Blog de José Mª Milagro-Artieda dedicado a dar cuenta de sus obsesiones (no solo literarias) y cualquier otro tipo de sandeces más o menos interesantes.
martes, 29 de julio de 2014
Janis Joplin.
Y hoy me doy el capricho de enlazar esta abrasiva versión en directo de "Maybe" solo por el lujo de volver a escuchar la voz de Joplin...
... En otra historia desgarradora, como es habitual en ella. Hay momentos en que tiene hasta "rajó". Hay que joderse, qué fenómeno de mujer. Y qué triste era, la pobre.
Yo, otra vez, pero tengo excusa.
Pues bien: según consta en mi partida de nacimiento y en los recuerdos familiares, hoy hace cincuenta y dos años, a las tres de la tarde, dio la casualidad que nací en Tarazona (Zaragoza), y lo que me interesa de esta circunstancia, cuestiones anímicas aparte, es que tanto tiempo más tarde sigo como otros muchos de mi generación, sin vender una escoba. Y lo peor es que dudo mucho que alguien vaya a dejarse convencer en el futuro, así que, seguiremos con el remanente en la trastienda, dispuestos a aumentarlo sin cesar.
Vaya, que estoy optimista. Y eso que aún no me ha llegado la melancolía de la constatación. Eso sucede semanas o meses después, pero tampoco es grave. Cosa climatológica (del cerebro), más que nada.
La realidad es que nos vemos arrojados al mundo, que dirían los filósofos, y nada nos facilita entenderlo si no se conoce lo que sucedió bastantes años antes de acceder nosotros. Y no me refiero solo a consultar los libros de historia. Es por lo mismo que no me parece bien que un inmigrante vote en el país de acogida: votará "en su país mental", no en el nuevo, puesto que ni lo conoce ni ha seguido y vivido su evolución en el plazo de, pongamos, veinte o treinta años. Lo que hace es aplicar los criterios, prejuicios y conocimientos de su lugar de origen al nuevo emplazamiento.
Algo así somos: desconocedores de dónde hemos caído hasta muchos años después, cuando quizá ya no importa qué entendamos, porque poco podemos hacer.
Me da la impresión de que siempre he ido a contrapelo, he estado descolocado y fuera de foco. No tengo grandes esperanzas de que lo que han sido mis últimos diez o quince años de vida vayan a cambiar en un futuro, por lo que igual está bien seguir en órbita excéntrica respecto a donde se corta el bacalao. Al menos, hago lo que me parece, lo hago cuando quiero y no doy explicaciones que a nadie se le ocurre solicitar.
Bien: voy a dejar esta digresión, porque no creo que interese demasiado y tampoco me pone de buen humor... Simplemente, celebremos lo que nos viene. No hay más.
domingo, 27 de julio de 2014
Leonard Cohen
No será precisamente mi músico favorito, igual ni siquiera el mejor letrista que haya oído, aunque debe de estar cerca, pero es tan condenadamente eficaz, con una economía de recursos que roza lo superlativo y una voz tan limitada como entrañable que... Es Leonard Cohen. Sin más. Insustituible.
"Tell me again when I'm clean and sober,
tell me again when I've seen through the horror
tell me again, tell me over and over,
tell me that you love me then".
O qué decir de la respetuosísima y a la vez libérrima recreación del "Pequeño vals vieneś", de Garcia Lorca:
Parece mentira la de canciones imprescindibles que ha compuesto, o esos versos de antología:
"They sentenced me to twenty years of boredom
for trying to change the system from within.
I'm coming now, I'm coming to reward them.
First we take Manhattan, then we take Berlin".
jueves, 24 de julio de 2014
Otra vez Zappa, pero en (casi) serio.
Recordarán que el 2 de mayo me marqué una entrada reivindicando las boutades de un Frank Zappa jovencito. Y que he mostrado varios vídeos con música de su variante más progresiva, pop o como queramos calificarla, tarea que tiene su complejidad.
En este caso, enlazo "The perfect stranger", muestra definitiva (junto con la banda sonora de "200 Motels" o el estupendo "Yellow Shark") de la genialidad de Zappa como compositor, independientemente del apartado en que consignemos su producción. Está dirigida por P. Boulez, al que no creo que se pueda considerar un indocumentado en esto de la música contemporánea. Un auténtico lujo para los oídos desacomplejados.
En este caso, enlazo "The perfect stranger", muestra definitiva (junto con la banda sonora de "200 Motels" o el estupendo "Yellow Shark") de la genialidad de Zappa como compositor, independientemente del apartado en que consignemos su producción. Está dirigida por P. Boulez, al que no creo que se pueda considerar un indocumentado en esto de la música contemporánea. Un auténtico lujo para los oídos desacomplejados.
martes, 22 de julio de 2014
Diálogo conmigo y yo mismo.
Algo me induce a darle vueltas y más vueltas al hecho de narrar. No solo porque estoy al comienzo de algo nuevo, sino porque los planteamientos que no se realizan en este instante luego pesan sobremanera en la historia y son de difícil corrección.
Los cimientos del puente no se pueden rectificar una vez colocadas las primeras pilastras de piedras. Habría que arrasarlo todo, hacer cuenta nueva y volver al intento. Y no sé si mi paciencia es tan grande. O si me interesa tanto la idea que tengo entre manos. Me imagino que, puesto en esta situación nada deseable, la abandonaría y pasaría a desarrollar la siguiente.
Creo que ya he contado alguna otra vez que el buen éxito de una narración consiste en dar con el "tono". Es decir, con la "textura" de la prosa, con la calidez apropiada que permite fluir sin trabas (sin demasiadas, al menos).
Pero qué es y cómo es ese tono, ahí radica su importancia. No es solo un problema estilístico, que también, sino una adecuación entre la prosa y la historia y los personajes, su modo de encarar la voz narradora para que encaje con todo lo demás.
