sábado, 25 de abril de 2015

Tubérculos.



Hay tubérculos de verdad que siguen escondidos bajo capas. Capas de tiempo, de postura, de formación. Capas y capas que se amontonan en forma de piel mental y nos recubren sin que prestemos ninguna atención a lo que palpita bajo tanta presencia. 

Algunos cineastas, también los escritores (muchos de ellos, franceses y de clase media) se esmeran en repelarlas, descubriendo lo que hemos de considerar tristemente cierto, verídico. No estoy tan seguro. Muchos procesos de desvelamiento, y en esto me remito a Heidegger, generan algo que a su vez enmascara y deforma, adecuando lo mostrado a lo que se deseaba conocer, así como a quien rebusca. 

Hoy, en el Matadero y luego en el Mercado de San Fernando, en la calle Embajadores, he sentido que no era mi lugar. Y es que el esplendor alternativo de Lavapiés, entre otros lugares del mismo pelaje, se me antoja como volver a los setenta y primeros ochenta. Mismas actitudes, mismas posturas, caras equivalentes. Si hasta la forma de vestir parece un aggiornamento de la progresía más petarda de la transición. 

Hoy he estado en contacto directo con estratos de mi memoria que creía asumidos. No lo están. No me acabo de llevar bien con esas actitudes condescendientes con su propia precariedad intelectual. 

No nos subamos a la parra: tampoco soporto la mía. ¿Tantos años pasados y aún no soy capaz de relativizar la estupidez? ¿Aún me afecta no poder aguantar a aquellos con quienes debería ser afín? 

La evidencia me muestra que no los tolero, pero de una manera mansa, sin la visceralidad que provocan los del extremo opuesto de la tabla: aquellos que también viven del mismo modo que sus padres, incluso que sus abuelos, de quienes parecen haber heredado los caracolillos y el jersey al hombro. 

Creo que ambos grupos comparten una cosa: en Embajadores también sonaban sevillanas, y otros días las he visto bailar. 


lunes, 13 de abril de 2015

Cervantes, "Los trabajos de Persiles y Sigismunda", Parte I, capítulo 22.




"Una de las islas que están junto a la de Ibernia me dio el cielo por patria; es tan grande que toma nombre de reino, el cual no se hereda ni viene por sucesión de padre a hijo; sus moradores le eligen a su beneplácito, procurando siempre que sea el más virtuoso y mejor hombre que en él se hallara; y sin intervenir de por medio ruegos o negociaciones, y sin que los soliciten promesas ni dádiva, de común consentimiento de todos sale el rey, y toma el cetro absoluto del mando, el cual le dura mientras le dura la vida o mientras no se empeora en ella. Y con esto, los que no son reyes, procuran ser virtuosos para serlo, y los que los son pugnan serlo más, para no dejar de ser reyes. Con esto se cortan las alas a la ambición, se atierra la codicia, y aunque la hipocresía suele andar lista, a largo andar se le cae la máscara y queda sin el alcanzado premio; con esto los pueblos viven quietos, campea la justicia y resplandece la misericordia, despáchanse con brevedad los memoriales de los pobres, y los que dan los ricos no por serlo son mejor despachados; no agobian la vara de la justicia las dádivas, ni la carne y sangre de los parentescos; todas las negociaciones guardan sus puntos y andan en sus quicios, finalmente reino es donde se vive sin temor de los insolentes y donde cada uno goza lo que es suyo". 

En fin... 

viernes, 10 de abril de 2015

Ambientillo.


Hay ambiente de novedades entre el público; al menos, en Madrid, que es donde me muevo casi en exclusiva en estos últimos meses. 



Por lo pronto, gentes que solían callar como estatuas de bronce ahora se destapan y no solo admiten lo de "hace falta cambiar a estos", sino que incluso avanzan con timidez o de forma bien resuelta los nombres que les hacen más gracia. 

Que si Podemos, que si Ciudadanos, y eso que ambos deben demostrar que no son lo que muchos sospechamos que sí, desde luego que sí son... Cualquiera parece bueno con tal que no suene a lo de los últimos años. 
Se desprende la naftalina y surgen figuras de prestigio no asociadas con la profesión política: Gabilondo, Carmena, García Montero o Carmona. Lo dicho: cualquiera menos los que ya conocemos cómo nos han tratado hasta el momento. 

Pero también están Aguirre y la Cifuentes, y ahí se me revuelven las tripas, porque intuyo que la caverna no va a dejar de encumbrarlas otra vez adonde no se merecen.

En efecto: no creo que en ningún país europeo tuviera una impresentable como Esperanza Aguirre, rodeada de corruptos, responsable, por tanto, de la corrupción que ha permitido y/o amparado, la menor posibilidad de presentarse a la alcaldía de la capital. Vergonzoso. A ver si dentro de mes y medio se dan un buen batacazo y nos libramos de esa bruja de una vez. ¡Qué ganas tengo!




lunes, 30 de marzo de 2015

Escribo...



A pesar de la experiencia, nadie más que el obseso sabe lo mucho que cuesta volver a su obsesión. 

A veces, uno se escuda en la falta de preparación: tengo que documentar esta minucia, no acabo de ver lo que sucede en esa escena, a tal personaje no lo he llegado a entender...

Pamemas. Miedo a comenzar. Falta de ganas de decidir cuál de los proyectos va a entronizarse definitivamente como El Proyecto. Desde ese punto, va a absorber todas las energías, imantando la realidad hasta que parezca que no deja de mandar mensajes inequívocos, que se camufla con frases ya pensadas. 

En definitiva, es pereza por dejar de una vez el estadio más delicioso de la creación, cuando todo está en notitas dispersas, líneas argumentales aún reemplazables, en fragmentos felicísimos que solo archivo en mi cabeza y no han llegado a establecer relaciones firmes entre sí. 

Es que lo más placentero siempre ha sido pensar. La redacción es simple oficio, y más propio de escribanos. 

Aunque también tiene sus arduas bellezas. Otro día las comentamos.


viernes, 20 de marzo de 2015

Otro "despiste" de Esperanza Aguirre



Lo que pasa en este país ya no es siquiera vergonzoso: alcanza otro nivel desasosegante y descarnado que nos enfrenta con la realidad y lo que somos. El espejo de nuestra vida pública se empeña día tras día en reflejar con brutal sinceridad lo que en otro país parecería una pesadilla intolerable. 

