lunes, 26 de agosto de 2013

El vermú de hoy.


Un vaso de vino rosado "12 Lunas" del Somontano bien fresquito, acompañado de unas lonchas de queso de nata cántabro. 

Que conste que no es por dar envidia, sino porque, en realidad, ni el vino ni el queso son santo de mi devoción. Ahora bien, en conjunto eliminan las asperezas del otro y quedan fantásticamente. Un maridaje perfecto. 

Pues eso, queridos responsables del cotarro que (no) me leéis: a veces hay que pensar en conjunto, no aplicar las reglas de parvulario a cualquier tipo de propuesta. Hay que "saber leer". Igual resulta que, en conjunto, las cosas cobran otro sentido.


Recuerdo que


Allá por 1989, Marta Sanuy, una de las chicas del bar-librería Cinemascopa y lectora habitual de este blog, llevó a Luis G. Martín a Zaragoza. Carmen París, por cierto, era su socia en aquellos tiempos. 




El bueno del actualmente llamado Luisgé apareció por Zaragoza (acababa de publicar su primer y excelente libro de cuentos) y hubo un pequeño coloquio, o debate, o yo qué sé, al que se autoinvitó Félix Romeo Pescador, who recently passed away and whom everyone seemed to have revered when living. Except myself. I must be quite a nasty person and still consider his rude, flamboyant personality as irritating as his writing. 

Yet, I admire his ability for public relations and also for taking advantage of an apparently risky situation ya que, sin más ni más, se quiso arrogar el papel de moderador que en un principio había asumido yo por deferencia de la propietaria. Y, hasta cierto punto, lo consiguió. Fue este mi primer contacto con las miserias del cotarro literario, pero a fe que aprendí de la experiencia. Desde entonces, famosos y mediocridades, capitalinos y provincianos, todos ellos tocados por algo más cutre que hybris, han mostrado el mismo ceño arrogante y esa necesidad infantil de marcar el territorio (1). 


Aquí, alternando con el rus de la profesión...
Procuro no acercarme a ellos o, en todo caso, hacer como que no me entero de por dónde respiran. A fin de cuentas, no acabo de hallar su beneficio, qué pretenden avasallando al que ni puede ni lo intenta, o qué corral exclusivo amurallan tan bien. Ellos gozarán de mejor vista que yo...

Pero Luis (o Luisgé) estuvo agradable, aunque frío, profesional. Su libro "Los oscuros" me entusiasmaba entonces, y así se lo dije. Aun ahora, sigo considerándolo uno de los buenos escritores de este país, por más que su obra posterior no me satisfaga demasiado. Pero es bueno, de verdad. Alguien comentó que se trataba de un tipo "un poco raro". Luego supe a qué se refería, pero su discreción o mi despiste me impidieron sospechar nada. 




Tampoco cuando quedé con él unos meses después, ya trabajando de interino en Madrid. Resulta que sus padres vivían al lado de mi instituto. La entrevista fue frustrante. Dada su parquedad de palabras y por llenar el vacío, me embarqué en comentarios que debieron de parecerle vacuos o inanes. No recuerdo cuáles fueron, pero yo también acabé con mal sabor de boca. Con la sensación de haber hecho el idiota. Porque, ¿de qué se habla con un escritor al que no conoces y con el que no tienes nada en común? 

Sólo recuerdo que en aquella época Luisgé tenía un proyecto en la sierra con el Mago Tamariz para redactar una enciclopedia del ilusionismo. Llegaba a su casa tras tomar varios autobuses y andar un tramo largo, así que sólo se veían cada par de semanas. Apasionante, sin duda. 

En cuanto a Carmen París, de sobra conocida su actividad musical, hace mucho que no la veo. La penúltima vez, creo, fue en la presentación de su primer disco. Antes nos lo había anunciado en plena Plaza de España, una tarde en que coincidimos y, aparte de mostrar su entusiasmo por la empresa que al fin emprendía, soltó trapo sobre sus andanzas anteriores. Todo muy instructivo y revelador, pero no viene al caso. 





También hace tiempo que no leo a Luis G. Martín (lo siento, pero el nombre actual me parece un poco tonto). "La mujer de sombra" es su última novela, me parece. Igual le echo el ojo. Hasta el momento, aunque no me haya interesado lo que contaba, siempre lo ha hecho con altura literaria y gran capacidad técnica. 





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(1) A veces, he temido que sacaran el pene y orinaran un círculo defensivo alrededor. 

miércoles, 21 de agosto de 2013

Watermelon in Easter Hay, de Frank Zappa



Recordé que esta pieza, de las mejores de Zappa, cierra "Y tu mamá también", una película que no sé si me gusta bastante o algo menos. Depende de cómo me pille. 



Y que luego no coloquen a este fenómeno entre los mejores guitarristas de la historia del rock... Es que el tocar bien no es solo cosa de hacer acrobacias. Cuenta el gusto, la finura, la imaginación... Cuántas veces tendré que insistir. 

martes, 20 de agosto de 2013

Hoy, que estoy un poco alegre...




...Y pienso que las ideas vuelven a fluir igual que hace tres semanas, como en el símil de la barcaza dejándose llevar por la corriente hasta donde debe estar (entrada del 27/7/20013), no debería escribir. Pase que la actividad física genera sus rutinas y predispone a pensar de otro modo. También la ausencia de movimiento engolfa el cerebro en modos peculiares, nunca desdeñables. 

