en una estupidez, una rotunda estupidez propia de quien tiene miedo y aún no ha dejado de ser niño. Hay que crecer, querida, hay que romper con el padre. ¿Se imagina un monstruo capaz de generar esa abominación llamada Big Bang, de concentrar todos los elementos de la materia en un punto diminuto, absurdo, una densidad inconcebible, dedicándose luego a redimir por delegación no sé qué excrecencias de última hora o a persuadir a sus leyes universales de que beneficien a fulanito en el sorteo de la lotería o reproduzcan ex nihilo la pata perdida de un feligrés? ¡Hay que joderse con los creyentes! Ni la lógica más evidente es capaz de frenar sus imaginaciones.
Un tipo encantador, según se va viendo. Cuando sea mayor quiero parecerme a Sandur. Lo juro.
martes, 1 de marzo de 2011
Adolescentes al mando del guión
Más de una vez lo he comentado de algún antiguo conocido de hace años: parece que sigue en la adolescencia, se deja llevar por la impresión elemental, tiene los mismos referentes que a los dieciocho, ni siente ni respira en otro mundo que el suyo (y prefiero no describirlo de penita que me da). Apliquemos la frase socorrida: "Te has quedado en el setenta y tres/con Bowie y T. Rex".
Vaya, que podría ser guionista de algunas películas del momento. Por qué no de "Saw VI" ( ¿o era VII? ¿VIII? ¿XXV?) o la misma "Cisne negro" que tuve la mala idea de ver hace unos días.
Creo que han dado un Oscar a Natalie Portman por su interpretación en esa cinta. Más les valdría haberla reconocido cuando deslumbró en "León (El profesional)" o, sobre todo, en "Beautiful Girls". Ahí me atrapó para siempre, lo reconozco, y por eso consentí en ir este fin de semana a verla bailar en ese lago de los cisnes larguísimo, tramposo y deslavazado.
Lo peor del asunto es la disolución progresiva del cerebro de esos guionistas que piensan (es un decir) suficiente poner en pantalla imágenes impactantes para que el sentido funcione por sí mismo. Ni establecen ritmo ni progresión ni lógica interna en los personajes. La cosa es que parezcan seres reales, aunque con los métodos del videoclip. Y la verdad es que no hacen más que un vistoso ejercicio de caricatura de sentimientos, o pasiones, que es de lo que debe de ir la película, alejados por completo tanto de la lógica como del vértigo.

Me aburrí en sus dos tercios primeros, faltos de tensión, erráticos. Luego, desalentado ante la falta de chicha argumental, cuando la acción se abalanza en un final apoteósico, más bien sentí que todo el tinglado rondaba el ridículo y lo hortera antes que el espectáculo grandioso. (Por cierto: ¿es que no hay otro ballet clásico que el puto "Lago de los cisnes"?)
Eso sí, el montaje es de lujo. Y se han debido de gastar la intemerata. Y la Portman está guapísima. Y a mi acompañante le encantó Vincent Cassel. Y Mila Kunis, morbosa y atractiva, parece que promete.
Pues qué bien.
jueves, 24 de febrero de 2011
Estaba pensando esta mañana que la fijación exclusiva por la música crea una limitación del intelecto, una simpleza en las reflexiones que es similar a las de quienes sólo se preocupan por el arte.
Yo mismo lo he comprobado en los comentarios que adjunto a los videos musicales, cada vez más pobres y menos inspirados. Salvo cuando la música sirve para ejemplificar o aderezar un pensamiento previo. Ahí sí que brilla la lucidez, envanecida con el lustre de las notas.
Por ejemplo, este fragmento del Orfeo de Monteverdi, que aúna música y danza con rara felicidad. No sé si tiene mucho que ver, pero es que me puede la pasión.
Yo mismo lo he comprobado en los comentarios que adjunto a los videos musicales, cada vez más pobres y menos inspirados. Salvo cuando la música sirve para ejemplificar o aderezar un pensamiento previo. Ahí sí que brilla la lucidez, envanecida con el lustre de las notas.
Por ejemplo, este fragmento del Orfeo de Monteverdi, que aúna música y danza con rara felicidad. No sé si tiene mucho que ver, pero es que me puede la pasión.
miércoles, 23 de febrero de 2011
Recordaba la canción que de vez en cuando cantaba Julio Milagro y que quise incluir en "Parece septiembre". Nunca la había oído en su versión original, y me ha parecido incluso mejor de lo recordado. Sobre todo, el estribillo: "¿Qué pasa, qué pasa, qué pasa en el Congo? Que a blanco que pillan lo hacen mondongo".
Oh, yeah!
martes, 22 de febrero de 2011
Bowie, mi Bowie
No sé si hay que explicar más que lo que dice su música.
Aún recuerdo la impresión de ver este video por primera vez.
"Sordid details following" podría ser lema de toda una vida. Y lo digo con letra pequeña, para que no se sepa.
"He's a starman waiting in the sky. He'd like to come and meet us but he thinks he'd blow our mind..."
Y otro himno personal, quizás más maduro y desengañado. Más de este tiempo, a pesar de los años transcurridos.
Todos podríamos haber vivido sin David Bowie, desde luego. Pero la vida sería tan diferente...
Aún recuerdo la impresión de ver este video por primera vez.
"Sordid details following" podría ser lema de toda una vida. Y lo digo con letra pequeña, para que no se sepa.
"He's a starman waiting in the sky. He'd like to come and meet us but he thinks he'd blow our mind..."
Y otro himno personal, quizás más maduro y desengañado. Más de este tiempo, a pesar de los años transcurridos.