No sé si me estoy expresando ni medio bien, pero es un hecho evidente que exige gran cuidado en la planificación, en la justificación del mero hecho de narrar: por qué alguien dice y hace algo, qué motivos hay para que se esté contando esa historia.
Puede que sea algo obsesivo con este punto, máxime cuando estoy harto de encontrarme con libros que no tienen esto en cuenta ni por equivocación. También se nota, claro. Pero he de admitir que ser reflexivo y cuidadoso en este aspecto no garantiza nada sobre la calidad posterior de la prosa. Eso es otro negociado.
domingo, 20 de julio de 2014
Gran decepción.
Llevo días conteniendo la decepción por el resultado del pasado domingo. Y lo peor es que, ante hechos como el de la elección de Pedro Sánchez como Secretario General del PSOE, renace mi vena misántropa, que de ordinario la tengo oculta y bien amordazada.
Otra oportunidad histórica perdida. En lugar de tener un candidato serio, inteligente, curtido y con experiencia, pero sobre todo diferente de los animales políticos del PSOE. Los mismos que han perdido en todas las elecciones desde 2011 y no han sido capaces de remontar en las encuestas ni con la corrución del PP y su infame gestión de la crisis.
Porque se ha revelado que al final es lo de siempre: vence el aparato, los poderes regionales, los parlamentarios y de ejecutivas locales, los Tomás Gómez y Susana Díaz de rigor. Y los papanatas de la militancia, a seguir la voz de su amo. Verbigracia: en Andalucía. (1)
Veremos si Sánchez es capaz de mantener la promesa, consensuada por los tres candidatos (Madina la propuso y Pérez Tapias y Sánchez lo secundaron), de celebrar primarias este otoño.
En caso contrario, me tendré que plantear muy seriamente si quiero tener algo que ver con esta panda. Lo prometo.
.................................................................................................
(1) Pero de qué me quejo, si yo he sido siempre del PSP de Tierno Galván y es imposible que un grupejo de la calaña de Sánchez-Gómez-Díaz me pueda convencer.
miércoles, 9 de julio de 2014
Cansancio.
Por estas fechas suele suceder. Al fin y al cabo, llevamos tantos meses sin relajarnos que, entre el calor, la perspectiva de las (cortas, muy cortas) vacaciones y el enorme ajetreo de un solar en perpetuo movimiento (es lo que parece el insti estos días de obras, traslados, tribunales y compras) uno siente que se va desmoronando por dentro.
Es como una pérdida de perspectiva y, a la vez, un nuevo enfoque. Creo que desajustado. Dato objetivo: no suelo ser amigo de siestas, pero acabo de levantarme de una que se me antojó imprescindible.
Por lo menos, el domingo hay elecciones. Veo en el ambiente unas ganas nuevas de partir de cero. O no por completo de cero, pero sí para construir una nueva plataforma mental que dé cabida a la renovación imprescindible. Esta vez, de verdad, mostrando a cara descubierta qué es ser de izquierdas y por dónde les van a dar las tortas a los que tanto nos están deteriorando el cotarro.
lunes, 30 de junio de 2014
Otro "descubrimiento".
Esto de ser un parvenu en música renacentista tiene sus ventajas. Por ejemplo, la de hallazgos emocionantes que uno se encuentra por acaso. Como este Cipriano de Rore del que nada sabía hasta que lo oí en Radio Clásica (Nacional de España, claro) y es espectacular.
Escuchen, escuchen:
¿O no?
viernes, 27 de junio de 2014
Nueva teoría de la conspiración.
Ni es una idea nueva, ni siquiera extravagante, ni soy original en absoluto. Pero llevo bastante tiempo pensándola en voz alta y a ver si la cosa no mosquea lo suyo:
Hasta hace tres años éramos una potencia en energías renovables. España, como bien decía Alfonso X, está abastada de todas cosas necessarias y no hay mayor evidencia que el vientecillo rico que asola las costas y el valle del Ebro o el secarral estepario que es medio país, con tasas de insolación propias del Magreb.
Pues no. El gobierno actual ha decidido que no se invierte en renovables, ni en ecológicas, ni en hostias en vinagre. Incluso se ha llegado a gravar la autoproducción energética, cuando antes se fomentaba el que los particulares la vendieran a la red eléctrica. El que quiera energía, que la compre a las eléctricas, térmicas, nucleares y etcétera de siempre.
¿No tiene esta actitud (incomprensible, por otra parte, cuando en países menos privilegiados se está haciendo lo posible por aprovechar las energías alternativas) un tufillo a pago de favores?
¿A nadie se le ha ocurrido pensar que estas Endesas, Iberdrolas, Fenosas y demás gentes de gran virtud (1) están por fin recogiendo los intereses de apoyar ciertas campañas electorales, a cierto PPartido y a ciertos personajes? (2)
---------------------------------------------------------------------------------------------
(1) Recordemos las últimas movidas con el ministro Soria y el timo de la estampita que han conseguido endilgarnos con lo de la subasta eléctrica. Sería de chiste si no se tratase de una estafa, sin duda.
(2) No hay que olvidar la hazaña de J. Mª Aznar cuando, en su primer mandato, entregó una pastizara gansa a las eléctricas por el famosísimo déficit tarifario que esa panda de ladrones todavía sigue exigiendo sin más garantías que su tenacidad. Porque de déficit, nada, oigan. Mucha caradura sí que hay. Y ganas de ciertos miembros del gobierno por labrarse una jugosa jubilación en los consejos de administración de esas mismas empresas.
jueves, 26 de junio de 2014
Volumen II de "Las Mil y Una Noches" (Editorial Aguilar), que comienza así:
Noche 258.
"Cuentan también que el rey, el equitativo Anuschirván, salió un día de cacería y hubo de distanciarse un poco de su escolta, persiguiendo una gacela. Y en tanto iba tras ella, hubo de divisar una alquería allí cerca.