Hay una magia histérica y quizás algo desvanecida en este reposar porque luego vendrá la hecatombe. Es como si tuviéramos un puñado de monedas en el bolsillo, apenas suficientes para pasar el mes, y las fuéramos tirando mansamente en la alcantarilla más cercana. Oyendo su tintineo profundo al rebotar contra nuestra abulia. 

En el comienzo de todo, esta perplejidad ante los hechos cotidianos, ante el ritmo de una vida que no tiene otra esperanza que acabar. O acabar de resultar rentable para quienes la especulan, que es decir lo mismo (1). 

Después, la vaciedad de la esperanza. ¿Es que no va a acabar nunca? ¿No hay evidencias que cercenen ese apéndice monstruoso de la personalidad? ¿A nadie le va a faltar su fe?  

Y esa noria bíblica que mantiene el rebuzno comedido, la guía en su camino, el surco donde debe. ¿Habrá zanahorias suficientes para congregarnos al rito? ¿O llegará el palo?



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(1) Por lo que se barrunta, a nuestra generación le quedan todavía muchos años para llegar a ese Olimpo. 


lunes, 19 de agosto de 2013

Informe previo. (Reductio ad absurdum)




"A modo de preámbulo, quisiéramos explicar al autor que, por haber trabajado tan solo con fragmentos sin continuidad entre ellos, los aspectos de ritmo y estructura han resultado difíciles de evaluar. Lo mismo sucede, en menor medida, con la construcción de los personajes y el desarrollo del conflicto". 

"La estructura formal de la novela consta de 52 capítulos, según el índice adjunto. Creemos muy conveniente la subdivisión de los capítulos en unidades más pequeñas (que pueden separarse por simples blancos tipográficos) que marquen pausas en la lectura y contribuyan a crear un ritmo propio en la obra. La excesiva extensión de los capítulos dificulta un buen ritmo en la obra, aunque esto no es debido solamente a la estructuración formal sino que el estilo (por ejemplo, el tipo y longitud de las oraciones), la trama (la manera como está configurado el argumento) y, sobre todo, la información que se va dando al lector, también tienen un papel fundamental".

"En las primeras palabras de su novela la información que se da es excesiva. El inicio requiere una configuración perfecta de muchos elementos: presentación de los personajes principales y del conflicto para su posterior desarrollo, creación de una atmósfera propia, la configuración del tiempo y el espacio (dos coordenadas a menudo olvidadas pero fundamentales para la historia y su verosimilitud)". 

"Por eso, recomendamos hacer un expurgo para despojar el texto de información prescindible y dotar su inicio de fuerza suficiente. Por ejemplo, no sirve de nada saber cuáles son los hábitos alimenticios del personaje principal ni si tuvo o no tuvo apodos o sobrenombres. Solo con saber cómo se le llama en la actualidad es suficiente. También hemos de afear la indecisión en precisar dónde comienza la acción. Ese detalle despista al lector y produce un efecto indeseable ya en las primeras líneas". 

"Recomendamos al autor revisar especialmente los diálogos pues aunque cumplen bien la función de aportar cotidianidad al relato y de filtrar información que el lector va recogiendo, cuando son excesivamente largos se pierde el hilo de la acción, que se detiene no siempre justificadamente. Nos referimos, por ejemplo, a las largas conversaciones que el personaje principal mantiene con su criado que, además, nos parece que sufren un problema de verosimilitud". 

"Por otro lado, el planteamiento del conflicto quizás está todavía un poco verde. Seguramente, un lector indeciso dejaría de leer, pues las personas mayores sufren ese tipo de desvaríos o comportamientos ilógicos con mucha frecuencia. Por otra parte, y este es el conflicto que da motor a la historia, la lectura de gran cantidad de novelas y los problemas derivados de ello dudo mucho que puedan generar interés en los lectores". 

"Por último y aun sabiendo que el título de una obra no ha sido escogido sin una previa gran reflexión por parte de su autor, nos gustaría sugerir su cambio. La razón principal es que "El ingenioso Hidalgo Don Quixote de la Mancha" resulta demasiado largo y, a la vez, previsible. Eso hace más difícil la retención del título concreto ("¿Cómo se titulaba la novela del Cervantes ese? Era algo de manchas o hidalgos"). 

"Por todo lo que se ha expuesto, lamentamos comunicarle que no ha sido seleccionado para ser representado por la Agencia Literaria Ideas Ajenas". 

"En el caso de que quiera un informe completo de la obra consulta nuestros servicios en la página web de Ideas Ajenas". 

"Cordialmente, 
Equipo de Ideas Ajenas". 

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Aunque parezca choteo, el 90% de las frases reproducidas son literalmente las que recibí hace unos días, así como las sugerencias (entrada del 14/08/2013). Y lo peor es que puedo darme por afortunado, al haber recibido una respuesta "profesional" tras más de cuarenta envíos.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Barrio Rojo.



Recuerdo la primera vez que visité, hace ya demasiados años, el Barrio Rojo de Amsterdam. Fue por sorpresa, deambulando al azar por las calles de una ciudad que siempre me ha resultado algo caótica, como si ensayara extenderse en mi mente por muchos canales más de los que la vertebran. 

Ahí estaba yo, contemplando a una mulata en ropa interior blanca que se contoneaba pasmosamente y me hacía señas con los labios, los dedos, con todo su cuerpo. A mí. Al parecer, era el único parado delante del cristal. La escena era tan bárbara que tardé un punto en reaccionar. No comprendía.