Todos podríamos haber vivido sin David Bowie, desde luego. Pero la vida sería tan diferente...
domingo, 20 de febrero de 2011
Forma Antiqua
Ayer mismo estuvieron en Madrid con una formación algo diferente a la del video. De verdad que son un gozo: competentes, elegantísimos, entusiastas... O de cómo hacer que los no adictos a cierto tipo de música nos convirtamos en forofos incondicionales. Y es que hay que educar el gusto, y Forma Antiqua lo hace a la perfección. De paso, nos descubren autores desconocidos. Qué más se puede pedir.
viernes, 11 de febrero de 2011
martes, 8 de febrero de 2011
Notarán mis lectores más esclarecidos...
...Que he añadido algunos enlaces a las portadas de los libros publicados hasta la fecha. Basta con pulsarlas para entrar en otra dimensión, no necesariamente más halagüeña que la presente.
En los de poesía podrá consultarse el texto completo. Tanto en el Premio Provincia de Guadalajara 2005 (aún me estoy preguntando cómo es posible que prefirieran un libro tan arduo y poco complaciente entre casi cien originales) como en los Poemas de Zaragoza 1998 las cosas del hipertexto y la blogosfera dan de sí.
Otro cantar son las dos novelas. Por el momento, conténtense con fragmentos relevantes, que puede que más adelante se amplíen, para desolación de curiosos y comedidos.
Por otra parte, he añadido un cuento de hace varios años (y quizás necesitado de revisión, pero me da pereza) en el apartado "Añadidos al universo. Cosas para leer". Se trata de "Las muchas figuras" y, ahora que se acerca el aniversario de la muerte de Oli, qué menos que recordarla en su mejor momento.
En fin, que los disfruten (o sufran) como mejor puedan.
En los de poesía podrá consultarse el texto completo. Tanto en el Premio Provincia de Guadalajara 2005 (aún me estoy preguntando cómo es posible que prefirieran un libro tan arduo y poco complaciente entre casi cien originales) como en los Poemas de Zaragoza 1998 las cosas del hipertexto y la blogosfera dan de sí.
Otro cantar son las dos novelas. Por el momento, conténtense con fragmentos relevantes, que puede que más adelante se amplíen, para desolación de curiosos y comedidos.
Por otra parte, he añadido un cuento de hace varios años (y quizás necesitado de revisión, pero me da pereza) en el apartado "Añadidos al universo. Cosas para leer". Se trata de "Las muchas figuras" y, ahora que se acerca el aniversario de la muerte de Oli, qué menos que recordarla en su mejor momento.
En fin, que los disfruten (o sufran) como mejor puedan.
domingo, 30 de enero de 2011
Dos consideraciones sobre el acto creador
Hay dos aspectos que me gusta recordar cuando me duermo en los laureles del proceso creador:
1º.- Cualquier página escrita, fotografía, estribillo de canción o escena cinematográfica, por malos que nos parezcan, exigen enormes dosis de pasión, inteligencia, cultura previa y capacidad de riesgo. Por ello, todos deben ser respetados. Sin exclusiones.
Pero no nos engañemos: respeto no quiere decir aceptación. Pueden ser una auténtica piltrafa y participar de esas dignidades. No por ello vamos a elogiarlos como si fuera el fin del mundo y todo diese lo mismo. Esa actitud, demasiado extendida entre cierto tipo de reseñistas à la violette que campan por babelias, culturales y otras hierbas volanderas, sólo confunde y lleva a justificar la inanidad creativa o la agrupación de interesados para medrar en el corralito. Cosa que ya vengo denunciando desde el principio de este blog.
2º.- La necesaria humildad que lleva el haber leído, visto y escuchado de modo crítico, de haber aprendido de los mejores, no empece para que uno esté legítimamente orgulloso de lo que produce. La autocrítica es imprescindible, pero tambíén la soberanía del autor. En uno u otro momento hemos de pensar "esto está muy bien, qué demonios". Aunque la sensación de plenitud sólo dure unos días. Aunque luego te arrepientas y mandes todo a la basura. Es parte del proceso, tanto como ver tus palabras en letra de imprenta. O en este blog.
viernes, 28 de enero de 2011
Última hora
El tontolaba del portavoz de la conferencia episcopal dice que el matrimonio civil "es un contrato mucho más leve que uno telefónico" y que es más fácil disolverlo que darse de baja en tales compañías. No así el canónico, por supuesto, que no puede disolverse. "En España, la ley no reconoce el matrimonio", termina el muy botarate.
Dejemos aparte los miles de casos en que el tribunal de la rota ha dictado nulidad con argumentos abracadabrantes, abstraigámonos de la pastizara gansa que hace falta para que dichos procesos sigan adelante. Sólo con conocer la realidad de este y otros países en que los matrimonios religiosos no se disolverán, pero las parejas sí, y vuelven a casarse por lo civil con la mayor frescura, no sé cómo tiene los huevazos de soltar tantas imbecilidades por esa boca.
A ver cuándo se dan cuenta estos señores de la infausta clerigalla: un estado aconfesional, la sociedad civil no están para satisfacer las necesidades de su facción religiosa, por muy mayoritaria que quieran hacernos creer que es.
Parece claro que se están poniendo nerviosos. Ven que se les va el negocio de siglos y no tienen la menor idea de cómo recuperarlo. Si no fueran tan rastreros casi darían pena.
jueves, 27 de enero de 2011
Dos lujazos
Algo de I Turchini, a quienes escuché (y vi, que no es lo de menos) hace una semana en el Auditorio.
Luego tocaba contemporánea, y esto es algo de lo menos salvaje que se escuchó en la misma sala cuatro días después: el Concierto para piano y orquesta de Gyorgy Ligeti, 2º movimiento.