Iba sediento el monarca y era mucho lo que la sed le atormentaba, por lo que se dirigió a aquel caserío y llamó a la puerta de la primer casa que halló en su camino.
Salió a abrirle una muchacha, y el rey pidióle un poco de agua. Miró la joven al monarca y tornó a entrar en su casa.
Pero a poco volvió, trayendo en su mano una caña de azúcar, y exprimió su xumo en un vaso con agua y vertió en ella un poco de esencia que parecía tierra. Después de lo cual presentóle el vaso a Anuschirván.
Miró éste el vaso y, al ver en él aquello que parecía tierra, empezó a beber despacio y como con desgana, hasta que al fin no dejó nada. Y después díjole a la muchacha:
-¡Ye, mocita! El agua que me diste me supo exquisita, sólo que esos polvos que echaste en ella enturbian toda su pureza.
-¡Ye, huésped ilustre! -respondióle la joven-. Esa escoria que te desplació echéla yo en el agua con toda intención.
-¿Y por qué hiciste tal? -inquirió Anuschirván.
-Pues escucha y verás -le contestó la joven. Cuando llegaste acá, venías tan sediento que, al darte yo de beber, temí que apurases de un trago todo el vaso y que te pudiera hacer daño. De cierto que si no echo en el vaso ese polvito te lo bebes todo de una sentada. Y sabido es que el agua así bebida no sienta bien.
Maravillóse Anuschirván, aquel monarca dotado de equidad, de oír las palabras de la joven y admiró su perspicacia y comprendió que lo que le dijera era indicio de fina inteligencia."
Yo voy a seguir leyendo esta historia...
jueves, 19 de junio de 2014
"Starman" y "Life on Mars?", de Bowie.
Una vez empieza no puedes detenerlo. Hay que ver cómo me gusta esta época de Bowie.
Con el añadido de los ropajes, que son para no perdérselos.
Un detalle sobre el oficio.
Estaba pensando que ya había terminado el libro y, sin embargo, surgió un añadido de última hora. Por experiencia, sé que puede no acabar ahí. El flujo de la creación es tan arbitrario y azaroso que igual te tiene cinco años en el dique seco y luego, en dos meses (más o menos), da a luz cosa de setecientos versos como si nada. Y con cambios llamativos dentro de mi línea poética.
Hay que joderse. Uno no acaba de conocer nunca su cerebro. E intuyo que dentro de nada atacaré el comienzo de una nueva novela que ya está perfilada y "vestida" casi por completo... Habrá que ver si se deja.
"The man who sold the world", de David Bowie.
Hoy necesitaba un masaje mental y nadie mejor que mi adorado Bowie con una de sus (20 o 30, por lo menos) mejores canciones. Y pensar que la publicó en 1970...
domingo, 15 de junio de 2014
Desvergüenzas.
La reducción de becas no era suficiente. Ahora se proponen eliminarlas o, como ellos dicen, sustituirlas por préstamos que habrá que pagar tras los estudios superiores. Y mienten otra vez, diciendo que en el norte de Europa no se dan becas. ¡Pero si las hay hasta para la manutención y vivienda de los estudiantes!
Lo de los permisos para hacer prospecciones petrolíferas en zonas protegidas o de gran actividad turística sería inconcebible en cualquier otro país del entorno, pero no en el nuestro y muy querido. Querido para nosotros, porque el gobierno se ha propuesto destrozarlo a conciencia. Y todo para menos de seis meses de suministro de hidrocarburos. Con dos cojones.
Para (no) acabar con la lista de desvergüenzas, volvemos a Madrid, Galicia y algún otro lugar que no recuerdo. Han decidido no abrir los comedores escolares durante este verano y, por tanto, no dar una comida al día a los niños que realmente lo necesitan, con el argumento de "qué van a pensar de nuestra comunidad si hacemos eso, qué imagen estamos dando".
En el caso de González, el presidente madrileño que tan baratos compra los áticos marbellíes, dice que "porque no hay niños con problemas de alimentación en la Comunidad Autónoma de Madrid". Y se queda tan ancho. Entre siete millones de personas no hay ni la más mínima franja de población en esa situación. ¿No estaremos viviendo en la Comunidad de Jauja? ¿O en la de los Mundos de Yupi?
¿Se entiende ahora por qué digo que hay que echar a esta gente del gobierno?
miércoles, 11 de junio de 2014
Franzk Zappa. "Cosmik Debris"
Y ahora, una excelente versión en directo del "Cosmik Debris". ¡Toma Blues eléctrico del bueno!
"In the mood for love", de Shigeru Umebayashi.
La mayor sencillez, la plasticidad, la emoción, esa indecisa melancolía que se apodera de todo...
sábado, 31 de mayo de 2014
"Introducción del Simbolo de la Fe", cap. XIV, IV
Dice un fragmentito de Fray Luis de Granada:
"Mas ya que la necesidad del mantenimiento nos obligó a tratar de los canes, añadiré aquí otra cosa, la cual servirá, no para todos, sino para aquellos que anhelan a la perfección de la vida cristiana, la cual vi representada tan al proprio en un lebrel, que no había más que saber ni que desear.
Porque en él vi estas tres cosas que diré. La primera: que nunca jamás por jamás se apartaba de la compañía de su señor. La segunda: que cuando alguna vez el señor mandaba a alguno de sus criados que lo apartase dél, gruñía y aullaba y, si lo tomaban en brazos para apartarlo, perneaba con pies y manos, defendiéndose de quien eso hacía. La tercera cosa que vi fue que, caminando este señor por el mes de Agosto, andadas ya tres leguas antes de comer, iba el lebrel carleando de sed. Mandó entonces el señor a un mozo de espuelas que lo llevase por fuerza a una venta que estaba cerca, y le diese de beber. Yo estaba presente, y vi que, a cada dos tragos de agua que bebía, volvía los ojos al camino por ver si el señor parecía, de modo que, aun bebiendo, no estaba todo donde estaba, porque el corazón, y los ojos, y el deseo estaba con su amo. Mas en el punto que lo vio asomar, sin acabar de beber, y sin poder ser detenido un punto, salta y corre para acompañar a su señor.