Pasé al siguiente escaparate iluminado. Dos jovencitas de origen eslavo simulaban acariciarse con pasión. Una de ellas miró al curioso impertinente. Me fui de allí antes que reaccionara, llevando una imagen excesiva de puntillas y lazos desbocados cabalgando mi memoria. 

Verdaderamente, no me decidía a considerar si lo obsceno superaba a lo sórdido o si primaba el componente kitsch. Pero había una innegable sensualidad en el conjunto que no llegaba a despejarse tras la ducha de grosería aportada por los clientes. Sus entradas y salidas, abrochándose los cinturones, sus negociaciones burdas en un idioma desconocido. Aunque la palabra sería, más bien, rapacidad. Por ambas partes, desde luego. No vamos a crear mártires. Para eso, el interesante vídeo que encontré en youtube. 






Lo mejor es ver la cara de los transeúntes.

Tirón de orejas.




La corrección, quitar el viento en las velas, como decían los antiguos, apostillas no siempre bienvenidas, pero instructivas, hay que admitirlas como parte del proceso. 

He recibido la crítica y el rechazo de una empresa a la que envié "Los días y la noche" (en parte injusta debido a las circunstancias del envío, pero en parte digna de ser considerada) y creo que lo mejor es espaciar el castigo, considerar con frialdad los puntos en que se sustenta y sacar provecho. 

Otra cosa es la sensación de que hace falta ser alguien para que la lectura de sus textos aparezca desprejuiciada. Quiero decir que, harto ya de lecciones y teoría literaria aplicada al consumo inmediato y a cualquier tipo de mercado (aspectos ambos que me la sudarían si no fueran los que imponen la posible publicación), que es lo que suelen hacer quienes valoran por fragmentos, una novela no es cosa de aplicar los moldes conocidos y decir: esto cuadra, esto se sale. 

Yo, como lector, no me permito ese lujo. Pienso que los comentarios publicados en este blog sobre libros que me llaman la atención son bastante claros al respecto. Y no veo por qué alguien desconocido de una agencia literaria determinada decide aplicar sus moldes consabidos sin más ni más. No todo es como debería ser, según la teoría que se use en ese momento o las prácticas de mercado habituales. A veces, lo más interesante se encuentra en algo desusado. 

Se me ocurre ahora "Intemperie", de Jesús Carrasco, que encontré hace una semana traducida al holandés. A ver quién la aceptaría basándose en las gilipolleces cortoplacistas de esta banda de mercachifles. Y, sin embargo, es un lujo de novela que no tiene nada que ver con el panorama literario actual.  

(Salvo, por supuesto, las enormes distancias que me alejan de la obra y la prosa de Jesús Carrasco. No es mi negociado, por decirlo en otros términos). 

En definitiva: no tengo claro si me han rechazado por los errores aducidos o han buscado (y ampliado) esos errores porque ya estaba rechazado: no les interesaba el argumento, era poco comercial, y punto. 

Me temo que soy un poco torpe en dos aspectos: en saberme vender, ya me lo decía el recientemente fallecido Félix Romeo, y en los arranques de mis novelas. Esto último es lo que me interesa mejorar. 

viernes, 9 de agosto de 2013

Un cierto café de Delft


Es quizás la imagen más resuelta de estos días de vagabundeo. Pure Food Café, Hills and Mills, por más señas, negocio familiar de un pakistaní que casó con aborigen de los Países Bajos. Sus hijos, por supuesto, conservan lo mejor de ambas etnias, como sucede casi siempre en las mezclas arriesgadas. 

Estaba leyendo un cuadrito con la historia del señor Kazmi, emprendedor self-made man, cuando la chica que nos había atendido, una belleza exótica llamada Baluk, tal que a la izquierda de la foto



me preguntó si entendía la explicación. Estaba en inglés (yo el holandés ni lo rozo) y se extrañaba de que un español lo controlase hasta ese extremo. No es de extrañar, después del nivel que exhibimos por ahí.



Sí: la monada de arriba, a la derecha. 

Bueno; que entablamos una agradable conversación. Es una chica encantadora, servicial y bastante más cálida de lo habitual por esas tierras. Ella misma se quejaba de la frialdad del carácter neerlandés y su escasa afición a salir a la calle, incluso en verano y con un clima excelente. 

Y etcétera, con escasos lugares comunes, buen sentido del humor y capacidad de acercarse a las posturas de unos desconocidos que aprovecharon para sonsacarle opiniones sobre bastantes asuntos. Y más profundas de lo que podría suponerse. 

Una sobremesa deliciosa en una ciudad bella y apaciguadora. 

sábado, 27 de julio de 2013

Vacaciones




Hay en mi primer día de vacaciones un sosiego inane, una falta de tensión que desdibuja los contornos. 


Mañana salgo pronto, la obligada excursión anual no admite tregua. Pero, si de mí dependiera, me quedaría unos días en casa solo por sentir cómo se van enlazando los cabos sueltos del cerebro y uno se asienta de nuevo. Por dejarme llevar como si fuera una barcaza y la corriente tirase suavemente de mis ideas hasta alargarlas hacia lugares que me hacen falta. 

En fin, a la vuelta hablaremos de cosas más interesantes. 

jueves, 18 de julio de 2013

La (i)rresponsable de Educación en la Comunidad de Madrid, Lucía Figar...



...Es, quizás, la consejera más inútil de todo el gabinete, que ya es decir (¿alguien la escucha alguna vez hablar de asuntos de su negociado, salvo para anunciar algún recorte, alguna traba más, alguna dejación de funciones de la Administración?). 