Espléndidos los dos, n'est-ce pas? Ventajas de tener aficiones diversas.Y poca tendencia a los cortes de digestión.
lunes, 17 de enero de 2011
Ricardo Menéndez Salmón. "La luz es más antigua que el amor".
"Lux antiquior amore" es el motto que da título y organiza temáticamente la última obra de Menéndez Salmón. Una obra pensada, más que como novela en sentido estricto, como disquisición sobre el proceso creador, el artista y la obra de arte.
Me sucede algo curioso con este escritor: sus primeras páginas suelen encantarme. O, al menos, se me antojan de lo mejor que he leído en español en la temporada correspondiente. Sin embargo, no es extraño que a la mitad o antes ese mismo libro se me caiga de las manos. Bien porque ha descendido su nivel de modo estrepitoso, bien porque se adentra en unos senderos que provocan un tedio tan intenso como el entusiasmo anterior.
(Para ser justos, "La noche feroz", publicada por él mismo en KRK Ediciones, me pareció de lo más redondo. Una obra tremenda y muy bien acabada, aunque no tan atrevida y novedosa como otras de su última época).
Atrevimiento que le lleva a organizar la trama de "La luz es más antigua que el amor" como tres historias separadas en el tiempo, dos de las cuales tienen como protagonistas a artistas ficticios. Junto con ellos, aparece el mismo narrador de la novela, Bocanegra.
Ante eso, nada que objetar. Como tampoco ante la enorme maestría de sus primeras treinta o cuarenta páginas. Para quitarse el sombrero. También el comienzo del último capítulo es potente y sólido, prosa de alta calidad y gran nivel lingüístico. Pero el resto no está a la altura, ni mucho menos. A decir verdad, algunos fragmentos son lo más plúmbeo que he tenido que soportar en meses.
Tal divergencia en el plazo de pocas páginas es debida a que la novela pretende indagar en cuestiones morales o filosóficas integrando largas disquisiciones cuasi-ensayísticas en medio de la acción. De este modo, la estanca hasta el punto de que a menudo no se sabe qué pretende el autor, a dónde van a ir todas esas cogitaciones.
El intento de aunar disquisición y aventura, pensamiento y acción novelesca, que tan buenos resultados da en grandes de la talla de Borges, por poner la referencia evidente, fracasa en cierta medida en este libro. Menéndez Salmón no acaba de encajar ambos elementos y, peor aún, no logra interesar al lector.
Con todo, leyendo esta novela lo he pasado bastante mejor que en el noventa por ciento de las tontadas actuales. Estamos ante un escritor excelentemente dotado. Quizá no sabe medir sus fuerzas o poner de acuerdo sus enormes conocimientos sobre materias diversas. Da la impresión de que desea hacernos pensar sin saber bien cómo.
Yo recomiendo que para otra vez lo intente basándose exclusivamente en la acción, de modo que de ella se deduzca lo que haya de deducirse. Sin aleccionar a nadie, please. Lo ha logrado con éxito evidente en otras ocasiones, ha sido capaz de emocionar e intrigar, de atrapar al lector hasta la última página.
Así que estaremos esperando con impaciencia. De verdad.
martes, 11 de enero de 2011
Constatando la fina realidad
Aunque no sea posible, aunque pueda parecer un atropello a la razón, la vida es exactamente igual que el año pasado. Y que el anterior. Las rutinas se suceden y ni un ápice del mal que nos corroía tiene visos de disminuir.
Más aún: los inútiles, los soberbios de costumbre se ven reafirmados y no dudan en exigir indemnizaciones a quienes fueron afectados por su proceder. Porque son una panda de indeseables y, lo que es peor, tan torpes que no tienen ni idea de lo que han hecho. Prefiero pensar que es producto de pura desfachatez.
Por ello, deduzco una vez más que el cambio no está a nuestro alcance. Habra que esperar a que comience de una vez el siglo XXI.
martes, 4 de enero de 2011
The Posies, nada menos.
Visto desde la distancia, parece revelador de ciertos pudores y limitaciones. Mi pretensión es domeñarlos a voluntad, pero...
No sé cómo en estos dos años largos de tabarra bloguera todavía no he presentado una de mis aficiones más persistentes. Sin llegar a extremos de fascinación, como en alguna que conozco, son uno de mis grupos favoritos. Y en directo resultan demoledores, como suele pasar con los buenos músicos.
Sólo necesito recordar que una escena completa de "No es suficiente", mi primera novela, está situada en un concierto que casi calqué de otro suyo, real, celebrado en la sala "En Bruto" de Zaragoza, allá por mitad o finales de los noventa.
Bueno: presentados quedan. Tienen unas voces portentosas, sabia instrumentación, energía y guitarreo a troche y moche, no sé qué más se puede pedir. Su último disco, "Blood/Candy", ha hecho que me reconcilie incluso con la mejor veta melódica de los Beatles. Que ya es reconciliar.
lunes, 3 de enero de 2011
Orfandad del navegante (II)
A ver si recuerdo las últimas lecturas:
Adalbert Stifter, Patricio Pron, Junichiro Tanizaki, Mircea Eliade, ensayos sobre física cuántica, historia moderna, estética medieval y música experimental contemporánea, Kurt Vonnegut, Haruki Murakami, Homero, Menéndez Salmón, David Monteagudo, Jorge Ibargüengoitia, Petrarca, poesía de prostitutas chinas, Marina Tsvietáieva, Ian McEwan, Fiodor Dostoyewski, Arthur Machen, Virgilio, Pola Oloixarac, León Tolstoi, Ernst Jünger, Yasunari Kawabata, Klaus Mann, Mijail Bulgákov, Mark Twain, Gonzalo Torrente Ballester, Jonathan Littell, Luis de Góngora, Marcel Schwob, Georg Heym, Osip Mandelstam...