Y, sin embargo, se soporta con la naturalidad desinhibida del maleante, del timador, del profesional del escarnio y la insidia. Es que ya no se puede uno asombrar de nada, pero que persona tan analfabeta, zafia, caradura y tramposa como Esperanza Aguirre sea candidata nada menos que a la alcaldía de la capital de España es de no creérselo. 

Ahora, para colmo, su "mano derecha", una tal Gallego, está imputada por unas cosillas de la trama "Púnica". Casi nada. Primero fue Granados; luego, Ignacio González; más aún, buena parte de los alcaldes y bastantes concejales del PP de la Comunidad están metidos en el fango de la "Gürtel". ¿Acaso alguien puede pensar todavía que la bruja esta no tenía nada que ver? 

Porque, aunque fuera tan profundamente imbécil como para no haberse dado cuenta de nada, cosa del todo imposible, sería igual de responsable. Política y penalmente. ¿O es que les va a salir todo de rositas a esta gentuza del PP? ¿Basta con negar todo sin argumentos o simplemente callar, como hace Rajoy, para que todo pase y los tontos de costumbre sigan absolviéndolos en las urnas?

Ya está bien, hombre, ya está bien. 

jueves, 26 de febrero de 2015

Acémilas.


Lo mejor de los intolerantes es que no se esfuerzan por parecer otra cosa. De ahí que sea tan imperdonable el error de considerarlos personas, tal que si tuvieran dignidad o simple raciocinio. No, son deficientes en todo y uno no puede sentarse con ellos en la misma mesa, porque enseguida la vuelcan para demostrar la estirpe de alimañas que se ufanan de ser. La mejor negociación, la única que entienden, es un tiro en la cabeza. Y luego, hablamos. 

Vean su última hazaña:




No sé por qué me cabrea tanto el alarde de burricie de estas acémilas con mazos y taladradora cuando los he visto en otros vídeos salvajes asesinar a sus rehenes. Sin embargo, esta vez me han tocado otra fibra. Ese odio visceral al más básico elemento que nos hace seres civilizados es quizás la lacra que nos mantiene en el fango donde estamos. Y, lo lamento, esto tampoco me resulta tolerable. No desde Auschwitz.

miércoles, 25 de febrero de 2015

Gustav Leonhardt, Bach, "Variaciones Goldberg", vida...


No voy a privar de méritos a tantos que las han bordado, incluso a los menos ortodoxos, incluyendo a un admiradísimo (y con motivos de sobra) Glenn Gould entre ellos. Pero siempre he preferido la versión de Leonhardt. 



Lo vi en Madrid en 2011, pocos meses antes de su muerte. Recuerdo que salí de ese concierto totalmente convencido de haber asistido a algo memorable. Y eso que a priori se me antojaba más bien plomo, porque el clave a palo seco no es como para emocionarse. O eso pensaba.  

Sin embargo, hubo quien lloró escuchando a ese anciano magistral con su mano izquierda enguantada en negro que se sumergía en la música, en la época, en la mente del músico y la exponía ante todos con la mayor perfección. Por momentos parecía que estaba interpretando con instrumentos diferentes, tan variada era la ejecución, acorde con el período o las características de la pieza. 

Hoy lo reivindico con afecto y dedico esta entrada a su memoria. 

sábado, 14 de febrero de 2015

Palabras no pronunciadas.


Hace unos cuantos años me concedieron mi primer premio de poesía. Meses más tarde, los ganadores fuimos citados en un edificio oficial para hacernos entrega de los diplomas acreditativos. Todos llevábamos preparada nuestra alocución. Por circunstancias que no merece la pena mentar, los organizadores no permitieron que pronunciáramos ni una palabra. Ayer, ordenando papeles añejos, encontré las mías, algo insolentes y muy meditadas para la ocasión. Copio algunas de sus frases, pues me han resultado más cercanas de lo que esperaba:

La eficacia de la poesía no es la del ensayo filosófico, por más que pueda aportar hallazgos ante los que este retrocede (...) No encuentro interés alguno en disertar por medio de tiradas de infinitos versos libres. Lo más que producen es un leve dolor de cabeza y el deseo de cerrar el ladrillo versificante en que hemos entrado sin fortuna.

                                                 (...)

Las intuiciones del poeta son tanto más valiosas cuanto él mismo sea incapaz de explicarlas. En efecto, el poema no se amolda sin fracturas a la disciplina de la prosa. La lógica del sueño poético, suponiendo que exista, cobra importancia cuando sugiere, avanza, sospecha, no cuando certifica sin recelos. Por ello, no podemos leer un poema para hallar la fórmula del movimiento uniformemente acelerado, lo mismo que no es lícito exigir de un manual de mecánica reveladoras impresiones sobre el primer amor.

                                                 (...)

Para mí, la poesía es una disposición de la mente a la que en escasas ocasiones nos es dado acceder. No por excelsa y apartada, sino por su esencia telúrica y por ese enraizamiento en lo inicial al que estamos habitualmente ciegos y sordos. Cualquier tema le es propio, aunque no cualquier tratamiento. En esto soy riguroso: no toda ocurrencia donosa puede ser poesía.

                                                 (...)

La importancia, más que en el tema elegido, radica en cómo se aborda, en qué se desprende tras la lectura de unos versos briosos que, en definitiva, tienden siempre a plantear: ¿no habrá una alternativa a lo existente, un jirón de lo cotidiano que se entreabre al final de un poema, un cauce de sucesos insospechados que fluye desde siempre en nuestro olvido a la espera de que decidamos surcarlo con otras naves? ¿Acaso hay otra poesía?


sábado, 7 de febrero de 2015

Jimi Hendrix, "Along the watchtower", cómo no.

No tengo intención de justificar mi elección, ya que es una de mis canciones favoritas desde hace décadas. Creo haberla colgado ya anteriormente, pero da lo mismo. 

Ese solo de guitarra es un monumento de fuerza e inspiración. Bien podía haber cabalgado a lomos de helicópteros en "Apocalyse now"... 

Indispensable. 

viernes, 6 de febrero de 2015

Derrota.



El largo atardecer que lleva un rato dorando las fachadas de las casas tiene sus ventajas. Permite contrastar tonalidades del azul con las barrigas de esas nubes silenciosas que van perdiendo día mientras desaparecen por el este. 