Mucho había que filosofar sobre esto. Porque el Criador no sólo formó los animales para servicio de nuestros cuerpos, sino también para maestros y ejemplos de nuestra vida, como es la castidad en la tórtola, la simplicidad de la paloma, la piedad de los hijos de la cigüeña para con sus padres viejos, y otras cosas tales. Mas volviendo a nuestro propósito, si el amador de la perfección tuviere para con su Criador estas tres cosas que este animal tan agradecido tenía para con el señor que le daba de comer por su mano, habrá llegado a la cumbre de la perfección".
Y todavía hay quien se extraña de que me guste leer a Fray Luis, bien sea el de León o el de Granada. Estoy persuadido de que desde esta época, o poco después, no se ha vuelto ha escribir con la elegancia, sencillez y soltura que encontramos en cualquier prosista mediano del Renacimiento. Por no hablar de Cervantes, que es caso aparte.
Así nos luce el pelo literario.
viernes, 30 de mayo de 2014
"El puente de Vauxhall", de Javier Sebastián.
Malo cuando tengo que andar buscando excusas para que las cosas cuadren con lo que siempre he pensado de ellas. Y no es la primera vez que me sucede con las novelas de Javier Sebastián.
Suelo comentar que lo considero un buen narrador, con recursos técnicos y buena prosa. Sin embargo, cuando acabo de leer sus relatos no consigo sentirme satisfecho. Quiero decir: no me gustan. Bueno, tampoco es eso. No me acaban de convencer, sería más apropiado. En realidad, es que no sé qué hace este hombre, no veo qué pretende jibarizando de ese modo sus valiosas capacidades.
Creo que es una cuestión estética, más que propiamente literaria. Otra vez no me estoy explicando bien: es como si decidiese a toda costa tomar una postura sobria, estoica, despegada e incluso displicente ante el hecho de narrar. Y que lo hiciese malgré lui, contraviniendo sus instintos e incluso sus dotes. He de decir que, lamentablemente, no le sienta nada bien.
Cierto es que no da facilidades al lector, a mi modo de ver sin ningún contrapeso de sustancia narrativa que compense la relativa dificultad de centrarse en la lectura de unos cuantos fragmentos. Pero, superados los primeros despistes, la nula caracterización de los personajes, a menudo poco más que un nombre reiterado y los escenarios más bien parcos, que no dejan demasiada carne para la imaginación del lector, uno puede seguir la trama sin complicaciones.
El caso es que, a menudo no apetece. Hace falta una cierta disciplina para terminarse algunos de sus libros. En este último, sin ir más lejos, el asunto de la muerte de Lady Diana Spencer en un túnel de París y una supuesta trama que, incomprensiblemente, urde su asesinato y el de una adolescente con quien se había relacionado, me importan un bledo. Ni me parece una historia atractiva ni Sebastián la hace más interesante. Todo lo contrario. Estoy todo el tiempo esperando ver si de pronto alguien hace o dice algo. Y, si mi memoria despistada no me engaña, esto solo sucede al final de la novela, en las últimas diez o quince páginas. Demasiado tarde. Me había desentendido mucho antes.
No tienen sentido chuparse 225 páginas de minucias para seguir los devaneos de la memoria de una monja polaca, de su anónima interlocutora, que es quien narra la historia, y de los Lassange, Dolado y demás absurdos que aportan lacónicas minucias sobre los últimos días de vida de esa pavisosa de Lady Di.
Me he aburrido con esta novela, y es una pena. Javier Sebastián es un buen narrador, aunque me cueste demostrarlo.
lunes, 26 de mayo de 2014
sábado, 24 de mayo de 2014
Bisoñez perpetua.
No suelo comentarlo, pero uno de los mayores empujes para volver a la escritura, sobre todo cuando se trata de prosa, es la inexperiencia.
Por supuesto, me refiero a mí. No creo haber leído esto en muchos otros escritores. Se trata de la sensación de que con cada nuevo proyecto, tan largamente meditado y madurado, estoy como cuando era adolescente y planeaba grandes obras que, por descontado, han sido imposibles de llevar a cabo. O no tanto, porque en mis novelas suele haber un germen de temas, de ideas muy anteriores, que en su mayor parte tienen origen en experiencias de inmadurez.
Pero decía que el enfrentarse con una novela todavía sin diseñar por completo, aunque con las líneas generales ya bien definidas, es como dar un salto al abismo. No porque dé miedo, a estas alturas ya nos vamos conociendo y hay recursos para aderezar casi cualquier desatino, sino por la indefinición del resultado final, que a veces no se parece demasiado a lo imaginado en bruto.
Es que el lenguaje, igual que la narración, ya lo he comentado, tiene sus propias reglas, sus ritmos y engranajes. No se pueden forzar impunemente. La única solución está en adaptar a las sinuosidades de la materia lo que ideamos de un modo concreto sin estragar el resultado, sin que se note la tramoya del autor. Si se está obligando a que los seres autónomos se comporten como peleles, eso se percibe. Eso chirría y no es creíble.
Por ello, a veces sucede que me surgen personajes inesperados, o que actúan de un modo que no se me había ocurrido pero "es lógico" que lo hagan de ese modo. Los hechos anteriores lo exigen(1) y llevan a que sucedan tal y cual cosa, a que aparezca un contrapeso, un equilibrio para el excesivo protagonismo de tal personaje, etc. Es cuestión de encajar las piezas con que se cuenta y ver si quedan huecos o algunas se solapan. Pura arquitectura, aunque elaborada con menos frialdad y más instinto.