Y varias docenas más que no me vienen a la cabeza o ya están ordenados en la biblioteca: agujas en el gran pajar de la memoria.
Siendo yo quien soy, habiendo nacido en mi época y lugar, ¿alguno de estos autores me corresponde? ¿Debería haber insistido más en lo local o en lo que se lleva a cada momento? ¿No será este desarreglo el culpable de que me sienta como si nada fuera propio?
Igual me pongo ahora a leer autores aragoneses de ayer y hoy como un descosido. O a Vila-Matas y a Roberto Bolaño, que no sé qué me habrán hecho, los pobres, pero no hay manera. Con lo bien que queda citarlos. Luego pasa lo que pasa...
Orfandad del navegante
Siempre me he sentido trasterrado. En pocas ocasiones coincidía con alguen que, bien por edad, bien por gustos o circunstancias culturales, había leído lo mismo, tenía idéntica sensibilidad, hablaba de modo inteligible sin esfuerzo, sin necesidad de traducción.
También por circunstancias familiares me he visto arrancado del suelo ribereño en que me había criado para pasar a la estólida aridez del desierto. Y la mayor parte de mi vida se ha disipado en resistir más que los necios, en buscar cada vez con menores expectativas, en procurar no ser abatido por los francotiradores de la inquina.
Reconozcámoslo: estamos rodeados de abúlicos profesionales que escrutan con ojos turbios al que parece mostrar el menor entusiasmo. Tienen, además, un excelente olfato para ventear caracteres excesivos. Por ello, he aprendido a callar.
Ser discreto, eufemismo que me estomaga, se ha convertido en camisa obligatoria para quien desea navegar estos remolinos que acechan bajo la superficie de bovina placidez. Y es que nada parece que se mueva. Tomemos la desgracia con resignación; la alegría, con indiferencia. No vaya a ser que se enteren.
"Nobody knows when they might wake up", como casi dice la canción. Nobody knows.
viernes, 17 de diciembre de 2010
¡La hoja, la hoja, ha salido la hoja!
En http://literaturas.info/revista.php , número de diciembre, ya ha aparecido mi crítica de "Las teorías salvajes", de Pola Oloixarac.
Leída con desapego unos meses después de escribirla, pensaba que quizás fui excesivo. Que mi respuesta al libro tuvo una radicalidad no exenta de cierta inquina personal. Una reacción ante todos esos que van de "guays" por la pasarela y se atreven a mirarnos con displicencia mientras escupen lecciones que nadie les ha solicitado. A nosotros, pobres humanos, simples lectores sin pedigrí.
Así que la he vuelto a hojear mientras descansaba de la relectura de chuminadas como "Isabel y las aguas del diablo", de Mircea Eliade.
Lo que no entiendo es cómo pude terminarla.
domingo, 12 de diciembre de 2010
Lasarte-Oria (bis)
Hay que decirlo: no todos tenemos alma de paparazzo. Como la encargada de hacer las fotos en el acto (casi multitudinario) de Lasarte-Oria. Pone buena voluntad, pero de vez en cuando le dan esos ataques de timidez que deshacen cualquier empeño. Y así salieron las fotos. Tanto que ésta es la única en que se me (medio) ve. Ya he recogido el diploma conmemorativo y vuelvo a mi asiento.
Antes, una chica de bonita voz, acompañada de dos compañeros a las guitarras, había interpretado uno de mis poemas. Bonita cosa. Apañada. Suena curioso el verbo de uno mismo con timbre ajeno. Nunca podré acostumbrarme.
Aparte de cuestiones de dicción, uno interpreta el sentido en un orden, con una línea fija que, más o menos, era la elegida en el momento de la creación. Un lector desapegado puede (y debe) elegir otro rumbo.
Ahí está la savia del lenguaje, en su múltiple significación, en los matices que interpretan y amplían un reducto de sentido.
Y, por supuesto, la jornada fue muy agradable, a pesar del clima. La casa de cultura de Lasarte tiene pintas de funcionar muy bien como promotora de actividades variadas entre la población más joven. El acto fue solemne y cercano a la vez, aunque no parezca posible. Nada que ver con el pestiño formalista, grandilocuente y algo cutre de Guadalajara.
Y Donosti nunca defrauda.
martes, 30 de noviembre de 2010
Nueva cosa publicada de David Monteagudo
Ya recordarán que en mi entrada de 25/3/2010 di un rapapolvo moderado a su primera novela, "Fin". Entre otras cosas, por la falta de compensación y de verosimilitud entre dos elementos argumentales. Uno, realista y más bien plano. Otro, fantasioso, propio de ciencia-ficción o película de desastre planetario.
Pues en "Marcos Montes" también hay dos elementos en cierta medida contrapuestos. Sólo que esta vez ha aprendido la lección y ha sabido encajarlos de modo más armonioso. No exento de defectos, debo decir, pero con resultado mucho más satisfactorio.
Para más señas, durante las primeras 60 páginas (de las escasas 118 en total de este volumen) pensé que me encontraba ante un escritor que había madurado de golpe y, si bien no era para entusiasmarse, sí al menos se postulaba como alternativa de peso a los mejores del panorama español. Tampoco es mucho decir, pero vaya, que merecía la pena.
Dos o tres detalles criticables me han hecho cambiar parcialmente de opinión. El primero, la reiterada falta de verosimilitud de los diálogos. Pase que el muy lamentable artificio final lo justifica todo (al menos, eso querría Monteagudo) pero, aún así, hay párrafos que no son de recibo en un autor al que se apresuraron a proclamar como revelación del año pasado.