Siempre me atonta un poco contemplar el abandono en que la luz se desvanece muy poco a poco. Como si la vergüenza de haber perdido esta batalla otra vez más solo pudiera sobrellevarla por impulsos nimios, levísimas coloraciones que van variando al mismo ritmo que escribo estos apuntes un pelín consabidos, casi sin pensar. 

Ahora mismo ya hay una grisura mayor que se ha impuesto al color. Sin embargo, cualquiera diría que aparece desde la misma entraña de los objetos y se desparrama con timidez, casi no deseando estar presente, con una imposición sibilina que coge desprevenido al espectador. Cuando quiere darse cuenta, ya es la noche. 

Pronto se encenderán las luminarias para engañarnos con relieves falsos, sombras equívocas, decorados de oropel. Pero sabemos que falta una eternidad para que el proceso se repita, aunque esta vez en un enloquecedor sentido inverso que exige ojos nuevos, otra voz para apreciarlo como es. 

Bienvenidos a la oscuridad. 

jueves, 5 de febrero de 2015

Casualmente


Pues estaba leyendo "Los jóvenes bárbaros", de Mircea Eliade, y en su página 265 me topo con esta conversación entre varios jóvenes intelectuales en la Rumanía de los primeros años 30.

"-¿Quién sabe de vuestros dramas y sufrimientos, eh? ¿Quién sabe de vuestras obras? ¿Diez, cien, mil personas?
                                        (...)
-Mi querido amigo -dijo con calma David-, a Goethe lo conoce mucha menos gente que a Ramón Novarro (...). Lo que dices es completamente absurdo. Es natural que tus millones de rumanos, o de ingleses o de rusos, no entiendan lo que hablamos y escribimos. Este no es un criterio válido para juzgar nuestras acciones o nuestros pensamientos. No importa si sólo nos entienden mil o cien hombres en lugar de un millón. Quiénes son esos hombres, eso es lo único que importa, ése es el único criterio para emitir un juicio de valor.

-Tanto peor para vosotros, los intelectuales. A mí no me importan el millar ni el centenar sino los millones. 

-Si la humanidad hubiese adoptado ese criterio desde el principio de la historia, no habría existido historia. No se habría descubierto nada, no se habría creado nada. La primacía colectiva pura sobre la élite significa la vuelta al reino animal. Idénticas leyes económicas y biológicas siguen una manada de toros y una sociedad humana.
                                      (...) 
-En otras palabras: desprecias al hombre que se ha quedado ligado a la tierra, desprecias a todo hombre que no sea capaz de entender a Eddington o de disfrutar con Picasso. 

-Nada de eso, no lo desprecio. Hace mucho que me conozco esa arma vuestra: la de considerar la inteligencia, la cultura y el talento como medios subversivos para menospreciar y oprimir a los demás. Pero esa es un arma ridícula. No traicionar nuestra misión, la misión del conocimiento y de la creación no significa que se desprecie a los hombres que hay a nuestro alrededor, a los hombres que se han quedado ligados a la tierra, como tú dices."




Lo copio por si tiene algo que ver con mi entrada del otro día ("Floración") y la intervención de ese argentino anónimo que creo que tomaba el rábano por las hojas. 

martes, 3 de febrero de 2015

Más sonidos.


Y también he estado escuchando a Jaroussky en "Niobe Regina di Tebe"...





Y el estratosférico y, sin embargo, delicadísimo "Alto Giove".


Under my thumb.

No sabía qué canción clásica de los Rolling me apetecía escuchar, ni si en directo o en su versión original. 

Al final, me he decidido: 

lunes, 2 de febrero de 2015

Floración


La estudiada decrepitud de las flores en el jarrón, en la mesa del comedor, congrega pensamientos igual de marchitos sobre cómo el dispendio magnifica un retorno paulatino a la materia inerte. Aquello que trajo apariencia de vida, belleza, placer, en suma, se desmorona por las horas cotidianas hasta volverse irreconocible. 

Los capullos se inclinan ante el peso de la decadencia, desgajan los pétalos ajados, corrompen el agua que los acogía. Pronto se secarán sobre el polvo acumulado en la madera, irán pudriendo tantas ambiciones que hasta llegar allí los habían sostenido en lozanía y empeño comercial. 

Es evidente que todo lo bello trae en su interior un hecho mortal. También, que el conflicto entre expectativas y devaluación nos resulta tan familiar como el sonido del despertador cada mañana, aunque no más placentero. Da la impresión de que sería mejor haberlas adquirido vivas, con la incertidumbre de su crianza y los períodos largos sin producción. O muertas y ya desecadas, hundidas en ese perfume a mortaja que avasalla en las floristerías elegantes.  

Pienso si acabar con la agonía y desterrarlas al fondo del cubo de basura. O, mejor, seguir unas horas más contemplando su caída desprovista de fuerza ninguna, polen sin sentimientos, hojarasca perdida para todo placer, y escribir unas cuantas tonterías como estas mientras repito para mis adentros que no es cierto, no hay ninguna relación, no tenemos nada que ver. 

domingo, 18 de enero de 2015

Mann, Goethe, todo lo demás.



Llevo días sintiendo la necesidad de resarcirme de esta temporada de abandono del blog y comentar la realidad. Pero estoy tan saturado de opiniones como todo aquel que encienda la radio o la televisión, así que voy a prescindir de dar mi punto de vista. Al menos, sobre la situación política de este patio de Monipodio nacional y los tremendos sucesos de Francia, asuntos que me tiran de la lengua más de lo que quisiera. Para charletas de bar y otras evidencias siempre hay tiempo en el "Picapiedra" a la hora del café.

Esta semana he estado leyendo "Carlota en Weimar", de Thomas Mann. Me la regalaron hace la tira de años, pero por un motivo u otro no la había conseguido terminar. A pesar de cierta dureza de estilo, característica de Mann cuando se ponía excelente, es una estupenda, magnífica novela. 



Narra la visita que Carlotta Buff, la famosa Lotte, ya viuda y sesentona, hace a un anciano Goethe cuarenta años después de la relación que llevó a este a escribir su "Werther". 