Pues bien: ahora insiste en lo único que sabe hacer y anuncia una nueva subida del 20% de media en las tasas universitarias para el próximo curso (el año pasado fue del 36%). Para que estudien solo los que puedan. Derecha sin complejos, como decía Aznar. 

Hace tiempo vengo insistiendo en que el PP nacional, pero especialmente el de Madrid, está inmerso en un proceso continuado de destrucción de la enseñanza pública (entre otras). 

Veamos los últimos detalles: mantienen las deducciones en la declaración de renta para los que llevan a sus hijos a la escuela privada, aumentan las tasas de la pública, reducen las becas, recortan los mediso de escuelas e institutos mientras siguen ofreciendo prebendas a la privada, etc. ¿El propósito? El mismo que parece ser común a todos los ministerios del peor gobierno de la democracia, el de Mariano Rajoy: devolver a España a la época de los años cincuenta-sesenta. Crear una clase semianalfabeta de trabajadores sin especializar, baratos y prescindibles. Que los únicos formados sean los hijos de la burguesía. 

Para más INRI, no hay visos de que con la política actual de sometimiento a los dictados de la Merkel vaya a remontar la economía, por mucho que de Guindos diga gilipolleces (echad un vistazo a la bolsa: mientras no suba, no anticipará la recuperación económica, y ahorita mismo está catatónica). 

El porcentaje de parados siguen en sus trece, ya lo veremos a la vuelta del verano; las previsiones son de aumentar hasta el 27 o 28% el próximo año. 

La deuda pública está ya por el 90% del PIB, cuando llevamos dos años de recortes brutales, y va a seguir aumentando porque cada vez se gasta menos, se recauda menos, y suma y sigue. 

Lo repito otra vez: hay que echar a esta gente del poder. Son dañinos para el país. Son escoria. Gentuza de baja estofa. 

domingo, 14 de julio de 2013

Bellísimas personas




Lo del encierro del sábado pasado en Pamplona fue de pasmo. Me refiero al montón informe de mozos aplastados que se formó a la entrada de la plaza de toros y a la suerte infinita, según dicen por ahí, de que no hubiera más heridos que los provocados por el mismo aplastamiento. 





Yo tengo la opinión de que todo fue cosa de los toros, magníficos ejemplares de la ganadería de Fuente Ymbro. Uno era un jabonero precioso de verdad que se cayó estrepitosamente a unos metros del follón, y ese detalle favoreció que el taponamiento de la salida no tuviera perores consecuencias, pues cortó el flujo de personas que llegaban en manada. 


Hasta entonces, el encierro había sido rápido, sin mayores contratiempos, Los toros, a pesar del tropel de gente que los acompañaba, habían ido a sus cosas, sin prestar demasiada atención, discurriendo noblemente, sin derrotes ni gestos feos. Hasta que se encontraron con la montonera de carne apilada. 






Ni al topar contra los mozos les hicieron el menor daño.Tampoco cuando, unos sobre otros, miraban hacia atrás, desconcertados por no poder seguir su carrera. Hubo uno, negro y muy majete él, que volvió unos pasos dentro del mismo callejón y casi se ensarta en sus pitones el típico corredor despistado. No porque tuviera ganas de cornear, sino por cosas de la física de objetos en movimiento. 





En fin, me robaron la voluntad esos cuatreños tan bien plantados, tan centrados en su trabajo de correr y dejarse llevar, tan rectos de juicio y tan comedidos, bastante más que algunos de los insensatos que los acompañaban o que el patán que dejó cerrado el portón de la plaza. 

Si hubiera estado en mi mano, habría indultado a toda la corrida. Por bonita, por noble y por buena gente. 

viernes, 5 de julio de 2013

Repeticiones del Quijote.



Lo curioso de la repetición a lo largo de los años es que raramente reproduce la experiencia anterior. No somos meros conjuntos de actitudes, componentes, hechos acumulados. La experiencia y el azar nos modelan de diferentes modos. 

Así, la lectura del Quijote, que cada pocos años repito y ya va por la décima, al menos, depara sorpresas que me hacen hallar en el texto aspectos que no conocía de mí mismo. 

Anoche leía el prólogo de la primera parte y, sabiendo de sus gozosas ironías, me pareció tristísimo. Una declaración de quien se sabe vencido de los años, la suerte y sus circunstancias. Pero tan deliciosamente escrita que en ella misma niega lo que asegura. Las primeras palabras son emocionantes: 

"Desocupado lector: sin juramento me podrás creer que quisiera que este libro, como hijo del entendimiento, fuera el más hermoso, el más gallardo y más discreto que pudiera imaginarse. Pero no he podido yo contravenir al orden de naturaleza, que en ella cada cosa engendra su semejante. Y así, ¿qué podía engendrar el estéril y mal cultivado ingenio mío, sino la historia de un hijo seco, avellanado, antojadizo y lleno de pensamientos varios y nunca imaginados de otro alguno, bien como quien se engendró en una cárcel, donde toda incomodidad tiene su asiento y todo triste ruido hace su habitación? El sosiego, el lugar apacible, la amenidad de los campos, la serenidad de los cielos, el murmurar de las fuentes, la quietud del espíritu son grande parte para que las musas más estériles se muestren fecundas y ofrezcan partos al mundo que le colmen de maravilla y de contento. Acontece tener un padre un hijo feo y sin gracia alguna, y el amor que le tiene le pone una venda en los ojos para que no vea sus faltas, antes las juzga por discreciones y lindezas y las cuenta a sus amigos por agudezas y donaires. Pero yo, que, aunque parezco padre, soy padrastro de don Quijote, no quiero irme con la corriente del uso, ni suplicarte casi con las lágrimas en los ojos, como otros hacen lector carísimo, que perdones o disimulas las faltas que en este mi hijo vieres, que ni eres su pariente ni su amigo, y tienes tu alma en tu cuerpo y tu libre albedrío como el más pintado (...)"