Tampoco me parecen soportables ciertos excesos retóricos, con fórmulas manidas y sensación de estar leyendo "literatura prestada". Por más que se pretenda imponer esa rutina perezosa en la moderna narración patria, se trata de escoria verbal con la que mal se puede armar literatura de nivel.
Tampoco encuentro razonable que el protagonista, un minero con escasas perspectivas vitales ni intelectuales tenga un discurso tan bien hilado, tan culto, en definitiva.
Por otra parte, la anécdota referida al pasado, con ese amor trágico, resulta inverosímil... Hasta el chundarata final, que encuentro inane y pueril.
Pero los reparos que opongo son básicamente de tipo argumental, amén de que debería cuidar mucho más la frescura de los diálogos (algo ha avanzado en esta entrega, pero todavía suenan a falsos).
Está claro que David Monteagudo se defiende bastante bien en registros cotidianos. La primera parte, dedicada sobre todo a describir el ambiente de la mina, me ha parecido buena. Con los defectos señalados, resulta competente y eficaz. Se lee con fluidez y da la impresión de que nos va a conducir a algo mucho más sólido que ese giro lamentable hacia lo fantasioso, lo onírico de medio pelo en que acaba todo.
No sé: al comienzo me había hecho ilusiones que luego se han visto defraudadas. Es evidente que estamos ante un escritor al que, para su fortuna, han dado cancha suficiente y puede ofrecernos cosa mucho mejores.
En fin, seguiremos a la espera.
jueves, 25 de noviembre de 2010
Un poco de caña al cerebro con Beat Furrer...
...Que de "still" tiene poco, me parece. Más bien, juguetona e inquietante.
miércoles, 24 de noviembre de 2010
Buena parte de la enfermedad que mina las letras españolas, a mi entender, tiene sus orígenes en la diáspora de talentos tras la Guerra Civil y la política de represión que la sucedió. Porque no hablo sólo de las tres generaciones creativas del primer tercio del siglo XX y sus lumbreras, que se fueron mayormente a hacer viento ultramarino, sino de una pléyade de maestros, médicos, investigadores, catedráticos y abogados, militares y editores, gentes de rango medio y muy buena formación que tuvieron que emigrar o fueron silenciadas de un modo u otro al permanecer en España.
Esos cuarenta años largos de indigencia intelectual nos siguen pasando factura. ¿Cómo se puede entender, si no, la mediocridad de lo que se produce y consume? ¿Hay alguien que no se percate de la corrupción generalizada en el mundo literario? ¿Por qué los tejemanejes que la convierten en ciénaga de indocumentados con relaciones no parecen a nadie un escándalo nacional? ¿Por qué, en definitiva, somos tan cutres que no interesamos a nadie más allá de nuestras fronteras y vienen medianías de lejos a hacernos sombra?
Lo más ridículo es que, ante esto, hay quienes se regocijan. Otros imitan modas exteriores y esperan que suene la flauta. Los más, simplemente, no dicen nada. Ni piensan cosa de provecho, no sea que les haga pupa.
Lo único bueno de este panorama espantoso es que cualquier cosa hecha con una mínima dignidad y capacidades suficientes va a llamar la atención. O esa idea me consuela.
lunes, 22 de noviembre de 2010
Críticas
El halago y el insulto, formas de opinión, al cabo, comparten con la crítica una necesidad imperiosa: ser precisos.
Elogios como "estás guapa" o "me ha gustado mucho lo que escribiste" no significan nada. Más cuando son respuestas obligadas. Tampoco esas reseñas de suplementos culturales en que se dedican a dar jabón sin vergüenza ni criterio a todo lo que se presenta avalado por tal marca.
Tanto en el dicterio como al sobar la camisa hemos de ser más incisivos. Nadie se reconocerá en un "hijoputa" o un "gilipollas" pero sí cuando el que le malquiere ataca su punto débil. Y para eso hay que saber dónde herir.
La opinión crítica exige conocimiento. Éste sólo se logra tras la observación y el estudio del adversario, o del ser amado, tanto da. Y por ello, amén de pasión, puesto que al opinar no es preciso ser fríos analistas, debemos tener una pizca de inteligencia.
En mi práctica diaria descarto de inmediato los comentarios injustificados o las opiniones unilaterales, sean favorables o no. Si he de decir verdad, prefiero el silencio. Tanto tiempo en él me ha acostumbrado.
Sólo cuando alguien me espeta el "bueno, me ha gustado pero..." o bien "no es de mi estilo, ya lo sabes, aunque creo que...", entonces despliego las antenas.
Por eso echo tanto de menos una buena charla sobre lo que me importa sin bobalicones del "todo vale" ni pasmarotes egocéntricos sacando a relucir sus inquinas.
martes, 9 de noviembre de 2010
Blogs y blogueros
Como recibo pocos comentarios de los desdichados que visitan este blog, no sé exactamente por qué lo hacen, salvo los conocidos, claro. No entiendo qué mueve al curioso de Chile o Georgia (últimas visitas que me han llamado la atención) a entrar en uno con título tan poco prometedor. Llamativo sí que es, pero nada más.
De todos modos, ¿habrá alguien en el Cáucaso que hable español? ¿Vienen los exóticos atraídos por algún nombre famoso de los que cito? ¿Es un fallo del sistema de chivatazo on-line? Mysterium tremendum que apenas me deja dormir más de ocho horas a la pata llana.
Muy de vez en cuando me pierdo visitando otros blogs enlazados con los tres o cuatro habituales. Si tratan de poesía casi nunca paso de la última entrada. Eso sí, suelen ser bastante más vistosos y estar mejor diseñados que el mío, por mucho que no expongan más que chorradas sentimentaloides.
Si, en cambio, se dedican a otros asuntos, llamémosles "personales" hay que gritar "¡Fuego! " y salir de estampida.