Pues bien: cuenta Thomas Mann que, apenas se acaba de registrar la protagonista en el hotel, una multitud de personas de toda edad y condición social se arremolina a las puertas deseando contemplarla, hablarle, tocar acaso a la figura real, la vera effigies que fue modelo para el personaje de la novela que cambió la mentalidad y la literatura de su tiempo. ¡Todavía en vida del autor y de su antigua amada! ¡Acojonante!

Está claro que el autor deseaba (en 1939) contrastar la altura intelectual del primer romanticismo con el salvajismo nazi que le había hecho exiliarse de su país y su versión del episodio histórico la tomó con muchas libertades. Pero, con todo, el contraste con la época actual, salvando las inevitables distancias, es apabullante. 

No me imagino a nadie esperando conocer a quien pudiera ser modelo de, pongamos, cualquier personaje de Eduardo Mendoza o Juan Marsé. Y, si hubiera interés, calculo que sería por ver al Pijoaparte rebuznando como tronista en alguno de esos programas de sobremesa. O a Teresa enseñando las tetas en Interviú. 



No, no me parece que la sociedad del momento se desviva por nada relacionado con la cultura. De hecho, esta se va convirtiendo cada vez más en refugio de una minoría. No recuerdo haber tenido una conversación sobre nada interesante en este ámbito desde hace años (salvo con los habituales). Tampoco la he escuchado en boca ajena. Ni la música es capaz de suscitar las emociones que a nosotros, adolescentes de provincias, nos arrastraban a principios de los años ochenta. Parece que los intereses colectivos se han desplazado. Lo que no encuentro es dónde residen ahora, salvo en la inmundicia intelectual del chascarrillo, el morbo, lo cutre y la zafiedad más anodina. 


Seguiremos leyendo a Mann, y que la turris eburnea se mantenga en pie un tiempo más. "Après nous, le déluge".


martes, 13 de enero de 2015

Biblioteca privada.




Uno tiene la voluntad, pero se entremezcla el destino, qué quieren que les diga. Por circunstancias que son más propias de este último que de quien suscribe, he podido reflexionar sobre lo que uno tiene, lo que va acumulando con los años y lo que sobra. 

Decididamente, sobran demasiadas cosas que se adhieren a los recovecos y lastran cualquier movimiento. Nuestra tendencia a almacenar necedades, y no solo hablo figuradamente, debe ser recortada de vez en cuando con un buen cubo de desperdicios. El contenedor de debajo de casa ejerce una imprescindible función purificadora. 

Estos días he encontrado un breve compendio de las facetas que me componen. Lo que no he conseguido, lo que sí logré y ha pasado como una sombra, sin dejar recuerdo o con visiones amargas. Lo que estuvo un tiempo en mí y era imprescindible, quién recuerda ahora aquellas obsesiones, tanta pasión. 

Datos imprescindibles que he olvidado con justicia, empresas abortadas en su inicio, nombres que no me sugieren nada en concreto por más que los invoco. ¿Hasta qué punto uno es el mismo que vivió? Hace solo diez años, o poco más, ni siquiera sospechaba lo que ahora es rutina. 

Ordeno documentos, libros abandonados  a medio leer, objetos que formaban parte de un orden adormecido en la memoria. Hubo discos que formaron un universo y ahora apenas me sonríen desde sus portadas mientras les quito el polvo con desgana. Otras veces, me reencuentro con pasajes decisivos y reconozco sus pliegues, pero de un modo bien diferente, como si se hubieran usado en demasiadas ocasiones y no conservasen la pátina, dejando de ser esenciales. 

Me temo que soy un desagradecido. 

martes, 9 de diciembre de 2014

El País, Tusquets, Juan Trejo y la madre de todas las chorradas.



Hace tiempo que no presto gran interés al suplemento de libros de El País, pero no conviene despreciarlo: de vez en cuando aparecen vestigios sutiles de lo que un día pudo o pretendió ser. 

Este sábado leí la reseña del último Premio Tusquets de novela, "La máquina del provenir", de Juan Trejo. Francisco Solano saca la navaja de Albacete y amaga a la yugular: "Después de leer, o más bien padecer, "La máquina del porvenir", a quien se le ha entregado (¿cómo serían las demás?) el X Premio Tusquets Editores de Novela, asalta la extrañeza de que dicho premio no quedara desierto". 

"...A la vista del resultado, no cabe sino afligirse del descrédito en qu incurre un premio que generosamente acepta como excelencia el batiburrillo, la inconsistencia, la arbitrariedad, la desproporción, la pereza estilística, la misteriosa certeza, el delirio cósmico, el esoterismo más beatón...", dice luego. Y lo trufa de citas del libro que fundamentan sus diatribas con bastante precisión, todo hay que decirlo. 

Vaya, que hace una reseña, o crítica, que casi parece de verdad.  Y no niego que "La máquina del porvenir" sea una filfa, que lo será, nadie lo duda, pero me huelo que por debajo de tanta profesionalidad hay otra cosa. Por ejemplo, que Tusquets no es de la cuerda de esa redacción. O que el tal Juan Trejo no viene apadrinado por quien debería para ser tratado con más benevolencia. Como se trata sistemáticamente, digamos, a los ganadores del Premio Planeta y otros de la misma casa. Sin ir más allá y pasar a otros premios puramente "literarios" que los planetoides nunca han querido ser, por supuesto. 

¿O es que ahora nos desayunamos con que todos los premios nacionales de cierta entidad están pactados entre agentes literarios, editoriales y gentuza de la misma calaña (1)? ¿Hay alguien medio puesto en el cotarro concursil que no esté al tanto (2)? Alguno habrá, supongo, pero no en este sistema solar. 

¿Como serían las demás novelas presentadas al Tusquets, querido Francisco Solano? Yo te lo diré: la mayor parte, muy malas. Pero me apuesto la paga de navidad a que entre ellas habría al menos una media docena de textos decentes. Textos de mucha mejor calidad que la bazofia que te han hecho tragar tan a pelo, sin directrices de "a este me lo tratas bien" o "cuidado, que hay intereses por medio". Lo habitual, sin ir más lejos. 

No, si es bien divertido leer este tipo de "críticas". Pero, por favor, no se me caigan del guindo a estas alturas de siglo XXI...


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(1) Lo cual es otro ejemplo más de corrupción descarada, más aún cuando en muchos casos anda por medio el dinero de entidades públicas, que nadie parece interesado en investigar. 