-------------------------------------------------------------------------------------------
(1) Este es uno de los (menos importantes) argumentos que sostengo en contra de la existencia de dios: su inutilidad. Aun suponiendo que existiera, una vez dadas las condiciones del universo, no estaría capacitado para actuar sobre él, para intervenir en la Historia, lo mismo que un narrador eficaz no puede forzar la maquinaria de su novela para que sucedan cosas inviables. Acaba por destrozarla. De ahí que, si no puede hacer nada, ¿qué más da que exista o no? ¿Acaso importa la existencia real, física, del autor cuando se está leyendo su texto?
Ya digo que es un argumento menor: otro más importante sería el de su pertenencia necesaria al universo del que se pretende que ha sido creador: una contradicción flagrante.
Para más argumentos, estos de tipo científico, recomiendo encarecidamente "Un universo de la nada", de Lawrence M. Krauss (Editorial Pasado & Presente, Barcelona, 2013). Tras su lectura no se puede pensar del mismo modo, lo aseguro.
Literaturas podres.
El trabajo es, desde cualquier punto de vista que lo consideremos, la única forma de solventar el antiguo y bastante desfasado problema del talento en esto de las letras.
En fin, tampoco es cosa de dar recetas de una sola dirección, porque lo bueno del arte es que adopta formas insólitas y consigue grandes resultados con medios que en principio pueden parecer poco apropiados. El único salvoconducto es el gusto educado por buenas lecturas y un cierto sentido común que nos saque del cenaco en que más de una vez nos quieren ver metidos esta panda de filisteos.
La práctica constante da la excelencia, eso sin duda. Pero para ello hay que huir de la rutina. Las mejores cabezas se embotan ante la presión incesante por publicar novela tras novela. Ahí tenemos el caso de Juan José Millás, prosista de innegables capacidades, de esos que te llegan a dar envidia cuando le lees artículos o algunas obras de su primera época.
Ahora no suele publicar más que pijadas complacientes que provocan lástima por lo que podría ser y no deja que aflore, ahogado en comercialidad y livianas gilipolleces.
Partiendo de las consabidas dotes, necesarias para ejercer cualquier oficio, hacen falta también dos cosas imprescindibles: técnica y sentido crítico, o rigor, o como quiera llamarse.
Técnica, porque no se puede escribir de cualquier cosa y porque no todo se puede expresar de cualquier manera o con las mismas herramientas literarias. Rigor, porque antes de narrar deberíamos plantearnos quién, qué y por qué se cuenta lo que aparece luego en la novela. Y luego, no desviarse de esa línea.
Es que estoy aburrido de narradores pseudo-omniscientes, expertos en opinar por razones altamente espúreas, que cambian de plano con pasmosa facilidad, que se extravían y vuelven cuando al autor le interesa, sin mayor lógica ni explicaciones al lector. Todo ello, en aras del efectismo y la "facilidad de lectura".
Últimamente he detectado en algunos nuevos narradores cierta tendencia al "aquí vale todo", tan caduca y arbitraria que casi resulta subyugante ver cómo la cultivan a troche y moche sin el menor reparo, sin que se les caiga de vergüenza la cara literaria, que deben de tener de hormigón novecentista.
Normalmente les salen curiosos churros, pero a veces dan el pego, y ahí está su peligro. En un país tan analfabeto como este en cuestiones culturales, la masa lectora no diferencia entre best-sellers descarados y obras con más calidad, o que aspiran a tenerla. Sólo interesa el entretenimiento, los fuegos artificiales de recetario anglosajón, la tranquilidad para esas mentes arrasadas por una elemental falta de criterio.
En fin, tampoco es cosa de dar recetas de una sola dirección, porque lo bueno del arte es que adopta formas insólitas y consigue grandes resultados con medios que en principio pueden parecer poco apropiados. El único salvoconducto es el gusto educado por buenas lecturas y un cierto sentido común que nos saque del cenaco en que más de una vez nos quieren ver metidos esta panda de filisteos.
jueves, 15 de mayo de 2014
Perplejidad.
A ver si entiendo bien al Ministro de Interior: está dispuesto a poner coto a los abencerrajes que se dedican a decir barbaridades de Isabel Carrasco, la Presidente de la Diputación de León (muchas de ellas, todo hay que decirlo, bien merecidas, porque la interfecta era una cacique de tomo y lomo) por el simple hecho de que ha sido asesinada en lo que parece una consecuencia de su trayectoria vital, y me da igual qué o quién o cómo o por qué; es un asesinato y ya basta.
Y este hecho no puede dignificar una vida ni tampoco la condena. Ni es merecido. Nadie merece ser asesinado, por incómodo que nos resulte o por mucho que nos desagrade.
Ahora bien: que Jorge Fernández Díaz, el ministro de la virgen y las misas y la madre que parió a ambas, decida que hay que censurar la libertad de expresión de las redes sociales porque no le gusta lo que dicen de la difunta, me deja ojiplático y meditabundo.
No entiendo por qué no ha hecho nada todavía con la llamada "TDT party", esas cadenas de ínfima catadura moral, intelectual, política y personal, que no saben sino insultar, mentir, tergiversar, denigrar a todo el que no piense exactamente como ellas. O los periódicos de extrema derecha que hacen poco más o menos lo mismo. Y llevan ya la torta de años actuando en la mayor impunidad. Nadie ha dicho nunca que hubiera que cerrarlos, por más que redundara en beneficio de la sociedad. Ni siquiera nuestro preocupadísimo Ministro de Interior.
Vaya, don majadero, vuélvase a misa y deje las redes sociales y la libertad de expresión en paz, que habrá asuntos de mayor envergadura en los que ocupar su inmensa capacidad para no hacer nada.
martes, 13 de mayo de 2014
"Los años de peregrinación del chico sin color", de Haruki Murakami.