Pero qué orgullo legítimo se distingue entre los tópicos puestos en solfa y las demostraciones de humildad retórica. Qué valentía moral la del que, diez años más tarde, al prologar la segunda parte, se defiende de los insultos de un mastuerzo pelota de Lope y mediocre escritor: 

"Lo que no he podido dejar de sentir es que me note de viejo y de manco, como si hubiera sido en mi mano haber detenido el tiempo, que no pasase por mí, o si mi manquedad hubiera nacido en alguna taberna, sino en la más alta ocasión que vieron los siglos pasados, los presentes, ni esperan ver los venideros". 

Ahí está el soldado heroico, ya olvidado, haciendo valer los dones que él mismo se ganó, y tiene heridas para confirmarlos. Allí defiende su patrimonio moral. Ahí es tan infinitamente superior a cuantos le roen los zancajos que no necesita sino dejar suelta la pluma para que de su elegancia  surja el prodigio. 

En fin, me pierde la pasión. Voy a seguir leyendo para entender qué me ha pasado. 

miércoles, 3 de julio de 2013

"Ricercar" de Marco Dall'Aquila.


Uno de mis más delicados "descubrimientos" (1), también debido a una sugerencia de Pepito, de Antígona, el mejor librero de Zaragoza, es Marco Dall'Aquila, compositor del renacimiento italiano que tiene algunas cosas tan salerosas como esta "La traditora".






O el emocionante ricercar nº 33, también interpretado por Shirley Rumsey. Dicen que es posiblemente el más bello del renacimiento italiano. Yo diría que, por lo menos, es de lo mejorcito que compuso Dall'Aquila.






(1) Tal que si fuera el Mediterráneo: Dall'Aquila es sobradamente conocido. El analfabeto soy yo. 

martes, 25 de junio de 2013

Tremendo el Cuarteto Jerusalem.



Cuarteto del que estamos escuchando a lo largo del mes de junio la integral de cuartetos para cuerda de Shostakovich en unas versiones bellísimas, interpretadas con inteligencia y precisión, con un conocimiento profundo de la partitura. 

Tremenda, también, su versión de "La dama y la doncella", de Franz Schubert, uno de los pocos autores románticos que soporto. De hecho, me parece que mantiene una tensión beethoveniana, aun siendo de carácter muy diferente, que le favorece enormemente. La energía de Schubert es comparable, si no en grandiosidad, sí en intensidad. 




Y, como Ludwig, tiene ideas. Quiero decir que no se agota en la repetición de un simple tema, por bueno que sea, y tropecientas variaciones. Las ideas se le agolpan a veces, pero su técnica exquisita, porque era un maestro componiendo, las hace encajar a la perfección. 

Decía que la grabación del Cuarteto Jerusalem en 2008 para el sello Harmonia Mundi ganó el premio Echo Classic. No me extraña. Es la mejor que he oído. Fina, excelsamente tocada, intensa, conmovedora. Una revelación. 

sábado, 22 de junio de 2013

El mejor, en la pública, como siempre.




Este es el chavalote que ha conseguido un 9,95 de media en la P.A.U. (Selectividad) de este año. Se llama Anatolio Alonso Crespo y ha estudiado en el I.E.S. Juan de la Cierva, en Madrid. En un instituto público, sin programas de excelencia, sin bilingüismos, también sin las tonterías exclusivistas de tantísimos colegios privados y concertados. 

Encima, se enfunda orgullosamente la camiseta verde de defensa de la escuela pública y dice que no descarta ser político. 

Ya querría yo que los mejores de cada generación se dedicaran a la política. Igual cambiaban algunas cosas. 


Aspectos y líneas




Desde hace meses lo hago. Poco después de comer, sacudo la pereza del sofá en que me apoltrono, me encasqueto ropa con la que jamás se me ha visto (y me temo que con motivos de sobra) y me planto en el gimnasio local para dar estopa a este cuerpo saleroso. 

Uno piensa que es por la línea, lo justifica diciendo cosas muy ciertas, como que la espalda se resiente (esas malditas lumbares, hartas de mis muchas horas de escritorio), que a cierta edad no hay manera de controlar el aumento de peso, que el cuerpo se anquilosa si no se mueve, que está bien tener músculos donde antes no se sospechaban... 

Pero hay otra realidad: llevaba tiempo observando en el espejo una clara propensión a desarrollar belfos de perro pachón, herencia indudable de mi abuelo Emilio. Y, qué queréis que os diga, no soy yo de los que niegan su dotación genética-, por mala que pueda parecerme. 

Entiendo, por ejemplo, que esta nariz mía procede de mi abuelo Segundo, el paterno, aspecto narigal que además comparto con mi hermana Juli. O que mi carácter debe más de lo que quisiera a ciertas intemperancias de mi padre. 