(2) Recomiendo echar un vistazo a www.premiosliterarios.com; concretamente, su foro de "premios literarios". Aleccionador. 

"Posesión", de A. S. Byatt



Tengo frescas todavía las últimas imágenes de "Posesión", novela de A. S. Byatt que ha acompañado mis viajes de la última semana. Y he acabado con la sensación de haber leído algo importante. No perfecto, porque tampoco hace falta, pero muy bien escrito y con enjundia: rara avis en estos tiempos de mierda literaria (ver entrevista de hoy con Harold Bloom en El País y mi próxima entrada de este blog).

La historia no puede ser más libresca: Roland Mitchell, un investigador de ínfima categoría de una universidad inglesa topa un día con el esbozo de unas cartas que escribió un siglo y medio antes el autor en que se está especializando, Randolph Henry Ash. Le resulta estimulante, pues muestra una faceta del poeta victoriano que nadie había sospechado hasta entonces. 

Con ayuda de Maud Bailey, una profesora y feminista a quien conoce cuando busca más datos para saber quién era la destinataria de la carta, descubre la figura de Christabel LaMotte, receptora de las mismas y alguna otra cosa más que no desvelo para que quien desee leerla, cosa que recomiendo encarecidamente, encuentre sus 542 páginas más estimulantes, si cabe. 

El tiempo histórico se va mezclando con el "real", con las relaciones y peripecias de unos personajes que parecen obsesionados con la posesión de las cartas, unos, con el conocimiento de la intimidad del añoso poeta, los demás, y en general con no vivir sino de manera vicaria, por delegación, abismados en minucias librescas que, en un episodio final de gran calidad, enlaza ambos mundos, ambas épocas, de manera brillante, emotiva. 

Lo siento, no puedo decir más. Salvo que voy a pillar todo lo que encuentre de A. S. Byatt. Aquí hay un nivel que no se ve todos los días. 



martes, 2 de diciembre de 2014

Elogio del desastre.


Tenía la idea de escribir sobre el cambio, pero sin nada concreto en la cabeza. Sucede que últimamente estoy atravesando una de esas temporadas en que no hay tiempo para otra cosa que vivir, y a veces ni siquiera. Demasiada transformación que exige mano firme para que no se apodere de la realidad y la lleve en volandas. Definitivamente, falta el sosiego que siempre me ha gustado administrar con largueza y, por ello, todo lo demás se resiente. 


No obstante, temo que las mudanzas estén cogiendo a muchos con el paso cambiado. Recordaba el otro día, viendo una foto de la época de la primera movida, lo que ha cambiado la vida desde el año 80. Sobre todo, en el aspecto inmaterial. Esa ligereza impuesta por decreto, ese petardeo, esa ebullición, tanto derroche de vida y creatividad... Detesto aquella juventud tanto como la echo en falta ahora, en esta grisura torpe que parece alargarse para siempre. 

En realidad, supongo que el único paraíso es el pasado, y anidan demasiadas sierpes dispuestas a amargarnos la estampa ideal. Además, es inalcanzable. Todo se va descomponiendo, muchas veces para mejor. Deseo que estos últimos seis años pasen por la memoria como los peores de mi vida, aunque sé que no es cierto. 



Peor fue la segunda mitad de los setenta en aquella Zaragoza absurda, anodina, castrante. Vuelvo allí cada par de meses y todavía no logro quitarme ese viento gris de la cabeza. Está en la Feria de Muestras de todos los otoños, la Plaza del Pilar con sus guiñoles, que eran bucle de unas mismas burlas trasnochadas, año tras año. La tienda de Toldos Serrano, aquella tapia infinita al arrancar la carretera de Logroño, el Coso degradado y hostil, la nada más absoluta tarde tras tarde de paseos por el Parque. 



Ese vacío se enroscaba en la garganta y no dejaba pensar, escapar de allí. Creo que todavía me asoma a los ojos cuando no puedo escribir, cuando se me ocurren las ideas pedestres que llevan semanas rondando el caletre y no logro desecharlas. 

En serio, deseo que el cambio inminente arrase con ciertos brotes de antaño. Deben ser aniquilados de raíz. Han hecho demasiado daño.  

jueves, 13 de noviembre de 2014

"King Arthur", de Henry Purcell, por el King's Consort & Choir.


Creo que los he visto cuatro o cinco veces, y cada vez me gustan más. Da igual qué toquen. Tienen una innegable maestría y un sentido de la interpretación del repertorio barroco que deja pasmado aun al más reacio. 

En el caso de "King Arthur", de Purcell, lo tenían fácil. O más difícil que nunca, depende de cómo se considere. Fácil, porque es una obra de gran lucimiento, tanto para la orquesta (fantástica esa noche, no deseaba que acabaran) como para los solistas (todos, todos estuvieron a altísimo nivel, especialmente la soprano y el tenor, pero me gustaron todos).

Y difícil porque, si no se da la talla, las carencias resaltan como faros en esta obra de problemática ejecución y muy conocida. Nadie puede deslizarse lo más mínimo. Los King's Consort tuvieron la noche feliz, como tantas otras, y demostraron que no llevan en el escenario desde 1980 por nada. 

Como muestra, dos fragmentos más bien intimistas de una obra que tiende a lo grandioso y coral. Una delicia. 






Con estas maravillas, ¿a quién se le ocurre pensar en corrupciones, cataluñas y demás? De eso ya hablamos otro día.

lunes, 27 de octubre de 2014

La Pegatina





Eran fiestas del pueblo, junto a la raya de Castilla-La Mancha, y el ayuntamiento había organizado un festival de los de nombres importantes en el cartel. Lo más gordo era las actuaciones de Love of Lesbian y Vetusta Morla. Había masas de seguidores, sobre todo, de los segundos, llegando al campo de fútbol. Y, por una vez, el sonido no fue infame. 

Nosotros fuimos por los Lesbian, claro está. Apenas me sonaba haber oído alguna cancioncilla de La Pegatina y saber que era un grupo de Barcelona con componentes españoles y franceses.

Como suele suceder, Vetusta Morla me aburrieron sobremanera con su rollo serio-trascendente. Love of Lesbian no estuvieron mal, aunque por debajo de lo que les he escuchado en otras ocasiones y con la voz de Santi Balmes un poco floja. Sin embargo, los penúltimos en cartel, los teloneros de pasar un rato hasta que llega el plato fuerte, me parecieron lo más estimulante de la noche. 