H. Murakami escribió una novela de carácter tan deprimente que me llamó la atención, aun sin saber lo famosísimo que era en todo el mundo, la cantidad de ejemplares que había vendido ni esas zarandajas que acompañan a los autores de talento y renombre. Me refiero a "Tokio Blues. Norwegian Wood".
Creo que después le he leído alguna otra que no recuerdo en estos momentos y me han parecido, poco más o menos, lo mismo que voy a exponer sobre su más reciente entrega.
"Los años de peregrinación del chico sin color" es una novela sobre el desclasamiento, la amistad, la pérdida del paraíso de la adolescencia feliz, la desgracia de la madurez y unas cuantas cositas más.
Murakami, en efecto, tiene grandes dotes para la narración convincente. Es muy eficaz. Tanto, que a veces produce esa envidia irreprimible cuando admites que lo que tienes en tus manos es lo que nunca jamás querrías o podrías imitar, cualquiera sabe, pero resulta condenadamente efectista y queda fetén para convencer a todo tipo de lectores.
Estoy dividido entre mi admiración por la excelente estructura de la obra, la capacidad para atrapar la atención del lector, el desarrollo del personaje principal y el que sus mejores páginas sean sin duda las últimas. El final es estupendo, de verdad.
Pero, con todo, hay unos cuantos aspectos que me han desagradado profundamente. El más llamativo: sus diálogos, a menudo casi irreales. A ratos pensé que estaba leyendo un libro de autoayuda o alguna pretenciosidad de C. Coelho.
Vale, quizás exagero un poco. Pero más de una vez la novela se me cayó de las manos. La parte intermedia del libro es sin duda la menos lograda. Y, sin embargo, continuaba leyendo con avidez, aunque no me interesase demasiado lo que me ofrecía. Eso es tener oficio y algo más que no lo da la simple práctica.
La historia de Tsukuru Tazaki, el narrador en primera persona (muy bien llevada) y expulsado del grupo de amigos de adolescencia, que dieciséis años después decide averiguar qué pasó en realidad, a ratos no se sostiene demasiado. Murakami hace bastantes esfuerzos por dotarla de verosimilitud, pero hay algo que chirría en el personaje de Shiro, la amiga causante de su caída en desgracia.
Sin embargo, la evolución psicológica de Tsukuru es convincente en términos generales. Quizá adolece de esa fragilidad emocional y esa tendencia al suicidio típica de algunos personajes de Murakami. Pero uno sigue con atención sus altibajos y se pregunta por las causas de tan repentina desafección en un grupo de amigos hasta entonces inseparables.
En conclusión, una novela que me ha atrapado hasta su memorable final sin que, en cambio, me parezca que esté a la altura de la enorme fama de su autor. Ninguna lo está, en realidad, pero se leen (y venden) de maravilla.
viernes, 2 de mayo de 2014
Espárragos y alcachofas.
De toda la vida, los espárragos blancos, los cultivados en primorosos bancales de tierra prieta, tenían que ser blancos. Se trata de frutos subterráneos que, en cuanto aparecen al exterior antes de tiempo y el sol tiñe sus puntas, pierden la mayor parte del valor.
Sin embargo, en mis paseos por tierras francesas he comprobado que espléndidos espárragos de tamaño considerable y una apariencia perfecta se venden con las puntas moradas, sin que por eso su precio caiga en absoluto. De hecho, esa es la tónica habitual en los mercados callejeros que te encuentras por todas las ciudades.
No sé. Ando perplejo. Pasa como con el asunto de esas alcachofas enormes, cultivadas en Cataluña, Francia y otros muchos lugares. Si no están prietas y tiernas y no puede comerse su corazón ¿de qué sirven?
Al parecer, es costumbre asarlas cuando son como cebollas y solo chupetear la mínima parte interior de las mismas, quedándose con la esencia, como quien dice, untada en rica salsa.
Para alguien acostumbrado a comer en menestra las de Tudela, por poner un ejemplo, lo anterior parece medio sacrilegio. Y, sin embargo, hay gentes que no lo conciben de otro modo.
Pues bien: prefiero disfrutar de ambas variedades, cada una en su momento y en un contexto diferente. He descubierto que raer hojas de alcachofa también tiene su aquel y que hay espárragos muy ricos que no mantienen la compostura de los auténticos de la denominación de origen.
Por cierto: no estaba hablando de gastronomía. En absoluto.
Libertad
Sí, queridos: aquí tenemos a nuestro Frank Zappa en 1963, en un show televisivo que parece tener como única misión reírse del invitado.
Cuesta reconocerlo con ese traje tan años 50, ese aspecto modoso, tierno casi. Hasta que comienza a hablar.
Desde luego, el humor fue una constante en su vida artística y personal. Hasta cierto punto, la visión que proyectaba quedaba un tanto distorsionada por ese aspecto, ocultando en parte lo brillante y genial de su producción.
Porque, cuando dejaba de hacer tantas bromitas, le salían cientos de maravillas como estas "Peaches en Regalia", "St. Ber'dino" o "Don't eat the yellow snow". Y a ver si, aparte de su virtuosismo instrumental, no han soportado excelentemente el paso de las décadas. Desde luego, mejor que el programita de Steve Allen.
Volviendo a lo de la bici, resulta que tampoco era tan tonto. Básicamente, porque Zappa fue discípulo confeso de Varèse y Webern, entre otros compositores contemporáneos que llevan más de un siglo investigando con nuevas formas musicales, nuevos sonidos (ver mis variadas comentarios al respecto en este blog) y etc. En ese contexto puede entenderse la broma de Frank.