Siempre me da la impresión de que lo mucho y muy tonto que tenemos todos en común es lo que con más ahínco busca exhibir la gente que da en estas escrituras. ¿Para qué? ¿No es suficiente con ir de vacaciones al mismo lugar y por las mismas fechas, ver las mismas películas o escuchar el consabido hilo musical que proponen los de siempre? Más valdría quedar en persona con los colegas y tomarse unas copas viendo las fotos del finde.
No creo que "El mejor escritor desconocido" tenga nada que ver con esas cosas. Quien vaya buscando desahogos sentimentales y lea aquí se va a sentir irremisiblemente defraudado. Yo los tengo, pero muy otros. Y mi intención al abrir este blog era sobre todo "mantener los dedos activos" en períodos de sequía creativa y soltar algunas barbaridades respecto al mundo literario para que casi nadie las escuchara y poder organizar mejor las ideas.
Como todo se sabe, que decía un amigo, y al final los de siempre también están en el ajo, con el tiempo me he tenido que cortar una pizca y cuando digo la burrada de rigor al menos he de ser capaz de argumentarla con solidez. Tampoco es mal ejercicio intelectual.
En cuanto a mis aficiones estéticas o musicales... Ya van ustedes conociéndolas, y eso que apenas he empezado a mostrarles la patita...
sábado, 6 de noviembre de 2010
Lecturas
La visión del talento literario precoz no siempre es agradable. A menudo tiende a resultar demasiado apasionada, íntima, desbordada por el esteticismo; cargante, en suma. Todos esos defectos podrían achacarse al joven Mann pero, no obstante, mi memoria retiene dos o tres escenas brutalmente descritas, muy a lo expresionista. Una de ellas, la pensión berlinesa infestada de chinches adonde llega el protagonista tras escapar de la casa paterna. Otra, en un hostal de medio pelo donde los personajes parecen animalillos que se desperezan y arrastran por el suelo en diversas actitudes. Y, sobre todo, la "fiesta Clo-clo-clo" con el todo París desmadrándose en adoración de un efebo infiel. Delirante. Inolvidable.
El resto, escrito tras la Gran Guerra, está lastrado por un lógico sinsentido generacional, un misticismo exaltado y diversas búsquedas intelectuales más bien descarriadas que prefiguran los horrores venideros. Demasiado para poder vernos identificados en estos momentos. O sí, quién sabe.
Vaya, no sé si me habrá entusiasmado la novela en su conjunto pero ya querría yo haber tenido la cuarta parte de su madurez cuando, allá por el 2000, publiqué "No es suficiente". Es que debo de ser un poco tardío. O tardo, quien sabe.
En parte me redime el saber que, si acaso envidio algo, es este tipo de obras y a estos autores. No a los tontolabas del momento.
viernes, 29 de octubre de 2010
Lasarte-Oria
Ya ni me acordaba de haberlo enviado, pero el pasado lunes recibí una llamada comunicándome que había ganado el premio de poesía en castellano (eso sí, ex-aequo, no me lo vaya a creer) que otorga esta villa hípica junto a San Sebastián.
Se trata de "Alcanzar el sentido", poemario que debí de componer allá por 2007, aunque con otro nombre más cosmológico que igual rescato. Y el premio en metálico es poco más que una propinilla.
Ya me han confirmado que no publicarán el libro, conque tampoco pierdo mas que un día de excursión por Donosti, y eso me parece estupendo. Llevo un par de años sin visitarla. En fin, el día 27 de noviembre me plantaré allí para que me vean en persona. Ya os contaré mis impresiones. Si se parece a la entrega en 2006 del Premio Ciudad de Guadalajara por "Los cínifes versados", va a ser tela de entretenido.
Por cierto: "Alcanzar el sentido" es un libro bastante más serio, mejor construido y maduro que el otro. Lo paradójico es que éste no lo publiquen, como tampoco hicieron con "Nacedero", el poemario inmediatamente anterior, que también fue premiado (ex-aequo; esto va siendo una costumbre) por el Ayuntamiento de Ciudad Real en 2007. Parece que lo mío con la poesía es como el caso de Cervantes, que no era mal poeta, pero no. Reconoció que lo suyo estaba en otra parte.
Y, sin embargo, creo que son como el cine y la literatura: lenguajes muy diferentes que mal se pueden "traducir" uno a otro sin que se pierda la esencia o deban convertirse en algo ajeno. No escribo de lo mismo en una novela que en un poema. Y, si lo hago, es de modo diferente. Eso, al menos, se me ha de reconocer.
miércoles, 20 de octubre de 2010
Recuerdo una ocasión. Esto fue hacia el final del otoño. Había prometido que estaría y yo creí su palabra. Acudí pronto. Esperé bastante más de una hora acechando la puerta del bar, viendo mi imagen en el espejo tras la barra. Al no aparecer me sentí traicionado, ridículo, engañado en lo más profundo. Volvía a coger el autobús de vuelta a casa rumiando mi decepción cuando la vi en la acera de enfrente. La acompañaban amigas del colegio. Reía, despreocupada. No me vio. Yo no me atreví a saludarla. ¿Qué podría haberle dicho?
Ahora ya no veo la primera vez como un esplendor que limita la conciencia y establece mundos separados. El tiempo, más de treinta años, ha erosionado su fulgor. Entiendo que toda aquella pasión fuera poco más que un entramado químico y una serie compleja de secreciones glandulares. Recuerdos a los que se han superpuesto docenas de sensaciones que parecen más vívidas. Y, sin embargo, nadie me habría convencido de que era diferente de su apariencia acaparadora. Había tanta verdad, tanta necesidad en su manera de considerarme alguien deseable...