Reconozco que son simplones, más bien repetitivos y poco originales, pero me da lo mismo. Lo pasé de vicio. Bailamos, coreamos estribillos, saltamos, dimos unos pasitos hacia un lado, otros hacia el otro... Lo que se dice un desmelene primario, aunque bien ejecutado en el escenario, con energía para aburrir, un sonido bastante pasable, bien cantado, bien instrumentado (la sección de viento es muy eficaz y da un aire cosmopolita a su sonido). 

No creo que haga falta más para disfrutar en fiestas de un pueblo. Creo que a la semana siguiente actuaron en los Pilares, en Interpeñas, me parece, y estoy convencido de que arrasaron. 

A continuación, otro de sus éxitos presentado con un vídeo gamberro y gracioso, como de costumbre: 



sábado, 18 de octubre de 2014

Ayer por la tarde





Creo que no hace falta añadir glosa alguna a la maravilla que pudimos disfrutar ayer en la sala de cámara del Auditorio Nacional. 

El conjunto Cantus Cölln resultó tan fenomenal como prometía. Apareció con un programa integrado por Heinrich Schütz (sus madrigales italianos del "Primo Libro de Madrigali"), Johann Hermann Schein (madrigales de "Israelsbrünnlein") y Heinrich Albert (canciones en 12 partes de "Eine musikalische Kürbishütte"). 

Vamos, barroco alemán hasta en la sopa. Y qué delicia. Un concierto de los que abren el apetito para la nueva temporada. 

Escuchemos otra muestra estupenda, pero esta vez a cargo del Concerto Vocale:



¿Sí o no?

lunes, 13 de octubre de 2014

Cánovas, etc.

No sé qué puedo decir. La emoción no admite glosas. Tampoco los recuerdos más lejanos que, a pesar de serlo, se refrescan cada vez que suenan Cánovas, Rodrigo, Adolfo y Guzmán. Quizás mi canción preferida sea "Sólo pienso en ti".




Y qué decir de la celebérrima "Señora Azul". No sé si la mejor de sus melodías, pero tiene ese sabor...



O el evidente vitriolo aplicado a las relaciones de pareja en "Nuestro problema":



Para terminar, la estupenda, breve e irónica "Linda prima".



Sin desperdicio. Y que ya hayan pasado cuarenta añitos de nada...

jueves, 9 de octubre de 2014

No, no es lo mismo.



A algunos (a muchos, a lo que se ve) les traerá sin cuidado, no lo dudo, pero afirmo que no es la misma cosa escribir excelentes colecciones de cuentos como "Los que duermen" que enfrentarse con una novela y salir bien librado del intento. 

Es lo que ha ensayado Juan Gómez Bárcena, de quien ya comenté elogiosamente su libro de cuentos en la entrada de 23/2/14. Me refiero a enfrentarse con lo novelesco y, por lo que dicen innumerables gacetilleros, hacerlo con brillantez. 

Me he resistido durante meses a escribir este comentario porque, aunque no puede decirse que sea malo, no estoy muy contento con el resultado de su primer enfrentamiento con la narración de largo aliento. Y es que no es tarea fácil desarrollar la anécdota a lo largo de doscientas y pico páginas sin que le pese al lector, sin que dé la sensación de que se está alargando artificiosamente y lo que sucede no acaba de contar con la variedad y hondura suficientes para mantenernos pegados a la historia. 

Además, esta ni siquiera me ha interesado demasiado. La de dos jovenzanos que en la Lima de principio del siglo pasado traman un ardid para engañar a Juan Ramón Jiménez, por muy cierta que sea, la verdad es que me da lo mismo. Incluso si, como parece que sucedió, Juan Ramón se enamora a distancia de la señorita limeña que se inventan los juerguistas. Todo para conseguir algún libro de poemas dedicado por el autor. 

No sé si alguien piensa todavía que lo verdadero debe ser verosímil. En "El cielo de Lima", Juan Gómez Bárcena no lo logra casi nunca. Menos, cuando a mitad de volumen la novela decae visiblemente y solo se sostiene en parte por la buena prosa del autor. 

Prosa que, como no podía ser de otro modo, ha perdido la tensión, elegancia y eficacia que me encantaron en sus cuentos. Porque sostengo, a pesar de todo, que Juan Gómez Bárcena es un buen escritor y estoy seguro de que en el futuro dará muestras de ello. 




Si la historia hubiera servido como excusa para profundizar, bien en la época, bien en los personajes principales, que tienen su atractivo pero no acaban de desarrollarse, solo de ese modo, digo, podría haber cobrado algún interés. Pero el autor desperdicia estas posibilidades por contar el devenir algo errático de los personajes, que no terminan de perfilarse con energía. Muy al final, no obstante, remonta algo lo floja que ha sido la segunda mitad del texto. 

De todos modos, "El cielo de Lima" ha gustado bastante por ahí y parece que se está vendiendo bien. Será que no tengo ni idea de literatura y todo se me hace solimán. Yo, por el momento, sigo esperando algo más acorde con su verdadero nivel. 

domingo, 5 de octubre de 2014

Marías y Cataluña




Javier Marías, el celebrado escritor, seguido por una legión de entusiastas lectores que no se pierden ni un solo libro que salga de su prolífica pluma, es un caso notable. 

Por un lado, creo que es el peor novelista actual que se me ocurre. Y no hablo de gustos particulares, sino del mero hecho físico de redactar un texto. Las pocas veces que me he atrevido a perder el tiempo con uno de sus libros he debido desistir, abrumado por una montaña de torpezas literarias que estomagan el espíritu más transigente. Y no soy uno de ellos, bien lo saben ustedes, abnegados lectores. 

Pongo un par de ejemplos del único truño suyo que conservo en mi biblioteca y que, por supuesto, no he conseguido acabar, ni mucho menos. Se trata de "Corazón tan blanco", publicada en Anagrama en 1992, uno de sus primeros éxitos. 