Sin ir más lejos, esta semana asistí en el Auditorio Nacional a un concierto dirigido por Peter Eötvös con obras de Stockhausen, Boulez (admirador y admirado por Frank Zappa, con quien colaboró) y suyas. En la denominada "Steine", por ejemplo, tanto el director como los 22 miembros de la orquesta entrechocan piedras de diferentes tamaños y sonoridades como parte integrante (y escrupulosamente sincronizada) de la partitura. El resultado, curioso al principio, me pareció encantador y muy eficaz. No he encontrado nada en youtube, así que dejo la referencia discográfica:
http://www.allmusic.com/album/release/peter-e%C3%B6tv%C3%B6s-chinese-opera-shadows-steine-mr0002740355
(Se puede escuchar un pequeño fragmento)
O qué decir de los pianos de juguete, los pianos "arreglados" o los diversos vegetales que utiliza John Cage. Por no hablar de la experimentación electroacústica de buena parte de la vanguardia tras la 2ª Guerra Mundial.
En fin, que no era tanto cuestión de hacer chorraditas con una bicicleta sino de intentar abrir puertas a la atmósfera agobiante de los primeros años sesenta. Luego vino el 68 y las cosas no pudieron ser lo mismo.
Ahí está la bicicleta. Eso es libertad, señor Allen, pedazo de cretino.
martes, 8 de abril de 2014
Ricardo Menéndez Salmón. "Niños en el tiempo".
¿Puede un texto de 200 páginas redimirse sólo por las últimas 30? En el caso de "Niños en el tiempo", Menéndez Salmón cuenta tres historias que repentinamente convergen en las páginas finales, sin duda las mejores de la novela.
La primera describe el proceso de disolución de un matrimonio tras la muerte accidental de su hijo pequeño. No es nada original, la mayor parte del tiempo tenía la sensación de déjà vu más poderosa de los últimos años, y ni siquiera me gustó demasiado. No obstante, la capacidad de Menéndez Salmón para encauzar su siempre efectiva prosa hasta territorios que lindan con la brillantez, incluso con la belleza, hace que sea soportable.
La segunda trata de modo un tanto peculiar la infancia de Jesús de Nazaret. La prosa me recuerda al Jiménez Lozano de "Sara de Ur", "El mudejarillo" y otras igual de estupendas. Para un ateo recalcitrante como yo la cosa parece un poco chusca pero bueno: acepto barco como animal acuático y me lo trago todo. Está bien escrito.
La tercera es otro cantar. Trata de una mujer embarazada de pocas semanas que va de vacaciones a una isla griega tratando de decidir qué hará con el feto. Allí conoce a un hombre de avanzada edad con el que traba una curiosa, sutil relación (lo mejor de la novela, como he dicho antes). Para no reventar la historia, diré que los hilos sueltos de las tramas anteriores se anudan no sin cierto artificio en las páginas finales.
Excelente final que casi logra levantar el resto. Además de la soberbia prosa de M. Salmón, quizá no a la altura de "Medusa", la mejor de sus últimas novelas, para mi gusto, pero siempre de un nivel que ya quisieran todos esos perpetradores de páginas infinitas que me estoy tragando en los últimos tiempos.
Pero ya daré cuenta de todos ellos, ya.
sábado, 5 de abril de 2014
Pasión antigua: Il Giardino Armonico.
Esta es la faceta más conocida de Il Giardino Armonico, la de acompañamiento de brillantes figuras del canto, junto con las aceleradísimas versiones de "Las cuatro estaciones", de Vivaldi, que les dieron notoriedad allá por los primeros años 90.
Sin embargo, también hay otra faceta del conjunto, más oscura y humilde, pero yo diría que incluso más interesante para el aficionado, que es la que pudimos escuchar en el Auditorio Nacional este pasado jueves.
Porque, a priori, el programa de mano no me decía gran cosa: Giorgio Mainerio, Thomas Preston, unas gotitas de "Orfeo", de Monteverdi, Samuel Scheidt, Bellerofonte Castaldi, Gesualdo da Venosa, Cristoforo Caresana, Gian Prieto del Buono, Jacob Van Eick, Lodovico Grossi da Vadiana, Vincenzo Ruffo... En fin, música del Renacimiento y Barroco temprano que en Nápoles y España sí tengo más conocida, pero me desborda por completo allende esas fronteras.
En cuanto a las piezas seleccionadas, un poco de todo: pavanas, gallardas y danzas de Mainerio, Scheidt y da Venosa, una tarantella de Caresana, divertidísima y de gran calidad, canciones de Giuseppe Guami, sonatas de Giovanni Garieli, Dario Castello o del Buono, una bellísima, delicada "Deploration sur la mort de Occkenghem", de Josquin Desprez (éste sí es conocidísimo; con Monteverdi y Caresana, las excepciones de la tarde).
Tras interpretar "Upon la mi re", de Thomas Preston, la señora que tenía al lado me preguntó, admirada, cómo se llamaba esa pieza. No es de extrañar: fue una versión sencillísima, lenta, hipnótica, que embelesó al auditorio. El primer bravo de los muchos que hubo esa noche surgió entonces (fue mío). Y es que Il Giardino nos tuvo encandilados. Hacía tiempo que no disfrutaba tanto en un concierto. (Esta versión es la única que he encontrado: bastante sosa, no puede compararse a la del jueves, pero la incluyo como ejemplo).
<
No voy a descubrir ahora la calidad del conjunto, que es soberbia, infrecuente incluso en un ciclo de música (" Universo Barroco") de un nivel muy alto. Pero anteayer se superaron. Sobre todo, porque el material parecía "humilde", como he dicho antes. Nada que ver. Espléndidas fueron las composiciones en sus versiones apasionadas, intensas (había que ver cómo sudaba el director, Giovanni Antonini, dándole a la flauta dulce). Excelente fue también la organización "lógica" de tantos autores diferentes, con la coherencia y eficacia en sus conciertos que ya es proverbial.