Quién sabe si las pasiones de ahora mismo habrán perdido su color dentro de unos años y no las concebiremos sino como estampas desteñidas, un poco arrugadas, definitivamente ajenas.
Que este amor pueda parecer pasajero, imperfecto, me causa desasosiego. Pero quizás sea esa precisamente la causa de su importancia: el conocimiento de que, como todas las cosas, está sujeto a revisión.
De hecho, ¿acaso no ha variado y se ha ido plegando a los azares de estos años? Si volviera a sus mismos inicios, no creo que me -nos- reconociera en esta plácida situación. O sí, quién puede asegurarlo.
jueves, 7 de octubre de 2010
Very Demotivational. Just a -usually- funny tip.
Y otro soplo, no tan divertido, es el que hace unos días susurraba alguien en el foro de www.premiosliterarios.com:
"En cualquier caso, si el verdadero interés generado por este debate que pretendí abrir es el que usted apunta, según la rumorología que ha llegado a mis oídos, este año el Logroño va para DT, el Planeta para JS y el Berenguer para FGC".
Por ahora, Susurrador ha acertado con el Premio Logroño de Novela, corralito notorio de Editorial Algaida, que ha recaído en David Torres. Por algo terminaba su entrada diciendo:
"Y el tiempo dará o quitará razones. Pero las dé o las quite, eso no invalidará el hecho de que [esos premios] estén pactados. Simplemente avalará que mis fuentes no eran correctas".
Solamente deseo añadir lo de siempre: entiendo que una editorial privada desee hacer negocio y corromper el concurso cuyo ganador luego ha de publicar. Se ahorran la promoción de uno de sus autores y además les pagan por hacerlo.
La pregunta es: ¿qué ganan las instituciones? ¿Asociar su nombre a esa panda de filibusteros?
¿Por qué no se pone coto desde las instancias públicas a este escarnio sistemático? Estamos hablando del dinero de todos nosotros.
sábado, 2 de octubre de 2010
Héroes
Ese tal Jesús Neira, profesor de la universidad Camilo José Cela, si la memoria no me falla, ha perdido su oportunidad. Fíjense ustedes en si aquel dos de agosto de hace dos años, en lugar de entrometerse en una delicada paliza entre novios -según Violeta Santander, la agredida, eso debía de estar sucediendo- hubiera pasado de largo o, simplemente hubiese marcado el teléfono de la policía, que es lo que cualquiera con una pizca de sentido común habría hecho ...
...O, mejor todavía, si hubiera muerto poco después a consecuencia de las heridas recibidas por el delincuente, un tal Antonio Puerta. Ahora todos lo considerarían un héroe indiscutible y se pegarían por poner su nombre a calles y colegios.
Pero no; tuvo que intervenir, de lo que recibió la brutal paliza. Y tuvo que sobrevivir. El destino le había ofrecido una oportunidad de quedar bien con los demás, pero la desaprovechó.
El resto, su ensalzamiento al limbo del facherío madrileño, sus groseras declaraciones de tinte ultra y la final defenestración como el payaso borrachín y cuasi-delincuente en que ha quedado su aureola de héroe cívico -porque eso de conducir bebido no es una broma para los demás, por mucho que Aznar y Neira se empeñen en negarlo- es bien conocido.
Paradójicamente, su cénit lo alcanzó cuando se encontraba en coma y nadie pensaba que fuera a sobrevivir. Ascendió de los abismos como un héroe para mezclarse con el barro de su misma estupidez sectaria. Se dejó manipular por el PP madrileño, ahí es nada lo Mefistófeles, con lo que su caída estaba cantada. Pero él, soberbio, ciego de hybris, no quiso entenderlo. Amenazó, insultó, mostró su verdadera jeta depredadora, su intolerancia y profunda mediocridad humana. Se mostró como realmente es y se gusta a sí mismo, en definitiva. Finalmente, ni el mismo PP pudo soportar tal huida hacia el desastre y lo abandonó por culpa de un volante y cuatro copillas.
Quien estuvo alto en la muerte se arrastra en vida por el fango de sus propias debilidades. Si no fuera tan ridículo, parecería un sino maldito, glorioso, decadente. Da la impresión de que lo único que puede esperar Neira es una muerte digna, a la altura de sus hechos pasados. Pero me temo que esa oportunidad la ha perdido para siempre.
Para desactivar toda posibilidad de fanfarria, hago la siguiente pregunta: ¿de mayor alguien quiere ser como Neira?
Yo paso.
viernes, 1 de octubre de 2010
Cervantes en Innsbruck
La universidad de Innsbruck tuvo hace un año la gozosa idea de hacer una edición facsímil del ejemplar de la editio princeps del Quijote que guardan en su biblioteca.
Al parecer, está allí desde antes de 1745 y pertenece a la primera partida de ejemplares, todavía sin encuadernar, que Juan de la Cuesta llevó de Madrid a Valladolid, entonces sede de la corte, para que emitieran la correspondiente tasa. Esto debió de ser por diciembre de 1604.
De ellos sólo quedan tres en el mundo: uno, en Madrid; el segundo, en Chicago y el tercero, éste de Innsbruck.
Cuando recibí mi ejemplar -facsímil, claro-, después de esperar más de un mes a que lo enviaran desde Austria, pensé en qué sería capaz de hacer cualquier estudioso del libro por echar un ojo a la versión manuscrita del Quijote. Es decir, la que dio a imprenta y debía de estar rubricada en cada página para asegurar que lo impreso se correspondía fielmente con el original aprobado por la censura. La versión real de Cervantes, probablemente de su misma mano. La fuente irrebatible de la verdad.