Pero, de verdad, espero parecerme, más o menos a su misma edad, a quien era ya anciano cuando lo recuerdo. Sé que lo que tengo inscrito en el ADN. No me importa. Veamos si, como en otras ocasiones, puedo mejorarlo. O, al menos, posponerlo unos años. 

viernes, 7 de junio de 2013

¡Hay que ayudar a los ricos!



No basta con cederles parcelas gratis para que construyan sus colegios, ni subvencionar su enseñanza para que impartan doctrina religiosa y facherío de la más rancia tradición, ni forzar leyes y normativas para que beneficien sus negocios. NO. Necesitan más. Siempre exigen más. 

Eso lo conocen bien los dirigentes de Educación de esta bendita Comunidad Autónoma. Por eso, dicen los que están al tanto, a los chavalitos de un colegio privadísimo que, por casualidad, pertenece al opus dei se les ha filtrado el contenido de varios exámenes de selectividad. 



Estas cosas, por muy en secreto que quieran mantenerlas, despiertan tanto interés que al final acaban por divulgarse. Ya saben: amigos de amigos de amigos, lo cuento a fulanito, gente de confianza, para que se beneficien los buenos... El caso es que ha trascendido de tal modo que, pocos días antes de realizarse las pruebas, los responsables de las mismas han debido cambiar dichos exámenes. El escándalo era demasiado importante y amenazaba con saltar a la prensa. 


Pues bien: afirmo que no hay filtración posible sino voluntad declarada de hundir la enseñanza pública, cosa que han demostrado con creces los responsables del área de Educación en Madrid. Ahora, no contentos con los sucesivos recortes (y cuidado: están lejos de acabar), deciden que los de la privada más carca, machista, discriminatoria y lela saquen notas excelentes, a pesar de lo notoria que es desde siempre su ineptitud y falta de relevancia académica. 

Lucía Figar, Consejera de Educación de la Comunidad de Madrid

Claro que hay que ayudarles un poquito. Aunque tenga que ser desde las altas instancias, que para eso están en el poder: para echar una mano a los suyos. 

Repito: hay que echar del gobierno a esta gentuza. 

jueves, 6 de junio de 2013

A veces, uno es muy tonto.



Tanto, que obvia lo más evidente y desprecia aspectos interesantísimos que a otro sin tantas ínfulas le satisfacen. Vistos con el tiempo, resulta que tenía razón. 

Me refiero, en concreto, a mi reciente relectura de novela tan archiconocida como "Orgullo y prejuicio", de Jane Austen. Me obligaron a tragármela durante la carrera y, por el mero hecho de que le encantara a la casi totalidad de las pedorras que estudiaban conmigo, la leí de mala gana y no me interesó más de lo necesario para pasar el examen. 

También vi en su momento la película con la boba de Keira Knightley interpretando a  Elizabeth Bennet, cómo no, y me resultó entretenida. Poco más.

Ahora he cogido el ladrillo por banda y lo he finiquitado en menos de tres días, a ratos perdidos. Me ha gustado bastante. Y, aparte de las consideraciones sobre mi obcecación pasada (recuerdo que por aquel entonces estaba irritado porque a nadie parecía interesarle mi adorado Lawrence Sterne y toda la retahíla de los Wordsworth, Coleridge, Keats, Shelley, Byron, Dickens, etc.) considero que la novela es excelente y a ratos muy divertida.

Más aún, el guión de la película es inteligente y muy lúcido. La puesta en escena, eficacísima, resulta de gran belleza visual, aunque a veces se recree en exceso.



Aparte de que los actores secundarios (Brenda Blethyn como la señora Bennet y Donald Sutherland como su marido, por ejemplo) son fantásticos, como suele suceder en muchas películas anglosajonas. 


En fin, mea culpa, mea culpa, mea maxima culpa. La edad permite reconocer errores pasados, aunque no sea siempre tan fácil deshacerlos. Como cuando te introduces en el mundo delicioso y menos complaciente de lo que parece de Jane Austen.



martes, 4 de junio de 2013

"Folle è ben che si crede", de Tarquinio Merula, por Raquel Andueza.



Actualmente, esta es una de las más emocionantes versiones de la bellísima canción de Merula:





Y lo digo porque acabo de oír la misma pieza interpretada por Magdalena Kozená, mezzosoprano que me entusiasma, y no es tan arrebatadora. Me refiero al disco de hace unos años, "Lettere amorose". La prefiero con Bach (lo borda) o incluso con Vivaldi. 

Para que se pueda comprobar la diferencia, he aquí lo único que he encontrado en youtube. No tiene la calidad de una grabación de estudio, pero dará una idea de lo que es Magdalena. 





Y es que en directo tiene una potencia y emotividad que apabullan. Pero creo que en este caso prima la finura; la interpretación humilde obtiene mejores logros. No siempre es cosa de ir arrasando. 

Como ejemplo, otra versión, esta vez a cargo de Marta Infante, finamente instrumentada: 

domingo, 2 de junio de 2013



Y, para quienes duden de las virtudes del toreo a que aludo en la entrada anterior, ahí va este enlace con El País de hoy mismo. Crónicas así devuelven la fe.
http://cultura.elpais.com/cultura/2013/06/01/actualidad/1370117604_379995.html

jueves, 23 de mayo de 2013

"Capitulares", o sobre inteligencias.



Estoy de acuerdo con Enrique Nieto, un compañero de afanes que habla en facebook, muy ecónomo él, de la inteligencia como flow, no como stock. O sea, un elemento activo, mercurial, evanescente. Propicio al ocultamiento igual que a las riadas desoladoras. Siempre me ha parecido algo como músculo o tarea de esfuerzo ingrato. 