"La mulata, indecisa y confundida, volvió a mirar hacia arriba, ahora ya sin duda hacia mi izquierda, sin duda hacia el balcón que se había abierto y hacia los brazos fuertes que eran cuanto yo veía, los brazos largos del hombre en mangas de camisa, las mangas arremangadas, blancas, los brazos velludos, tanto o más que los míos. Yo había dejado de existir, había desaparecido, también estaba arremangado, me había subido las mangas al salir al balcón para acodarme, hacía rato, pero ahora había desaparecido por ser yo otra vez, es decir, por ser para ella nadie." 
(Pág. 30, aunque en la 31, varios párrafos después, todavía sigue hablando de los "brazos fuertes, velludos", con la misma prosa elegante).

O este otro: 

"El profesor Villalobos cambiaba constantemente de tema, no sin esfuerzo, pensé que estaba aburrido de nuestra compañía. Ya no debía de temer al fuego, porque el camarero le trajo la caja de puros, cogió sin dudarlo uno (conocía las marcas), no lo olisqueó (era un hombre educado, tampoco llevaba sortijas), se lo llevó a la boca -la boca mojada que está siempre llena y es la abundancia- y permitió que le acercaran demasiado a la cara una llama inmensa con la que se lo prendieron. Olía mal aquel puro, pero yo no los fumo. El profesor dio unas chupadas, y mientras lo hacía sus ojos volvieron a ausentarse o su cabeza a enterrarse en pensamientos oscuros. Tampoco ahora pareció insincero: cuando se quedaba abatido y callado se parecía un poco a aquel actor inglés que se suicidó hace años en Barcelona, donde Villalobos vivía, George Sanders era su nombre, gran intérprete. Quizá había vuelto a cordarse de que era desgraciado y de que eso no era algo que le hubieran contado, ni que hubiera leído, ni que se hubiera inventado, ni que formara parte de ninguna intriga".
(Págs. 254-255)

No sé si puede concebirse algo más ramplón, estúpido y pueril, pero ya lo he dicho: muchos lo adoran. Los debe de tener encandilados con esa verborrea suya de (mal) bachiller. Habría que aprender cómo lo hace: igual nos sacábamos unos cuartos embobando al personal. 

No obstante mi aborrecimiento por el novelista, he de decir que sus artículos semanales en El País son generalmente muy buenos. Concretamente, la semana pasado publicó uno sobre la cuestión catalana que me pareció soberbio. Mientras lo leía tuve la sensacion de que me estaba quitando las palabras (y los argumentos) de la boca. 

Fue sensato de juicio, correcto en la expresión, claro en los contenidos. Utilizó los muchos conocimientos que indudablemente posee para analizar una situación que a muchos fuera de Cataluña ha de tener despistados. Sacudió estopa a los de antes (Zapatero) y a los de ahora (Rajoy y compaña); a los de dentro (Mas, Esquerra y el papanatismo totalitario) y a los de fuera (el centralismo cerril que no sabe ver la gravedad de la situación y, menos, proponer alternativas), puso las cosas en su sitio y, en general, resultó reconfortante saber que,aunque no lo parezca, hay personas con dos dedos de frente en todos los sitios.

Cómo puede haber tal disparidad entre la prosa de ficción y el ensayo en un mismo escritor, no tengo ni idea. Parece caso de personalidad múltiple, como si el mentecato se transmutara a voluntad para ofrecernos excelentes muestras de periodismo. Sin embargo, tengo clara la conclusión: lean los artículos, nunca los libros de este peculiar personaje. Lo agradecerán. 

jueves, 25 de septiembre de 2014

Evolución.



Releo "Dos imágenes en un estanque", cuento de Giovanni Papini que está incluido en "El piloto ciego", editado por Rey Lear, y que da un giro curioso a la tradicional idea del encuentro con el doble. En este caso, se refiere a la persona que uno fue y se presenta ante el protagonista bastantes años más tarde. Recomiendo la colección de relatos y cualquier otro del estilo de "Gog", "Magog" o "El libro negro". Fundamentales. 



Casualmente, días antes había tenido una conversación de esas en las que en realidad monologaba con auditorio. Proponía a mi contertulio la sensación de que los años pasados desde que llegué a Madrid para instalarme definitivamente habían causado cambios graves en mi carácter. 

Y venía a cuento de cómo me había comportado con una persona que, en definitiva, debe de pensar que soy idiota y deseaba abusar de mi paciencia. Además, con malas prácticas. Todo, porque una vez me porté bien con él... En fin, que estuve borde pero discreto, displicente pero (casi) cortés. Y dije una porción de cosas que en absoluto pensaba cumplir. Hace una década habría obrado con mejor o peor fortuna, pero me habría enfrentado a las claras y habría sido certero, directo, quizás brutal. 

No creo que sea cuestión de cobardía. Al menos, no en su mayor parte. Es más bien la perspectiva de que mucha gente no me aporta nada en absoluto y absurdamente exige más cada vez. Me ahoga el convencimiento de que no merece la pena explicar mi punto de vista porque, o no se tiene en cuenta, o no se escucha o no se comprende. En todos los casos, un mismo resultado. 

De ahí que cada vez sea menos sincero, más cauto, más introvertido. Y no es que haya ganado en profundidad o en sutileza. Más bien, a menudo no tengo un interlocutor solvente y mantenerse al margen es el mejor modo de resistir. 

También me altero menos, para alivio de quienes me sufren. Claramente, considero que ahora soy peor persona, aunque me gusto más. 

jueves, 18 de septiembre de 2014

Otra vez.



Me gusta escribir sobre el otoño. Es una estación de deslices y, pese a no poder disfrutarla apenas por las sevicias del trabajo, siempre ejerce una ambigua influencia.

Anteanoche tuve una taquicardia insólita, injustificada, como venida a destiempo. Hoy me encontraba algo cansado. Ayer por la mañana tuve la urgencia de salir de mi despacho y andar. Me habría gustado que fuera por el monte, bien calzado y acompañado por mi perra, pero me contenté con hacerlo por los alrededores. 

Está claro que no me apetece lo que hago (¿a quién sí?) y que cada vez mi mente lo disimula peor ante mí mismo. Hace tiempo, este mes transcurría con la urgencia del agobio. Ahora, o me estoy dejando llevar por la abulia o es que todo me la suda y no quiero dejar de constatarlo. 

En cualquier caso, las nubes sufren esos abombamientos estacionales, esos desgarros y derivaciones que tanto me agradan. El viento comienza a ser más fresco. La luz, sobre todo, se ha convertido en un mundo que estaba esperando desde hace cinco o seis meses y tímidamente se afianza. 