En definitiva: a mí me ardían las manos de aplaudir. El público los vitoreó con ganas, hizo que salieran varias veces a saludar y nos regalaran un bis. Una noche memorable.
miércoles, 2 de abril de 2014
Afición nacional.
Las chicas tienen su mérito, para qué negarlo. Porque hay que tener cuajo para exhibir tus dudosas destrezas ante el mundo, pasarte por el arco de triunfo la crítica propia y ajena, gustarte de ese modo desaforado y encima creer que estás espléndida porque todos te miran. Creo que de esto sólo son capaces las mesnadas del opus dei, los neonazis y otros grupúsculos políticos o religiosos de parecida ralea.
Una vez pasada la sorpresa inicial, ya hace semanas, descubro que no tengo nada que decir sobre las hermanas Bellido Durán. Ellas ponen todo en evidencia. No hay más que ver sus engendros, si uno soporta la montaña de vergüenza ajena que se le viene encima a los pocos segundos, y dejarse llevar por la extraña capacidad de atracción que posee lo extraño, lo disforme, lo monstruoso.
Los españoles somos muy aficionados a reírnos del tonto del pueblo. Cuanto menos consciente es el pobre bruto de que hace el ridículo, más diversión para la muchachada. Incluso le animamos a que siga con sus bailes absurdos, sus discursos aberrantes, el gesto que proclama la idiotez. No hay nada como sentirse diferente para demostrar nuestra propia valía. Por eso somos normales, superiores.
No me malinterpreten: yo entiendo que la estupidez es hipnótica. Viendo estos vídeos inenarrables no puedo dejar de regocijarme, a la vez que me dan lástima. Pero desde que se descubrieron hemos asistido a la ridiculización de estas freakies en bastantes programas de entretenimiento.
Parodias, chistes brillantes o facilones, burlas sin disimulo (1). A ver quién da más. La sensación de un momento, hasta que se pasen de actualidad y vuelan a ser las pobrecillas casi conmovedoras y bastante irritantes que cantan por una promesa. Y porque son incapaces de entenderse, de verse desde fuera y sopesar que la realidad, aparte de muy tozuda, es cruel e inflexible con el alcance de nuestros logros.
---------------------------------------------------------------------------------
(1) El delirio llegó con esta ¿canción? ¿cantada? en ¿inglés? Menos mal que le ponen subtítulos.
viernes, 21 de marzo de 2014
"Huellas judías y leonesas en el Quijote", de Santiago Trancón.
Con los ensayos literarios me pasa como con las fotografías con luz lateral o filtros intensos: a veces, tardas en reconocer el objeto fotografiado. Tanto de nuevo se descubre observando la imagen como aspectos conocidos desaparecen por más que nos empeñemos en reconstruirla.
Acabo de leer el notable estudio de Santiago Trancón (1) y, aparte de su amenísima lectura, las aportaciones siempre interesantes y una lúcida visión de la obra cervantina (fruto, sin duda, de años de lecturas apasionadas y de estudio minucioso) quedo con la sensación de que he sido secuestrado.
La afirmación no es demérito ninguno para Trancón, cuyo libro, insisto, está plagado de revelaciones y es una de esas obras tras cuya lectura no percibes la realidad del mismo modo.
Quizás por esa circunstancia, el ser tan eficaz, el tener tanta capacidad de argumentación y convicción, "Huellas judías y leonesas" deja la certidumbre de que hay más, mucho más, aparte de lo expresado en sus trescientas y bastantes páginas.
Esto es así, en primer lugar, porque el Quijote se me antoja un libro inagotable, a pesar de la montaña de erudiciones que soporta desde hace siglos. Y también porque cualquier sesgo, cualquier visión parcial, no reduce su significación. El libro lo desborda, crece con cada intento de exprimir un aspecto de tanta máquina de abundancias, deja en la mente esa insatisfacción a que me refiero.
Por otra parte, el meollo del libro, es decir, la aducida pertenencia de Cervantes a la zona del norte de León y su supuesta adscripción al grupo de judeoconversos de segunda o tercera generación, desvela múltiples aspectos de la personalidad de sus personajes,a veces tan desconcertante, y de la estructura y sentido de la mejor novela de todos los tiempos.
De modo que la lectura, como indicaba, se hace apasionante. A cada escena se descubren consecuencias inesperadas que obligan a repensar lo ya leído en infinidad de ocasiones, esta vez sin las anteojeras de la plétora de comentaristas, ilustradores y divulgadores de tópicos a que estamos acostumbrados.
Y es que comprender las alusiones, referencias, implicaciones subrepticias y demás sutilezas del Quijote no es tarea fácil, cuatrocientos años después. Se necesita de visiones tan lúcidas como la de S. Trancón para deshacerse de la pátina de tanto homenaje interesado y tanta visión sacada del quicio del texto original. Que es lo único que cuenta, realmente.
En definitiva, este ensayo de mi compañero y amigo Santiago es tan recomendable como su efecto inmediato: el deseo de releer el Quijote en cuanto acabe con dos o tres volúmenes muy tochos que tengo entre manos y de los que daré cuenta en su momento.
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
(1) "Huellas judías y leonesas en el Quijote. Redescubrir a Cervantes", Ed. Punto Rojo. Sevilla, 2014.
martes, 11 de marzo de 2014
Jeff Beck y Tal Wilkenfeld, a ver quién da más.
A ver: no traigo a Jeff Beck a este blog porque sea uno de los más finos guitarristas de rock de todos los tiempos, sino porque esta pieza, en comandita con la australiana Tal Wilkenfeld, me parece un ejemplo de este tipo de música a caballo entre jazz y rock que no es precisamente mi preferida pero exhibe tal categoría, tal conjunción de maestría y buen gusto que me da igual. Beck está soberbio, pero es que el solo de la bajista es de lo mejor que he escuchado en tiempos.
¿O no?
¿O no?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)








.jpg)