Otro compañero de antaño, Jaime Lapeña, músico, profesor y persona más valiosa de lo que él mismo cree, comentó un día que estaba harto de oír: "me gustaría saber tocar el piano". En su lugar, decía, deberían comentar: "me gustaría aprender a tocar el piano durante años y seguir tocándolo todos los días de mi vida para no perder la destreza y dejar de saber". 

Soy gran admirador de escritores llamativos, de inteligencia fulgurante, pero al mismo tiempo desconfío de ciertos alardes. El artificio solo me agrada si está engastado en la necesidad. Es decir, si se justifica por sus propios medios y no pide adoración: resalta por sus dones sin ocultar los ajenos. Ahí está la verdadera superioridad. 

Y, aun así, estamos hartos de conocer lo tontísimos que pueden llegar a ser los muy inteligentes. Julien Gracq, por ejemplo, de quien he concluido sus "Capitulares". Ahí, un señor de sensibilidad hiperestésica (casi un pelín histérica) escribe párrafos de auténtica antología, a la altura de su mejor obra narrativa, al lado de gilipolleces que dan ganas de pelarlo con cazoleta. 

Me han molestado un par sobre una visita turística que hizo a la España de los cincuenta o primeros sesenta. Le debió de parecer un país feo, reseco, polvoriento. Describe, por ejemplo, el Escorial como una especie de cuartel de bomberos a lo grande (no sé si estoy tan en desacuerdo, porque tampoco es santo de mi devoción). Y de una corrida de toros solo recuerda la brutalidad, el animal acuchillado, etc. Lo de siempre. 

Mi abuela Libia decía: "Fulano es como los santos de Francia, que tienen ojos y no ven". Se refería a los de las iglesias del císter. O a los turistas galos, quién sabe. Pues eso sucede con los que no ven sino lo que no quieren ver, y no les gusta. Algo así como si un inglés llega a un restaurante de Lérida y no sirven más que cargols a la llauna. Seguro que sale horrorizado sin llegar a probarlos, y juro que son manjar exquisito. Cosas de no saber por dónde se anda. 

Vengo a decir que tanto el interior de España como una corrida de toros no son espectáculos de apreciación inmediata. Hay que saber ver para entender lo que se ve. Y eso solo se logra con adiestramiento. Porque un prado verde y una playa desierta son cosa de fácil aprehensión, qué duda cabe. Pero un paisaje de Belchite, La Mancha, las Bardenas o el desierto de Almería exigen otro aprendizaje. Hace falta enseñar a los ojos; se ve con la mente y el reconocimiento es más eficaz cuando se ha conocido: se goza lo ya experimentado.



No voy a adentrarme en qué consiste de verdad el toreo. Para qué. Quien no quiera escuchar dejará de leer al instante. El que conozca considerará mis palabras torpes, desajustadas o pretenciosas. De todos modos, recuerdo que la primera vez que fui a una corrida de toros no supe dónde poner la vista. Más adelante, instruido por mi padre y enseñado de los libros (no solo el Cossío) he disfrutado de momentos de auténtica emoción, de belleza inaudita, de furor y también de ternura. Y no creo que mi práctica diaria en el trabajo, pongamos por caso, no tenga nada que ver con las enseñanzas de esa modélica disciplina. Que se enfrente quien lo dude con una clase de treinta y pico adolescentes y sabrá lo que significa "parar, templar y mandar". O "dar una larga cambiada".


domingo, 19 de mayo de 2013

"Lamento della ninfa", de Monteverdi, por Anna Prohaska


Hace ya tres años, o así, enlacé otra versión del Lamento monteverdiano (entrada de 21/7/2010) a cargo de La Venexiana. Esta, más actual, no la mejora en nada, pero el clip me parece una puesta en escena estimulante y contemporánea, a pesar del (muy acertado) blanco y negro. 






Como entonces, solo se puede exclamar "¡Miserella!" ante una declaración de amor traicionado que surca la distancia de los siglos con la misma frescura que en su concepción.


jueves, 16 de mayo de 2013

miércoles, 15 de mayo de 2013

Yasunari Kawabata



Yasunari Kawabata, de quien he leído casi todo lo que se encuentra traducido al español, es una de las aficiones literarias que más me han influido en los últimos años.

Cierto que accedí a él por uno de sus libros más inquietantes, "La casa de las bellas durmientes", pero cualquier otro ejerce esa misma fascinación de lo recogido que solo logra cierto tipo de poesía esencial. 

Incluso una crónica tan ajena a nuestro mundo como "El maestro de Go", que me llegó a las manos cuando ni siquiera sabía en qué consistía el juego de marras, fue capaz de atraparme por completo. Imagínense ahora, cuando conozco sus rudimentos y ya capto algo de la estrategia endemoniada de una cosa tan simple en apariencia como poner piedrecitas alrededor de las de tu adversario para capturarlas. 

Pero qué más da, si de lo que habla es del ocaso de un modo de entender el mundo, de las tradiciones, de la derrota final de una vida. Kawabata es un espíritu refinado, oculto, sutil. Sospecho que, bien sea por la traducción, bien por mi ignorancia supina, no capto ni la mitad de lo que debe de expresar su obra. Aun así, me encandila. 