¿Quién podría permanecer impasible?

lunes, 8 de septiembre de 2014

No sé si merece la pena...


Esa suerte que no llega nunca sí tiene, en cambio, guardado un premio: la disciplina de la espera. Es cierto que no alcanza la consumación cuasi mística del objetivo, pero mantiene la mente alerta y selecciona actitudes y preferencias que de otro modo quedarían obtusas, cercenadas. 

Especialmente, en el lado creativo; también en el humano. Se está más alerta cuando no ha habido nada que llevarse al coleto durante una larga temporada. La gazuza estimula el gusto y afina otras aptitudes. Uno debe diversificar los estímulos si quiere lograr cualquier tipo de satisfacción. Hay que ensayar posturas diferentes, no cabe duda. 

Por otra parte, esta leve insatisfacción tiñe de melancolía otros negociados que no deberían verse afectados y, de ese modo, cobran un sabor definitivamente más profundo, menos consabido, alejado de simplezas y líneas demasiado rectas. 

Prefiero no dar más argumentos. Supongo que estoy tratando de justificar algo que no termino de creerme. 

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Alguna reflexión...



No sé si eso era lo que estaba esperando, pero quizá no tuve la osadía de enfrentarme con todas las consecuencias, ofreciéndome de lleno, aceptando que era una invitación. No lo sabré nunca. Las mejores cosas de la vida sorprenden siempre, llegan inesperadas y sólo somos capaces de apreciarlas cuando han pasado brevemente por los labios, tan deprisa que no nos dio tiempo a paladearlas. 

Nos rozaron y sigueron su camino sin que fuéramos capaces de entender, ni siquiera años después, la importancia capital de ese momento escurridizo, esa excitación breve, ese detalle de apariencia inofensiva que tras la decantación del tiempo y la inteligencia cobra una dimensión gigantesca, capital en nuestras vidas. 

Desafortunadamente, no es posible volver. Sólo cabe girar la vista desde la ventana que se escapa y jurar que en la próxima ocasión seremos más intuitivos, esos seres osados y desprovistos de ataduras que nunca hemos llegado a explorar pero deben de anidar dentro de nosotros. Tienen que estar en algún lugar. 

En definitiva, más que la agonía del pasado imposible, estamos celebrando la muerte de nosotros mismos. 

martes, 5 de agosto de 2014

Gaspar Sanz.

Los celebérrimos "Canarios" de Gaspar Sanz, tocados por este músico vasco llamado Enrike Solinís, me parecen una delicia. Que está tremendamente capacitado para entender la chispa y a la vez la sutileza de la música barroca española, resulta evidente en este vídeo:



Para muestra, estas jácaras, también interpretadas con el Euskal Barrokensemble que, para desmentir tópicos y estupideces, le dan un toque flamenco y muy contemporáneo. 



Ahora solo falta ver a un grupo de andaluces tocado la txalaparta. Seguro que no desmerecían. 

sábado, 2 de agosto de 2014

Más de la Joplin.


Esta versión del clásico "Ball and Chain" en el festival de Monterey en 1967, dicen las crónicas que dejó patidifusos a los sentadísimos oyentes. No sé por qué sería... Por si acaso, y conociendo a Janis, vamos a sujetarnos a los asientos nosotros también.




Y me reitero en lo del rajó.

martes, 29 de julio de 2014

Janis Joplin.


Y hoy me doy el capricho de enlazar esta abrasiva versión en directo de "Maybe" solo por el lujo de volver a escuchar la voz de Joplin...



... En otra historia desgarradora, como es habitual en ella. Hay momentos en que tiene hasta "rajó". Hay que joderse, qué fenómeno de mujer. Y qué triste era, la pobre.

Yo, otra vez, pero tengo excusa.


Lo de cumplir años es fácil de entender. El desacuerdo entre la biología y el intelecto es algo menos llevadero. Y he constatado que a muchas personas les sucede igual: no se sienten representadas por la edad que tienen en realidad. El cerebro es mucho menos maduro que el resto del cuerpo, por así decirlo. A veces, con diferencia incluso de décadas. 

Pues bien: según consta en mi partida de nacimiento y en los recuerdos familiares, hoy hace cincuenta y dos años, a las tres de la tarde, dio la casualidad que nací en Tarazona (Zaragoza), y lo que me interesa de esta circunstancia, cuestiones anímicas aparte, es que tanto tiempo más tarde sigo como otros muchos de mi generación, sin vender una escoba. Y lo peor es que dudo mucho que alguien vaya a dejarse convencer en el futuro, así que, seguiremos con el remanente en la trastienda, dispuestos a aumentarlo sin cesar.

Vaya, que estoy optimista. Y eso que aún no me ha llegado la melancolía de la constatación. Eso sucede semanas o meses después, pero tampoco es grave. Cosa climatológica (del cerebro), más que nada. 

La realidad es que nos vemos arrojados al mundo, que dirían los filósofos, y nada nos facilita entenderlo si no se conoce lo que sucedió bastantes años antes de acceder nosotros. Y no me refiero solo a consultar los libros de historia. Es por lo mismo que no me parece bien que un inmigrante vote en el país de acogida: votará "en su país mental", no en el nuevo, puesto que ni lo conoce ni ha seguido y vivido su evolución en el plazo de, pongamos, veinte o treinta años. Lo que hace es aplicar los criterios, prejuicios y conocimientos de su lugar de origen al nuevo emplazamiento. 

Algo así somos: desconocedores de dónde hemos caído hasta muchos años después, cuando quizá ya no importa qué entendamos, porque poco podemos hacer. 

Me da la impresión de que siempre he ido a contrapelo, he estado descolocado y fuera de foco. No tengo grandes esperanzas de que lo que han sido mis últimos diez o quince años de vida vayan a cambiar en un futuro, por lo que igual está bien seguir en órbita excéntrica respecto a donde se corta el bacalao. Al menos, hago lo que me parece, lo hago cuando quiero y no doy explicaciones que a nadie se le ocurre solicitar. 

Bien: voy a dejar esta digresión, porque no creo que interese demasiado y tampoco me pone de buen humor... Simplemente, celebremos lo que nos viene. No hay más.