Si yo había buscado y rebuscado para conseguir una triste reproducción que no se diferencia en casi nada de las restantes, estoy convencido de que cualquiera podría matar por tener la respuesta definitiva.
Me divertía la idea de Paco Rico deshaciéndose de sus rivales con una sierra mecánica, deseoso de publicar primero sus sesudas consideraciones sobre tal o cual pasaje.
O quemando a escondidas el manuscrito, no fuera a privarle para siempre de tantos placeres y beneficios.
Es que el mundo de la literatura tiene estas cosas.
Algo no cuadraba. Miré el remanente y era desmesurado. Más de cuatro mil euros. De ningún modo podíamos tener tanto dinero suelto en la modesta caja fuerte del insti. Algo debía estar mal computado.
Sin embargo, no tuve tiempo para pensar en nada. Decenas de asuntos sin importancia me impidieron comprobarlo. Luego, en casa, ya se me había olvidado.
Esta mañana he despertado con la solución. Sin preverlo, durante la noche he estado soñando con el problema. Analizando qué hice con cada factura durante este mes de julio. Al parecer, un ingreso en cuenta ajena no había sido catalogado en lugar apropiado; de ahí la enorme diferencia.
Nada más volver, lo primero ha sido comprobar la dichosa factura. Tal cual había imaginado. Deshecho el entuerto, pensaba en cuánto nos pagan por el dichoso cargo y cuántas horas trabajamos de más. Para mí que tampoco salen estas cuentas.
sábado, 25 de septiembre de 2010
No pensaba hacer huelga el día 29...
Por motivos tradicionales, más que meditados y que no vienen al caso. Pero tras la propuesta del obispado de que los católicos "hagan huelga contra todos" y lleven un distintivo blanco, estoy por ponerme los calzoncillos en la frente y salir a la calle a demostrar mi devoción mariana.
Sólo una preguntita: ¿cuándo va a dejar esa curia de mamarrachos de meterse en la vida de los demás?
viernes, 24 de septiembre de 2010
Deliciosas las explicaciones de los patres patriae catalanes respecto a por qué no prohibir los correbous, o bous al carrer, o bous de foc, o los tediosísimos encierros de mi infancia, o lo que les plazca. Al parecer, han de conservarse y promoverse "porque no hay maltrato, ya que el animal no muere". Y lo dicen tan panchos.
Ya me habían entusiasmado los finísimos puritanos de Herri Batasuna, siempre en busca del bienestar de su Euskal Herria, cuando hace unos años desaconsejaban el consumo de alcohol por evidentes efectos nocivos en la salud. Salvo, claro está, en el caso del chiquiteo. Que es cosa muy tradicional, forma parte de la cultura del vasco y entonces sí que se puede beber a destajo. Sidra vasca o txakolí, por supuesto.
De donde deducimos los mortales administrados algo que ya apuntaba este verano -entrada del 13/8, "Prohibir lo que se antoja"-. Hasta qué punto estas ideas salvadoras huelen a sacristía posmoderna. A liberación de vicios infames, a curas carlistones que te santifican a base de trabucazo.
Muy fina, tanto que se quiebra de sutil, la interpretación de unos y otros del artículo 33. Un día me lo tendrán que explicar con más detenimiento. Es que no alcanzo esas honduras.
domingo, 19 de septiembre de 2010
Esto de viajar tan a menudo tiene pocas ventajas. Una es que se pasa demasiado tiempo inactivo y lo poco que puede hacerse es observar. Y pensar. No siempre con buenos resultados.
Al final de todos los veranos tengo la sensación de que proliferan las telas de araña. Mejor: los hilos sueltos intentando conquistar terrenos de paso absurdos, puesto que el quehacer se ve destrozado cada poco por los viandantes. Sin embargo, Aracne insiste torpemente.
Me imagino que será la previsión del otoño que ya se barrunta, la falta de sol, las madrugadas frescas, la abundancia de insectos atontados que son más facilones que un mes antes... Perspectivas de la muerte, en todo caso.
Este exceso de producción, este barroquismo delirante no sé si compensa la paga en calorías, pero por algo lo harán. No soy quién para cuestionar los motivos del rococó constructivo de las arañas. Ni los criterios con que insisten en enredarse en mi frente.
Sin embargo, no por eso tolero mejor su molestia pegajosa. Día tras día sigo siendo el gigante que arrasa las verdes huertas o el gran lagarto de un Tokio cualquiera.
Si ha de ser barroco, lo prefiero en literatura. O en música.
jueves, 16 de septiembre de 2010
Avisos fuera del círculo santiguado
Sé de la literatura -literhartura la llamaba uno- que es ciénaga de todas las bajas pasiones. Difícilmente se dan en ella relaciones puras, descontaminadas de intereses o necesidades. Como estoy curado de espanto, simplemente no me relaciono y punto. Así me va.
Sin embargo, no preveía lo falsas e indecentes que pueden volverse ciertas sonrisas cotidianas. Sólo hace falta que estés un milímetro más expuesto a la luz pública. Hay que ver cómo amagan el colmillito afilado...
Lo peor es que en estos lugares no puedo aislarme de las alimañas. Por algo me gusta la literatura. Todos nos conocemos.
domingo, 12 de septiembre de 2010
Tagliabue se va con unas cestas a Shanghai.
Porque éste es el aspecto del pabellón español.
Y la cubierta está elaborada con unas láminas de mimbre que dejan pasar la luz y a las que da la forma caprichosa e inestable que se ve en las imágenes.
Me encanta el aspecto medio rústico, medio sofisticado.
No obstante, estas crestas recuerdan peligrosamente a las de alguno de mis queridos poligoneros...
No obstante, estas crestas recuerdan peligrosamente a las de alguno de mis queridos poligoneros...
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