Algunos de los relatos de "Historias de la palma de la mano" son perlas escondidas que, por mucho que despisten al principio, seducen con cada nueva lectura. O qué de decir de la estupenda historia de "País de nieve", o "La bailarina de Izu", ambas editadas por Editorial Emecé.

El comienzo de "País de nieve" es estupendo: 

"El tren salió del túnel y se internó en la nieve. Todo era blanco bajo el cielo nocturno. Se detuvieron en un cruce. Una muchacha sentada del lado opuesto del vagón se acercó a la ventanilla del asiento delantero al de Shimamura y la abrió sin decir palabra. 
El frío invadió el vagón. La muchacha asomó medio cuerpo por la ventanilla y llamó al guarda como si éste se hallara a gran distancia. El hombre se acercó con lentitud sobre la nieve, sosteniendo un farol en la mano. Llevaba bien cerradas las orejeras de su gorra y una bufanda que apenas dejaba una rendija para los ojos. 
Ese frío, claro, pensó Shimamura. Barracas dispersas que quizás habían sido vagones-dormitorio ocupaban la ladera congelada de la montaña. El blanco de la nieve se fundía en la oscuridad antes de posarse sobre los techos. 
-Soy Yoko. ¿Cómo está usted? -dijo la muchacha. 
-Yoko, claro. ¿De regreso? Ha comenzado el frío. 
-Sé que mi hermano ha venido a trabajar aquí. Gracias por todo lo que ha hecho por él. 
-La soledad se le hará dura. No es el mejor lugar para un muchacho como él. 
-Es una criatura aún. Pero usted le enseñará lo que haga falta. 
-Va bien por el momento. Estaremos más ocupados, con la nieve. El año pasado tuvimos tanta que las avalanchas detenían todos los trenes y el pueblo entero debió cocinar para los pasajeros demorados. 
-Veo que está bien abrigado. Mi hermano me decía en su carta que ni siquiera usaba manga larga aún.
-Solo me mantengo en calor si llevo cuatro capas de abrigo. Pero los jóvenes son así. Con los primeros fríos, prefieren beber que arroparse. Y, cuando se quieren dar cuenta, ya están en cama con fiebre -dijo el guarda y señaló con su linterna en dirección a las barracas. 
-¿Mi hermano bebe?
-No, que yo sepa.
-¿Está usted volviendo a casa?
-No. Tuve un pequeño accidente que me obliga a ver al doctor. 
-Cuídese, por favor. 
El guarda se cerró aun más el gabán que llevaba sobre el kimono y echó a andar. Por encima de su hombro dijo:
-Usted también. 
-Si ve a mi hermano, dígale que se porte bien -agregó la muchacha cuando el guarda se alejaba. Su voz era tan dulce que daba tristeza que reverberara en la noche helada".

Y siempre da la impresión de que los diálogos están desajustados, que en esa descripción minuciosa, sutil, casi anodina de la vida trivial de personajes tan poco relevantes algo se ha perdido en el trayecto de la página a los ojos. Por eso leo a Kawabata con suma atención: en cualquier detalle puede aparecer el hecho esencial, el dato imprescindible para entender el texto. 

O no. A veces me recuerda a "Dublineses", de J. Joyce. Es la atmósfera creada de modo imperceptible, lo que no se expresa pero permanece como una suerte de aroma delicado lo que nos da la clave. 

En cualquier caso, las páginas levemente perturbadoras de Kawabata tienen un efecto acumulativo demoledor. Y contagioso: estos días estoy pensando en aprovechar algo de sus enseñanzas para mi próximo proyecto narrativo. 


lunes, 6 de mayo de 2013

Leo en Babelia...




... Una interesante entrevista con Jeffrey Eugenides, el norteamericano autor de "Las vírgenes suicidas" y "Middlesex". No he leído ninguna de las dos, pero parece que acaba de publicarse en España "La trama nupcial", que versa sobre relaciones amorosas, y podría ser interesante.

En todo caso, saco a relucir la entrevista porque, aparte de listo, parece un tipo sensato y con las ideas claras. Entre otras, cuando dice que "en ficción lo más importante es dar con la voz que ha de conducir la narración. Cuando se da con ella, se trata de seguir sus indicaciones". 

Cierto. Es esencial contar con el "tono" preciso, como lo llamo yo, antes de embarcarse en la primera frase de una novela, aunque sea la clásica probatina para ver qué tal suena. No se puede desmerecer la importancia táctica del comienzo, y en el comienzo aparece sobre todo la tonalidad, la voz ajustada. Después hay trabajo desmesurado, artificio técnico, idas y venidas, rectificaciones, añadidos, lo que el texto admita. Pero el comienzo labra un surco del que difícilmente se podrá salir. De ahí que acertar con él resulte imprescindible para el escritor. 

No resulta tan atractivo Eugenides cuando cita sus influencias literarias, mayoritariamente anglófonas, y en particular a Nabokov, una de mis (poquísimas) bestias negras. De "Pálido fuego", su novela favorita, solo recuerdo que no logré acabarla y me pareció una tomadura de pelo, algo insultante. Supongo que no lo trago, y ya está. Qué le vamos a hacer. Pero nunca perdonaré al mamarracho sus opiniones absurdas y más que despectivas sobre el Quijote. Se nota que no entendió nada del libro. Debería haberse callado y nunca, nunca, haber dado clases sobre esa joya. 

Lo dicho: quedémonos con la sagacidad de Jeffrey Eugenides y pude que eche un vistazo a esta nueva novela de la que dicen tantas cosas apetecibles.